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El retiro calculado de Otto Sonnenholzner

Tras año y medio como Vicepresidente de la República, Otto Sonnenholzner renuncia. ¿Por qué deja el desgastado gobierno de Lenín Moreno ahora?
  • Otto Sonnenholzner deja la Vicepresidencia

    El tercer vicepresidente durante el gobierno de Lenín Moreno renunció. Ilustración de Gabriela Valarezo para GK.

Cuando en diciembre de 2018, Otto Sonneholzner fue posesionado por la Asamblea Nacional como Vicepresidente de la República, su nombre era poco conocido fuera de Guayaquil, la ciudad en la que nació. Allí, Sonnenholzner, había sido radiodifusor y gerente en radio Tropicana, una empresa familiar. También fue presidente de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión de Guayas, pero su nombre era nuevo en política. Hoy, cuando anunció su renuncia, se lo menciona entre los presidenciables de 2021. 

Sonnenholzner se fue sin tomar distancias con el gobierno que lo convirtió en un político conocido. Agradeció al presidente Moreno en su despedida, aseguró que ha “servido a su lado con lealtad y convicción” y recordó que siempre dijo que el momento en el que “sienta este cargo como un impedimento para servir, prefiero salir como entré, y eso haré”.  Dijo que, desde el primer día, renunció a los beneficios que le corresponderían: sueldos vitalicios, seguridad o movilización. 

Sonnenholzner es el tercer vicepresidente de este gobierno. El primero —con quien Moreno ganó las elecciones en 2017—  fue Jorge Glas, a quien al verse envuelto en el caso Odebrecht, el Presidente le retiró sus funciones. Glas perdió su cargo mientras cumplía prisión preventiva. Fue reemplazado, oficialmente, por la entonces ministra de Vivienda, María Alejandra Vicuña, en enero de 2018. 

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Once meses después, Vicuña renunció, acusada de exigir pagos indebidos a sus colaboradores cuando fue asambleísta. Apareció entonces en la escena política Otto Sonnenholzner, encabezando la segunda terna que Moreno presentaba en apenas año y medio de gobierno. Glas y Vicuña fueron parte del gobierno de Rafael Correa, del que Moreno ha hecho tantos intentos por desmarcarse a pesar de haber sido su vicepresidente durante seis años. 

Con una imagen de juventud y renovación, Sonnenholzner intentaba mostrar una cara amigable y apolítica. Su buena relación con periodistas y medios de comunicación venía desde sus épocas de comunicador. Sin embargo, en la cancha política su carisma no fue suficiente.  

Tras su posesión, el Presidente le encargó cuatro funciones específicas. La primera, el seguimiento del Diálogo Social Nacional —un mecanismo más retórico que práctico a través del cual el gobierno de Moreno pretendía dialogar con diversos sectores, como organizaciones de trabajadores, actores y organizaciones políticos y gobiernos autónomos. También le encargó la coordinación e implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas a través del plan nacional de desarrollo. Además, el Vicepresidente debía apoyar al Ministerio de Comercio Exterior para atraer inversión extranjera y dirigir a los gabinetes estratégicos.

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La primera función que le encargó Moreno, la del diálogo, tuvo su mayor fracaso cuando estallaron las protestas de octubre de 2019, tras el anuncio de nuevas medidas económicas. En una entrevista posterior, Sonnenholzner reconoció como un error del Ejecutivo no haber explicado la medida adecuadamente. 

La respuesta fue tardía, pues el Vicepresidente empezó a recorrer comunidades y ciudades después de las protestas. Sus fotografías en comunidades indígenas y en recorridos en distintas zonas rurales circularon en las redes sociales del gobierno. Leonidas Iza, uno de los principales líderes indígenas del paro de octubre, lo acusó de “pretender dividir al movimiento indígena” y le advirtió que  “cuando las comunidades le hagan la justicia indígena no venga lloriquear en la Asamblea o en donde sea que le hayan hecho la justicia indígena”. Sonnenholzner, respondió que seguiría recorriendo las comunidades. “No he sabido que he tenido que pedirle visa para recorrer el país como ecuatoriano”, dijo molesto desde su natal provincia de Guayas. 

En enero, cuando China ya contabilizaba casos de covid-19, el Vicepresidente anunció que su plan de viajar a ese país para promover el intercambio comercial, se mantendría. “Voy a China a promocionar estos productos y si regreso con coronavirus por promover nuestra marca, regreso contento igual”, dijo. Dos meses después, él mismo veía a Guayaquil con horror, donde el sistema sanitario colapsaba y los cuerpos de quienes morían en medio de la crisis, no podían ni siquiera ser recogidos por los servicios funerarios. El Vicepresidente aparecía entonces en los anuncios gubernamentales, ruedas de prensa virtuales. Las imágenes difundidas a través de sus redes sociales y las de la Vicepresidencia, pretendían mostrarlo enfrentando una crisis sin precedentes. Aparecía con mascarilla, la camisa arremangada, el paso firme, caminando, señalando, viendo al infinito, con escenarios diversos. Un héroe en medio del caos. 

Empezaron a surgir bromas y memes sobre la cantidad de fotos en contrapicada y en primer plano, que construían la imagen de un héroe. “Hemos sufrido un fuerte deterioro en nuestra imagen internacional”, decía a principios de abril de 2020 y sus palabras sonaban indolentes. 

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Parecía que, en medio de tantas muertes, de las denuncias de ciudadanos que no podían acceder a atención hospitalaria, lo que más le preocupaba era la imagen del país y se disculpaba por ello. No por el colapso del sistema sanitario, por los cuerpos que se perdieron, por las personas que murieron en sus casas sin poder ser atendidas, sino por el deterioro en la imagen internacional. Como si hubiese estado más preocupado de la política y la imagen —de la que tanto quiere alejarse en el discurso— que de las carencias que los ciudadanos enfrentaban.

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Cuando la crisis sanitaria empezó, el presidente Lenín Moreno delegó la presidencia del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) a Otto Sonnenholzner, quien pronto fue tomando un rol protagónico. En ese papel sería reemplazado casi un mes después —a mediados de abril— por la Ministra de Gobierno, María Paula Romo. Fue ella quien anunció que la delegación ante el COE había pasado de Sonnenholzner a ella

La imagen de Sonnenholzner apegada a la institucionalidad de la Vicepresidencia y del gobierno, empezó a mutar. De repente empezó a aparecer en recorridos más parecidos al de un candidato en exposición. 

En algunos aparecía con Juan Sebastián Roldán, otro de los hombres fuertes del gobierno morenista. Los rumores insistían en las diferencias entre la Ruptura de los 25 —organización política fundada por Roldán y Romo— y Sonnenholzner. Incluso, Gabriel Arroba y Ricardo Luque, ambos cercanos a Sonnenholzner, titulares de la Secretaría de Comunicación y del Centro de Inteligencia Estratégica (CIE), fueron removidos de sus puestos. Dentro del propio gobierno se sintió como un golpe político al Vicepresidente. Romo negó que hubiera distanciamientos o conflictos pero admitió “tensiones, como en cualquier equipo de trabajo”. 


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En mayo de 2020 —poco antes del Informe a la Nación—, cuando aumentaban los rumores de una posible salida de Sonnenholzner para optar por una candidatura en las próximas elecciones, Romo tuvo que volver a aclarar que no había un distanciamiento entre la Ruptura y el Vicepresidente. 

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Sobre su potencial como candidato, se empezó a hablar desde el año pasado. Él siempre evadía el tema. En una entrevista en diciembre de 2019, contestó: “¿se puede decir no sé?”. 

A finales de abril, decía nuevamente que no era candidato a nada. “Quienes con mala fe quieren confundir mi trabajo con una campaña electoral es porque están acostumbrados a ver políticos recorriendo el territorio solo en época de elecciones”, dijo en una cadena nacional. 

Pero la semana pasada, a pocos días de que se materializara su renuncia, su discurso ya tenía matices electorales, dejando entrever la posibilidad de una candidatura: “Ecuador necesita unidad, no necesita dispersión, no se trata de candidaturas en este momento”, dijo ante los medios en Cuenca. “Yo trabajaré para buscar ese camino que nos una, no por ideologías, sino por objetivos, ese trabajo que he hecho desde la Vicepresidencia, lo haría también en función de un camino electoral, en donde no necesariamente sea yo quien participe, porque insisto, no se trata de las personas, se trata de los objetivos”. En año y medio, tuvo tiempo para descubrir que, quizás, ese rol de político que tanto decía disgustarle, podría ser una vía nada despreciable para ejercer el poder o aplicar lo que predica: servir.

Esa carrera podría empezar con los números con los que Sonnenholzner se va del gobierno. Tiene una aceptación muy por encima de la del presidente Moreno, quien durante la gestión de la crisis del coronavirus, en abril de este año, tenía apenas un 24 por ciento frente al 50 por ciento del Vicepresidente

Quizás eso fue determinante para pensar en la posibilidad de una candidatura en 2021. Además, el escenario de enfrentarse a políticos que difícilmente conectarán con un electorado joven, como Guillermo Lasso —con dos participaciones previas, sin éxito— o Lucio Gutiérrez —quien tuvo la posibilidad de gobernar entre 2003 y 2005 y fue derrocado—, la figura de un candidato joven y con cierta frescura política podría resultar favorecedor. El espacio vacío que deja Jaime Nebot podría jugar también a favor de una alianza más amplia, en la que Sonnenholzner podría tener cabida. 

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Lo que puede pesar en su contra, es su compromiso cumplido a medias: llegar a la Vicepresidencia hasta 2021 para abandonarla casi un año antes por ambiciones políticas personales. Ya fue parte de este desgastado gobierno durante un año y medio y no le será fácil desmarcarse de sus acciones.

María Sol Borja
Periodista. Ha publicado en New York Times y Washington Post. Fue parte del equipo finalista en los premios Gabo 2019 por Frontera Cautiva. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Es editora asociada y editora política en GK.