La educación virtual suele asociarse con flexibilidad, tecnología y distancia. Pero trasladar un posgrado a una pantalla también plantea una pregunta: ¿cómo mantener el vínculo humano y la calidad académica cuando estudiantes y docentes ya no comparten el mismo espacio físico?

Para la Universidad Andina Simón Bolívar, la respuesta comenzó a construirse en 2020, cuando la pandemia aceleró la incorporación de la educación virtual. Lo que entonces surgió como una necesidad emergente se convirtió en un proceso de aprendizaje y transformación institucional que, seis años después, da paso a Andina en Línea, una propuesta de maestrías y especializaciones 100 % virtuales que pone al estudiante en el centro y combina tecnología, acompañamiento personalizado y excelencia académica.


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La apuesta no es únicamente facilitar el acceso a un posgrado desde cualquier lugar, sino construir una experiencia de aprendizaje que resulte atractiva, cercana y estimulante para quienes estudian mientras trabajan o cumplen otras responsabilidades. Con tutores que acompañan al estudiante durante todo el programa, docentes capacitados para enseñar en entornos virtuales y herramientas tecnológicas que complementan el aprendizaje, la universidad busca también enfrentar uno de los desafíos de la educación en línea: la deserción. La idea es que la flexibilidad no implique estudiar en soledad y que el acompañamiento contribuya a que más estudiantes permanezcan y culminen su formación.

César Montaño Galarza, rector de la Universidad Andina, cuenta cómo funciona el modelo de educación en línea y por qué le han apostado a esta modalidad.

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La Universidad Andina impulsa posgrados virtuales con acompañamiento docente, herramientas tecnológicas e inteligencia artificial.

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La pandemia llevó a muchas universidades a trasladar sus clases al entorno virtual. ¿Qué ocurrió en la Universidad Andina durante 2020 y cómo ese proceso terminó dando origen a lo que hoy es Andina en Línea?

Desde mi perspectiva, el surgimiento de la pandemia en 2020 nos arrojó a un nuevo escenario sin que necesariamente lo hubiéramos previsto.

Llega la pandemia en marzo de 2020 y nosotros ya habíamos tenido alguna experiencia en educación virtual, pero no como un programa consolidado de posgrado, con una oferta académica amplia en distintos temas. Sí vimos que era necesario, a partir de esta emergencia, dar un giro e incorporar nuevas herramientas tecnológicas en el quehacer académico.

Esto pasa, por una parte, por equipar a la universidad y fortalecer las instancias que tienen a cargo la educación virtual. 

También implicó incorporar herramientas, como una plataforma de última generación, junto con una serie de herramientas complementarias que permiten que lleguemos, como yo digo, más lejos y con la misma calidad que históricamente hemos tenido en los programas de la universidad. Porque creo que el mayor reto es ese.

El tema tecnológico implica nuevas herramientas que entran en la tarea de formación profesional para hacer mejor las cosas, pero sin sacrificar la calidad.

Entonces llega la pandemia y, al mismo tiempo, se activa en el mundo lo que muchos dicen que es la cuarta o la quinta revolución tecnológica. Y sí, esta revolución tecnológica cambia la comunicación, cambia la información y, obviamente, cambia la educación.

Tenemos estudiantes de todas las provincias del país, de Galápagos y también de países del área andina, que se pueden conectar con la misma calidad, con una experiencia muy diferente y muy especial, con acompañamiento permanente y con todas las herramientas que hemos incorporado en este contexto de educación virtual de Andina en Línea, particularmente a un costo más asequible y, por otro lado, adaptándonos mucho a la realidad del Ecuador.

Una cosa es virtualizar las clases por una emergencia y otra es diseñar un modelo de posgrados pensado desde el inicio para funcionar en línea. ¿Qué aprendió la Universidad Andina durante estos años y qué tuvo que transformar para llegar al modelo actual?

Entre 2020 y 2026 ha sido un período de mucho aprendizaje, donde no solamente han aprendido los estudiantes, sino también, y sobre todo, hemos aprendido los docentes. 

Además, hemos podido fortalecer una instancia como la Unidad de Gestión de Educación Virtual, donde existe un soporte técnico, pero no solo alineado con las nuevas tecnologías, sino también un soporte técnico-pedagógico, de tal manera que podamos garantizar la calidad y una nueva experiencia de formación en educación superior.

Contamos con un equipo humano que está pendiente del estudiante en todo momento, porque hay un gran problema en muchas otras ofertas, donde el estudiante muchas veces se siente solo, se siente abandonado; no hay seguimiento ni acompañamiento.

En nuestro caso, la idea es que, con un tutor de principio a fin en cada programa, exista un acompañamiento y un impulso permanentes, de tal manera que el estudiante no abandone y nunca se sienta solo en una formación que no es presencial.

Luego hay un equipo de autoridades que está siempre pendiente del programa y de la coordinación académica, además del equipo docente.

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César Montaño, rector de la Universidad Andina, explica las características diferenciales del proyecto de maestrías y especializaciones Andina en Línea. Fotografía de: Diego lucero

¿Qué papel cumple el sistema de tutores con el estudiante?

Aparte de las clases que reciben los estudiantes, sobre todo las clases sincrónicas, siempre va a existir el acompañamiento de un tutor que estará presente de principio a fin en cada asignatura.

El tutor estará siempre a disposición del estudiante para cualquier orientación, soporte especial y también para impulsarlo si ve que está rezagado. Si detecta que algún estudiante se está quedando atrás, el tutor dirá: «Aquí hay que intervenir; es necesario apoyarlo para que siga avanzando», de tal manera que nadie se quede rezagado.

También generará espacios de encuentro para la comunidad académica que participa en la educación virtual. ¿Qué significa eso? Compartir con otros estudiantes, con compañeros y compañeras, y también con los docentes.

Nuestro modelo es muy humanista y está centrado en el estudiante.

Yo creo que esa es una gran diferencia, algo que se deriva del enfoque social que históricamente ha caracterizado a esta universidad.

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Revista Andina – Inteligencia artificial: Presente y futuro, es una publicación semestral del rectorado de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Fotografía de: Diego lucero

¿Cómo garantizan que la virtualidad no signifique simplemente estar frente a la pantalla? ¿Tienen alguna estrategia para la interacción con los demás compañeros?

Nuestra plataforma es de última generación. Además del equipo humano de soporte que ya mencionaba —pedagogos, especialistas en herramientas tecnológicas, el tutor, los docentes y las autoridades del programa—, contamos con un equipo muy amplio.

Los estudiantes van a tener la posibilidad de utilizar muchas herramientas pedagógicas que refuerzan el aprendizaje y permiten fijar mejor el conocimiento.

También dispondrán de una serie de recursos, repositorios, guías virtuales, guías de aprendizaje y actividades que el estudiante puede realizar de manera individual o en conjunto con sus demás compañeros.

Sea como sea, nosotros tenemos actualmente una oferta académica con programas presenciales, híbridos y virtuales.

Y en todos los casos, eso es precisamente lo que dejó la pandemia. Antes nos dedicábamos sobre todo a la presencialidad. La pandemia abrió más posibilidades, pero hay que hacerlo bien y con calidad.

Entonces, ya sea que el programa sea presencial, híbrido o completamente virtual, nosotros garantizamos que existan momentos en los cuales haya un encuentro entre los estudiantes y su equipo docente, con el equipo académico y también entre ellos mismos, lo cual resulta muy enriquecedor.

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César Montaño, rector de la Universidad Andina, explica las características diferenciales del proyecto de maestrías y especializaciones Andina en Línea. Fotografía de: Diego lucero

Vemos que en el mercado existen ofertas de programas virtuales donde los estudiantes se gradúan y no tienen idea de dónde estudiaron; ni siquiera conocen su universidad.

Nosotros queremos que la conozcan, que vengan a este maravilloso campus, que tengan la experiencia de aprovechar sus espacios y que, además, puedan tener un acceso directo a su propia comunidad: compañeros, otros estudiantes, docentes, autoridades, etcétera.

La inteligencia artificial está cambiando la manera en que las personas estudian, investigan y trabajan. ¿Cómo plantea la Universidad Andina incorporarla a la formación sin perder el pensamiento crítico, la ética y el criterio profesional?

Partimos de una premisa clarísima: la inteligencia artificial llega y tiene que ser considerada para mejorar el acceso y el manejo de los caminos hacia el conocimiento. Esto nunca va a reemplazar la guía y el acompañamiento docente.

La IA, en general, ya está incorporada en varios programas nuevos de la universidad. Es una herramienta más. No hay que temerle. 

Es como cuando hace años hablamos del reto con la llegada de internet. Derivado de esto, el reto con el comercio electrónico; luego, con las redes sociales. Ahora es la inteligencia artificial. Es decir, son todas herramientas.

Y la humanidad sigue, las instituciones educativas siguen. Eso sí, nosotros creemos que cada vez más se pone en valor el rol docente. El docente está para acompañar, para guiar y para mostrar las líneas rojas. La IA carece de una característica que tiene la mente humana: la conciencia.

Y ahí sí estamos claros de que solamente la mente humana, bajo criterios éticos, puede encaminar un proceso de investigación, creación de conocimiento o desarrollo académico.

¿Qué barreras de acceso busca resolver esta modalidad y qué futuro imagina la Universidad Andina para la educación de posgrado virtual?

Queremos sortear muchas barreras de acceso. En el Ecuador, por diversas circunstancias, es complejo que mucha gente pueda estudiar con nosotros, incluso antes de la revolución tecnológica actual.

Muchas personas quieren estudiar con nosotros, pero las limitaciones de la presencialidad, que también es muy valorada, tienen sus dificultades. Está el tema de la movilización, que puede ser riesgosa y costosa. A pesar de eso, hemos tenido estudiantes de todo el país incluso antes de esta época, que viajaban en avión cada fin de semana para venir a clases.

Ahora, con estas nuevas herramientas, definitivamente tienes la universidad en la casa de campo, la universidad en la ciudad o la universidad en la oficina donde uno desarrolla su actividad económica. Eso implica un giro enorme.

Por eso le tengo mucha fe a este proyecto y al programa que hemos lanzado con cerca de 20 posgrados.

Yo creo que la convocatoria al final va a ser muy exitosa, como está siendo hasta ahora. Estamos monitoreando eso y considero que esto va a afirmar la posibilidad de que la oferta académica de programas en línea se vaya ampliando.

Esto con la perspectiva de facilitar el acceso a muchas personas que no pueden venir presencialmente a la capital por temas de seguridad, distancia, tiempo, costos o riesgos. Entonces, creo que tiene muchas bondades.

Sí implica un reto enorme. Que es aprender. Los docentes tenemos que prepararnos, utilizar nuevas herramientas y cambiar la manera de llevar la clase a la práctica, poniendo el acento en el estudiante.

Ya no es la clase donde el profesor era el centro y simplemente transmitía los contenidos mientras el estudiante tomaba nota. Ahora los estudiantes también gestionan el conocimiento porque tienen más herramientas, y el docente guía ese aprendizaje mediante el sistema.

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Un equipo de autoridades está siempre pendiente del programa y de la coordinación académica, además del equipo docente.

¿En qué momento se dieron cuenta de que esta modalidad no solo se quedaba en la pandemia, sino que podía convertirse en una línea permanente de la educación de posgrado aquí en la Andina?

A partir de la pandemia hubo un boom de las ofertas académicas de muchas instituciones del exterior.

Algunas de ellas, incluso, de carácter privado, podrían ser consideradas como modelos muy orientados al negocio de la educación superior. Aprovecharon estos nuevos mecanismos para llegar con una oferta académica diferente y, precisamente como decía, con menores costos, más facilidades y mayor flexibilidad.

Y creo que ese es un paso que el mundo de la educación superior ya dio y que no va a detenerse. No vamos a regresar al punto anterior. Yo creo que ese paso está dado y que vendrán nuevos retos y nuevas posibilidades.

Entonces, considero que, en general, la universidad ecuatoriana y la Universidad Andina en particular tienen que hacer más cosas y explorar nuevos enfoques.

Por ejemplo, está el concepto de la universidad a lo largo de la vida. Estoy impulsando eso ahora en la universidad.

Creo que tenemos que entrar en la lógica de las microcredenciales, que es un tema muy novedoso en la educación mundial, especialmente en los países más desarrollados. Tenemos que avanzar hacia esa lógica.

¿De qué se trata?

Implica ir reconociendo experiencias y conocimientos previos de los estudiantes, a tal punto que, en períodos que pueden ser incluso largos, vayan acumulando puntos o créditos para que, en algún momento, puedan completar una especialidad, una maestría, etcétera.

Incluso en las carreras de pregrado se aplica esto. Eso significa que uno puede, a lo largo de la vida, no dejar de aprender.

Con un añadido que es muy importante: cada vez más la gente se jubila más joven. Se jubila con muchas ganas de llevar a la práctica proyectos que tenía postergados durante muchos años.

Esa gente que se jubila ahora más joven tiene ganas de hacer más cosas nuevas, de aprender y de mantener una lógica de aprendizaje permanente.

En tercer lugar, es notorio lo que voy a decir: en todo el mundo la expectativa de vida ha aumentado. También en Ecuador se ha incrementado. Eso significa que tendremos personas muy productivas incluso después de jubilarse, gente con ganas de hacer muchas cosas, que quiere aprender y que seguirá buscando nuevas oportunidades de formación.

Entonces, la única institución que puede brindar conocimiento serio y garantizado es la universidad. Eso no va a cambiar en el mundo.

Y por eso creo que esto también va a impulsar el giro hacia la virtualidad. Es un signo de los tiempos. No podemos seguir haciendo exactamente lo mismo que antes; tenemos que sintonizar con la realidad actual para incidir en ella, no solamente para adaptarnos, sino para transformarla, formando personas con alto nivel, criterio crítico y una mirada propositiva.

 

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