¿Alguna vez tuviste miedo de ir al baño de tu escuela? Para un adolescente trans de 14 años es una situación de angustia cotidiana. “Por lo general siempre espero a que termine el recreo e interrumpo las clases para ir al baño porque siento que hay más privacidad”, me explicó Noa en un audio de WhatsApp. Su temor más grande es que haya un grupito de varones que lo vea entrar al cubículo y no ir a los mingitorios, o que lo espíen por la abertura de la puerta. “A veces me da miedo, no sé, que alguien se agache y vea que mis pies están mirando para el frente, para la puerta y no para el inodoro, me da miedo”, agregó.

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La experiencia de Milan, de 16 años, es igual de hostil. “Me daba miedo que me peguen o que me violen”, afirmó. “Solo para hacer tus necesidades te categorizan de una manera que tenés que afrontar todos los posibles riesgos que puedan pasar, y estar yendo al baño ahí todo asustado. No debería ser tan difícil poder tener un baño mixto y no tener miedo a que te pase algo”, sostuvo. Ambos estudian en la provincia patagónica de Neuquén, en el sur de Argentina, y acordamos usar nombres ficticios para preservarlos.

La distinción de los baños entre varones y mujeres, odamas y caballeros, no solo expulsa a otras identidades de género ―personas trans, travestis, no binarias― sino que las expone a actos de violencia, discriminación y puede influir en la decisión de no continuar en la escuela.

Según el relevamiento de infancias y adolescencias trans que se realizó en la región, en 2020, el 14 % de las familias encuestadas advirtieron que los establecimientos educativos al que concurren sus hijos e hijas realizaron algún cambio para contemplar esta situación: en algunos casos los baños pasaron a ser mixtos, en otros incorporaron un baño sin distinción de género, les permitieron usar el de profesores cuando las personas no se sentían cómodas en ninguno, o pasaron a utilizar el baño del género con el que se identifican.

El concepto de sanitario inclusivo es mucho más que sacar una cartelería divisoria: implica pensar los baños como espacios de uso seguro independientemente del género de la persona, si son chicos, adultos, o si presentan alguna discapacidad. Por eso no se habla ni de fórmulas, ni de una única solución.

Soledad Roldán, docente e investigadora de la facultad de Ciencias de la Educación de Comahue y del IPEHCS-CONICET-UNCo, y Lucila da Silva, becaria posdoctoral con pertenencia también al IPEHCS, se dedican a trabajar en profundidad en los proyectos: “Espacialidades en la escuela secundaria: corporalidades, discursos y materialidades en la producción del orden escolar” y en “La (re)producción de las desigualdades en la Patagonia Norte. Un abordaje multidimensional”.

Justamente en la facultad, en diciembre de 2018, el Consejo Directivo aprobó la eliminación de la cartelería que establecía la distinción en los baños, en el sector viejo del edificio. Fue un puntapié importante pero no se avanzó en una reforma estructural y los sanitarios que se construyeron en la parte nueva están separados hoy por género. En aquel momento se armó un equipo multidisciplinar e intersectorial que impulsó la iniciativa integrada por organizaciones activistas como ATTTA, el Colegio de Arquitectos de Neuquén y el sindicato docente ATEN, entre otros.

“En lo que es Nivel Primario y Secundario tenés el inconveniente más fuerte que es la norma, es el código de edificación de la ciudad de Neuquén y del resto de las ciudades que es casi un clon del código de la Capital Federal. En eso el código es bastante explícito y sigue solicitando que los baños de Nivel Primario, Secundario y Superior estén distinguidos, literalmente dice, por sexo”, aseguró da Silva. Mencionó que se hacen “salvedades” al código en muchos aspectos a la hora de la construcción y ejecución de proyectos, salvo en este punto.

Precisó que hay al menos tres dimensiones: la presupuestaria para realizar las reformas si se trata de un espacio ya construido, la normativa que habilite introducirlas y las de diseño, ya que no existe un prototipo de sanitario inclusivo.

“Si uno pudiera decir de los espacios escolares cuáles son los que aparecen con una carga negativa, entonces diríalos baños”, añadió Roldán. Remarcó que pese a esta percepción de los y las estudiantesse sigue pensando que es un asunto menor comparado con otras urgencias.

Hasta ahora los colegios de Neuquén que han hecho modificaciones plantearon, por ejemplo, sacar los mingitorios o poner tabiques para que no quedaran a la vista.

Uso y no servicio

Hay una experiencia reciente en la provincia de diseño de sanitarios y vestuarios inclusivos en obra pública no escolar. Da Silva justamente participó del asesoramiento al equipo que encabeza la arquitecta Cecilia Barrera, directora de planificación de proyectos estratégicos de UPEFE (ver aparte).

“Nos empezó a hacer ruido que en el diseño de cualquier obra de arquitectura te plantean la actividad que se va a desarrollar, una estructura funcional y dejan un rincón para el área de servicio donde van a estar la cocina y los sanitarios. Y la cocina y los sanitarios no son un área de servicio. Para mí parte de un tema conceptual: un área de servicio es un depósito, porque no lo usan las personas, o sea, entran, sacan algo o guardan algo. Un área de cocina o un área de sanitarios es un espacio de uso. Tal vez el tema del espacio de servicio viene más atado a una cuestión más generacional, es decir, es la servidumbre. Y bueno, nosotros planteamos que no es así”, enfatizó Barrera.

Dijo que tal y como están pensados los baños actualmente vulneran el derecho a la privacidad y de hecho señaló que muchos varones estén acostumbrados a los mingitorios no significa que se sientan cómodos, o que lo prefieran a otras opciones. “Probablemente (los usan) porque siempre tuvieron que ir a esos lugares y estar expuestos”, manifestó.

¿Qué soluciones ofrece el diseño y la arquitectura?

En Neuquén están en marcha ocho proyectos que incluyen baños y vestuarios sin distinción de género. Las obras son de lo más variadas: el edificio municipal de Añelo, el centro de exposiciones y convenciones El Cisne en la Isla 132, el centro de patín artístico de Plottier, salones de actividad física en Huinganco, Guañacos, Villa Nahueve y Moquehue, el área de accesibilidad urbana en El Chocón, una iniciativa recreativa en Andacollo, talleres de oficio y carpintería en Villa Pehuenia y el plan integral de la Ciudad Deportiva. Están a cargo de UPEFE, que es la Unidad Provincial de Enlace y Ejecución de Proyectos con Financiamiento Externo del gobierno.

La arquitecta Cecilia Barrera, directora de planificación de proyectos estratégicos delorganismo indicó que no hay un único modelo de baño inclusivo, sino que en cada obra se analiza la realidad sociocultural del lugar donde va a funcionar y la premisa básica es crear una estructura en la que se resguarde la privacidad de las personas que usan el sanitario.

Se piensa en un baño integral común sectorizado. En el espacio del lavado de manos hay separadores lo que impide ver la bacha de la otra persona. El cambiador de bebés, que suele estar en la entrada del baño de mujeres como si fueran las únicas encargadas de realizar esa tarea, se encuentra apartado del ingreso y con tabiques para preservar además la intimidad del niño o la niña. Los cubículos donde están los inodoros tienen puertas con aberturas reducidas entre el piso y el inicio del panel, de no más de 20 centímetros, lo que impide que se observe desde afuera. En el caso de las personas con movilidad reducida en el cubículo tienen inodoro y bacha. Si la comunidad donde se va a montar la obra usa mingitorios, se los coloca de forma que no queden expuestos a las personas que transitan por el baño.

En los vestuarios inclusivos hay un sector de lockers para el guardado de las mochilas. El área de higiene es individual formado por una anteducha, donde hay un banco y perchero para cambiarse y ahí recién pasa a la ducha, que está colocada detrás de una mampara. Esto le permite a la persona tener un espacio para entrar, dejar su toalla y ropa, bañarse, secarse y salir vestida.

Barerra planteó que en 2021 se estableció en el decreto 1320 que la obra pública realizada en el provincia, independientemente del origen del financiamiento, debe promover “un desarrollo sostenible, seguro, accesible, inclusivo y equilibrado, con equidad entre los géneros, de forma que permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la de las generaciones futuras”.

Esta historia fue publicada originalmente en Río Negro (Argentina) y es republicada dentro del Programa de la Red de Periodismo Humano, apoyado por el ICFJ, International Center for Journalists.

Banos Inclusivos Como Pensar Sitios Seguros En La Escuela Y Reducir La Violencia
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Laura Loncopan Berti
Editora de género del medio argentino Río Negro. Licenciada en Comunicación Social, egresada de la Universidad Nacional del Comahue. En 2022 fue distinguida por Amnistía Internacional, junto a 28 mujeres, por su aporte en la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito.
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