Parece una tostadora, una batería de carro o una jaba de cervezas. En realidad, es una cajita de posibilidades: se llama Moxie (las siglas en inglés para Experimento de utilización de recursos in situ de oxígeno) y está creando oxígeno en Marte a partir del dióxido de carbono que recoge de la atmósfera marciana.

flecha celesteOTROS HAMACAS

Moxie es un nombre propicio. No solo porque representa las siglas de lo que exactamente hace este aparato que pesa casi 28 libras (en la Tierra) y poco más de 14 (en Marte), sino porque la palabra moxie en inglés es una forma de valentía, determinación y energía. No encuentro una traducción directa al español. 

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No es para menos. Quizá en un futuro no tan lejano (digamos, ¿unos 100 años?), los primeros humanos en Marte le deberán la capacidad de respirar y volver a la Tierra a esta cajita dorada. 

Creado en el laboratorio del Massachussets Institute of Technology, Moxie está diseñado para tomar el dióxido de carbono del que está compuesto más del 95% de la atmósfera marciana, y convertirlo en oxígeno

 Lo ha logrado. 

Estos auspiciosos resultados se publicaron a finales de agosto en la revista científica Science Direct. Moxie produjo oxígeno en siete ocasiones después de amartizar en el cráter Jezero, a bordo del rover Perseverance. Moxie va dentro del rover, como una maleta que uno pone debajo de un asiento. 

Según el artículo publicado por los científicos a su cargo, Moxie produjo oxígeno por primera vez en abril de 2021.

Este es uno de esos pequeños pasos que podría convertirse en un gran salto para la humanidad.

¿Por qué?

Pues, primero lo evidente: los humanos, como la gran mayoría de animales, necesitamos oxígeno. Y la atmósfera marciana tiene apenas 0,13% de ese noble gas —la de la Tierra, en comparación, un 21%. 

Estos dos gases y su interacción con un planeta son, literalmente, vitales

Recordando la clase de la escuela: lo inhalamos, lo utilizamos para convertir la comida en energía. Luego, exhalamos el desecho de ese proceso: el dióxido de carbono, que nos envenena si lo inhalamos, pero que les sirve a las plantas para la fotosíntesis, que libere oxígeno —el círculo de la vida, Simba. 

Bueno, Moxie funciona igual que un árbol: toma el oxígeno de la atmósfera y lo convierte en oxígeno. Es otro hermoso ejemplo de “bioinspiración”: recurrir a los “fenómenos en biología para estimular la investigación en ciencia y tecnología no biológicas”, define la Royal Society británica

Ya hablamos de este concepto cuando conversábamos de El futuro es vegetal de Stefano Mancuso. Gracias a esa conversación y a un amable y asiduo lector de la hamaca, conocí este sitio fantástico: asknature.org.

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En fin: Moxie es una gran muestra de bioinspiración. Abre la posibilidad de generar oxígeno en Marte y, por ende, abre la posibilidad de que respiremos en el planeta rojo. 

No, no significa que Marte se va a convertir en la Tierra

Antes de que todos nos emocionemos y empecemos a lotizar Marte y fundemos Jezero Hills, pongamos las cosas en su correcta perspectiva. 

Volver a Marte en una segunda Tierra es una idea que los científicos y los entusiastas del viaje espacial han analizado por años. Es un proceso llamado terraformación, mediante el cual daríamos a Marte una atmósfera similar a la nuestra, permitiendo, por tanto, la existencia de vida como la vemos en nuestro planeta.

Suena increíble, y no es imposible. “No hay ninguna ley de la física que lo impida”, explica el astrofísico Paul Sutter en Space.com. “Pero no contengas la respiración”, advierte Sutter: es muy, muy (muy, en serio, muy) poco probable

La dificultad de terraformar Marte es altísima, y ni siquiera las ideas más radicales —como la de Elon Musk de lanzar bombas nucleares en los polos del planeta— parecen viables sin que aparezcan otras dificultades, tome miles de años, la vida del nuevo planeta sea breve, y tengamos la tecnología necesaria para llevar a cabo nuestros planes de replicar la Tierra en otra esquina del sistema solar. 

No quiero entrar en los detalles de cada uno de esos problemas, pero voy a citar el mayor de todos. Alguna vez (hace unos 3,5 mil millones de años) Marte albergó agua líquida, una atmósfera gruesa, y quizá pequeñas bacterias, propias de los estadios iniciales de la vida

Pero ese paraíso sin humanos duró poco. Marte perdió su campo magnético, lo que permitió que los vientos solares devastaran su atmósfera y acabara con el agua superficial del planeta. ¿Por qué? 

Lo que habría pasado, según un estudio publicado en el Journal of Geophysical Research – Planets, es probablemente lo siguiente: la energía liberada por impactos de asteroides gigantes alteró el flujo de calor en el núcleo de hierro del planeta. Ese núcleo ferroso funcionaba como un dínamo que movía el hierro líquido, lo que a su vez producía el campo magnético

Al detenerse el dínamo, no había un motor que generara el campo magnético, lo que dejó sin protección a Marte de los vientos solares. (Por si te lo preguntas: sí, la Tierra tiene un campo magnético que funciona y se genera de la misma forma, aunque su origen sigue siendo un misterio). Al día de hoy, no hay forma de reiniciar el núcleo de Marte —después de todo,  no es un modem. 

Entonces, ¿de qué sirve producir oxígeno en Marte?

Aunque no logremos terraformar al vecino rojo, generar oxígeno en Marte puede ayudarnos a que los exploradores y primeros colonos humanos no se queden sin oxígeno. En el más optimista de los casos, que puedan generarlo para los ambientes artificiales donde vivan

Pero servirá también para poder volver a la Tierra. «Cuando enviemos humanos a Marte, querremos que regresen sanos y salvos, y para hacerlo necesitan un cohete que despegue del planeta”, dijo Michael Hecht, investigador principal de Moxie. “El propulsor de oxígeno líquido es algo que podríamos fabricar allí y no tener que llevarlo con nosotros”, explicó Hecht. “Una idea sería traer un tanque de oxígeno vacío y llenarlo en Marte”. Igualito que como cuando viene el camión del gas doméstico, solo que con una ruta un poco más larga  y quizá con una canción distinta

Para que Moxie pueda ser parte de las futuras misiones tripuladas a Marte, debe crecer. Necesita ser 100 veces más grande, explica la NASA. Si se logra, podría ser la fuente de ¾ de los combustibles propulsores que se necesitan para la exploración de Marte.

Parece que aún estamos relativamente lejos —¿un par de décadas?— de ese punto. Pero hemos dado el primer paso. 

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José María León Cabrera
(Ecuador, 1982) Editor fundador de GK. Su trabajo aparece en el New York Times, Etiqueta Negra, Etiqueta Verde, SoHo Colombia y Ecuador, entre otros. Es productor ejecutivo y director de contenidos de La Foca.