Señor Lasso: 

Le escribo en nombre de las mujeres, de las feministas, de aquellas cuya voz fue acallada por la violencia machista que usted prefiere no ver;  de aquellas a las que usted elige no escuchar; de aquellas a quien, con su discurso, violenta y subestima. Creo importante aprovechar este espacio para hacerle llegar el eco de todas esas voces que usted se esmera en ignorar. 

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En este periodo electoral es necesario imaginarse un gobierno bajo su mando. En este escenario, creo que no estoy sola al preguntarle, ¿qué podríamos esperar las mujeres en un hipotético gobierno suyo? Sus acciones políticas constantes nos dan esa respuesta. 

En lo primero que pienso es en la carta abierta que usted le dirigió al Presidente de la República, demandando el veto total al  Código Orgánico de la Salud. El proyecto que, entre otros, proponía la eliminación de un articulado que posibilitaba apelar la objeción de conciencia para evitar entregar anticoncepción o realizar procedimientos anticonceptivos, también garantizaba la no criminalización a las mujeres por emergencias obstétrica como abortos espontáneos en curso. Usted, sin embargo, se opuso y esa es solo una muestra de lo que pasaría si usted llega a ganar. Y no hablo solamente  en términos de la salud pública como un derecho ciudadano, sino también de su mensaje, cada vez más claro hacia las niñas, adolescentes y mujeres ecuatorianas. Como médica, me resulta imposible no preguntarle hacia dónde caminará la salud pública de nuestro país bajo su mando. ¿Dónde entra en su plan de gobierno el sistema público de salud? ¿Cómo se garantizará el acceso y la equitativa distribución de los recursos para las y los ciudadanos? ¿Qué garantías tendrán las niñas y las mujeres que lleguen con complicaciones derivadas de la interrupción del embarazo? Me temo que desde la lógica del privilegio —el de un hombre blanco, con poder económico y ahora, político—  le resulta difícil entender que la salud es un derecho que no se negocia.

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Para usted, parece que resulta mucho más fácil negar lo que no conoce o no entiende, tachar de “ideología de género” a las luchas históricas de las mujeres. Pero para usted, esas luchas solamente se miran a través de los lentes cosificadores de su machismo. Queda claro  lo que piensa sobre nosotras cuando afirma que las mujeres deben “arreglarse bonito y cuando estén bien bonitas, consiguen novio”. Y aunque después pidió disculpas, su desatino desnuda el concepto que tiene de las mujeres: un mero accesorio. 

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Como mujer, me espanta, además, pensar en un Ecuador con libre porte de armas, tal como usted quiere  —y como uno de sus asambleístas ya propuso en el pleno de la asamblea junto con tantas otras omisiones y desatinos que  atentan constantemente contra los derechos humanos.  Si eso llegase a ocurrir, entonces los femicidios pasarían de ser producidos por arma blanca a ser consecuencia de los balazos.. ¿Ha pensado usted en eso? 

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Sepa que si usted gana las elecciones, señor Lasso, las mujeres nos mantendremos vigilantes, luchando, incansables, contra la violencia y el machismo que nos mata todos los días, a vista y paciencia de los gobiernos y las leyes. Sepa también que exigiremos los derechos que nos corresponden y le recordaremos, todas las veces que usted requiera, que el Estado tiene obligaciones que van más allá de cualquier gobernante y sus creencias personales. Somos las voces de todas las que nos faltan. 

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Para finalizar, señor Lasso, me gustaría recordarle las palabras de Minerva Mirabal, activista política asesinada por la dictadura de Trujillo en República Dominicana el 25 de Noviembre del 1960: “Si me matan, yo sacaré mis brazos de la tumba y  seré más fuerte”.

Esas palabras reflejan nuestra lucha, esa que seguirá hasta alcanzar nuestros derechos. Créame, ya no hay forma de callarnos. Créame, no podrá evitar respondernos; nuestras voces se harán cada vez más fuertes, nuestros pasos retumbarán cada vez que una hermana, una hija o una compañera nos falte. Señor Lasso, las mujeres de este país no descansaremos y no cederemos hasta que nuestros derechos dejen de ser negociables.