Señor Celi,

Usted se ha definido como binomio provida y defensor de la familia tradicional del Ecuador. Sabemos que eso implica, por ejemplo, ser favorable a que una niña violada y embarazada, producto de esa violación, debe, según usted, de dar a luz obligadamente. Significa también que en su mundo ideal no existen las familias diversas; aquellas en donde dos mujeres crían a sus hijos; unos abuelos a sus nietos o existen las parejas —heterosexuales o no— que deciden no procrear. 

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Si en su imaginario, eso es lo ideal, ¿qué podemos esperar de usted cuando gobierne —si eso llegase a ocurrir— frente a las decisiones que usted tendrá que tomar?

Nos preguntamos, además ¿Cuáles son los temas que usted verdaderamente priorizará? ¿Qué es lo que usted no menciona en su plan de gobierno, pero que está tras su bandera de lucha y que pretenderá aplicar en el país en caso de resultar electo? 

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Usted es parte de quienes han tergiversado los derechos humanos, los derechos de las mujeres y eso es contrario al cumplimiento de las atribuciones de quien ostenta la presidencia del Ecuador.

Quisiéramos pedirle que lea detenidamente estas letras y que nos responda con total apego a la Constitución y a las normas internacionales; recordando que sería la respuesta de una persona digna de ocupar la Presidencia de la República. 

Usted habla de la importancia y necesidad de trabajar con niños, niñas y adolescentes por “un futuro prometedor para el país”;  se refiere a ellos en futuro, como si ahora estuvieran en una dimensión diferente a la nuestra, o al menos a la suya. Es importante que el presidente del Ecuador conozca la realidad de los niños, niñas y adolescentes. Ellos representan el 35% de la población total, según datos del INEC de 2017, y si espera de ellos un futuro prometedor y productivo, es necesario resolver las dificultades y problemas con las que se enfrentan a diario.

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Cuatro de cada 10 niños, niñas y adolescentes viven en hogares en situación de pobreza multidimensional. De ellos, los indígenas y afroecuatorianos son los más afectados. Eso implica que, para ellos, acceder a servicios básicos, salud, educación, información, nutrición adecuada, y vivienda es sumamente difícil. En esas condiciones, lo más evidente es el abandono de las aulas. Reemplazan su derecho a la educación para ir a trabajar e intentar sobrevivir. Las cifras lo confirman: 3 de cada 10 adolescentes no terminan el bachillerato, reforzando así el círculo de la pobreza.

La realidad de las niñas y de las adolescentes es aún más dura. Ecuador es el segundo país de la región con más alta tasa de embarazo adolescente, 23.809 adolescentes de 15 a 17 años fueron madres y 2.115 niñas de 10 a 14 años dieron a luz en 2016; todas estas niñas se embarazaron producto de violación. Lo más desgarrador es que en el 80% de casos, este delito sucede en el ámbito familiar y es resultado de incesto: son padres, hermanos, primos, tíos y abuelos los que violan a estas niñas y adolescentes y las dejan embarazadas. Esto ocurre en sus hogares, en el sitio en el que más protegidas deberían estar, con las personas que, se supone, deberían cuidarlas. La correlación entre  el suicidio adolescente y el embarazo por violación es innegable. Si a eso le añadimos que, entre 2014 y 2017 hubo 919 denuncias por delitos sexuales en el ámbito educativo, concluimos que las niñas no están a salvo ni en su casa ni en su escuela. Sin embargo, lastimosamente, usted insiste que es innecesaria la educación integral en sexualidad en el país.  ¿Es indolencia o es desconocimiento?


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Al leer su plan de gobierno —de 25 hojas y 7 ejes— y al escuchar sus propuestas, es evidente que usted desconoce el rol del estado para implementar políticas educativas, usted no garantiza el cumplimiento de sentencias que el estado ecuatoriano debe cumplir como medida de no repetición en casos de violencia sexual, como la de garantizar “educación integral en sexualidad”. Nos referimos al caso de Paola Guzmán Albarracín, violada por el rector de su colegio, cuando apenas era una niña. El caso llegó  hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el fallo significó un precedente sobre violencia sexual en el ámbito educativo, para la región.  Pero usted prefiere evadir la responsabilidad y criminalizar a las mujeres. ¿En el eventual caso de que gane las elecciones, incumpliría entonces el fallo de la Corte? ¿Cómo puede hablar, en su plan de gobierno, de equidad de género como eje transversal de las políticas públicas, si ni siquiera conoce que la realidad de las niñas y de las mujeres está llena de violencias y vulnerabilidades, algunas que traen consecuencias tan dolorosas como el aborto que usted prefiere criminalizar en lugar de entender?

También le podríamos contar sobre la violencia cotidiana y totalmente naturalizada que viven los niños, niñas y adolescentes. Según el Observatorio Social del Ecuador, en 2015,  38% de niños, niñas y adolescentes vivieron maltrato extremo violento. Eso quiere decir que casi cuatro de cada diez adolescentes fueron golpes, encerrados, los bañaron de agua fría, los insultaron, recibieron burlas, fueron expulsados del hogar y se les negaron alimentos.  

En su propuesta de gobierno usted menciona un “plan preventivo antidelicuencial, dirigido a los grupos vulnerables: niños y niñas trabajadores de la calle, trabajadoras sexuales, espacios de aglutinamiento de inmigrantes, grupos de migración internos, para fomentar el respeto hacia ellos mismos y por ende al resto de la población”. ¿Para usted niños y niñas que son obligados por su extrema pobreza a trabajar para subsistir, son delincuentes? De nuevo, ¿prefiere elegir la solución simplista y punitiva, en lugar de dar una respuesta a  un problema estructural, la pobreza y la desigualdad?

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Para aspirar a la presidencia, no basta con declarar el respeto a los derechos humanos sino, estar dispuesto a aplicarlos hasta en aquello que, por su religión o sus creencias personales, le parece alejado de las elecciones que usted haría. El país no es usted. Su realidad no es la de miles de niños, niñas, adolescentes y mujeres en este país. Pero su gobierno tendría también, que estar al servicio de esas poblaciones, comprender sus realidades y sus necesidades. Como Presidente de la República, usted estaría en la obligación de crear un contexto de igualdad de oportunidades. 

Usted utiliza los derechos humanos en su discurso político como una mera formalidad. Es evidente, por lo que usted ha defendido y las acciones que ha impulsado, que usted es indiferente e indolente al drama y dolor que afecta a niños, niñas, adolescentes y mujeres en el país. Y por eso, usted no merece ser Presidente del Ecuador; su accionar evidencia desconocimiento e irrespeto a las funciones que vienen con la banda presidencial. Para usted la vida de las personas que no comparten sus privilegios es descartable. Usted no es provida, usted es antiderechos.