Programar es igual que preparar una torta. En un recipiente se mezcla la harina, el azúcar, la mantequilla y el polvo de hornear. Luego se agrega la leche, la esencia de vainilla y los huevos: se bate todo hasta que se forme una masa, se mete al horno. Programar es igual: es hacer que una computadora siga de forma lógica unas instrucciones para que las ejecute de forma correcta.  Aprender programación tiene muchos beneficios para las niñas y niños como la estimulación del pensamiento crítico, una forma de pensar que es útil para seguir una receta, crear secuencias en un video juego o darle órdenes a una aplicación móvil. 

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La programación es más que ceros y unos. Sofía Celi, criptógrafa de Cloudflare, empresa estadounidense dedicada a proteger sitios web de todo tipo de ataques, dice que no es repetición mecánica porque se necesita creatividad para diseñar un programa en las que se utilizan las matemáticas para resolver un problema. Ella aprendió a programar desde niña, “era como jugar un videojuego y la mayoría de gente lo aprende por sí misma por lo divertida que es”, dice Celi. 

La programación trata de reconocer patrones y secuencias, crear algoritmos, diseñar pruebas para encontrar y corregir errores, reducir lo general a lo preciso y expandir lo preciso a lo general. Estas habilidades se pueden aplicar al hacer una torta: primero los ingredientes sólidos y después los líquidos, poner la cantidad precisa de azúcar o de harina y obtener un resultado caliente al abrir el horno luego de 45 minutos. Pero la programación también es la posibilidad de no seguir las instrucciones, “de ser curioso, de encontrar errores en la ejecución de dichas instrucciones. ¿Qué pasaría si en vez de esto hago una pequeña modificación?, ¿el código funcionaría o ya no?”, dice Celi. Es como si, en vez de la esencia de vainilla, se usa una esencia frutal o de chocolate, o  en vez de poner harina de trigo se agrega una de maíz.

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La programación estimula el pensamiento crítico. María José Torres, ingeniera experta en sistemas operativos basados en Linux, dice que ayuda a estructurar las ideas, a encontrar el camino para tener la solución más eficiente para un problema. La experta dice que si los niños aprenden a programar, de cierta forma, tienen una ventaja en el mundo: pensar lógicamente ser más curiosos por la ciencia, resolver situaciones imprevistas de maneras más eficientes.

Seymour Papert fue profesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) e inventor del lenguaje de programación Logo. Fue, además, uno de los pioneros para que los niños aprendan programación. Papert reconoció que las computadoras servían para capacitar a los niños para que experimenten, exploren y se expresen. 

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En 1980, el profesor Papert hablaba de programación imaginando cómo los niños podrían usarla para aprender a crear. Desde ahí han surgido cientos de opciones de cursos y talleres para que los niños aprendan programación. 

El aprendizaje de programación abre posibilidades para los niños. Melissa Nebot, directora de negocios de Girls in Tech Ecuador, una oenegé que trabaja en el país para reducir la brecha de género en tecnología, dice que los niños que no tiene contacto con la programación siguen soñando con ser profesores o médicos profesiones muy necesarias—, pero si conocieran las carreras tecnológicas soñarían con ser “experto en big data, robótica, programadores o desarrolladores de software”. Girls in Tech capacita a niñas, niños, adolescentes y jóvenes en distintas áreas para que puedan crear un emprendimiento relacionado a la tecnología. 

La programación podría cambiar nuestra forma de enseñar a pensar. En diciembre de 2018, Ecuador recibió los resultados de la prueba internacional PISA-D,que mide las competencias de adolescentes de 15 años en comprensión lectora, matemáticas y ciencias. En matemáticas el resultado de Ecuador fue 377, superado por Colombia con 390, Costa Rica 400, Chile sacó 423. 

La programación es dominar las matemáticas. Sofía Celi dice que se necesita conocerlas y saber la utilidad de esta ciencia. Según ella, muchas veces las matemáticas se enseñan con un método de repetición: “les doy la fórmula y repiten hasta que resuelvan el problema, sin saber la parte lógica”, dice. La programación se hace aplicando el pensamiento lógico, matiza, porque se toman las ecuaciones y se intenta pensar cómo aplicarlas en la vida real. Por ejemplo, dice Celi, para programar una aplicación de calendario se usa una ecuación para calcular si un  año es bisiesto o no. María José Torres cree que a los niños hay que inculcarles estos aprendizajes “para que cambien sus paradigmas de pensamientos para que cambien su cultura”. 

El Acta Latinoamericana de Matemática Educativa reafirma lo que dice Sofía Celi: las matemáticas entrenan el pensamiento ordenado y sistemático. “En ninguna otra materia es tan pequeña la cantidad de conocimientos que hay que memorizar; en las matemáticas el aprendizaje consiste en entender y no en memorizar”, dice el acta. Pero en el Ecuador, donde el sistema memorista se sigue aplicando con fuerza, muchos estudiantes huyen de las matemáticas. Para muchos, es más fácil memorizar y las matemáticas, bien enseñadas y comprendidas, exigen dejar esa mala costumbre. 

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Otro de los beneficios de la programación es aprender a trabajar en equipo. Sofía Celi dice que un programador no trabaja solo. Lo hace “con un equipo en el que hay una persona que sabe más y puede ayudar dentro del sistema que se está programando, un equipo que le interesa la creación final para un cliente”, explica. 

Programar es incentivar la empatía. Celi explica que se crean programas para cubrir las necesidades de los consumidores, como programar una página web para alguien que no ve ciertos colores o una aplicación móvil para alguien que no puede escuchar, “tienes que tomar en cuenta estas posibilidades para programar”. La programación permite que el Internet sea accesible para todos como los programas de código libre —es decir, programas para que todas las personas puedan instalarlos en sus computadoras y no necesiten una licencia de permiso para la instalación. Celi dice que estos programas de código libre se pueden mejorar con la colaboración de los usuarios, cuando encuentran un error en la aplicación como que se cuelgue o alguna dificultad para acceder, esos errores los reportan al programador que los repara y lanza una nueva versión del programa. Según Celi, ese proceso permite que los usuarios finales se beneficien de la aplicación, porque si “nadie lo utiliza entonces no tiene ningún sentido ese programa”.  En breve: la programación mejora nuestras vidas. 

El covid-19 cambió el rumbo del mundo. Las empresas de tecnología están demandando más profesionales que sepan programar, que tengan habilidades para crear. Fernado Rivera Zepeda en el reportaje Trabajar en el extranjero sin salir de Ecuador, dice que muchas startups de Estados Unidos demandan ingenieros de software con 2 o 3 años de experiencia y que hablen inglés. 

En el 2011, el número de estudiantes de ciencias de la computación se duplicó, según la Computing Research Association. Sofía Celi dice que aprender programación permite ganar un mejor sueldo, mejora el nivel económico de los programadores o de las personas que hacen administración en las empresas tecnológicas y sus familias. Esto sucede porque la mayoría de servicios que demandamos como alimentación, salud o transporte se están pasando hacia el Internet. El mundo se está volviendo más digital. 

Laboratoria es una empresa de desarrollo web de Perú creada por Mariana Costa, de 34 años, que enseña lógica y razonamiento a mujeres jóvenes que no han accedido a una educación superior de calidad. Luego de su paso por Laboratoria, las mujeres tienen la oportunidad de encontrar empleo como desarrolladoras de software: hasta 2019, en Latinoamérica había una demanda de casi 450 mil profesionales de tecnología de la información. 

Laboratoria se dedica a capacitar en programación a mujeres porque se dieron cuenta que en esa área había más trabajadores hombres muchos sin título universitario o que son autodidactas. Sofía Celi dice que esa es una de las ventajas del mundo de la programación: no es necesario tener un título de haber estudiado programación en el colegio o la universidad porque se puede aprender sin ir a un aula. Lo que importa es el desarrollo de la capacidad de programar y de pensar críticamente. 

Si bien, los niños y niñas que aprenden programación no tienen edad para trabajar, pueden aplicar estas habilidades en su vida cotidiana. María José Torrres dice que les serviría para hacer una inventario de sus juguetes, podrían crear un aplicativo para hacer una hoja de cálculo y clasificarlos y mantenerlos en orden para luego crear aplicaciones más complejas. Pero en Ecuador no hay oportunidad en las escuelas fiscales para que los estudiantes aprendan programación. Lo más cerca a la programación que existe son las clases de matemáticas que vuelven al mal del aprendizaje de repetición y memorización. 

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Para aprender programación es necesario cerrar la brecha digital. Según la ONU la brecha digital es que las personas no tengan acceso a las tecnologías de la información y la comunicación. También está relacionada con el desequilibrio en acceso al Internet y con la igualdad de oportunidades, dependiendo de los ingresos, la etnia o el género. La ONU dice que hay una fuerte relación entre la brecha digital y la pobreza. 

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Casi mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a las tecnologías de la información y comunicación. En Ecuador el 59,2%  de personas a nivel nacional utilizan internet, en el sector urbano 66,7% y en el rural 42,9% dice la Encuesta de Seguimiento al Plan Nacional de Desarrollo del INEC. La misma encuesta dice que en el sector urbano 46,6 % tienen una computadora; en el rural, solo el 28,9%. Esta brecha se ha hecho mucho más evidente en la pandemia por el covid-19. Son miles de casos en los que la falta de equipos y de conexión a internet impide que los niños asistan a las escuelas. La mayoría de quienes han dejado de educarse por esta falta de acceso, son niñas. 

Con estas cifras, acceder a cursos o talleres de programación para todos los niños y niñas se complica. Sofía Celi dice que si hubiese acceso a las herramientas digitales para todos se podría enseñar a programar con facilidad y formar niños y niñas que son los futuros jóvenes teniendo pensamiento lógico y crítico y haciendo la vida de ellos y de otros más cercana al mundo virtual. Melissa Nebot cree que si los niños y niñas aprenden cómo funciona el mundo a través de la programación tendrán la oportunidad de ser contratados por empresas de software que al final, dice Nebot, están haciendo nuestras vidas más fáciles.  

coronavirus en el Geriátrico en Quito