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De intención loable a necesidad imperiosa

Durante mucho tiempo las empresas del Ecuador han hablado de la transformación digital. Pero la crisis del covid-19 ha convertido a lo que era un propósito para el futuro en un desafío presente.
  • transformación digital

    Ilustración de Paula de la Cruz para GK

La emergencia sanitaria causada por el covid-19 ha acelerado la transformación digital en todo el mundo, y Ecuador no es una excepción. Muchas empresas se han concentrado en disminuir sus gastos al mínimo y así sobrevivir a la crisis, pero otras han apostado por transformar sus modelos de negocio y salir fortalecidas. Las más innovadoras y con mayor tecnología están enfrentando de mejor manera la crisis. Pero para muchas otras, la capacidad de generar innovación casa adentro es limitada. ¿Qué deben hacer para adquirir esas capacidades en el mercado?

Andrés Betancourt, oficial de transformación digital del fabricante de pinturas Pintulac, dice que antes del covid-19 se la discutía como algo que sucedería en el  futuro. La nueva realidad ha obligado a cambiar modelos de negocio simplemente para poder seguir operando. 

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Pintulac, por ejemplo, contaba con canales digitales para la venta de sus productos antes de la emergencia pero sus ventas por este medio eran mínimas. Además, no estaban integradas con el resto de canales: una persona que compraba en línea no podía recoger o devolver el producto en un almacén. Por la crisis, Pintulac en tan solo dos semanas se vio obligada a modificar sus procesos y sistemas internos para hacer entregas desde sus almacenes. Sus canales digitales tuvieron un aumento de sus ventas diez veces mayor al que tenían con la “vieja normalidad”.

Pero su innovación no se limitó a sus canales de ventas. En  cuestión de semanas, la empresa —que también produce pinturas Wesco— reorganizó totalmente su sistema de producción para dejar de elaborar pinturas y empezar a producir gel antibacterial, alcohol y toda una línea de productos desinfectantes. Este nivel de flexibilidad por lo general se ve en compañías más pequeñas, pero resulta admirable verla en negocios más grandes, donde el cambio toma mucho más tiempo. 

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Pero, ¿qué hacer en casos en los que la capacidad de innovar supera las habilidades de las empresas? Las más grandes, por lo general, ven hacia afuera. Contratan consultoras internacionales de gestión y traen a expertos. Pero esa no siempre es la mejor opción. 

Para comenzar, es una decisión que suele estar al alcance de solo un puñado. Por otro lado, aunque se tenga el presupuesto para costearlas, las soluciones no siempre están diseñadas para la realidad ecuatoriana. 

Otras empresas buscan proveedores en el mercado local. Eso está bien para ciertos casos, cuando lo que se requiere es encontrar e implementar soluciones tecnológicas ya existentes. Esto puede servir cuando lo que se necesita es innovación incremental: una mejora al proceso, un sistema que automatiza algo ya existente, o una nueva línea de productos, entre otras. 

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Pero hay ocasiones en las que lo que se requiere es innovación disruptiva: un proceso, metodología o producto nuevo que no existe en el mercado. En esos casos, las empresas ecuatorianas tienen opciones limitadas.

Una de ellas, la brinda la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) a través de i3Lab, su laboratorio de innovación.  i3Lab ayuda a empresas que buscan soluciones innovadoras a  grandes problemas organizando ‘desafíos’ abiertos a investigadores, startups y la comunidad en general. 

Durante un tiempo determinado, los participantes trabajan para crear soluciones a esos desafíos y la compañía auspiciante escoge al ganador. Han trabajado con esta modalidad corporaciones como Reybanpac, Novacero, y Tesalia. Los desafíos se organizan desde el 2017, y en su mayoría han tenido éxito, y las organizaciones que recurrieron a ellos, están volviendo a hacerlo. 

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Pero para que este tipo de innovación abierta funcione, hay ciertos requisitos que se deben cumplir. De acuerdo a Edurne Quincoces, directora de i3Lab, los desafíos funcionan bien cuando el problema que se busca solucionar es esencial para la corporación que lo propone.  Por ejemplo, cuando se trata de un proceso nuevo o de una tecnología que mejorará sustancialmente los márgenes de producción, o cuando se desarrollan nuevas líneas de productos en categorías importantes. Esto parece obvio, pero es importante entender que los retos de innovación no son un ejercicio de posicionamiento de marca, sino que deben solucionar problemas reales.

Quincoces, además, identifica ciertos rasgos que se repiten en las compañías que han hecho desafíos de innovación exitosos. Primero, deben estar dispuestas a admitir que hay problemas que no pueden solucionar casa adentro o para los que no han logrado encontrar respuestas en el mercado. Parecería un tema menor, pero no lo es: las empresas ecuatorianas no se caracterizan por su habilidad para colaborar con otras. Existe la visión de que si no se inventó dentro de la organización, no sirve. 

Segundo, las compañías que organizan los desafíos son, por lo general, exportadoras o tienen capital extranjero.  Esto se debe, en mi opinión, a la falta de competitividad del mercado local. Las empresas que compiten a nivel regional tienen mayor presión para innovar. Por ende, están más abiertas a colaborar con centros de investigación como i3Lab.

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Finalmente, Quincoces dice que quienes utilizan el laboratorio de innovación tienen gerentes profesionales. Es decir, si bien son compañías y grupos familiares, los gerentes y administradores son ejecutivos de fuera del entorno familiar. Esta característica está muy ligada a la anterior: quienes operan internacionalmente comprenden la necesidad de profesionalizar a sus ejecutivos.

Tal vez este no sea el momento en el que la mayoría de las empresas piensan en invertir en innovación. La mayoría simplemente está pensando en cómo sobrevivir. Pero a medida que las restricciones se van levantando y la economía empieza a reactivarse, veremos que algunas cosas volverán a la normalidad y otras se habrán modificado para siempre. 

Las que supieron adaptarse al covid-19 y reaccionaron rápidamente tendrán una ventaja sobre el resto. La transformación digital ya no será una meta loable a largo plazo sino una necesidad imperante. Los empresarios harían bien en voltear a ver al ecosistema de innovación y tecnología del país para colaborar para implementar nuevas soluciones y modelos de negocios.

Fernando Rivera Zepeda
(Estados Unidos, 1971) Emprendedor y ejecutivo tecnológico. Invierte en startups. Ex CTO de ETF.com. Es managing partner en Buen Trip Ventures. Tiene un Bachelor of Arts en Filosofía, Ciencias Políticas y Economía de Pomona College.