Bajo cualquier otra circunstancia, el 20 de abril de 2020 pudo ser un día normal. Muy ocupado para los inversores y analistas, pero normal: era el último día para vender los barriles de petróleo West Texas Intermediate (WTI) comprados con los contratos a futuro de mayo. Pero el covid-19 lo convirtió en el peor día de toda la historia para los precios del WTI que, por primera vez, cayó debajo de la marca de los 0 dólares y se cotizó en negativo.

El precio del petróleo WTI —el que Ecuador toma como referencia para su crudo— comenzó el día con un valor promedio de 15 dólares por barril, pero comenzó a descender rápidamente durante la mañana. Para la 1 de la tarde, el precio había llegado a un mínimo nunca antes visto: -36.11. 

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El petróleo es uno de los commodities —bienes  que se negocia con contratos a futuro. Cada contrato a futuro cubre mil barriles de petróleo. En estos contratos, los productores y compradores de petróleo acuerdan con anticipación entregar los barriles físicos de petróleo crudo en una fecha determinada. Desde 1983, los contratos futuros del petróleo WTI vencen 3 días hábiles antes del 25 de cada mes. Los contratos futuros son, básicamente, los negocios que se hacen sobre los barriles. A medida que la demanda sube, quienes compran los derechos sobre estos contratos, pueden venderlos a mejores precios. Pero cuando llega el vencimiento, el crudo tiene que ser físicamente entregado —es decir, encontrar un comprador final dispuesto a pagar el precio del mercado. 

coronavirus en la caída del precio del petróleo

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El contrato de mayo de este año vencía el 21 de abril, por eso el 20 todos los vendedores estaban buscando que alguien se lleve el petróleo que ellos ya no podían almacenar. El experto en mercados petroleros Erick Sánchez dice que siempre son días muy ocupados, pero que jamás se había visto cambios tan drásticos en los precios del crudo. Pero vivimos la peor crisis que ha enfrentado el planeta en los últimos 75 años: una pandemia que ha dejado al mundo paralizado. El covid-19 es una crisis sanitaria, social y económica. Su víctima más reciente es el mercado petrolero: al haber un exceso de oferta y nadie comprando, el precio que el mercado estaba dispuesto a pagar por los barriles bajó a menos de cero. 

El mercado petrolero ya daba síntomas de  covid-19. Durante las primeras semanas de la pandemia, entre más países optaron por el aislamiento obligatorio y las restricciones de movilidad, la demanda de petróleo cayó y cayó. Mientras esto sucedía, Rusia y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se enfrascaron en una guerra de precios, y no llegaron a un acuerdo para reducir la oferta de crudo y, así, nivelar los precios. Recién el 9 de abril, un mes después de que la Organización Mundial de la Salud declarase a la enfermedad causada por el nuevo coronavirus una pandemia, ambas partes llegaron a un acuerdo para disminuir la producción de crudo a nivel mundial.  

Era demasiado tarde: la semana del 20 de abril, la demanda del petróleo a nivel mundial alcanzó los niveles más bajos de los últimos 22 años. Sin embargo, la oferta seguía aumentando porque, con el mundo parado y sin necesidad de combustibles por el encierro, sencillamente había demasiado petróleo en stock. 

La coyuntura es una parte esencial de la ecuación. “Eso es lo que llevó a los precios bajo cero”, dice Erick Sánchez. La gente estaba tratando de vender sus barriles de petróleo antes de que se venza el contrato y sean entregados porque no tenían dónde guardarlos. “No solo hay abundancia de petróleo, se está agotando el espacio disponible para almacenarlo”, explica Sánchez. Entonces llegó a un punto en el que los vendedores estaban dispuestos a perder dinero a pagar para que alguien los saque de sus manos.

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Además de los contratos a futuro, el mercado petrolero tiene otras particularidades. Fernando Santos, ex Ministro de Energía del Ecuador y analista petrolero, explica que el mercado petrolero es sumamente especulativo y volátil. Solo el 10% del mercado mundial de petróleo son barriles reales que llegan a las refinerías para ser transformados en combustibles y otros derivados, dice Santos. El 90% restante, se negocia sobre derechos sobre los contratos de compraventa del crudo. 

Al ser tan especulativo, es muy sensible a las noticias o eventos importantes. El efecto se ve en su precio. Condiciones extremas, como la pandemia del covid-19, han tenido consecuencias nunca antes vistas. Como el petróleo no se está vendiendo, los productores y los refinadores —ese 10% real— ya no tienen capacidad para almacenar más crudo. “En este momento hay una sobreoferta y por eso los precios empiezan a caer”, explica la economista Mónica Rojas. 

Los precios de los contratos que vencieron el 21 de abril —y que son los del petróleo que debe entregarse en mayo— son los que cayeron en este día histórico. “No significa que desde ahora todo se va a vender a un precio así de bajo”, dice la economista Mónica Rojas: es una referencia del valor en el que los distribuidores estaban vendiendo todos los barriles comprados con contratos futuros para minimizar las pérdidas antes de que se termine el día. Lo que explica, también, que haya habido cambios tan drásticos en menos de 12 horas. 

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El 20 de abril por la noche, el presidente Lenín Moreno salió en cadena nacional a anunciar lo que ya sospechábamos: “Ecuador enfrenta el momento más crítico de su historia”, dijo. La caída del precio del petróleo, nuestro principal producto de exportación, no iba a pasar desapercibida. 

El petróleo representa en promedio un 40% del Presupuesto General del Estado, dice el economista Víctor Hugo Albán, vicepresidente del Colegio de Economistas de Pichincha. Se esperaba que este año el precio del barril oscile en los 50 dólares y con eso se hizo la planificación anual de 2020. Según el sitio web de la Agencia de Regulación y Control Hidrocarburífero (ARCH) de Ecuador, el precio actual de barril de crudo es 6,05 dólares -44 menos que el precio esperado.

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La caída creará un hueco difícil de llenar en el presupuesto gubernamental de este año. El 10 de marzo, cuando el petróleo comenzaba a sufrir las primeras consecuencias del covid-19 y el barril de crudo ecuatoriano bajó de 50 a 33, el presidente Moreno dijo que perdíamos más de 8 millones de dólares al día. En ese momento, el recorte era de solo 17 dólares por barril. La pérdida, con 44 menos,  presenta un “reto descomunal” para el Ecuador, según el Presidente, y no podremos volver a vivir la misma realidad de antes.  

Es una situación gravísima para la economía del país. Los ingresos petroleros ya estaban deteriorados, dice la economista Mónica Rojas, la caída actual del precio “simplemente nos afecta más”. No tenemos otra fuente de ingresos que sea lo suficientemente grande para reemplazarlos. Los impuestos y las contribuciones solidarias, mencionadas en el plan de respuesta a la crisis del gobierno, no serán suficientes para recuperar los millones perdidos. 

El exministro Santos, explica que si vendemos nuestros barriles a 25 dólares, la pérdida llegaría a 5 mil millones de dólares. Si se compensa ahorro en la compra de combustibles — porque la demanda es baja, la pérdida podría ser de entre 2.5 y 2.8 millones anuales, como lo han dicho el presidente Moreno y el Ministro de Finanzas, Richard Martínez. Si el precio no llega a esos valores, la pérdida sería mayor, mucho mayor. Si, por ejemplo, cada barril llega a costar 10 dólares, el país perdería 12 mil millones en 2020.

Las medidas y los planes del gobierno anunciados en marzo cubrían los estragos provocados por las primeras semanas del covid. Pero Rojas explica que desde ese momento ha habido muchísimos shocks externos que han agravado la situación mucho más. El Estado ecuatoriano no tiene cómo captar ingresos en un mundo paralizado. En situaciones normales, dice la economista Rojas, se logra ingresos saliendo a los mercados internacionales, pero ellos también están dañados. Los alivios, como la postergación del pago de la deuda anunciado por el Presidente, son a corto plazo. “Durará un cierto tiempo, pero en sí es complejo porque Ecuador depende mucho de los ingresos petroleros”, dice Rojas. 

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Con el pasar de las horas del 20 de abril, el precio del barril de WTI del 20 se fue recuperando poco a poco, a las 6 de la tarde estaba en -12.27 y las 7 de la noche llegó a 1.20. El 21 de abril se mantuvo en 9.6 dólares por barril, un precio que parecía imposible el día anterior. El costo de los barriles salió del temido bajo cero, pero los problemas no se solucionarán de la noche a la mañana. 

Los bajos precios del petróleo, la caída de su demanda y el vencimiento de los contratos a futuro de mayo provocaron que el crudo entre a un tipo de mercado que se conoce como contango: cuando el precio actual es menor a lo que se espera que valga en los contratos a futuro. Los precios de este commodity a largo plazo, para el último trimestre del año, siguen sobrepasando los 30 dólares. Los de corto plazo siguen cayendo. 

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El contango no es algo que se ve todos los días. El especialista en mercado de hidrocarburos, Erick Sánchez, dice que es un fenómeno atípico que señala de que “el mercado está roto”. La producción, la oferta y la demanda petrolera están descoordinadas. El contango es una condición muy dinámica según el contexto general. Si no se compone la demanda, el contango se extenderá y los precios de junio podrían tener un escenario similar al del 20 de abril. 

Aunque el precio del petróleo WTI está aumentando de a poco, solo se estabilizará cuando todos los problemas se solucionen. Un escenario que parece muy lejano todavía. El 21 de abril, los precios del barril Brent —el crudo que África, Europa y Medio Oriente usan como referencia—  cayeron en un 24%, al precio más bajo en los últimos 18 años, y lo mismo pasó con acciones en la bolsa de las empresas petroleras y de energía. Según Sánchez, hay certeza de que la recuperación real del mercado petrolero solo sucederá cuando disminuya la sobreoferta, aumente la demanda y desaparezcan el resto de problemas creados por la pandemia del covid-19. Pero todavía es imposible determinar cuándo llegará ese momento.