Un show de Kiss siempre exigió demasiado a sus integrantes. Porque no sólo era la música. Era el espectáculo: escupir fuego y sangre, elevarse por los cielos como murciélago, que una guitarra se encienda o dispare una especie de bola de cañón. Ir de un escenario a otro, por encima del público, a través de un sistema de polea. 

Con los años, la exigencia se hizo peor, sobre todo porque con un Gene Simmons de 74 años y un Paul Stanley de 71 —el demonio y el hijo de las estrellas, respectivamente— Kiss tenía los días contados.

El costo físico era inmenso. 

Por eso, en enero de 2019, la banda inició lo que sería, esta vez sí —porque durante varios años habían dicho que ya se iban, que ya no más— su última gira: End of the Road World Tour. La pandemia del covid-19 los obligó a suspender lo planeado. Recién a mediados de 2021 pudieron retomar la gira.

Casi 300 conciertos en tres años. Kiss dijo adiós el 2 de diciembre de 2023 en un concierto en el Madison Square Garden de Nueva York. 

Y fue algo gigante.

La banda, que nació en Nueva York en 1973, decidió morir en vivo, con dos de sus integrantes originales todavía tocando. Atrás quedaron el baterista Peter Criss y el guitarrista Ace Frehley, quienes salieron de la banda en los 80, volvieron en los 90 y fueron despedidos en la primera década del siglo XXI.

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En la versión final de Kiss, Simmons y Stanley estuvieron  acompañados de Eric Singer en la batería y Tommy Thayer en la guitarra. Y así, la banda se acabó.

Pero Kiss murió para renacer de una manera particular. 

Una vez que la banda tocó los acordes finales del show, e hicieron las reverencias de ley, Paul Stanley tomó el micrófono y le habló a sus fanáticos. “The End of the Road [El final del camino] es el principio de otro. No nos vamos a ninguna parte. Siempre nos verán en todas las partes. Nos veremos en sus sueños”.

Kiss salió del escenario y empezó a sonar su canción God gave rock and roll to you II. Con las luces apagadas, se vio la primera aparición de los nuevos Kiss, en formato de avatares digitales.

No son los Kiss de 70 y tantos años. Son avatares detenidos en el tiempo, que pueden volar, lanzar rayos por sus manos e instrumentos, que cantan una canción.

El cuerpo se cansa y desaparece; los avatares, no. Kiss no ha muerto.

¿Cómo y para qué los avatares digitales?

La idea de que Kiss continúe sin los miembros originales no resulta para nada descabellada. Tanto Stanley como Simmons han venido hablando de que el grupo siguiera adelante, incluso sin ellos.

En junio de 2021, antes de pensar en avatares digitales, Paul Stanley hacía referencia a que Kiss tranquilamente podría seguir existiendo sin que ellos siguieran en la banda. 

En una entrevista con el medio Blabbermouth, el frontman de Kiss fue claro: “Por muy fan que sea de lo que hago —y creo que soy condenadamente bueno—, hay otras personas que podrían recoger la antorcha y aportar algo a la filosofía, al espectáculo en directo y a la música. Sería Kiss. No sería Kiss 2.0.”, dijo.

“Kiss es más grande que cualquier miembro”, fue la conclusión de Stanley. 

Sin embargo, la solución que escogieron es una tecnológicamente impresionante, pero criticada por fanáticos acérrimos. 

Los avatares de Kiss fueron financiados y producidos por la empresa sueca Pophouse Entertainment, los responsables del exitoso ABBA Voyage que se estrenó en Londres en 2022. Este show trajo al grupo sueco de vuelta a los escenarios en el mismo formato de avatares, jóvenes y en su mejor momento, en vivo para una nueva generación. 

Y para que Kiss consiga los avatares digitales más realistas, el grupo utilizó los servicios de Industrial Light & Magic (ILM), la empresa de efectos especiales creada por George Lucas.

En ILM, Paul Stanley, Gene Simmons, Tommy Thayer y Eric Singer tocaron varias canciones como si estuvieran en un concierto y sus movimientos fueron capturados, con la misma técnica que se ha usado con actores cuando han interpretado a personajes no humanos en películas. Pequeños puntos en diferentes partes del cuerpo para grabar todos los movimientos y registrarlos en una computadora, lo que permitirá luego la animación de los avatares.

¿Cuánto ha costado esto? 

En un video de un meet and greet, grabado por un fanático, Gene Simmons habla de grandes cifras. “Se están planeando muchas cosas, incluso más allá de mi comprensión (…) Pero se están gastando unos 200 millones [de dólares] para llevarlo al siguiente nivel”.

Per Sundin, director general de Pophouse Entertainment, dijo a Associated Press que con esta tecnología, Kiss podrá hacer lo que sea, por toda la eternidad: “Kiss podría dar un concierto en tres ciudades la misma noche en tres continentes distintos. Eso es lo que se podría hacer con esto”.

La revolución de la tecnología del avatar

Esta es una revolución que no sólo va a traer a músicos y a adultos mayores a un nuevo público que los verá más jóvenes. También es la posibilidad de encontrar otros espacios para estos shows. 

El 9 de diciembre pasado se realizó el Fornite Festival, en el terreno de lo virtual del famoso videojuego de la empresa Epic Games. Ochocientas mil personas vieron en vivo al avatar del músico The Weeknd dar un concierto en ese formato. 

Sí, los conciertos ya han cambiado de escena. Ahora se los puede ver a través de consolas de videojuegos.

Pero no es el único. Desde 2021, Fortnite se encuentra abriendo el espacio para este tipo de experiencias dentro de su juego. Entre los artistas que lo han hecho están Ariana Grande, Marshmello, J Balvin y, hace poco, Eminem. 

El 2 de diciembre de 2023, el rapero estadounidense dio un concierto en Fortnite que presentó problemas de conexión. Epic Games salió a decir que las intermitencias se dieron por la gran cantidad de personas conectadas al mismo tiempo.

Sí, todavía falta mucho que resolver a nivel técnico. Pero hay ventajas, al menos en este tipo de conciertos a través de plataformas de juego. De acuerdo a Daniel Pimentel hay varios beneficios. Uno de ellos, la seguridad: “Estas plataformas también permiten al público establecer sus propios límites. Para más del 40% de las mujeres que han denunciado acoso sexual en eventos de música en directo, poder bloquear a usuarios o establecer distancias interpersonales con otros avatares haciendo clic significa una experiencia mucho más segura”.

Fuera del mundo de las consolas, y aparte de ABBA, en los últimos 10 años varios otros artistas han tratado de usar una tecnología similar, no tanto como avatar, sino como hologramas. Y el resultado no ha sido el mejor. Es decir, el “efecto” se ha notado, a pesar de lo que representaba ver en escena a cantantes como Michael Jackson, Tupac Shakur, Whitney Houston —realmente impresionante—, Ronnie James Dio —de muy pobre definición—, o a Juan Gabriel cantando Querida junto a Juanes. 

No están vivos, pero siguen dando shows. 

Paul Stanley y Gene Simmons siguen vivos. Pero deciden colgar los guantes porque la edad se los pide. Porque sus voces no son las mismas. Porque hay demasiados videos en YouTube que muestran cómo hacen playback en sus conciertos. Porque hay partes demasiado exigentes en algunas de sus canciones. 

Esta vez se trata de seguir existiendo, pero sin componente humano. 

Desde luego, algo se pierde en eso, como lo dice el youtuber y fanático de la banda Tobato Tunes. “Esta idea de avatares de Kiss cantando en conciertos simulados no me sienta bien”, dijo en un video que subió a la plataforma. 

Y hay una gran razón en eso. 

Porque el rock and roll, explica el youtuber, está en la presencia, en la carne y hueso, en el espectáculo real. Y esto no sería más que una simulación. Una que, definitivamente, sería un espectáculo como nunca antes visto, pero no, no sería real. 

Hay algo que se gana y algo que se pierde y quizás, en esta nueva etapa, los personajes adquirirán mayor presencia, serán más grandes de lo que son y la ficción entra a escena con más fuerza.

Al final Kiss no sólo fue la música y ellos lo aprendieron muy temprano. Por eso, 50 años después de empezar, cuelgan los guantes y dejan que sus versiones digitales salgan a ganarse el pan de cada día. Suerte la de ellos. 

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Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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