La imagen, compartida varias decenas de veces por usuarios en redes sociales, muestra a varios ministros del gabinete de Daniel Noboa en el estadio Liga Deportiva Universitaria, en Quito.

Están sonrientes. Parecen un grupo de amigos que disfruta la final del campeonato, en que la Liga de Quito le ganó, por penales, al Independiente del Valle. El equipo se llevó el título de la LigaPro.

En la fotografía están la ministra de Cultura y Patrimonio, Romina Muñoz; el ministro de Economía y Finanzas, Juan Carlos Vega; la ministra de la Mujer y Derechos Humanos, Arianna Tanca, el ministro de Desarrollo Urbano y Vivienda, Humberto Plaza y la ministra de Ambiente, Agua y Transición Ecológica, Sade Fritschi

El presidente Daniel Noboa está sentado al fondo, pero también mira a la cámara.

Es una selfie. Una que habría sido compartida primero por la ministra Tanca en una de sus historias de Instagram. La foto tiene escrito encima “El gabinete trabajando por el #ElNuevoEcuadorEsPosible”. Alguno de sus seguidores hizo captura de la historia. La imagen se viralizó con rapidez y, con eso, las críticas.

Unos reclamaban que en medio de la violencia en el país, un mandatario y miembros de su equipo estaban divirtiéndose. Ecuador está sumido en la violencia. Si el promedio diario de muertes violentas que hubo en Ecuador hasta el 18 de octubre se mantiene, el país cerrará en 2023 con una tasa de 44,9 asesinatos por cada 100 mil habitantes. La peor cifra de la historia.

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Que haya una selfie sonriente mientras el cónsul honorario de Reino Unido en Ecuador está secuestrado, y la Fiscalía lleva el caso Metástasis que investiga los vínculos del crimen organizado, la política y el sistema judicial, parece desubicado.

Que haya una selfie sonriente pocos días después de que cuatro niños de la misma familia fueran asesinados “por error” por un sicario, parece indolente. 

Sí, los ministros y ministras, como cualquier persona, tienen derecho al esparcimiento. Tienen derecho a reírse o entretenerse en el estadio. Cualquiera puede buscar algo de ocio y alivio, en medio del caos que atraviesa el país. Pero si ese alguien es un alto funcionario del gobierno, el paréntesis quizás sea necesario. 

Es verdad que en medio de la profunda crisis social, el espectáculo es una variable necesaria. 

Pero lo que la fotografía nos recuerda a los ecuatorianos es que estamos a merced de funcionarios y gobernantes que siguen moviéndose en una nube que nos mira desde arriba. Que nos ven desde un palco, hacia abajo, incapaces de entender que todo lo que hacen comunica. 

Una selfie, para los políticos, nunca es solo una selfie.

Aunque sea temporal —Tanca la borró, pero ya estaba replicada en varias cuentas–, personal o inofensiva, una fotografía así también funciona como una declaración. 

En medio de la sensación de desamparo que existe —por la violencia e inseguridad, así como por la investigación de la Fiscalía que nos muestra penetración del narcotráfico en el país— un post, un tuit, una frase dicha en el momento equivocado se vuelven radiografías del ejercicio del poder.

Y parecería que los ecuatorianos ya tenemos experiencia en eso. 

Cuando Lenín Moreno era presidente, y en el país no había vacunas para el covid-19 y las masacres carcelarias empezaron a ser cotidianas, en febrero de 2021, tuiteó una felicitación al ganador de Masterchef, el reality show culinario. 

En 2023, mientras la violencia nos había reventado en la cara, el entonces presidente Guillermo Lasso se pasó viajando por el mundo y hasta presentó un triste libro sobre los logros de su administración, cuando ni siquiera llegó a terminar su mandato. 

A veces da la impresión de que las personas que ejercen el poder sufren de lo que comúnmente se denomina Complejo de Dios. Es decir, cuando las decisiones que toman o las opiniones que tienen son consideradas incuestionables. ¿Es posible que gente así nos saque de dónde estamos?

Lo más seguro es que todo el alboroto alrededor de la selfie no sea más que un error o un acto de ingenuidad por parte del gabinete. Pero los políticos o las figuras públicas no pueden equivocarse así. 

Si algo nos ha enseñado la comunicación política en el país es que quienes tienen cargos públicos deben dilucidar cuándo decir las cosas. Y cuándo callar. 

Debería haber un punto de equilibrio que sostiene la relación entre funcionarios y ciudadanos. Sobre todo en un momento tan duro y complicado como el que vivimos. Pero parece que este gobierno, al igual que los anteriores, no lo entiende. 

Hemos visto demasiados errores de comunicación parecidos. Que se sigan dando solo esfuma la esperanza de que algo pueda estar bien alguna vez.

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Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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  1. Foto Rut 66x66
    Rut Moreno 19 diciembre, 2023 a 10:09 am

    Qué buen planteamiento, Eduardo. Justo, equilibrado. Es verdad, las personas que tienen un puesto de poder, que son referentes de un país, no pueden comportarse de manera indolente y vivir ciegamente para sí mismos (como lo hace todo el mundo). Estas personas deben estar conscientes de que todo lo que hacen comunica algo, y ese mensaje cala profundo cuando está en desconexión con la realidad a la que tiene acceso un grupo numeroso de ciudadanos dentro de un país. ¿A quiénes se sigue escogiendo para gobernar el país? Una pregunta previa a esta sería, ¿quiénes siguen abriéndose camino y consiguiendo apoyo para perfilarse como líderes de este país? De la respuesta a esta pregunta se comprenderá que no todo está mal, pero que se precisa desde las bases (familia y escuela) formar, con urgencia, un tipo de ciudadano distinto, coherente e íntegro que tenga claro cuál es su papel como líder, cuáles sus responsabilidades y su influencia sobre la sociedad, y cómo todo lo que hace refleja ese «qué».

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