El proyecto tiene un enfoque de derechos y género y se llama Aprender y Estar Protegidas. Es parte de las acciones de Plan International Ecuador para cumplir con la estrategia global de que las niñas lideren el cambio, prosperen y transformen. Es parte de sus principales objetivos en el Ecuador, donde trabaja desde 1962: lograr prevenir y reducir las distintas formas de violencia a las que se enfrentan las niñas, niños y adolescentes ecuatorianas.Buscamos sensibilizar y prevenir la violencia basada en género hacia niñas y adolescentes mujeres de la comunidad de acogida y la comunidad migrante”, dice Nancy Japón, responsable de la coordinación del proyecto.


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Fue una campaña integral, con un claro plan de acción, que se trabajó en tres grandes parroquias de las dos principales ciudades del Ecuador, Quito y Guayaquil. El trabajo de campo, que empezó en 2021, recorrió las parroquias más grandes de ambas ciudades: en Guayaquil, en la parroquia Tarqui, y en Quito, en Quitumbe y Calderón. 

En estás zonas se trabajó con niñas, niños, adolescentes, padres de familia, personas en situación de movilidad humana y la población ecuatoriana. Con la información levantada en las zonas, Plan International Ecuador llevó las ideas, conocimientos y resultados del proyecto al espacio digital con la campaña educomunicacional Aprender y Estar Protegid@. Las redes sociales de Plan Ecuador, durante agosto de 2022, difundieron información con enfoque de prevención y educación. 

Mapas para identificar zonas vulnerables

Con Aprender y Estar Protegid@s, se mostró que uno de los efectos de la pandemia en niñas,  niños  y adolescentes, fue la limitación al acceso de servicios de protección y educación, en referencia a la salud sexual y la violencia basada en género. 

Una de las actividades de la campaña de sensibilización y prevención de la violencia basada en género fue la elaboración de mapas de riesgo de violencia contra niñas y adolescentes mujeres que identificaron situaciones de riesgos, peligro y hechos de violencia a los que se enfrentan en sus comunidades. “Los mapas de riesgo se realizan con 20 mujeres adolescentes y mujeres adultas participantes del sector de intervención”, dice Judson Merizalde, técnico del proyecto en Guayaquil. 

“Luego se procede a identificar las zonas y los riesgos a los que están expuestos las niñas y las adolescentes”, dice Merizalde. Japón explica que se elaboraron 16 mapas de riesgos en los barrios intervenidos: 8 en Quito y 8 en Guayaquil. 

Esto permitió determinar qué espacios son aquellos en los que las niñas, adolescentes y mujeres sienten riesgos en cada comunidad. “Fue un espacio participativo que permitió acercarnos a la realidad de las mujeres”, dice Japón. 

Antes de empezar con el mapeo, se compartió con las comunidades el objetivo y funcionalidad del proyecto. “Se les comentó que era un insumo para identificar cómo está la violencia en cada uno de los sectores”, dice Merizalde. El proceso se validó con grupos focales. Finalmente, se difundieron los resultados a la comunidad en redes sociales y grupos de WhatsApp.  Además, apunta Japón, “se realizó vinculación con otras instituciones locales, como la Policía Nacional, y con otras organizaciones promotoras de derechos”. 

Una campaña ardua y con resultados concretos

La pandemia de COVID-19 fue un obstáculo para Aprender y Estar protegid@s. Generó retrasos operativos y problemas presupuestarios para  la campaña. Pero el equipo que llevó adelante el proyecto y las comunidades involucradas supieron sortearlo. Seis meses después de la etapa de confinamiento más severo, en octubre de 2020, empezó con la vinculación en las comunidades, respetando las restricciones y medidas de bioseguridad. 

En Quito, los barrios beneficiados fueron: Carapungo Etapa 1, Etapa 4,  Etapa E y la comuna San Miguel del Común, y en Quitumbe: Martha Bucaram, Ciudadela Ibarra, Victoria Central y Paquisha . Mientras que en Guayaquil se trabajó en los sectores de Monte Sinaí, Juan Montalvo y Sergio Toral. En total, se han beneficiado a 11.000 personas forma directa de Aprender y Estar Protegid@s.

En ambas ciudades se realizaron talleres, sesiones formativas y clubes con niñas, niños y adolescentes. Las sesiones formativas se realizaron mediante la metodología “Zona Libre de Embarazo Adolescente” en temáticas como: plan de vida, autoestima, salud sexual y salud reproductiva, derechos sexuales y derechos reproductivos, prevención de infecciones  de transmisión sexual, prevención de embarazo adolescente, género, entre otras.  “Buscamos fortalecer las habilidades y destrezas de las y los adolescentes para empoderar a cada uno de ellos”, dice Merizalde. 

Las actividades de clubes duraban 3 horas y participaban en promedio 35 adolescentes  mujeres y hombres en cada barrio de intervención. “Estos espacios son educativos y permiten conformar clubes de aprendizaje entre los adolescentes”, dice Sirley Quespia, técnica del proyecto en Quito. Sus talleres y sesiones formativas tuvieron dos componentes: uno teórico práctico, que duraba dos horas. El otro, de una hora de duración, servía para generar dinámicas entre los jóvenes; es decir, era un espacio en donde aprenden y se divierten “Eso les permitió asimilar los contenidos del taller”, dice Quespia.   

El proyecto también involucró a madres, padres y cuidadoras de adolescentes que integraron los clubes. Además, de recibir charlas y talleres, los padres fueron parte de encuentros intergeneracionales. Judson Merizalde dice que fue en estos espacios donde los adultos se integraron con los jóvenes. “La intención es que las y los adolescentes hablaran sobre temas ligados a la violencia de género, educación sexual y abuso sexual con sus padres”, explica Merizalde, “y que los jóvenes junto a sus padres realizaran un compromiso por la prevención”, dice Merizalde. 

Adicionalmente, se generó espacios informativos, Aprender y Estar Protegid@s implementó en los barrios donde trabajó en puntos de aprendizaje con conectividad a internet. “Para los adolescentes que no cuentan en sus domicilios con algún dispositivo con conexión a internet pudieran asistir a sus clases”, explica Nancy Japón. Además, señala la coordinadora del proyecto, se equiparon los clubes con tablets y material escolar. “Los adolescentes pueden venir a los espacios y utilizarlos”, dice con satisfacción. Pero no fue lo único. También se entregaron kits de higiene familiar, salud menstrual, y de salud sexual y reproductiva. 

Nos tomamos Aprender y Estar Protegid@s

En agosto,  Aprender y Estar Protegid@s llegó a las redes sociales. Fueron 34 piezas en formatos como gifs, collage, infografías, videos ilustrados y vídeos testimoniales. Nancy Japón dice que el alcance de la campaña en redes fue de 351.305 personas, siendo el 60% de su audiencia, mujeres. Un éxito rotundo y complementario a los esfuerzos hechos en las calles de los barrios de Tarqui y Calderón. 

Varias de las piezas difundidas en Instagram mostraron información sobre sexualidad, salud sexual y salud reproductiva, derechos y prevención de violencia basada en género —y la importancia de tomar decisiones libres e informadas. “Justamente para que sean protagonistas de sus propias vidas y que también puedan cumplir sus sueños”, dice Japón.“El empoderamiento es el impacto más fuerte que ha tenido el proyecto en las comunidades, porque las y los adolescentes se han empoderado de sus derechos”, dice Judson Merizalde. 

En los productos difundidos se muestra el trabajo de campo, los testimonios de las y los adolescentes que participaron de las capacitaciones, y las pastillas informativas sobre los temas tratados en Aprender y Estar Protegid@s, un proyecto que a través de la dotación de conocimientos brinda la oportunidad a niñas y adolescentes de informarse y ser agentes de cambio. 

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