Ecuador enfrenta un pico de violencia: en solo dos días cadáveres colgantes aparecieron en Esmeraldas, hubo coches bomba, funcionarios de la cárcel fueron tomados como rehenes y asesinaron policías. Todo eso pasó ante el silencio del Presidente, y las palabras desatinadas de dos de sus ministros que parecen totalmente desconectados con las preocupaciones del país. 

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Juan Zapata, ministro del Interior, está concentrado en cuestionar a la prensa en lugar de dar respuestas sobre la seguridad del país y la ola de violencia en Guayas y Esmeraldas. Andrés Seminario, Secretario de Comunicación, está preocupado de los haters que lo insultan en lugar de plantear una estrategia comunicacional digna de los mandantes. Y Guillermo Lasso, recién después de dos días desbordados de violencia canceló su viaje a Orlando, a donde iba a viajar por el feriado, mientras el país vive en la angustia provocada por el último baño de sangre. 

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La imagen más reciente que tenemos del Presidente de la República es una del 31 de octubre en la que se lo ve sonriente, sosteniendo la copa dorada que se llevará el equipo ganador del mundial de Catar 2022. En el Palacio de Carondelet, en donde fue recibida la Copa —que solo puede ser sostenida por los gobernantes de los países por los que el trofeo hará su recorrido— parece que hubo un ambiente festivo y alegre. 

Las prioridades de Guillermo Lasso

¿Cuáles son las prioridades de Guillermo Lasso y su gobierno? Imagen de la Presidencia de la República.å©

Un Presidente tiene que atender eventos de toda índole y es comprensible que recibir la Copa del Mundo sea uno de ellos. Sin embargo, el contraste de un mandatario sonriente y festivo, apenas unas horas después de que el país se conmocionara con las imágenes de dos cadáveres colgando sobre un puente peatonal en Esmeraldas, no pasa desapercibido.

Esta provincia costera atraviesa momentos críticos: hasta octubre de 2022 registró 418 muertes —314 más que las de 2021 en ese mismo periodo. Su tasa de homicidios es de 63,33 por cada 100 mil habitantes, la más alta del país, y una de las más altas de América Latina.

No pasaron ni 24 horas de las imágenes en las que Guillermo Lasso celebraba con la Copa y nuevamente el país se sumió en la angustia: una decena de explosiones y actos violentos ocurrieron en Guayas y en Esmeraldas. El Ministro del Interior, Juan Zapata, en una rueda de prensa repitió lo que otros ya han dicho: la violencia es una respuesta a la guerra que el Estado le está haciendo al crimen organizado. 

Pero en ese espacio Zapata se concentró en lo menos importante: lo que los medios de comunicación reportan y en lo que, a su criterio, deberían reportar. 

“Muchos hicieron un linchamiento mediático por casos puntuales y generalizaron. Eso también es complicar, porque cuando usted debilita a una institución, quien aplaude y gana es el delito”, dijo Zapata. Lo que el Ministro parece no ver es que si la Policía hiciera adecuadamente su trabajo, nadie —ni los medios ni los ciudadanos ni los organismos de justicia y fiscalización— tendrían que señalarlos. 

Sus palabras, sin embargo, parecen ir en sintonía con lo que el Presidente piensa de la prensa. Hace un par de semanas, Guillermo Lasso cuestionó los reportajes sobre la falta de medicamentos e insumos en el Hospital del Iess Los Ceibos, de Guayaquil. “Esta es la típica noticia de los medios de comunicación: escandalizar. Pretenden arrinconar al gobierno y al Presidente de la República”, dijo Lasso en una entrevista televisada. El gobierno parece concentrarse más en evitar que la prensa reporte lo que ocurre que en solucionar problemas profundos. 

Y eso incluye las pretensiones de dictar a los medios de comunicación qué y cómo cubrir una noticia.

“Ayer la noticia era que 8500 policías van a fortalecer el músculo operativo en las calles pero fue, en su lugar, que los aspirantes llevaban su colchón, su uniforme y su comida”, dijo Zapata en la misma rueda de prensa. ¿Qué le hace pensar a Zapata que la prensa es un amplificador de la voz oficial? 

Los funcionarios que deberían estar preocupados por darle respuestas al país, están concentrados en cómo los retrata la prensa. O en sí mismos. 

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Andrés Seminario, el tercer hombre al que Guillermo Lasso le encarga la comunicación del gobierno, tampoco parece ver cuáles son las necesidades más urgentes de la cartera de Estado que dirige.

El día en que el país requiere un mayor y mejor manejo comunicacional de crisis, Seminario tuitea sobre sí mismo. “Aceptar la tarea de Sec de Com no me da el derecho de insultar a nadie. Pero tampoco les da el privilegio de insultarme”, dijo. 

Acto seguido, nos manda a leer su blog. Ni una palabra sobre lo ocurrido en Guayas y Esmeraldas. Ni una palabra sobre lo que está haciendo el gobierno para controlar los focos de violencia que afectan a todos los ciudadanos. Ni una palabra sobre las intenciones del Presidente de la República de irse de viaje a Orlando: tuvieron que pasar casi doce horas de los primeros episodios de violencia en Esmeraldas, para que finalmente, Guillemo Lasso anunciara que cancela su viaje a Orlando. 

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El silencio de Guillermo Lasso ante lo ocurrido en las últimas horas cae como el peso de la indolencia. Aún más cuando dos de sus ministros refuerzan la idea de que el gobierno no sabe en dónde están sus prioridades. 

En situaciones de crisis como la que el país está viviendo, en la que están en juego la vida de cientos de miles de ecuatorianos, el Presidente de la República no puede ausentarse. ¿Estará trabajando? No sabemos. ¿Habrá convocado a sus ministros a una reunión urgente para tomar medidas inaplazables? No sabemos. ¿Estará coordinando acciones de seguridad con las autoridades provinciales de Guayas y Esmeraldas? No sabemos. 

No lo sabemos porque el gobierno no informa. No lo sabemos porque el gobierno no entiende que la comunicación no es solamente enviar boletines e imágenes de la agenda presidencial. No lo sabemos porque el gobierno no entiende que también está comunicando cuando no comunica. Es decir, que el silencio presidencial también nos dice algo, que la falta de un gobernante que dé la cara ante sus mandantes también nos dice algo. Que la decisión de irse un feriado a Orlando mientras el país se desangra por la violencia, también nos dice algo. 

Nos dice que al gobierno no le duelen los muertos. Nos dice que al gobierno le incomoda la prensa que reporta su inoperancia. Nos dice que el Presidente no entiende que su cargo no tiene horario de oficina. Nos dice que el país está abandonado. 

El cargo de Presidente de la República debe ejercerse con más ahínco en crisis como esta. Aquí es cuando se ve el liderazgo del Presidente de la República y de su equipo para contener la violencia y para dar respuestas a sus mandantes. Sin aplazamientos, sin intermediarios, sin tardanzas. 

Maria Sol Borja 100x100
María Sol Borja
Periodista. Ha publicado en New York Times y Washington Post. Fue parte del equipo finalista en los premios Gabo 2019 por Frontera Cautiva y fue finalista en los premios Jorge Mantilla Ortega, en 2021, en categoría Opinión. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Es editora asociada y editora política en GK.
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