No resulta nada nuevo, en realidad. La ecuación artista/denuncia es parte del acto artístico, más allá de la forma, el resultado o el mecanismo que se use. Sin importar el lugar de relevancia que tenga ese artista en el terreno de la cultura pop. Lo que Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny, hizo con su más reciente video musical para las canciones El Apagón y Aquí vive gente es aprovechar su posición y visibilidad. 

Lo hizo para hablar de dos problemas importantes en su natal Puerto Rico: los apagones constantes en la isla, y la gentrificación que está, prácticamente, expulsando a los sanjuaneros de sus casas e impidiéndoles el acceso a playas que son públicas.

En El Apagón y Aquí vive gente, Bad Bunny va con todo. Lo que se supone es un vehículo de promoción de su más reciente álbum, Un verano sin ti, se convierte en algo más. Porque entre una canción y otra aparece un reportaje de la periodista Bianca Graulau, que coloca la atención en el problema de energía eléctrica en Puerto Rico. 

Con la llegada de Aquí vive gente, se pasa a la parte más contundente del video: un segundo reportaje, también de Graulau, que critica la implementación de la Ley 22, para incentivar el traslado de inversionistas a Puerto Rico. 

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Inversionistas que terminan por comprar edificios en zonas de baja plusvalía, para convertirlos en bloques de departamentos para rentarlos por Airbnb. Esto a costa de dejar sin hogar a gente que ha vivido más de 30 años en esas viviendas y barrios.

22 minutos de duración y la música queda de lado. Ambas canciones se vuelven excusa de algo más. Casi lo mismo que hace Bad Bunny en sus discos, en los que pasa de un género a otro, incluso en una misma canción. En ese juego de intercambios y de transformación constante, para luego lanzar con fuerza la idea central. En este caso: Bad Bunny no deja de lado a Puerto Rico, está ahí, es parte de una tradición.

Esa tradición que aparece en el video. Ya sea nombrada —como Tego Calderón— o con apariciones de figuras relevantes como insertos, casi como flashes: Lisa M, Iris Chacón y Raúl Julia.

Bad Bunny como una especie de justiciero, exponiendo a la gente de mucho dinero que está en contra del pueblo. 

Sí, nada nuevo.

Benito no es el único

Es algo de siempre: aprovechar la exposición para decir algo, para conseguir algo. O al menos dejar ideas flotando.

Por ejemplo, en 1973, cuando Roger Moore y Liv Ullman anunciaron al ganador del Oscar a Mejor Actor en la entrega del premio, no se levantó Marlon Brando, quien lo ganó por su rol como Vito Corleone en El Padrino

En su lugar subió Sacheen Littlefeather, una activista nativa americana, quien habló en nombre de Brando, quien rechazaba el premio por la forma en que la industria del cine y la televisión representaba a los indios americanos. 

Littlefeather fue escoltada de inmediato del escenario y la leyenda dice que hasta John Wayne debió ser contenido por seis personas para que no se acerque a ella. 49 años después, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas le pidió disculpas a Littlefeather por el trato que recibió esa noche.

En 1969, el activista político, poeta, periodista y miembro de las White Panthers —una organización antirracista cercana a los Black Panthers—, John Sinclair, fue detenido por “vender” dos porros de marihuana a un policía encubierto. 

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Sinclair era molesto para el poder en Estados Unidos. Su caso empezó a resonar en el ambiente cultural de Nueva York de entonces. Un John Lennon recién llegado al país, no se iba a quedar atrás. En esta, su etapa más política, Lennon escribió John Sinclair, que Lennon tocó en el John Sinclair Freedom Rally, el 10 de diciembre de 1971.

Lennon cantó: “Si hubiera sido un soldado disparando a los indios en Vietnam / Si fuera de la CIA, vendiendo droga y haciendo heno / estaría libre, le dejarían estar respirando aire como tú y yo”.

Tres días después del show y la canción —Lennon venía recién del final de The Beatles, así que todo lo que hacía o decía era noticia—, John Sinclair fue liberado por la Corte Suprema de Michigan, que declaró que las leyes relacionadas con la marihuana, vigentes en el estado, no eran constitucionales.

En octubre de 1992, cuando no se hablaba de los abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica, la cantante irlandesa Sinead O’Connor hizo una manifestación política en la televisión en vivo de Estados Unidos que, para muchos, le costó su carrera. 

Luego de cantar a capella la canción War de Bob Marley –en la que cambió la palabra “racismo” por “abuso a menores”—, O’Connor sacó una foto del entonces Papa Juan Pablo II y la destruyó frente a las cámaras, ante el silencio atronador de la audiencia.

“Luchen contra el enemigo real”, dijo, antes de tirar los pedazos de la foto a la cámara.

Sinead O’Connor decidió poner su pecho para recibir las balas, haciendo una denuncia frente a lo que había pasado en su país: en 2019 se supo que de 1300 sacerdotes acusados de abuso sexual, entre 1962 y 2002, solo 82 habían sido condenados.

Y estos son solo tres ejemplos.

Bad Bunny siempre fue así

No es que la conciencia política de Benito despertara de la nada, de un momento a otro. Con una carrera que empezó a explotar en 2016, cuando empezaron a aparecer las primeras canciones en las que colaboraba, Bad Bunny ha estado enfrentado a autoridades de Puerto Rico casi desde esa época.

En octubre de 2018, luego de los comentarios de un profesor puertorriqueño que aseguraba que la música de Bad Bunny corrompía a la juventud, Benito terminó en un intercambio de frases con el entonces gobernador Ricardo Roselló, quien lo invitó a dar consejos a su administración. 

La respuesta de Bad Bunny fue decir “No soy el Secretario de Educación” y reclamar por las pésimas condiciones de trabajo de los maestros y sus bajos salarios. Todo esto en un intercambio público que tuvo a toda la isla expectante.

En julio de 2019 fue uno de los músicos que protestó —con canción incluida— la respuesta del gobierno ante lo que sucedió con el Huracán María. Afilando cuchillos es el tema que armó con Residente e ILE.

En 2020 escribió uno de los tuits más directos que un músico pudo escribir, para protestar en contra de la aprobación del nuevo código civil que, para muchos en ese momento, restaba derechos ciudadanos, hasta para la comunidad LGBTI.

Ese mismo año, en febrero, Benito públicamente manifestó su rechazo al asesinato de Alexa, una mujer transgénero que fue asesinada en Puerto Rico, luego de que se viralizara un video en el que ella entraba al baño de mujeres en un McDonald’s. 

Alexa murió el 24 de febrero de 2020. Cinco días después, durante su presentación en el Tonight Show with Jimmy Fallon, Bad Bunny apareció interpretando la canción Ignorantes, vistiendo una falda y una camiseta en la que se pudo leer: “Mataron a Alexa, no a un hombre con falda”.

En julio pasado, en medio de sus shows en Puerto Rico, Bad Bunny aprovechó para arremeter en contra de las autoridades y de los dueños de la empresa eléctrica LUMA Energy, por los constantes cortes de energía. El músico dio el show con 15 generadores eléctricos industriales para evitar los cortes y dijo frases como: “Tenemos un gobierno que nos está jodiendo día a día”, “Luma, pal carajo” y “El país es de nosotros y nosotros somos los que tenemos el control, nosotros somos los que tenemos que tomar el control”.

Este es un tema que se desarrolla más en el video de El apagón.

Lo de Bad Bunny no es reciente, pero sí llama la atención cómo, desde lo más alto del pop mundial, un músico decide utilizar su fama para decir lo que tiene que decir. No hay muchos que hagan esto a este nivel porque, en términos generales, sucede lo que Morrisey canta en The world is full of crashing bores: “No, solo son más estrellas de pop con la mandíbula cerrada / más espesas que la mierda de cerdo / y que no transmiten nada. / Están tan asustados de mostrar inteligencia / porque eso podría manchar sus encantadoras carreras”.

En cambio, la mandíbula de Benito, como se ve, no permanece cerrada. Por suerte.

Eduardo Varas 100x100
Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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