Llegó el día. Ha muerto la reina Isabel II del Reino Unido. Y no es que directamente, como Ecuador,  nos afecte un hecho que enluta a lo que queda del imperio británico —sí, todavía hay imperios en el mundo. Pero hay una especie de cercanía, de contacto y de pesar. Tiene que ver con la historia de la humanidad, con esos testigos privilegiados —tanto por su posición como por su longevidad— que terminan por irse. Tiene que ver con las emociones.

Con la reina Isabel II se va con ella la mitad del siglo XX. Y las primeras dos décadas del siglo XXI. No es poco. La Reina termina su vida como emblema de la cultura popular, como la mujer de los corgis, la que salió con James Bond —Daniel Craig— en la inauguración de los Juegos Olímpicos de 2012 en Londres, la mujer a la que los Sex Pistols le cantaron una canción en la que en 1977 —cuando cumplía 25 años como monarca— le decía que no era un ser humano.

Ella, la que salió con el oso Paddington, en un video que se viralizó por su Jubileo por los 70 años en el trono.

Como personaje de The Crown, la serie de Netflix que todo el mundo ve.

La reina Isabel II como emblema de los más grande, de lo distante y de lo que ha significado reinar en una época de transición tecnológica, que la puso a ella y a los suyos en primera fila, ante nosotros. Con fotos, videos, gifs y memes. Una Reina que fue representada en vida en varias películas y series de televisión. Una Reina que se volvió parte de la vida del mundo.

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Dios salve a la Reina

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La Reina que no debió ser

De pasar a ser la tercera en lista para regir el imperio británico, la vida de Elizabeth Alexandra Mary —nacida el 21 de abril de 1926 y conocida por su familia como Lilibeth— cambiaría meses después de cumplir 10 años, cuando su tío, el Rey Eduardo, abdicó al trono por amor. Su padre, hasta entonces duque de York, se convirtió, por amor al deber, en el rey Jorge VI. 

Un rey que debió serlo porque su hermano no quiso. Fue una decisión que cambió la vida de Elizabeth, quien se convirtió en la heredera de un trono que no esperaba —al menos no de forma directa. 

Así, en medio de la Segunda Guerra Mundial que la agarró en plena adolescencia, se fue preparando para el rol. Jorge VI gobernó por 15 años, hasta 1952. En febrero de ese año, murió y ella se convirtió en Reina. Un año después vendría su coronación.

Casada con Philip Mountbatten —el príncipe Felipe, duque de Edimburgo— y con dos hijos pequeños, Isabel II empezó su reinado.

Ella, la Reina que al comenzar tuvo como primer ministro al contundente Winston Churchill. Esa Reina que en 70 años llegó a pedirle a 15 distintos primeros ministros que formen un gobierno en su nombre. Ella fue la Reina que dio consejos, que escuchó, cuestionó y se dejó cuestionar por líderes conservadores y laboristas. 

Su rol, casi ornamental, fue transformándose con los años. Había un tipo de reserva moral en su presencia, que no siempre tuvo, pero que terminó conservando. Tan solo dos días antes de morir, el 6 de septiembre de 2022,  la Reina se reunió con Liz Truss, la nueva primera ministra del país para encomendarla que formara un gobierno adecuado, en su nombre. Ese fue su último acto público.

Fue la Reina que vivió el proceso de descolonización contra la corona británica. De 60 países que eran parte de la corona, la cifra bajó a 14. Uno de los últimos en dejar se depender de Reino Unido fue Hong Kong, que en 1997 volvió al control de China. En 1986, fue la primera monarca inglesa en visitar China.

Ella fue la Reina que visitó países y zonas que antes ningún otro monarca inglés había visitado. Sí, ella, la monarca de Australia y de Nueva Zelanda.

Isabel II fue una respetuosa estricta de las tradiciones y fue capaz de sacrificar varias cosas por cumplir su rol y exigió lo mismo del resto. En 1960 y 1964 se convirtió en la primera monarca desde 1857 en dar a luz en pleno reinado, cuando nacieron sus últimos hijos, Andrew y Edward. 

Fue la madre que no permitió que su hijo mayor, Carlos, el heredero al trono, tuviera una relación con Camilla Parker, una mujer divorciada. Porque el trono, el deber, le había enseñado su padre, era lo más importante. Pero también fue la Reina que entendió a su hijo y que reculó. En 2002, Camilla ya empezó a ser parte de las actividades de la familia real.

Fue esa figura distante —porque la monarquía debía ser fuerte— que gracias a las conversaciones con el primer ministro Tony Blair, fue capaz de entender lo que se esperaba de ella cuando, en agosto de 1997, la princesa Diana murió en un accidente de tránsito en París. 

Luego de varios días de silencio y de millares de críticas, ella apareció en televisión, recordó el legado de su exnuera y se mostró cálida sobre la situación de sus nietos, William y Harry. Era la primera vez que algo así sucedía. El cambio se estaba dando.

La Reina de la historia

Isabel II fue Reina de Inglaterra cuando el hombre llegó a la Luna, cuando cayó el muro de Berlín, cuando llegó la pandemia del covid-19. De cuando el Reino Unido lideró la coalición que intervino en Irak y en Afganistán en 2003. 

Fue la Reina cuando Los Beatles conquistaron el mundo. También cuando las cifras de desempleo se dispararon en la época de Margaret Thatcher.

Ella cumplió con su rol como embajadora del imperio, a través de sus visitas que hizo y aquellas que recibió de manera oficial. En 1965 llegó a una Berlín dividida en dos, y se quedó en el lado de la República Federal Alemana. Fue promotora de la abolición de la pena de muerte en Reino Unido, en un proceso que tomó casi 35 años, pero que se cocnretó en 1999. 

Con su bendición, Reino Unido ingresó a la Comunidad Económica Europea, en 1973. Y cuando Margaret Thatcher se convirtió en primera ministra, en 1979, Reino Unido fue el primer país en estar gobernado por dos mujeres. Fue la Reina de la Guerra de las Malvinas.

En 1992 introdujo una reforma tributaria para que la familia real y la monarquía pagara impuestos, si quisiera. En abril de 1993, ella y la familia real tributaron, aunque con ciertos recortes.

Apoyó otros cambios en la legislación para facilitar que más mujeres subieran al trono, en caso de sucesión.

También fue la Reina que tuvo que ver cómo las acusaciones de abuso sexual hacia su hijo Andrew ganaban fuerza entre 2019 y 2020. Por eso prefirió suspender las actividades reales del príncipe y alejarlo de las acciones públicas.

Fue la Reina que se vio sola, en una de las bancas de la capilla de San Jorge, en abril de 2021, para despedirse de Felipe, su esposo, que murió a los 99 años. Ella, la Reina, la imagen de la absoluta soledad y el desamparo. Era imposible no sentir compasión por ella.

La Reina que llegó y que debió cambiar al andar, que cambió con convicción, que no era querida y que de golpe, en sus años finales, fue adorada y vista con estimación. 

Eso explica por qué hasta Ozzy Osbourne escribió un tuit de condolencia. 

No es para menos: hasta el Príncipe de las Tinieblas reconoció el legado de esta mujer que con 96 años y 70 de monarquía llegó y redefinió todo. Difícilmente habrá otra Isabel II.

Eduardo Varas 100x100
Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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