En los últimos 250 años el planeta se ha calentado más de 1,1 grados Celsius por las actividades humanas. En su mayoría, las responsables de ese calentamiento son las grandes industrias extractivas, las gigantescas compañías multinacionales de bienes y servicios, y las actividades de los países desarrollados. Sin embargo, nuestros hábitos personales de consumo también juegan un papel importante en el calentamiento global: mientras más consumimos, más necesitan producir las industrias, y por ende, más van a contaminar. Por eso, una de las formas en las que podemos contribuir en la lucha contra el cambio climático es tener un consumo responsable

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) dice que el consumo responsable (o sostenible) es la acción de consumir productos o servicios que satisfacen las necesidades básicas y brindan una mejor calidad de vida. Algunas de las características del consumo responsable son que implica reducir el uso de productos que no son necesarios y que minimiza el uso de los recursos naturales.

Carolina Saa, experta en sostenibilidad, dice además que el consumo responsable nace de pensar en las generaciones futuras. “¿Vamos a dejarles un legado positivo, regenerativo? ¿O uno de contaminación que ponga en peligro sus necesidades básicas?”, cuestiona Saa. Ella explica que todas las actividades que hacemos los seres humanos “dejan un pasivo ambiental y social” que no necesariamente vamos a pagar nosotros. “Sin embargo alguien va a tener que asumir esa deuda en el futuro”, dice Saa. Ese pago bien podría tener altos intereses.

Si queremos que las próximas generaciones tengan las mismas oportunidades que nosotros de acceder a servicios tan básicos como el agua, la electricidad y los alimentos, debemos empezar a cambiar la forma en la que consumimos ahora. 

“Cuando hablamos de consumo responsable, hay tres conceptos básicos”, dice Carolina Saa. Son: el agua, la energía y repensarnos como compradores

El agua

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Uno de los mayores problemas en Ecuador es que consumimos demasiada agua. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que las personas consuman 100 litros de agua al día para garantizar que se satisfagan la mayoría de las necesidades básicas sin desperdiciar el recurso. Sin embargo, en Ecuador, se consume más del doble: 249 litros diarios. 

Silvia Salgado, coordinadora del programa de recuperación de la cobertura vegetal del Fondo para la Protección del Agua (Fonag), explica que esto sucede “porque no entendemos que el agua que consumimos no solo sale de la llave y la desperdiciamos como si fuera un recurso renovable”. Los ecuatorianos usamos el agua como si no se pudiera acabar, pero los expertos dicen que sí puede acabarse. 

flecha celesteOTROS CONTENIDOS SOBRE MEDIOAMBIENTE

Es cierto que el  70% de la Tierra está cubierto por agua, pero el agua dulce —la  que necesitamos para vivir— solo representa el 2,8% del agua del planeta, y sí se puede acabar. En Quito, por ejemplo, sin los páramos del Antisana, la ciudad se quedaría sin agua. 

Por ello, usar este recurso natural de manera responsable es uno de los conceptos básicos para consumir responsablemente. 

consumo responsable

Se puede ahorrar agua al lavar las frutas y verduras. Fotografía tomada de Pexels.

Algunos consejos para usar el agua de forma eficiente son:

  1. Cuando llueve, recolectar un poco de agua lluvia en baldes o recipientes para luego usarla para regar las plantas de interiores. 
  2. Al abrir la ducha para bañarse, colocar un balde para recoger el agua que se desperdicia mientras el termostato se calienta. Esa agua se puede usar luego para limpiar los baños o limpiar los pisos. 
  3. Poner una bandeja o recipiente debajo cuando se lavan las frutas y verduras. Esa agua se puede usar luego también para regar las plantas. 
  4. No botar el agua que se usa para cocinar los huevos o hervir las verduras. Esta agua se puede usar después para la limpieza. 
  5. Bañarse en poco tiempo. Saa recomienda que las duchas no duren más de 3 minutos. Sin embargo, se puede empezar por reducir los tiempos que toman los baños hasta acostumbrarnos a tomar duchas más cortas. 
  6. Cerrar el grifo al lavarse los dientes. 
  7. No dejar correr el agua del grifo al lavar los platos. Se puede primero jabonarlos y luego enjuagarlos para no desperdiciar tanta agua.
  8. Usar un balde y una esponja para lavar el auto
  9. Chequear que no haya fugas de agua, y si las hay, llamar a un plomero de inmediato. 
  10. Usar la lavadora completamente cargada de ropa y no a la mitad. 

Puedes encontrar más consejos aquí. Sin embargo, la experta en sostenibilidad Carolina Saa dice que otra cosa que podemos hacer es  reflexionar en los consumos de agua indirectos. Por ejemplo, para hacer un jean se necesitan entre 2.130 y 3.078 litros de agua, según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid. Entonces, antes de comprar un jean, podemos pensar en si realmente lo necesitamos o no y si los costos —ambientales y sociales— de su fabricación valen la pena. 

La energía

El 73,2% de las emisiones de gases de efecto invernadero —que causan el calentamiento del planeta— a nivel global vienen del sector energético: la generación de electricidad, la generación de calor y el transporte. Eso quiere decir que la forma en la que consumimos energía es una de las razones principales por las que estamos ya viviendo las consecuencias del cambio climático. 

En Ecuador, según datos del último Balance Energético Nacional, en 2020 el consumo de energía eléctrica por persona fue de 1.470 kilovatios hora. A pesar de la pandemia, el consumo en 2020 fue menor que en 2019. Sin embargo, desde 2010 el consumo de energía eléctrica por persona ha aumentado en un 33%. Es por eso que una de las formas de consumir responsablemente es usando la energía de manera eficiente. 

cambio climático

El sector energético es uno de los que más contamina. Fotografía tomada de Pexels.

Algunos consejos para consumir energía de manera más sostenible son:

  1. Aprovechar la luz natural y evitar el uso innecesario de luz artificial.
  2. Usar luces LED o bombillas de bajo consumo en lugar de focos incandescentes —que consumen más energía y duran poco tiempo.
  3. Desconectar los equipos que no necesiten estar conectados todo el tiempo. Por ejemplo, cuando un dispositivo electrónico no se está cargando, es mejor desconectar el cargador porque solo al estar conectado ya consume energía.
  4. No tener conectadas todo el tiempo a las laptops u otros dispositivos portátiles porque consumen más energía. Es mejor conectarlos solo cuando necesitan ser cargados. 
  5. Intentar no usar una secadora de ropa a menos que sea indispensable. En los días de sol, es mejor el secado al sol.
  6. Usar sistemas de aire acondicionado o calefacción solo cuando sean necesarios. Además, si no se están usando, es mejor desconectarlos o apagarlos.
  7. Reducir el uso de electrodomésticos pequeños que no son indispensables como las secadoras de cabello y las afeitadoras eléctricas.

Estos son los consejos más sencillos de aplicar con respecto al uso de la energía eléctrica. 

Pero el consumo de energía también abarca al sector del transporte, y en Ecuador, ese es el sector que más energía consume, según el Balance Energético Nacional. Algunos consejos para usar la energía responsablemente en relación con el transporte son:

  1. Usar los buses, metros o corredores de transporte público con más frecuencia para movilizarse dentro de la ciudad.
  2. Usar buses interprovinciales o intercantonales para movilizarse entre distancias más largas, en lugar de viajar en avión o auto.
  3. En caso de que usar un vehículo sea indispensable, compartirlo con más personas.
  4. Usar bicicleta o caminar para movilizarse entre distancias cortas. 
  5. Conducir los vehículos intentando circular lo más posible en marchas largas (como cuarta, quinta y sexta). Las marchas más largas consumen menos gasolina, y por ende, gastan menos energía. La conducción eficiente puede reducir las emisiones de CO2 en un 15%. 

En esta guía que hicimos en GK, encontrarás más consejos para usar la energía eficientemente y reducir su consumo. 

Repensarnos como consumidores

A pesar de que los recursos naturales son limitados, cada vez consumimos más; incluso en los países más pobres. Según el Banco Mundial, las cerca de 4.500 millones de personas de bajos ingresos que viven en los países en vías de desarrollo gastan 5 billones de dólares al año —147,5 veces el presupuesto general del Estado de Ecuador para 2022. 

Este crecimiento en la forma en que consumimos, explica el neurocientífico Steven Quartz, no se debe al materialismo, sino a la sociedad. En un estudio, Quartz encontró que el cerebro humano tiene una especie de “calculadora social” que hace un seguimiento de cómo creemos que otras personas nos ven. Los productos, explica Quartz, son básicamente extensiones de nosotros que reflejan cómo somos: entonces usamos productos para crear estilos de vida y comunidad. 

Pero ese deseo por crear una comunidad, a veces se hace de forma desmedida y las personas terminan por consumir demasiado y mucho más de lo necesario. Por eso, dice Carolina Saa, experta en sostenibilidad, es importante pensar cómo consumimos y por qué lo hacemos. 

consumo sostenible

Es importante pensar en el origen de lo que consumimos y por qué lo hacemos. Fotografía tomada de Pexels.

El consumo responsable es un ejercicio de pensar antes de consumir, y es por eso que Saa sugiere hacerse siempre tres preguntas:

  1. ¿Realmente necesito esto? no hay que comprar lo que no hace falta. Si la respuesta a la primera pregunta fue sí, la segunda pregunta debe ser 
  2. ¿Realmente tiene que ser nuevo o puede ser de segunda mano? Si la respuesta es no, dice Saa, “entonces comprar de segunda mano”. Pero si la respuesta es sí, la tercera pregunta es:
  3. ¿De quién lo estoy comprando y qué fin va a tener cuando termine su vida útil, lo podré reciclar, reusar o compostar?

Esta última pregunta, dice Saa, es clave. Cuando el consumo es necesario, es importante pensar en su origen. Fernanda Burneo, fundadora de Kikuyo, una empresa de productos sostenibles, dice que cuando se habla de consumo responsable “lo más importantes es la trazabilidad”. Burneo explica que “cuando entiendes la trazabilidad [de los productos que consumes] entiendes cómo consumir responsablemente”. 

Cambiar la forma en la que consumimos puede ser difícil, pero no hay que hacerlo todo ni hacerlo todo perfecto, dice Burneo. Se puede empezar cambiando pocos hábitos y luego, si es posible, ir adoptando más. 

Algunos de los hábitos que se pueden cambiar son:

  1. Comprar frutas, verduras, y otros productos en los mercados, ferias de agricultores o fruterías del barrio, en lugar de comprarlas en el supermercado. Comprar en el mercado fomenta el comercio justo. 
  2. Llevar bolsas de tela o costales —como hacen las abuelas cuando van al mercado— siempre que salimos de compras. Así evitamos usar bolsas plásticas innecesarias que se acumulan y causan un mayor impacto en el ambiente.
  3. Llevar un termo o una botella reutilizable siempre que salimos para evitar comprar bebidas que están embotelladas en recipientes de plástico o aluminio que generan más desechos. 
  4. Usar jabones en barra en lugar de jabones líquidos ya sea para lavarse, las manos o la ropa, para reducir el desecho de contenedores plásticos. Además, ahora hay también productos como shampoo y acondicionador en barra, que se pueden usar en lugar de los que vienen en recipientes de plástico. 
  5. Comprar productos al granel. Cada vez en más barrios de Quito se abren tiendas o distribuidoras que venden productos al granel. En ellas se puede encontrar desde frutos secos, avenas, harinas, granos, arroz y plantas medicinales hasta detergentes, shampoo y repelente de insectos. Además, en algunos barrios de Quito hay camiones que recorren los barrios ofreciendo productos para el hogar como detergente de ropa, suavizante de ropa, cloro, desinfectante para pisos. Lo único que necesitan los compradores son recipientes donde poner el producto. Comprar de esta forma no solo reduce la cantidad de recipientes plásticos que desechamos sino que también ayuda a ahorrar dinero. El costo de los productos es menor cuando no se paga por el contenedor en el que están. 
  6. Hay ocasiones que es mejor comprar productos al por mayor en quintales, galones, o pacas. Si bien ciertos productos es mejor comprarlos al granel, Fernanda Burneo dice, por ejemplo, que se puede comprar quintales de arroz en lugar de las fundas chiquitas para generar menos desechos —y también comprar y gastar menos. Así, en grandes cantidades se puede también comprar productos como shampoo, jabón líquido desinfectante para manos, e incluso alcohol antiséptico. Comprar así ayuda a que compremos menos productos que vienen en recipientes pequeños y ayuda a consumir responsablemente y ahorrar dinero. 
  7. Las mujeres que tienen acceso a agua potable pueden reemplazar los tampones o toallas higiénicas por la copa menstrual o ropa interior absorbente y reutilizable. 
  8. Reciclar lo que se puede y compostar si es que tienes un lugar para hacerlo.
  9. Preferir las toallas de tela en lugar de las desechables para secarse las manos o limpiar superficies. No tienen que ser toallas nuevas, se puede hacer pequeños paños con las camisetas o sábanas viejas que ya no se usan. 
  10. Comprar ropa solo si es necesario, y al hacerlo, intentar hacer la compra en una tienda de segunda mano o bazar. La industria de la moda, según la ONU, es la segunda más contaminante del mundo. Por eso, se recomienda comprar ropa nueva solo si es indispensable. Además, si tus recursos te lo permiten, intenta comprar tu ropa de diseñadores locales o artesanos ecuatorianos para promover el comercio justo en esta industria también. (Por ejemplo, en lugar de comprar una bufanda en una tienda de fast fashion, puedes comprarla de un artesano, y es incluso más económico). 
  11. No desechar los dispositivos electrónicos si se dañan. Es mejor buscar repararlos antes de comprar uno nuevo. (La misma lógica de reparar se puede usar con otros productos como zapatos, ropa o juguetes). Reparar, dice Carolina Saa, debe ser la primera opción siempre. 
  12. Reducir el consumo de carne roja y queso — son las industrias de la comida que más agua gastan durante su producción. 

La comida

Otro problema en Ecuador, es el consumo irresponsable de alimentos. Ecuador es uno de los países latinoamericanos que más desperdicia comida. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el país se desperdician 939.00 toneladas de alimentos por año que equivalen a 334 millones de dólares. La ONU dice que con eso se podría llenar “más de 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados, que puestos en fila darían siete vueltas a la Tierra”. 

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Ecuador es uno de los países que más comida desperdicia en América Latina. Fotografía tomada de Pexels.

Para evitar desperdiciar tantos alimentos, la conservacionista y ex ministra de Ambiente del Ecuador, Yolanda Kakabadse, recomienda cambiar algunos hábitos en la forma en que consumimos los alimentos.

  1. Comprar solo los alimentos que se necesitan para evitar llegar al final de la semana con una refrigeradora llena de productos dañados o podridos que luego se tiran a la basura. 
  2. Comprar los alimentos como estén. Es decir, aunque tengan una forma distinta a la que nos han enseñado o aunque tenga una mancha. 
  3. Al comer en restaurantes, preguntar qué tan grande es la porción del plato que se va a ordenar. Si la porción es muy grande, pedir una porción más pequeña para evitar sobrar comida y que se deseche. 
  4. Apoyar iniciativas como los bancos de alimentos que reciben alimentos que están cerca de dañarse o que han sobrado en los supermercados o restaurantes, para clasificarlos y distribuirlos a organizaciones sociales. (El Banco de Alimentos de Quito, por ejemplo,  recoge 10 toneladas de comida por semana que alimenta a migrantes, niños, y personas de bajos recursos). 

Lo más importante del consumo responsable es la consciencia. “Cuando eres consciente de lo que compras o de cómo usas las cosas, tu consumo es más consciente que antes”, dice Fernanda Burneo. Eso es lo que se busca con el consumo responsable. 

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El consumo responsable empieza con pequeños cambios. Fotografía tomada de Pexels.

No hay que cambiar todos los hábitos de consumo de un día al otro, pero se puede empezar haciendo cosas pequeñas como bañarse menos tiempo, desconectar los dispositivos electrónicos cuando no se estén usando, y llevar bolsas de tela cuando vamos a comprar. Con pequeños cambios dice Carolina Saa, podemos dejar un mejor legado para las generaciones futuras.

Doménica Montaño
(Quito) Reportera de GK. Cubre medioambiente y derechos humanos.