Hoy, 6 de diciembre, se conmemora la fundación de San Francisco de Quito. En 2021, la ciudad conocida como la carita de Dios, la mitad del mundo, luz de América y edén de maravillas, cumple 487 años. 

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La fundación española de Quito se entrelaza con la leyenda y se remonta a los primeros habitantes de la actual provincia de Pichincha: los Quitus. Hay registros de su existencia desde el año 500 después de la época contemporánea (d.C). 

Quito en la era prehispánica

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Según el  historiador y sacerdote Juan de Velasco, los quitus fueron conquistados luego por las caras. El mestizaje entre ambos pueblos daría origen a los quitu-caras o shyris. Este pueblo habría fundado el Reino de Quito, una supuesta unidad política que aglutinó a las tribus que habitaban en lo que hoy son las provincias andinas de Tungurahua, Chimborazo, Pichincha, Imbabura y Carchi. Su capital habría sido Quito.

Es ahí donde el mito empieza a fundirse con la historia: varios historiadores, empezando por Federico González Suárez en el siglo XIX, pusieron en duda la existencia de la tribu de los caras. El consenso histórico actual es que el Reino de Quito, como unidad política o cultural, nunca existió y se trataría de un mito fundacional

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Aún así, el asentamiento principal de los Quitus sí existió. Hay evidencia de entre 1000 y 1500 años antes de la época contemporánea (a.C.) que tribus trashumantes pescaban y cazaban cerca del monte Ilaló. La evidencia del primer pueblo sedentario en la zona  es de los Cotocollao se asentó alrededor de 900 a.C, que habrían desaparecido por la erupción del volcán Pululahua. 

A ellos los habrían sucedido en la zona, con un asentamiento específicamente entre los volcanes Pululahua y Guagua Pichincha, los quitus. De ellos existe evidencia que se puede datar hasta el 500 d.C. El parque arqueológico Rumipamba, ubicado en lo que son las actuales avenida Mariana de Jesús y Occidental, en el corazón financiero de la capital, es uno de los pocos vestigios que dan cuenta de la existencia de los quitus. 

Conquista inca y conquista española 

Ahí habrían vivido los quitus, como una sociedad agrícola, los quitus hasta la llegada de la fuerza dominadora más potente que conoció la región en ese momento: la civilización de los Inca, que dominó América del Sur. Para los incas, la región de los Quitus tuvo una importancia sagrada.

La fundación española de Quito, se remonta precisamente a los violentos inicios de la conquista en esta zona andina. En 1529, Atahualpa, emperador inca, había entrado en una violenta guerra contra su hermano Huáscar, con quien se disputaba el trono inca. Tres años después, y ya con los conquistadores españoles muy cerca, Atahualpa triunfó sobre su hermano. 

Sin embargo, semanas después fue capturado por el conquistador Francisco Pizarro. Atahualpa había accedido a reunirse con Pizarro en la plaza de la ciudad de Cajamarca. Pero el explorador español esperó al inca con un asalto sorpresa y lo capturó. En la estratagema participó también Sebastián de Benalcázar, quien es hoy reputado como fundador de San Francisco de Quito. 

Los españoles aprovecharon la guerra fratricida de los hijos de Huayna Capac, para avanzar en su conquista. Ya con el inca capturado, Pizarro lo acusó de idolatría —famosamente, le entregó un breviario o biblia, que Atahualpa despreció lanzando al suelo. Por el delito, el inca fue asesinado

De la villa de Quito a San Francisco de Quito

Luego del asesinato del inca Atahualpa en 1533, Benalcázar se quedó insatisfecho con la repartición del botín de la conquista. Decidió ir a la ciudad Quito a principios de 1534. 

En su camino se enfrentó a 12 mil combatientes quiteños, bajo el mando del general Rumiñahui en la batalla de Tiocajas, donde 200 españoles apoyados por 11 mil cañaris vencieron al ejército inca. En junio, Benalcázar llegó a Quito, ciudad que Rumiñahui había incendiado, dejando solamente cenizas. 

El 28 de agosto de 1534, el mariscal Diego de Almagro, conquistador español y gobernador nominal de la Nueva Extremadura (actual territorio de Chile) fundó desde la provincia de Chimborazo, la villa de San Francisco de Quito. En esa fecha se firmó oficialmente una acta creando la la nueva villa a 30 leguas de lo que fue la ciudad aborigen quitu-inca. 

Tan pronto se firmó el acta, Sebastián de Benalcázar fue nombrado como teniente gobernador de la nueva villa de Quito. Benalcázar ordenó a Juan de Ampudia, primer alcalde ordinario de la villa, viajar hacia el norte para dirigir la reconstrucción y el establecimiento de la nueva ciudad. El 4 de octubre, Ampudia llegó a Quito y comenzó sus labores. A su comando tuvo a miles de indígenas. 

Casi de inmediato, Benalcázar salió nuevamente para Quito, aunque se demoró tres meses. Por un lado, debió permanecer varias semanas en los alrededores de Riobamba, esperando que sus hombres se recuperaran luego del combate con Quisquís, uno de los capitanes de Atahualpa. 

Por otro, debió librar una serie de combates contra la resistencia indígena, dirigida por Rumiñahui y por el caudillo Quimbalembo, cacique de Sangolquí, con quien se batió en la zona comprendida entre Uyumbicho y Amaguaña, en el valle de Los Chillos.

El 4 de diciembre de 1534, Benalcázar y sus tropas llegaron a la llanura de Turubamba (llano de lodo), desde donde  avanzaron hacia Quito. El domingo 6 de diciembre de 1534, Sebastián de Benalcázar llegó a Quito por el Panecillo, una loma bautizada con ese nombre por su parecido con un pequeño pan. 

Ese mismo día, Gonzalo Díaz de Pineda, escribano de la época, pregonó la inscripción de todos los españoles que quisieran ser registrados como ‘vecinos de la villa’. Aquel 6 de diciembre acudieron a empadronarse 204 personas, todas varones. En esta primera acta, Benalcázar dispuso que los alcaldes y regidores de la ciudad asuman sus cargos, y comiencen la gobernanza del Cabildo Quiteño.

De esa forma, hace 487 años (contando desde 2021) se fundó el Quito que hoy conocemos, y que se ha erigido no solo como la capital, sino como la principal ciudad ecuatoriana en términos de población, economía y urbanismo, y una de las principales capitales de América Latina. 

Los matices críticos de las fiestas fundacionales quiteñas 

“Estos festejos empezaron como una conmemoración de la fundación española, hoy Quito es una ciudad cosmopolita que reconoce que la fundación fue un acto de violencia y subordinación sobre las poblaciones aborígenes”, dice Carmen Fernández Salvador, historiadora del arte y docente de la Universidad San Francisco de Quito. 

Conmemorar la fundación de Quito de diciembre de 1534, sin mencionar el contexto violento detrás y dando solamente reconocimiento a los conquistadores es celebrar la memoria hispana, dice Fernández Salvador. “Son las élites quiteñas conservadoras e hispanistas que no ven a la conquista y la colonización como procesos violentos, sino más bien como una estrategia civilizadora, celebrando la colonización y la conquista”, sostiene Fernández Salvador. 

Por lo general el crédito y el reconocimiento de la fundación se lo llevaron criollos y españoles, que fueron los que diseñaron y planificaron la ciudad. Pero es importante reconocer la mano de obra indígena.  

Los indígenas no solo fueron constructores, sino que además se encargaron de la decoración interior de algunas iglesias, como la Iglesia del Sagrario, los retablos en la de San Francisco. 

Los indígenas contribuyeron económicamente también como mecenas de las artes por su asociación con las cofradías, (asociación reconocida por la Iglesia católica conformada por devotos con fines piadosos). Es decir que brindaron su apoyo material y protección a artistas, literatos y científicos para que estos puedan realizar su obra. También, financiaron la construcción de ciertos espacios religiosos, como la capilla de Cantuña, dice Carmen Fernández Salvador. 

Las celebraciones actuales

Las fiestas de Quito se comenzaron a celebrar con la intensidad actual desde la década de 1960. 

De acuerdo al archivo histórico de la ciudad, durante la época republicana (que empieza con la formación de Ecuador como república en 1830 y termina en 1924, al finalizar la revuelta liberal de Eloy Alfaro) el 6 de Diciembre no era festejado. No había baile, ni serenatas. Era una fecha más en el calendario.

En 1960 se comenzaron a celebrar las fiestas porque varios periodistas, entre los que estaban César Larrea, el alcalde de ese momento, Jaime del Castillo, el periódico Últimas Noticias  y una empresa licorera que producía el afamado “Paico”, un tipo de licor hecho a base de la planta medicinal prehispánica paico, organizaron las serenatas en La Ronda, una calle empedrada en el centro histórico. 

Desde ese año, cada 6 de diciembre, en la ciudad se realizan juegos tradicionales como el juego del Cuarenta, un juego de mesa con barajas y con dichos populares quiteños.  También se realizan bailes, serenatas o veladas. 

Se solía elegir una reina de la ciudad. Sin embargo en el 2019, la elección dejó de hacerse con fondos públicos porque la administración del alcalde de ese entonces, Jorge Yunda, consideró que la elección reproducía “roles de género” y estereotipos. La organización del evento, bastante anacrónico para el siglo XXI, pasó a manos de una organización privada y el evento cobró una importancia secundaria —como se han venido convirtiendo la mayoría de este tipo de concursos. En 2020, no hubo elección por la pandemia del covid-19.  

Otro evento tradicional son las carreras de coches de madera. En esta competencia, pequeños coches elaborados artesanalmente piloteados por una o dos personas por las empedradas y empinadas calles de Quito. En Quito también se realizaban las famosas y polémicas corridas de toros, pero fueron suspendidas desde 2012, pues en una consulta popular del año anterior, los quiteños votaron que no querían espectáculos públicos en los que murieran animales. Para muchos devotos de las fiestas y tradiciones quiteñas, el fin de las corridas significó un debilitamiento de las fiestas fundacionales de la ciudad; para activistas animalistas, fue un triunfo. Hasta hoy, se realizan presentaciones artísticas como conciertos de cantantes nacionales  e internacionales. 

 

GK
(Ecuador, 2011) Periodismo que importa sobre lo que te importa.