¡Hola!

Ayer no te escribí porque era día libre en la COP y aproveché para descansar un poco. Pero aquí estoy de nuevo y tengo algunas cosas que contarte.

Voy a comenzar confesando que hoy me escapé (un rato) de la COP. Hace algunos días vi que había una exposición del artista británico Michael Pinsky llamada Pollution Pods —sobre contaminación ambiental— que estaba en la ciudad justamente por la COP y decidí ir a verla. 

En medio de un plano terreno de césped verde, al lado de un hospital, hay cinco grandes domos blancos como invernaderos, que parecen sacados de una película de ciencia ficción en la que los humanos empiezan a poblar Marte. Entre ellos hay pequeños túneles que los interconectan. 

salud y cambio climático

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Cada domo representa la calidad de aire de una ciudad del mundo. La primera ciudad que visitas es Trondheim, la tercera más poblada de Noruega. Incluso con la mascarilla puesta, se siente un aire más ligero que el de afuera, tiene un olor prístino, casi como de hospital pero no tan artificial. Se siente fresco, como cuando sales de la ciudad y vas a un valle vacío sin muchos árboles, pero mucho aire puro. 

En los domos hay pantallas que muestran lo que se llama el Índice de la Calidad del Aire (ICA) de la ciudad a lo largo del año. Por lo general, en Trondheim, los números no cambian mucho, permanecen por debajo de 20, que según una de las voluntarias que están en el lugar explicando a los visitantes cómo funciona la exposición, significa que la calidad de aire es buena. “Si sube de 20, ya no es aire de buena calidad y significa que hay problemas”, me dijo cuando le pregunté qué significaban los números de la pantalla cuando recién entré. 

Ahora que he hecho un poco más de investigación sobre ese dato, sé que no es 20 sino 50, pero igual es una barrera que muchas ciudades superan. El ICA mide contaminantes como las partículas en suspensión (PM2,5 y PM10), el ozono troposférico (O3), el dióxido de nitrógeno (NO2) y el dióxido de azufre (SO2). Hay seis niveles entre 0 y 500, así el aire es:

flecha celesteOTROS CONTENIDOS SOBRE LA COP 26

  • Bueno: cuando está entre 0 y 50.
  • Moderado: cuando está entre 51 y 100. 
  • Dañino para la salud de grupos vulnerables: cuando está entre 101 y 150.
  • Dañino para la salud: cuando está entre 151 y 200.
  • Muy dañino para la salud: cuando está entre 201 y 300.
  • Peligroso: cuando supera los 300. 

El siguiente domo fue Londres. Apenas entré me dieron ganas de toser. El aire se sentía raro, definitivamente diferente al anterior, pero se podía respirar. Se veía también un poco turbio, como si hubiera smog, pero no tanto. Según la pantalla, la calidad del aire fluctuaba entre 55, 70, y en algunas épocas del año, hasta 140 y más. 

Para lo que vino después, no estaba preparada. La siguiente ciudad fue Nueva Delhi, capital de India. Hasta ahora me duele la cabeza después de haber entrado allí. Primero, olía muy mal y, además, no se veía casi nada.

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Era como si me hubiera metido a una nube de smog. Incluso con mascarilla, sentía algo en la garganta y quería salir lo más rápido posible. La pantalla mostraba que el índice de la (mala) calidad del aire no bajaba de 300 y lo más alto que vi fue 329, pero había picos más altos.

Fue tan feo que llegar a Beijing, una de las ciudades más contaminadas del mundo, fue como un golpe de aire fresco, que no era aire fresco. “Huele mal, horrible”, escribí en mis notas y lo subrayé tres veces. Pero por lo menos se veía menos turbio y la sensación incómoda en la garganta se me fue. Según los datos de la pantalla, la calidad de aire no era muy distinta a la de Nueva Delhi: fluctuaba entre 190 y 250, pero también había picos que llegaban a los 364.

El último domo es Sao Paulo, la gran ciudad brasileña. Olía como agrio y rancio (no sé si los olores puedan describirse así, pero así se sentía). Pero al menos, se podía respirar. El índice de la calidad de aire, en promedio, no superaba los 50, aunque había picos más altos también.

Cuando salí de Sao Paulo de vuelta al aire de Glasgow, solo respiré profundo y me senté un rato a pensar y escribir en mi cuaderno las reflexiones que me quedaron de esa experiencia. La más importante es que hay una relación muy fuerte entre la contaminación, el cambio climático y nuestra salud que muchos ignoramos o creemos que no tiene un impacto fuerte porque no siempre lo sentimos de inmediato. Sin embargo, ya hay mucha evidencia que demuestra cómo la contaminación nos enferma más

Y solo para no quedarme con las dudas busqué cuál es la calidad del aire de Quito, mi ciudad, y encontré que es de 57. Es decir, es moderada, no está en un nivel peligroso de contaminación todavía, pero no es ideal. Según una guía del municipio quiteño, la calidad del aire es óptima si está por debajo de 50. (Si quieres chequear cuál es la calidad del aire en tu ciudad, encontré este sitio que me encantó.) 

Ya de vuelta en la COP26, en un panel sobre las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) saludables en América Latina, varios expertos en cambio climático y salud explicaron cuáles son los efectos de la crisis climática en la región. Y lo que dijeron es preocupante. Por ejemplo, por la mala calidad del aire, hay cada vez más enfermedades respiratorias. Marina Romanello, investigadora del Lancet Countdown —una iniciativa que trabaja para garantizar que la salud esté en el centro de cómo los gobiernos responden al cambio climático— dijo que en el mundo 3,3 millones de personas murieron en 2020 por la contaminación del aire

Además, dijo, hay más casos de enfermedades vectoriales, como el dengue, por las temperaturas extremas. Hay mayor vulnerabilidad a enfermedades como la desnutrición por la inseguridad alimentaria generada por el aumento de las sequías o eventos climáticos extremos como huracanes e inundaciones. (Puedes ver más datos sobre cómo el cambio climático afecta a la salud en el mundo en esta herramienta de The Lancet Countdown).

Y si este tema te sigue pareciendo algo lejano, solo piensa en Ecuador. ¿Te acuerdas de lo que dijo el ministro Manrique en la entrevista? Ocho de las nueve cuencas hidrográficas del país vienen de páramos. Imagínate qué pasaría si se pierden los páramos, ¿crees que la calidad del agua en Quito, que ahora es casi del 100%, será la misma? ¿Crees que si el agua baja de calidad nuestra salud va a seguir siendo la misma? No. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que el agua contaminada está relacionada con la transmisión de enfermedades como el cólera, la hepatitis A, la fiebre tifoidea, la poliomielitis y otras. 

En el panel que te conté, un representante de la Organización Panamericana de Salud (OPS) dijo que era urgente que los países creen sistemas de gobernanza ambiental enfocados en salud. Esperemos que Ecuador tome en cuenta esta urgencia. 

Pero también nos contaron una buena noticia. Al parecer, mañana varios países van a anunciar su compromiso para incluir a la salud en los planes contra el cambio climático. Nos dijeron que va a ser la primera vez en la historia que la presidencia de la COP hablará de salud en la cumbre.

Hoy también estuvo en la COP26 el ex presidente estadounidense Barack Obama. Su llegada hizo que en 3 segundos se genere una gran aglomeración y dada mi gran estatura esta es la foto que pude tomar del momento. 

salud y cambio climático

Obama vino a la COP para hablar sobre el rol de los países más ricos y desarrollados en la atención del cambio climático que ya está afectando a países del sur global como Ecuador. El ex presidente de Estados Unidos dijo que países como el suyo, además, son responsables de hacer el problema más grande, por lo que tienen una responsabilidad mayor en asistir a los más vulnerables.

Para la atención de daños provocados por el cambio climático, hoy además varios gobiernos se comprometieron a movilizar 232 millones de dólares para el Fondo de Adaptación, que servirá para implementar programas para ayudar a los países más vulnerables a los efectos del cambio climático a adaptarse a estos cambios. 

Finalmente, pero no menos importante, te cuento que ya se presentó el documento donde están los posibles elementos del acuerdo de la COP26, pero son mediocres. Son solo un montón de puntos con cosas que ya sabemos como que tratar la adaptación al cambio climático es de vital importancia o que hay una brecha entre los recursos que se necesitan versus los que hay. También se dice cosas muy obvias como que es “urgente” aumentar los flujos financieros para ayudar a los países en desarrollo o que hay que reconocer que el aumento de las pérdidas y daños debido al aumento de las temperaturas.

El documento solo ha indignado a decenas de observadores de varias organizaciones. La verdad es que deja mucho que desear porque la COP26 había sido vendida como la conferencia que cambiaría el futuro de la humanidad. 

En el documento no hay detalles sobre cómo se planea implementar la reducción de los combustibles fósiles, hasta cuándo se podrán actualizar los planes climáticos de cada país para que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero, ni cómo se va a financiar la lucha contra el cambio climático (los expertos dicen que si esto en particular no se define, la COP26 será oficialmente un fracaso). 

Aún quedan cuatro días más de conferencia en los que se deben tomar decisiones urgentes para frenar el cambio climático. Así que esperemos que las cosas cambien. 

Hoy quiero despedirme contándote una buena noticia para GK. ¡Desde hoy tenemos sitio nuevo y me encanta! Te invito a visitarlo y a leer nuestros nuevos contenidos. Y (otra vez) si quieres que más gente esté enterada de las decisiones importantes que se deberían tomar esta semana en la COP26, invítalos a suscribirse a este newsletter

Doménica Montaño
(Quito) Reportera de GK. Cubre medioambiente y derechos humanos.