Esto es Mi hamaca en Marte, una reflexión semanal sobre el futuro de la humanidad escrita por el editor general de GK, José María León. 

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¡Hola, terrícola! 

Hoy el Ecuador amaneció con una segunda medalla de oro olímpico en Tokyo 2020. Es la tercera de toda su historia y la primera que se cuelga alrededor del cuello de una deportista mujer. Sin duda, los deportistas ecuatorianos, aun con todas las adversidades que enfrentan, están en un gran momento. 

Esto me hizo recordar que, hace poco más de un año, hablamos sobre cómo los deportes electrónicos iban ganando terreno y que se perfilaban como el futuro de los eventos deportivos. Esto, decía en julio de 2020, generaba algunas críticas entre los deportistas olímpicos. Recordaba a Nicole W. Forrester, una ex atleta olímpica y ahora investigadora académica en la Universidad de Ryerson, que dijo que incluir a los jugadores de eSports iba en contra de los principios del Comité Olímpico Internacional de “promover una sociedad activa. 

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Sarah Walker, medallista de plata en BMX en Londres 2012, dijo que “si me sintiera inspirada a ser una [gamer], mi primer paso sería irme a la casa y sentarme en el sofá”. No sé qué pienses tú, pero creo que ambas tienen un punto válido: el deporte ha sido siempre físico. Pero, ¿quién dice que no puede adquirir nuevas dimensiones en una realidad que, como decía la semana pasada, cada vez se llena de —precisamente— nuevas dimensiones?

Más allá de eso: los deportes electrónicos ya llegaron a las olimpiadas. No son aún un deporte olímpico como tal, pero este año ya hubo un evento oficial olímpico de deportes electrónicos: la Serie Virtual Olímpica

Se desarrolló entre el 13 de mayo y el 23 de junio de 2021. Según Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), el órgano rector de los juegos, la serie fue “una experiencia digital olímpica nueva y única que tiene como objetivo aumentar el compromiso directo con nuevas audiencias en el campo de los deportes virtuales”. Es toda una declaración de intenciones —y una aceptación de la realidad: el Comité sabe que el mercado del gaming ha crecido de forma sostenida en la última década, precisamente cuando los deportes electrónicos empezaron a organizarse. Este año, la industria atraerá a casi 500 millones de espectadores y generará más de mil millones de dólares en ingresos.

Ante ese panorama, el COI parece aplicar el viejo adagio de “si no puedes contra ellos, úneteles”. En la Serie que se jugó entre mayo y junio pasado, hubo béisbol, ciclismo, remo, vela, y deportes de motor (que, curiosamente, no son un deporte olímpico en el sentido tradicional) —sé para muchos fans de los videojuegos puede ser un poco decepcionante pues quizá esperaban que las disciplinas sean Fornite, Minecraft o los ya más tradicionales Call of Duty o Fifa 2022. La serie fue más una réplica de ciertos deportes tradicionales llevados al espacio virtual. 

El Comité dijo que hizo alianzas con grandes empresas de la industria de los videojuegos para desarrollar las competencias. Por ejemplo, para las carreras de autos, los concursantes jugaron un juego de la icónica serie Gran Turismo. Las reglas las puso la Federación Internacional de Automóviles (la FIA).

Lo mismo pasó con las otras disciplinas. La Confederación Mundial de Béisbol y Softbol y la empresa de videojuegos Konami Digital Entertainment crearon el eBaseball Powerful Pro Baseball 2020, utilizado para la competencia de este deporte. El ciclismo recurrió a Zwift, la popular aplicación de ciclismo estático. La Federación Internacional de Vela, a Virtual Regatta SAS, que tiene un simulador de regatas. 

Un dato curioso: la inclusión de los deportes electrónicos podrían abrirle la puerta olímpica al ajedrez, siempre rechazado de las Olimpiadas porque el COI nunca lo ha considerado un deporte por su falta de movilidad corporal (que en los esports es la regla) —pero bueno, esa es otra discusión. 

Cuando se anunció la creación de la Serie Virtual Olímpica, no se especificó si sus ganadores tendrían medallas de oro, plata y bronce como los competidores tradicionales. Pero ya en los juegos, se entregaron diplomas alusivos a la Serie. De todas maneras, ver a cuatro adolescentes sentados en unos cómodos sillones mientras, por ejemplo, controlan unos avatares que batean, se caen y completan homeruns me pareció más cercano a la parodia que al deporte. 

Yo sé, quizá estoy volviéndome viejo. Estamos hablando de una industria que en total mueve más de 77 mil millones de dólares y, como dice esta nota de The Economist, “ya no son solo entretenimiento. Muchos juegos son más algo entre un deporte y una red social”. Quizá de verdad no estemos lejos de ver el día en que las personas sentadas en esos sillones reciban las pesadas y hermosas medallas olímpicas. 

Pero esta mañana, viendo a Neisi Dajomes llorar y gritar de emoción tras levantar esas monumentales piedras y arrodillarse, como quien se arrodilla ante un altar, ante el objeto de su triunfo, pensé en la potencia de sus brazos y la fuerza de su carácter. Su celebración en el podio, dedicada a su madre y a su hermano, muertos en 2018 y 2019, quebró a todo el mundo. “Un impresionante espíritu humano, sin importar de qué país es y qué haga ella. Lloré”, me escribió uno de mis colegas del New York Times. Quién no. Dudo que pueda llegar a emocionarme tanto viendo a los jóvenes de camisa y asientos apoltronados que compiten en los deportes electrónicos.