El 16 de marzo de 2021, Ecuador cumple un año de vivir, oficialmente, la pandemia del covid-19. Cuatro días antes, los centros infantiles, las escuelas, colegios, universidades dejaron de dictar  clases y atención presenciales.

Marcela Santos, experta en educación a la primera infancia y docente de la la Universidad Casa Grande de Guayaquil, dice que uno de los grupos que sufrió más durante este año de encierro fue la primera infancia, niñas y niños de 0 a 5 años. 

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En esta entrevista, Santos detalla cómo estos primeros años son cruciales para el desarrollo de los seres humanos y cómo el encierro, la crisis económica, la falta de socialización, entre otros, alteraron este ciclo de demasiados niños y niñas.

¿Cómo afectó la pandemia el crecimiento de los niños de 0 a 5 años? 

Se afectaron muchos campos.  La etapa de los niños desde que nacen hasta los 4 o 5 años, es  fundamental para su aprendizaje, y dentro de ese aprendizaje uno de los elementos fundamentales es la socialización: cómo interactuar con nosotros (los adultos cercanos), cómo relacionarse con niños de su edad y con adultos fuera de su familia. 

Todo ese amplio e  importantísimo campo de la socialización se vio afectado porque estuvieron solo en un núcleo cerrado, rodeados solo de  su familia. A eso hay que sumarle  situaciones de pobreza en los hogares donde la situación se complica aún más porque esa madre, padre o abuelo tienen  preocupaciones y estrés por  la situación económica: cómo alimentarse, si perdieron o no el trabajo. 

También sabemos que en esta pandemia se agudizaron las agresiones a las mujeres y a los niños. Eso fue parte del drama que vivieron que seguramente siguen viviendo muchos hogares, en especial al principio con el confinamiento. 

Otro campo que se ha visto afectado para los niños más pequeños es el aprendizaje porque perdieron la oportunidad de ir a centros infantiles o centros educativos. No quiere decir que la perdieron a un 100% porque siempre hay aprendizaje y los niños tienen una capacidad increíble de aprender, pero dejó de haber ese aprendizaje guiado y orientado. Allí tenemos otra situación de desventaja de los niños. 

El tema de la nutrición también se afectó en el caso de los niños que asistían a centros infantiles públicos porque allí recibían sus raciones alimenticias. En ciertos casos, el gobierno pudo resolver este tema de entrega de alimentos en los hogares (pero en otros no).

¿Qué tan importante es la nutrición que recibían los niños que asistían a los centros infantiles? 

Es importante que reciban una nutrición adecuada. No recibir las cinco comidas diarias (algo que tenían en los centros públicos) y no recibirlas de manera adecuada produce un efecto negativo. Uno de los indicadores fundamentales dentro del desarrollo infantil es el crecimiento y nutrición. El niño con menos nutrientes de los que necesita puede llegar a desarrollar desnutrición crónica que lamentablemente en nuestro país está sumamente arraigada, porque ya son más de 10 años que los gobiernos intentan superar este estado de desnutrición, pero no lo logran. Eso tiene un efecto en el aprendizaje, en el desarrollo cognitivo, de lenguaje, desarrollo socioafectivo, la psicomotricidad. Definitivamente una desnutrición afecta al desarrollo global del niño. 

El tema de la nutrición no es solamente dar las cinco ingestas diarias, eso lo digo porque nosotros manejamos dentro de la comprensión del desarrollo infantil, tres elementos: desarrollo, aprendizaje y bienestar. 

Si yo pretendo resolver el problema de la desnutrición solamente dando de comer a los niños, voy a tener un efecto limitado. Bienestar quiere decir que el niño debe sentirse bien, protegido, amado, sentir que sus necesidades son atendidas. Los niños tienen una capacidad  innata de explorar. Y un niño sano hace eso, un niño que está desnutrido no tiene la necesidad de querer conocer el mundo. Todos esos elementos van de la mano. 

¿Por qué es importante que los niños mantengan relaciones con otros niños y aprendan junto a otros niños? Algo que se vio definitivamente alterado en este año de pandemia.

Comparemos  a  un niño que acaba de llegar al mundo con un adulto que llega a un país diferente, donde no conoce nada, ni su lengua, ni el clima, y se  siente desadaptado y desorientado. El niño ha venido a este mundo y los referentes para poder aprender son los otros. Al principio, esos otros son su mamá, su papá, una abuelita o hermanos. De esa manera, en la relación con esos otros, el niño va aprendiendo a relacionarse, a reírse, a ponerse bravo, cuándo pedir, cuándo saber que no puede ir más allá. 

A partir de los 3 años se considera que es importante que los niños expandan ese primer núcleo tan pequeño que es la familia. Y que el niño esté al lado de otros niños igual que él para saber cómo relacionarse, para saber que él no es el centro de todas las atenciones. Así aprende las normas, aprende hasta dónde puede ir y qué cosas no puede hacer. En esa interacción, el niño va descubriendo el mundo, comprendiendo cómo funciona, que las cosas se caen, que las personas le pueden hacer daño. Todo eso es el aprendizaje en la socialización. 

¿Cuáles serán las consecuencias de no haber socializado en este tiempo de encierro por la pandemia? 

Una consecuencia es el menor desarrollo de habilidades sociales. No necesariamente esto va a ser drástico a lo largo de la vida pero sí es importante saber que cuando el niño vuelva a la escuela, porque va a volver en algún momento, va a tener un choque de no haber estado en contacto con otros niños previamente. Esto sucede siempre cuando el niño va por primera vez a su escuela o centro infantil, sin o con  pandemia. En ese momento toma relieve porque muchos niños que ya debieron haber  ido a su centro infantil o a su preescolar, no lo han hecho por las restricciones. Entonces tenemos niños que con 5 años recién van a ir por primera vez a la educación básica, y van a tener una diferencia con aquellos niños que sí han podido socializar más (porque fueron previamente a preescolar). 

No hay verdades escritas en piedra. Si bien es importante que los niños socialicen y que tengan pares, no significa que en la familia no pueda socializar. Pero sí es importante saber que la familia siempre necesita redes de apoyo, y una de esas son los centros infantiles, que han estado presentes de manera alejada durante este año de pandemia. 

¿Por qué son trascendentales los primeros cinco años de vida? 

Realmente son importantes los primeros cinco años y los meses de gestación —que se considera la primera infancia— por el desarrollo del cerebro. Sabemos por avances en la Neurociencia, que en esta etapa el desarrollo cerebral es intenso, que hay una gran cantidad de conexiones neuronales, que se junta una neurona con la otra y en ese recorrido se produce el aprendizaje. Mientras más haya ese recorrido, más se refuerza el aprendizaje que tiene que ver con el desarrollo sensorial. 

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Lo primero que hacen los niños recién nacidos es mirar a todo lado, escuchar, buscar de dónde vienen los ruidos. También aprenden a tomar sentir y oler. Sobre la base del desarrollo sensorial viene el desarrollo del lenguaje, desde los primeros meses, y es importante saber que el lenguaje no solo es hablar. El lenguaje es comunicarse y comprender señales.  

Luego viene el desarrollo cognitivo. Si nosotros vemos las curvas de aprendizaje, vemos que las más altas son las del desarrollo sensorial, del lenguaje y cognitivo que se dan hasta los cuatros años. Eso no quiere decir que luego el niño no aprenda, pero significa que ese momento alto de la curva, es el que tenemos que aprovechar para que el niño aprenda más. El aprendizaje es a través de experiencias como jugar, cantar, reírse, que sus padres o sus cuidadores lo abracen, que pueda intentar hacer cosas sin que le digan no, sin que le griten o lo castiguen. 

Este es un tema poco hablado pero desde la maestría en Primera Infancia de la Universidad Casa Grande, hemos querido difundir todas las investigaciones que hemos hecho, que se han quedado restringidas al medio académico o a la universidad. Entre el 15 al 17 de abril, haremos el Primer Encuentro Internacional de Primera Infancia que será virtual con docentes y expertos en primera infancia para hablar de estos temas. 

Unicef y varias organizaciones sociales promueven el regreso a las aulas de forma segura ¿Cuál es su opinión de que los niños y niñas más chicos vuelvan a asistir  a centros infantiles? 

Yo había estado dudosa, no entendía porque un organismo internacional está promoviendo la reapertura. Pero tuve la oportunidad de estar en una charla internacional, donde se presentaron investigaciones sobre cómo se comporta el covid-19 en niños. Lo que se pudo ver en esas investigaciones en dos países diferentes es que en niños menores de cinco años, el contagio es muy bajo. Otra cosa muy interesante que no se sabe el por qué, es que el contagio se da entre niños, es decir, un niño de tres  años contagia a su compañerito de tres  años pero contagia en mínima medida a su profesora que es adulta. 

Para mí este es un argumento fundamental para decir que  es posible que volvamos a la presencialidad con los niños más pequeños. No es que el riesgo sea cero porque siempre va haber un riesgo pero en todo caso es mínimo. Con esa base científica yo estoy de acuerdo con esto que está planteando Unicef, que plantea también el BID que trabaja temas de primera infancia. 

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Pero como ecuatoriana sí veo que desconfiamos mucho de nuestras instituciones, no solamente las del Estado, sino en general. Entonces la primera reacción es ‘no estamos preparados, nuestros niños se van a contagiar, el Ministerio de Salud no va a poder, el Ministerio de Educación no va poder, el MIES no va a poder’. Es importante no solo trabajar en abrir las escuelas sino en recuperar la confianza.