Al menos siete mujeres, todas funcionarias o exfuncionarias de la Secretaría de Salud, entonces dirigida por Lenin Mantilla, denunciaron que habían sido víctimas de malos tratos en esta entidad pública. La misma semana en que se publicó este reportaje con los testimonios de las mujeres, Teleamazonas denunció presuntos actos de corrupción cometidos por Mantilla, y el alcalde de Quito, Jorge Yunda, anunció la separación del cargo del funcionario. 

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En una rueda de prensa respondió al reportaje de Teleamazonas y durante varios días habló sobre los supuestos actos de corrupción. Sobre lo que no dijo nada fue sobre las mujeres que habrían sido maltratadas durante meses por Mantilla, incluso a pesar de que la Fiscalía abrió una investigación por estos hechos —aunque ni siquiera haya avanzado en la toma de versiones de las mujeres.

Desde entonces, han pasado casi tres meses y el silencio de Yunda ha sido elocuente. El hombre —que en su discurso de posesión dijo que quiere “trabajar para eliminar la violencia de género”— guardó total silencio cuando tuvo la oportunidad —y la obligación ante sus mandantes—  de tomar una postura pública. 

En el momento en el que su administración pudo establecer con claridad su postura,  prefirió callar. Así contradijo el golpe de efecto que quiso hacer cuando decidió que el Municipio de Quito no realizaría el concurso de belleza Reina de Quito. Cuando eso ocurrió, Iván Ulchur-Rota decía que la decisión no necesariamente significaba que Yunda se iba a tomar en serio la política de género. Que había que esperar. Eso hicimos. Parece que, en realidad, no se la tomó tan en serio. 

Tampoco parece tomarse en serio la firma del Acuerdo por un Quito sin Violencia de Género, firmado hace apenas ocho meses. “No solamente es un tema de leyes. Es un tema de conciencia, de educación, de cultura “, decía Yunda entonces. No parece recordar tampoco lo que dice su plan de gobierno en el ámbito de salud —el que tendría que ejecutar la Secretaría en la que precisamente se dieron los hechos: gritos, comentarios inapropiados, amenazas con despidos y calificativos peyorativos. En el documento, Yunda proponía “acción comunitaria para la prevención de violencia de género o intrafamiliar”. ¿De qué prevención se trata si es que ni siquiera, al interior de una institución con un funcionario nombrado por él, se pudieron prevenir las agresiones a las trabajadoras y, cuando ocurrieron, Yunda prefirió callar? 


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En una provincia en la que en 2017 registró el mayor número de femicidios del país, 35, según datos de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, CEDHU, el alcalde de su capital, no dice nada. Perpetúa con su silencio la convicción arraigada de que estas violencias son invisibles. Aquellas que, además, se incrementaron durante el período de pandemia. Entre el 12 de marzo y el 22 de agosto de 2020— el Ecu 911, sistema de seguridad integrado, recibió 10 mil 185 llamadas de auxilio por posibles casos de violencia de género en Quito. Esa cifra equivale al 21% de todas las llamadas que se hicieron en ese período a nivel nacional. Pero el alcalde Yunda no dice nada, demostrando que para muchos políticos el silencio se ha convertido en una guarida de la que salen solo cuando ese silencio sirve para engatusar a un electorado.

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Tras la publicación del reportaje, he querido preguntarle al Alcalde sobre este —y otros temas— y he pedido una entrevista, al menos en seis ocasiones. En algunas no he obtenido respuesta, en otras, el director de comunicación me ha dicho que la agenda está “complicada”.

Lo que quizás no nota es que al evitar hablar del tema, está diciendo —con la elocuencia de su silencio— cuánto importan las mujeres en su administración.