Petroecuador anunció que construirá una tubería alterna en el Sistema Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), en el sector San Rafael, en la provincia amazónica de Sucumbíos, para “evitar afectaciones debido a eventos naturales”.  

El comunicado de la compañía, publicado el 14 de mayo, dice que los procesos naturales en la zona del río Quijos —uno de los afluentes de la cascada de San Rafael— “obliga a mantener un monitoreo constante y ofrecer alternativas seguras a la transportación de crudo”. 

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Entre el 6 y el 9 de mayo el río Quijos empezó a pasar por un proceso de erosión regresiva. Este fenómeno, también conocido como erosión remontante, sucede en la parte alta de los ríos. Según Juan Pablo Villacreces, ingeniero civil experto en suelos, este fenómeno pasa cuando el exterior de un río se pega mucho a la ladera. Se puede ver especialmente en las curvas de los ríos porque la velocidad del agua es mayor y arrastra más partículas del suelo. La base del talud se queda sin soporte y hay un hundimiento conocido como socavón. Según Petroecuador, es “un evento erosivo significativo”. 

La zona ha tenido varios hundimientos en los últimos meses. El 5 de febrero la cascada homónima, la más alta del país, se secó por una implosión y un socavón que alteraron su cauce. Dos meses después, otro socavón en el sector produjo que se rompieran las tuberías del SOTE y del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), interrumpiendo el flujo de crudo. 

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A 9 kilómetros de la cascada está la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, la más grande del Ecuador. Cuando se anunció su construcción, en 2010, grupos ecologistas se opusieron porque temían que redujera el caudal del río Coca y que la cascada se quedase sin agua. Lo que sucedió en febrero de este año, aunque las autoridades insistieron en que fue por causas naturales, no por la hidroeléctrica. 

Todavía no se ha comprobado la relación entre la hidroeléctrica y los socavones. “Falta hacer estudios a profundidad”, dice Villacreces. Pero el experto explica que las represas cambian la velocidad del caudal y generan inestabilidad en los márgenes del río provocando hundimientos, como los de la zona de San Rafael. “Desde el punto de vista lógico, están relacionados”, dice Villacreces. 

La nueva variante del SOTE tendrá 370 metros de largo y estará alejada 170 metros del cauce del río Quijos. Según Petroecuador, esto garantizará la integridad de las tuberías del SOTE y del Poliducto Shushufindi – Quito. La estatal petrolera pondrá dos obturadores en los extremos de la línea principal para bloquear inmediatamente el transporte del crudo del SOTE y evitar derrames si los eventos naturales vuelven a afectar su estructura. 

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Un equipo de topógrafos y técnicos de mantenimiento del oleoducto, dice Petroecuador, ya está  trabajando en el diseño y la construcción de la nueva variante. Se usarán 40 tubos de 12 metros de largo y 26 pulgadas de diámetro. Según el comunicado, la empresa pública tiene con el material disponible en sus bodegas y optimizará “los recursos existentes”. La compañía aseguró que hará estudios hidrogeológicos en la nueva variante para “brindar un transporte seguro del crudo ecuatoriano, cuidando el ecosistema”.

Los oleoductos están en una zona demasiado inestable para una obra de ese tamaño. Desde la planeación del OCP, inaugurado en 2003, los expertos lo cuestionaron por encontrarse en la misma ruta del SOTE, considerada de alto riesgo. Es un área sísmica, con frecuentes deslizamientos de tierra y volcanes a su alrededor. A pesar de las advertencias, el Estado ecuatoriano desestimó las observaciones.  “Nadie va a joder al país… el OCP va porque va”, dijo Gustavo Noboa, entonces presidente de Ecuador.