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Más médicos, ¿menos calidad?

El número de médicos en Ecuador es de 22 por cada 10 mil habitantes cuando la OMS recomienda que sean 23. Incluso muy cerca de esa meta, hay una mala distribución de los profesionales y la salud no ha mejorado.
  • médicos en ecuador

    Ilustración de Paula de la Cruz.

Tener más médicos es una buena noticia para un país, pero no siempre es sinónimo de mejor atención. Según el Ministerio de Salud, existe una tendencia creciente en cuanto al incremento de los médicos. En el 2016 hubo 21 por cada 10.000 habitantes. Cuatro años más tarde, la cifra subió a 22. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que sean 23. Parecerían, en verdad, buenas noticias. 

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“El gran problema es cómo están distribuidos los médicos”, dice el investigador Rodrigo Henríquez. Muchos están en grandes ciudades; en otros casos hay una alta concentración en ciudades pequeñas o áreas rurales. Esa mala distribución podría generar brechas de calidad en la atención. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Inec), en provincias como Morona Santiago hay un promedio de 30,63 médicos por cada 10 mil habitantes; en otras como Guayas, hay 20,83. Pero la diferencia es que en Morona Santiago tiene cerca de 192.301 personas mientras que en Guayas hay casi 23 veces más gente que en Morona Santiago. En el caso de existir un incremento de médicos en Ecuador, dice Ortiz, no afectaría negativamente al sistema de salud, “pero el problema es que están concentrados en Quito y están concentrados en las urbes, no en la zona rural”. La falta de médicos es uno de los factores —aunque no el único– que puede afectar la salud de las poblaciones no urbanas. 

La principal razón detrás de la mala distribución de los médicos en Ecuador, dicen los expertos, es que las ciudades más grandes ofrecen mejores salarios, acceso a servicios básicos y, por tanto, mejores condiciones de vida. “En Quito y en Guayaquil tienes todas las prestaciones necesarias” dice el  investigador médico Esteban Ortiz. “Ya acabaste tu especialidad, ¿te vas a regresar al Puyo? Tal vez ganarías más o menos, pero no te da las condiciones necesarias para decir yo quiero vivir aquí”, dice Ortiz. Además, en las principales ciudades existen los equipos necesarios para garantizar el trabajo de los doctores. Ortiz explica que enviar a un médico especializado a trabajar en, por ejemplo, la provincia amazónica de Pastaza haría que “se convierta muy probablemente en un un profesional subutilizado” porque el hospital al que fue destinado no cuenta con los recursos necesarios para el trabajo de un especialista.  

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Otro de las grandes discusiones sobre la relación médicos por número de habitantes en el Ecuador es la cantidad de profesionales por especialidad. Pediatría, Ginecología y Obstetricia ocupan el primer y segundo lugar con mayor número de especialistas en el país. 

Solo en 2017—el dato más reciente que se tiene— se calculó que hay 1.980 pediatras y 2.076 ginecólogos y obstetras. “Nos faltan médicos familiares, de emergencia, de terapia intensiva, y nos faltan también en algunas especialidades muy concretas”, dice Rodrigo Henríquez. Existe inequidad en las especializaciones. A diferencia de lo que sucede con pediatras, obstetras y ginecólogos, en todo el Ecuador hay solo 1.387 especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria, según datos del Inec. Lo ideal es “tener al menos un médico especialista en medicina familiar por cada 1.500 habitantes” dice Henríquez. La brecha es enorme. 

La especialidad de Medicina familiar es mucho más importante de lo que podría suponerse porque el médico se encarga de prevenir enfermedades, diagnosticar y tratar a los pacientes para que no se compliquen sus dolencias. Y en caso de ser necesario, el médico familiar debe remitir al paciente a un especialista. Pero, explica Ortiz, esto no sucede en nuestro país por una falta de cultura de médica de prevención. “Ecuador se daba el lujo de tener en los centros de salud pediatra, ginecólogo, médico general, a veces incluso cirujanos que no tenían dónde operar pero que estaban en un centro de salud”, dice Henríquez. Cuando un servicio de salud funciona de manera correcta debería tener en sus centros de salud uno o varios especialistas en medicina familiar. 

En países como Irlanda las personas acuden en un primer momento al médico de cabecera o médico familiar. Y en algunos casos,  los pacientes son referidos para su tratamiento secundario. Aquellos que asisten a los departamentos de emergencia sin ser remitidos por un médico de cabecera pagan 100 euros. Pero Ecuador no: muchas personas con casos que no son graves se saltan el primer nivel de atención —el del centro de salud— y acuden directamente a hospitales que deberían atender solo especialidades generando un cuello de botella. 

Tener muchos especialistas puede ser algo bueno. Pero una sobreoferta de especialistas puede llevar a la precarización del trabajo de miles de doctores. Al no haber trabajo, es muy probable que acepten cualquier tipo de condiciones. Lo que a la larga reduce la calidad del sistema de salud en la población. 

En países como México, por ejemplo, varios médicos han organizado marchas por la precarización del sector de la salud. Muchos no encuentran trabajo o, si lo encuentran, son mal pagados, por lo que se ven obligados a tener más de un empleo. Datos del Colegio Médico de México indican que cada año se gradúan 20 mil pero apenas el 3% llega a trabajar en un hospital público. Y, sin embargo, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que faltaban médicos en su país. El secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, dijo que faltaban médicos generales y enfermeras, cuando en realidad sobran médicos generales, según Vladimir Román, representante del Movimiento Médico Nacional. La posibilidad de una sobreoferta y precarización del trabajo de los doctores es real. Si no hay un control adecuado, el Ecuador podría vivirla en primera persona. 

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En el Ecuador, la carrera de Medicina es la segunda con mayor número de títulos registrados después de Administración de Empresas: solo en 2018, se registraron 12.335, según la Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud y Medicina Prepagada. En 2016 y 2017 hubo 11.044 y 15.350 títulos registrados.  

El aumento se refleja en el número de jóvenes bachilleres que postularon para esta carrera. Según la Secretaría Nacional de Educación Superior Ciencia y Tecnología (Senescyt) el 9,67% del total de las postulaciones para un cupo universitario del año pasado eran para una plaza en la carrera de Medicina, convirtiéndola en una de las de más postulaciones: 11.378. Administración de Empresas tuvo 13.819, y Derecho, 8.586. 

La demanda ha sido tan alta que el puntaje mínimo para ingresar a Medicina en la Universidad Central es 988 sobre mil. Para Derecho, es de 951 sobre mil, y para Administración de Empresas, 862. El aumento del puntaje entre una carreras y otras responden a la demanda.

El número de universidades que ofrecen la carrera también es un problema. Según la Comisión Permanente de Universidades y Escuelas Politécnicas del Ecuador, hay 24 universidades en el país que la tienen dentro de su oferta educativa. Quito, Guayaquil y Cuenca concentran la mayor cantidad de universidades con carreras de medicina. De las 24, seis están en Quito; dos en Guayaquil, una en Samborondón; tres en Cuenca; dos en Portoviejo y uno en Manta. 

Sin un control y coordinación entre las autoridades de educación como la Senescyt y las autoridades de salud, como el Ministerio de Salud Pública, es muy probable que haya sobreoferta. “Si en un país que no tiene plazas de trabajo para profesionales médicos, todos quieren hacer medicina, vamos a terminar con un montón de gente desempleada que no responde a las necesidades de salud de la población”, dice Henríquez. El Ministerio de Salud dice que a través de la Comisión Interinstitucional para Temas de Salud está analizando “los mecanismos de oferta de las carreras de las distintas carreras de salud en especial de medicina, con la finalidad que no exista ‘sobrepoblación’ de médicos” en Ecuador.

Parece que el aumento desproporcionado de profesionales de la salud podría ser un escenario no muy lejano. En ese caso, dice el Ministerio de Salud, el Consejo de Educación Superior y la Senescyt deberán ordenar la reducción de la oferta de la carrera, reducción de cupos e, incluso, declarando una moratoria para “garantizar la empleabilidad de los médicos”. 

La falta de políticas públicas para regular la oferta de pregrados y posgrados en Medicina también es una discusión pendiente para lograr no solo un número adecuado de médicos en Ecuador, sino una buena distribución, tanto geográfica como de especialidades. 

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Sin ellas, el país no está lejos de tener muchos médicos desempleados y vacíos de atención en ciertas especialidades. La calidad de la salud no depende solo de tener más médicos, sino de mejores inversiones y más organización entre instituciones de formación profesional y de salud pública. Dejar que el sistema de salud —y su mercado de formación y laboral— funcione solo, sin ningún tipo de coordinación regulada, podría opacar el hecho de que Ecuador logre llegar a los 23 médicos por cada 10 mil habitantes que recomienda la OMS.

Ana Cristina Basantes
(Ecuador 1995) Periodista de GK. Cubre la migración de mujeres y niños desplazados por la crisis humanitaria venezolana, y conduce una serie de videos sobre la vida de los pueblos amazónicos del Ecuador.