Lo que hay en el fondo de la laguna
"Mucho antes de que los botecitos de pedal llevaran parejas de enamorados y turistas despistados, antes de que los trotadores salieran a su rutina de cardio y antes del piso plástico, existía allí un humedal gigantesco, antigua: la laguna de Iñaquito."
Artilugios de la seguridad
"Si no es el perro, es la cadena. Si no es la cadena, son unos vidrios rotos. Si no son unos vidrios rotos, es el megáfono. Si no es el megáfono, es la cámara. Y si no es la cámara, un ojo humano mira por oficio: el wachimán que, en su versión más formal, es el señor guardita."
Platitos hechos de aire
"No hay casa en esta ciudad donde no se haya guardado algo en una tarrina de plástico: todos fuimos el nieto que abrió la tarrina de helados en la heladera de la abuela solo para descubrir que era caldo de pollo congelado"

Pastores urbanos
"Acá hay un poco de ese ritmo: una caminata sin propósito claro, más parecida al vagabundeo que a la marcha"
De este agave no beberás
"Cada una de sus hojas se pliega con la misma invisible persistencia con que pliega la gravedad el mismísimo espacio-tiempo".
El pasaje Amador, curioso artefacto urbano
"Quizá en uno de sus pisos que se enroscan sobre su propio eje podríamos encontrar a nuestros abuelos, caminando no como fantasmas, sino tan vivos y jóvenes y bellos como fuero"
Llamar al pasado
Alzar el auricular y encontrar que aún dan tono, que si se mete una moneda en otro, se puede marcar, es un regalito inesperado, una amable sorpresa.
Irse a volver
"Quizá las estaciones, en realidad, no sean sitios de encuentro, sino de fractura"
Una espera es un abrazo
"Dos de ellas prenden un sahumerio, como invocando la protección que el Estado les niega, como queriendo purificar un país aún desigual, aún violento, aún machista."
Quito, escalera al cielo
La estructura esencial de esta ciudad es una escalinata que lleva al paraíso. No es de extrañarse, entonces, que la capital esté llena de miles de otras gradas.
Esos puestitos del Centro
Se conocen como "cajoneras" y han estado en el Centro Histórico de Quito por siglos
Un hombre no recuerda su edad, pero no olvida dar de comer a las palomas
Pasando un día, Mario Alonso, un jardinero desempleado, alimenta a las palomas de la Plaza del Teatro.














