El 29 de junio de 2024, el Ejército anunció el fallecimiento de la subteniente Aidita Ati Gavilanes.  Su cuerpo fue encontrado esa mañana, en su habitación, con signos de asfixia. Ati vivía en el Fuerte Militar Napo, en la provincia amazónica de Orellana. La Fiscalía inició una investigación contra cuatro militares, y los procesará como autores y coautores del delito de femicidio. 

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Según el reporte inicial del Ejército, la causa de la muerte fue por “asfixia producida por una obstrucción de vía aérea mientras dormía”. 

El 30 de junio de 2024, el Ejército ecuatoriano dijo que 18 personas de la institución fueron retenidas durante 8 horas para investigar los hechos y circunstancias que condujeron a la muerte de la subteniente. La Fiscalía dijo que comenzó diligencias y aplicará un protocolo de investigación para femicidios.  

La Fiscalía pidió prisión preventiva para los cuatro sospechosos. Pero en la audiencia de formulación de cargos, la misma tarde del 30 de junio, una jueza especializada en violencia contra la mujer dictó medidas alternativas a la prisión preventiva para cuatro militares por presunta participación como autores y coautores en el delito de femicidio. 

  • Javier Pinargote Vásquez
  • Freddy Quintanilla Ayala
  • Johan Mena Mendoza
  • Ángel Jiménez Orozco 

En la audiencia, según una publicación de la Fiscalía, argumentaron el riesgo procesal que hay al no dictarles prisión preventiva porque los uniformados desempeñan su trabajo dentro del sitio donde presuntamente ocurrió el femicidio.

El 17 de julio, la Corte Provincial de Orellana aceptó la apelación presentada por la Fiscalía y revocó las medidas alternativas para los 4 militares sospechosos del presunto femicidio, y les dictó prisión preventiva.

Luis Ati, padre de la subteniente asesinada, en una entrevista para TC Televisión, rechazó las explicaciones del Ejército Ecuatoriano. Según Ati, le dijeron que, supuestamente, su hija se ahogó por beber licor. Según esa versión, Aidita Ati habría muerto luego de que la dejaran dormida en su habitación tras una fiesta. 

“Fue ultrajada, asesinada y presuntamente violada”, dijo con voz alterada y en medio de llanto. “¿De qué militares estamos hablando? ¿Quiénes nos están defendiendo si ellos nos están matando a nuestras hijas?, dijo Ati, pidiendo justicia. 

En una entrevista para Radio Pichincha, Luis Ati contó que fue notificado de la muerte de su hija a través de una llamada de Whatsapp, el sábado 29 de junio a las 9 de la mañana. “Me dijeron que mi maravillosa muñeca había fallecido”, dijo con la mirada baja y una voz que empezó a quebrarse, y perdiendo aliento. En sus manos sostenía una hoja de papel blanca con una lazo negro en señal de luto. 

Según Luis Ati, su hija fue hallada sin vida a las 6 de la mañana, y él fue notificado tres horas después. 

En esta llamada le dijeron que el viernes 28 de junio hubo una fiesta de despedida de un suboficial a la que asistió su hija. Según le informaron, la fiesta no fue autorizada por el Ejército, pese a que se hizo en el cuartel en el que vivía y trabajaba Aidita Ati, junto con los presuntos implicados en su muerte. 

Según la versión que recibió su padre, Aidita Ati se habría ido de la fiesta a las cinco y media de la tarde del viernes para descansar en su dormitorio. Luego le dijeron que “se ha quedado dormida y ha amanecido fallecida”, dijo Luis Ati acelerando su relato. 

Una hora después de esa llamada, Luis Ati viajó a El Coca, la ciudad amazónica donde está el cuartel en el que murió su hija. A las cuatro de la tarde de ese sábado, los padres, hermano y familiares de Aidita Ati fueron recibidos por el Coronel Marco Guerrón, comandante de la Brigada 19 Napo, a la que pertenecía su hija. 

Reunidos en una oficina, contó Luis Ati, repitieron la versión que dieron por llamada telefónica. “Que mi hija había fallecido por participar de una fiesta de despedida no autorizada, que habían ingerido alcohol, que se había ido a descansar y amanece fallecida”. 

Luis Ati pidió que lo dejaran retirar las cosas de su hija de la habitación que ocupaba en el cuartel, pero le dijeron que estaba cerrada por las investigaciones. También le sugirieron que fuera a la Fiscalía de El Coca, donde firmó los documentos para retirar el cadáver de la subteniente. 

Cuando el padre de Aidita Ati llegó a Lago Agrio, una ciudad aledaña al cuartel a donde llevaron cadáver de la subteniente para hacerle la autopsia, dice que no le dejaron ver el cuerpo de su hija. “Ahí fue donde cambian las circunstancias, porque me dieron otra versión de la muerte de mi hija”, dijo Luis Ati. 

“Si uno de los cuatro presuntos implicados huye, hago responsable al Ejército, en primera instancia, y en segunda instancia al comandante de la brigada 19 Napo, quien debe tener el control de su personal”.

El Ministerio de la Mujer y Derechos Humanos publicó un comunicado el 30 de junio asegurando que dará seguimiento para que se cumpla el debido proceso y el hecho no quede impune. Además, convocó a una sesión del Comité de Respuesta Inmediata para coordinar acciones interinstitucionales, entre la Defensoría del Pueblo y la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Dinased) anunciaron en la publicación. 

En una rueda de prensa, la tarde del lunes 1 de julio de 2024, el Ministro de Defensa, Giancarlo Loffredo se refirió al presunto femicidio de Aidita Ati. Dijo que están comprometidos con la transparencia y que quienes sean culpables, deberán “ser castigados con todo el rigor de la ley”. 

¿Quién era Aidita Pamela Ati Gavilanes?

La subteniente Aidita Ati nació el 20 de octubre de 1998 en Quito. A su padre, Luis Ati, también militar, le dieron el pase a la ciudad de Macará, en la provincia fronteriza de Loja, donde Aidita estudió sus primeros años. Luego la familia volvió a la capital y ella terminó sus estudios en el Colegio Quito.  

Aditia Ati siguió los pasos de su padre. Ingresó a la Escuela Superior Militar (ESMIL) el 3 de septiembre de 2018 y se graduó como Subteniente de Intendencia cuatro años después, el 10 de agosto de 2022. Como parte de su carrera militar, obtuvo una Licenciatura en Ciencias Militares por la Universidad de las Fuerzas Armadas (ESPE). También cursó un Diplomado Internacional para Docentes en Entornos Académicos Virtuales de la Universidad Internacional de Seguridad. 

Mientras fue subteniente, según información enviada a GK por la Brigada 19 Napo, siguió un Curso Virtual de Actualización de Conocimientos en Derechos Humanos del Centro de Educación Militar y completó el Curso de Paracaidismo en la Escuela de Fuerzas Especiales, en octubre de 2022. 

En septiembre de 2022 fue asignada al Comando de Apoyo Logístico Nº 19 Napo, donde cumplió el rol de Comandante del Pelotón de Abastecimientos. Allí su trabajo era supervisar y controlar los ingresos y egresos de los recursos logísticos, material de guerra y transportes. 

De comprobarse el femicidio de Aidita Ati, su nombre se sumaría a la lista de las alarmantes cifras en Ecuador, donde una mujer es asesinada por razones de género cada 36 horas

Lo que reveló la autopsia

Paola Montoya, abogada de la familia Ati, en una entrevista para Visionarias, dijo que la autopsia determinó que fue una muerte violenta. Hubo una asfixia mecánica, que se puede dar por estrangulación, ahorcamiento, sofocación por una bolsa de plástico, una almohada y otro objeto, o por presión externa sobre el pecho y el abdomen. “Quiere decir que hubo una presión, una fuerza que alguien ejerció”, concretó Montoya. 

En la autopsia también se determinó que tenía  moretones en el cuerpo. “Elementos característicos de una agresión sexual”, dijo Montoya. El cuerpo tiene golpes en los pómulos, laceraciones en los labios, en la zona genital; también se hallaron fluidos corporales. 

El informe de autopsia contradice la primera versión del Ejército Ecuatoriano, que aduce que murió “por una obstrucción de vía aérea”, por haber ingerido alcohol, dijo la abogada. 

Montoya dijo que están recabando más información “porque estaríamos frente a un fraude procesal”. Esto, debido a que ningún familiar autorizó la autopsia de Aidita Ati. 

Violencia de género en Las Fuerzas Armadas

En mayo de 2017, Elizabeth M. denunció ante la Fiscalía que fue violada por el mayor del ejército, Vinicio Rodríguez, en el fuerte militar Paquisha, ubicado en La Balvina, en el Valle de los Chillos, en las afueras de Quito. En ese entonces, la víctima tenía 27 años, acababa de graduarse de la universidad y trabajaba como recepcionista en el Club de Oficiales de la Policía de Quito. 

Un día, Elizabeth M. fue con un amigo, el teniente Javier Ushiña, y otras personas a la brigada de aviación, en el fuerte militar Paquisha, en donde tomaron alcohol, jugaron cartas y bailaron.  

Tras algunas horas de estar bebiendo, Elizabeth pidió una habitación para descansar. Fue entonces que el capitán Vinicio Rodríguez, dice ella, la sometió a la fuerza. Dice que la golpeó en la cabeza. “Yo le pedía que no me hiciera daño pero él empezó a penetrarme por delante aunque yo le rogaba que por favor no lo hiciera. Luego, me penetró por atrás y ahí sentí el dolor más intenso de mi vida”. 

Elizabeth logró escaparse y correr a pedir ayuda. Casi un mes después de la presunta violación, presentó en la Fiscalía una denuncia por violación. Más de cuatro años después no ha sido esclarecido. 

No sería la primera vez de un femicidio en las fuerzas de seguridad

Un caso que movilizó a la sociedad fue el femicidio de María Belén Bernal en septiembre de 2022. El cuerpo de la abogada de 34 años fue hallado 11 días después de haber ingresado a la Escuela Superior de Policía, al norte de Quito. 

En este caso, el ex teniente Germán Cáceres, su esposo, la estranguló, envolvió en una colcha y arrastró por el suelo y las escaleras. Luego, colocó su cuerpo en la cajuela del auto para finalmente arrojarlo a una quebrada. 

Al final, Cáceres fue condenado a 34 años y 8 meses de prisión por el femicidio de su esposa. 

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Gabriela Ochoa
Periodista de GK. Graduada la PUCE. Máster en Mediación y Resolución de Conflictos (Uneatlántico) y en Dirección Estratégica (Unini Puerto Rico).
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