Para Yaeli Mendoza, de 18 años, Bad Bunny es la libertad de poder decidir quién eres. Para Camila Maldonado, representa la libertad de expresión y que nadie te juzgue. Camila Maldonado sigue al artista puertorriqueño desde el 2018 y le gusta que en sus canciones no solo se hay felicidad sino también desamor. Para Juliana, de 20 años, el artista ha logrado conectar con sus emociones. Todas, fans de Bad Bunny, estaban en la avenida 6 de Diciembre esperando entrar al Estadio Olímpico Atahualpa para el concierto que fue la noche del 16 de noviembre. 

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El Worlds Hottest Tour ha recorrido y seguirá recorriendo América; termina en México el 10 de diciembre. La preventa de entradas para el concierto en Quito empezó el 18 de febrero y los boletos se agotaron ese mismo día. Fans de Bad Bunny como Juliana y su amiga Julia se desvelaron para comprar la entrada en el sitio web, que colapsó un momento de la noche. 

Afuera del estadio, había disfrazados de corazones gigantes —el símbolo del último disco Un verano sin ti— con frases como “Auch, mi corazón” o con abrigos que tenían escrito “si tú me lo pides, yo me porto bonito”, frases icónicas de las canciones.

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El concierto revivió el comercio ambulante: bandanas, gorras, camisetas, gafas, gorros eran ofrecidos por vendedores en la calle. Laura y su hija Leire se dedican a hacer souvenirs para conciertos y dijeron que no se iban a ir hasta acabar con la venta. 

Cuando comenzó el concierto, cientos de personas que no consiguieron entrada se quedaron afuera del estadio. La policía —en caballos y motocicletas, algunos con perros— cercó el perímetro impidiendo el paso al estadio Atahualpa para que la gente no logre entrar. Muchos se quedaron en el “veredazo”, es decir consiste en escuchar el concierto desde afuera.

El sector del centro comercial Quicentro se empezó a llenar de familias, adolescentes, estudiantes, personas que iban a disfrutar del concierto desde afuera.

La gente empezó a bailar y cantar las canciones del “conejo malo” mientras esperaban que el concierto empiece, mientras comían choclo y tomaban canelazo.

El concierto empezó a las 9 de la noche pero para la desilusión de quienes esperaban el “veredazo”, la acústica del estadio no fue lo suficientemente fuerte como para que se escucharan las canciones a esa distancia.

Ante esto, algunos siguieron bailando y otros intentaban acercarse más a las vallas donde los policías apartaban a la gente con sus caballos. Muy pronto varias personas empezaran a lanzar botellas a los policías lo que generó que lancen al menos una bomba de gas lacrimógeno para disipar la multitud.

Jefferson Cango, de 23 años, esperaba el veredazo para pasar con sus amigos y escuchar a Bad Bunny. Pero para él el veredazo terminó “trágico” por las peleas que hubo, y la reacción de la policía. El joven piensa que hubo gente que sí ejerció vandalismo.

Al igual que Jefferson, Raúl Vargas, de 19 años, cree que la gente reaccionó de manera violenta. Por eso decidió irse antes. Muchos fans de Bad Bunny también decidieron irse y otros esperaron. Más tarde la música se empezó a escuchar mejor y sí hubo quienes disfrutaron del veredazo.

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José Ignacio Sierra
Estudiante de Cine y de Periodismo en la Universidad San Francisco de Quito. Le interesa documentar el comportamiento humano en todo ámbito y la protección del medioambiente.
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