Quito cómo vamos y GK


A diferencia de los pueblos pequeños, donde prácticamente todos se conocen, entre los citadinos la regla es que no nos conocemos. En una ciudad funcional, la gente no siente miedo de interactuar con los desconocidos: hace su vida sin sospechar que sus intercambios con otras personas serán conflictivos, utiliza las —calles, parques, plazas —y otros espacios públicos— como oportunidades de convivencia. El éxito de una ciudad es lograr que la mayoría de las interacciones entre desconocidos sean positivas, y que solo una fracción impliquen un conflicto o un delito. En Quito, la convivencia está fracturada

Los principales espacios de interacción son las calles, los parques del barrio, las aceras y las plazas —todo aquello que está fuera de los límites de los lugares donde vivimos y trabajamos. Estos espacios no deben ser vistos como simples momentos de tránsito, sino como oportunidades de hacer que nuestra vida en la ciudad sea más agradable. Aunque parezca irrelevante, poder tener interacciones positivas con quienes encontramos en nuestro día a día, puede cambiar completamente nuestra experiencia en la ciudad. Lamentablemente, en Quito ya estamos viendo señales de fracturas en este delicado sistema de convivencia ciudadana

Son prácticas que empezamos a aceptar como naturales de vivir en una ciudad: los vecinos dejaron de podar el césped de su vereda, o una de las esquinas del barrio siempre está sucia por más que la dueña del negocio del frente salga a barrer todas las mañanas, o las familias prohíben que sus hijos e hijas salgan al parque del barrio, o el parque pasa con candado.  Como consecuencia, estamos más irritables: nos gritamos en la calle o peleamos con más frecuencia. 

Las normas de convivencia, que no necesariamente son leyes escritas, sino prácticas y costumbres, dejan de funcionar. Dejamos de confiar en ellas porque no producen resultados y, por tanto, dejamos de confiar en los otros —en esos desconocidos, a quienes de repente empezamos a tenerles miedo.

Estas prácticas ya han sido medidas y revelan cómo se sienten muchos quiteños sobre ellas. En la Encuesta de Percepción Ciudadana 2021 de la iniciativa Quito Cómo Vamos se preguntó a la ciudadanía cuáles son los principales problema de convivencia ciudadana y esto fueron los primeros cinco:

  • Para más del 65% el consumo de alcohol en la calle, 
  • Para el 62% el exceso de ruido, 
  • Para más del 58% las peleas o riñas de borrachos en el barrio, 
  • Para el 54% el miedo de usar parques y espacios públicos en el barrio, y,
  • Para cerca del 54% de las personas que orinan en los espacios públicos.

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Son datos que usualmente no llaman la atención, que no están en los titulares de la prensa o que no forman parte de la discusión pública. Pero reflejan que los espacios de encuentro con los otros se han convertido en espacios de los que hay que huir. Pasar lo más desapercibido y lo más rápido posible para no tener que interactuar con nadie, recluirse en la seguridad de la casa. 

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De estas cifras hay 3 que se relacionan con nuestra convivencia en el barrio: el consumo de alcohol en la calle, las peleas de personas alcoholizadas en el barrio, usualmente los parques, y el miedo que estas situaciones le generan a la gente de usar estos espacios. 

No es desconocido para la mayoría que la sociedad ecuatoriana, y en este caso la quiteña específicamente, tiene problemas con el consumo excesivo de alcohol. Pero ya no es un problema solo dentro de los hogares —donde, sabemos, exacerba la violencia— sino también un problema público. El 60% de los quiteños cree que este consumo —y sus consecuencias violentas— se han trasladado a los espacios públicos, convirtiéndolos en sitios de conflicto, abandonados por quienes más deberían usarlos —y por ende, más propensos a ser usados para cometer delitos.

Cuando normalizamos estas situaciones como parte de nuestro día a día en Quito, el miedo y la desconfianza prevalecen. Estos son factores que inciden directamente en el incremento de la inseguridad que, a su vez, los profundiza en un círculo nocivo difícil de romper. No es de extrañar que para la mayoría de quiteños la inseguridad sea su principal problema y preocupación. Lo que tal vez no estamos viendo con claridad es la relación que existe entre ésta y los incidentes en la convivencia ciudadana. 

Poco escuchamos a las autoridades hablar del consumo de alcohol y de las riñas como problemas sociales que se deban atender desde políticas públicas de responsabilidad de los gobiernos locales. Necesitamos determinar cuáles son las razones por las que hay exceso de consumo de alcohol en las calles ¿Es solo un tema de una cultura o tal vez también está relacionado a las posibilidades que la ciudad ofrece para la cultura, el entretenimiento y la diversión? Además, hay que determinar si el hecho de que estas situaciones terminan en riñas, lesiones e inclusive muertes, sea solo una consecuencia del exceso de alcohol.

Podría ser que también está relacionado a nuestra incapacidad de resolver conflictos de forma pacífica. Todas estas cuestiones son relevantes y deben ser parte de la discusión pública quiteña.

Hay que cuestionar seriamente nuestra cultura ciudadana, más allá de endilgarle nuestras falencias sociales solo a la inseguridad y la delincuencia. 

Debemos hablar de lo que estas cifras revelan sobre nuestra quiteñidad —si es que ese término aún tiene algún significado que nos identifique a todos. Estamos ensimismados, cada vez más alejados de los otros, cada vez más encerrados en los espacios privados. Estamos abandonando la ciudad y vaciándola de sentido de comunidad y, por ende, alejándonos de las posibilidades de salir de una buena vez de la crisis profunda que vivimos en Quito. 

3. Daniela Chacón Ex Vicealcaldesa Y Concejal De Quito 1 150x150
Daniela Chacón Arias
Directora Ejecutiva de Fundación TANDEM. Coordinadora iniciativa Quito Cómo Vamos. Concejal de Quito entre 2014 y 2019. Vicealcaldesa de Quito de 2014 a 2016. Experta en implementación de políticas públicas urbanas con enfoque de género y participación ciudadana. Le encanta cocinar y subir las montañas que rodean a Quito.