Dentro de mí, casi en el fondo de mi ser, vive una atleta que le grita a mi yo perezoso que salte de la cama y vaya a correr una maratón. Se apasiona por las olimpiadas, se la pasa imaginándose en una triatlón y vibra recorriendo senderos en bicicleta. A veces, la Gaby atleta logra tomar el control de mi cuerpo y —no puedo negarlo— cuando eso sucede me lleva a lugares increíbles. Por eso decidí hacerle caso y desde hace algunos meses, he venido preparándome para algo que siempre quise hacer: subir montañas. Venciendo mis miedos —y sobre todo mi pereza— me aventuré a hacerlo hace una semana.

El día anterior a la salida, mientras me preparaba y mi emoción iba creciendo, la Gaby perezosa y la Gaby golosa y gourmand se alegraron al ver toda la comida que preparé para la subida: trail mix, un sándwich con mantequilla de maní, granola, chocolate, un muffin de arándanos, leche de almendras y vainilla, agua y ¿será que este tupper con tigrillo está de más?

— ¿Te vas a escalar una montaña o de almuerzo con el oso Yogui?

— Déjame en paz.

Siempre que decidimos qué comer en expediciones de montaña, tenemos que considerar que los alimentos no sean pesados sino fáciles de trasladar y de permanecer en buen estado (sin aplastarse, regarse o dañarse) dentro de la mochila que cargaremos, seguramente, por horas. Además tienen que ser fáciles de digerir y ser concentradas fuentes de energía.

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Los alimentos más populares para la montaña son ricos en carbohidratos, que se absorben directamente en el torrente sanguíneo y ayudan a mantener los músculos en movimiento: frutas secas, frutas deshidratadas, cereales, barritas energéticas, jugos frutales, muesli, arroz, pan. Por supuesto las bebidas no se quedan atrás: agua y otros hidratantes ayudarán a mantener el cuerpo hidratado y oxigenado.

Los expertos montañistas recomiendan empacar lo que sabes que te gusta: este no es el mejor momento para probar algo nuevo. También sugieren no escatimar en calorías: se quemarán muchas así que hay que empacar lo suficiente para reponer las calorías quemadas. El guía de mi grupo tuvo la gran idea de llevar mote con chicharrón. Diez puntos para él.

La hora de comer a casi 5000 metros de altura en el volcán El Corazón.

La satisfacción de saciar el hambre después de caminar varias horas es algo que rara vez he sentido: cada bocado le devolvía energía a mi cuerpo para seguir de pie. Cada gramo de azúcar y carbohidrato me repuso de la fatiga. El café caliente recorrió mi estómago y me calentó a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, a temperaturas casi bajo cero. Comer a esta altura en un volcán andino es único —tanto que debería estar catalogado como fine dining.

¡ Buen provecho!

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Granola casera

receta granola casera

Ingredientes:
5 tazas de avena en hojuelas
1 taza de salvado
1 taza de semillas de zapallo
1 taza de almendras y nueces picadas
½ a 1 cucharadita de nuez moscada recién rallada (al gusto)
2 a 3 cucharaditas de canela molida (al gusto)
½ cucharadita de sal (opcional)
⅓ taza de aceite de canola
½ taza de miel
1 cucharada de extracto de vainilla
1 a 2 tazas de pasas o arándanos (opcional)

10 PORCIONES / 1 HORA

Precalienta el horno a 200 grados. Cubre dos bandejas para hornear con papel pergamino.

Mezcla todos los ingredientes secos excepto las pasas y/o arándanos en un tazón muy grande.

En una olla, combina el aceite, la miel y la vainilla y llévala a fuego lento hasta que la mezcla esté caliente. No dejes que la mezcla hierva.

Incorpora la mezcla caliente a los ingredientes secos. Revuelve para cubrir uniformemente todo.

Extiende la mezcla de granola en las bandejas de horno y hornea de 45 minutos a 1 hora hasta que todo esté dorado, revolviendo cada 10 a 15 minutos.

Retira del horno, agrega las pasas y/o arándanos y deja enfriar en los moldes. Almacena en frascos, bolsas o recipientes bien sellados.