Estimado Paúl,

Hasta que lo logró. Pese a todos los inconvenientes que tuvo para inscribir su candidatura   está muy cerca de ver su nombre en la papeleta presidencial, uno de sus más antiguos anhelos. La decisión del Tribunal Contencioso Electoral, TCE, de revocar la eliminación de su partido, decidida en primera instancia por el Consejo Nacional Electoral, CNE, —por, supuestamente, no haber cumplido con los requisitos para ser aprobada—, fue la primera que jugó en su favor. Eso fue lo que le permitió hoy, seguir en la contienda. 

Aunque, según encuestas como la de Cedatos —que le da el 0,6%— no escogió el mejor momento para ser candidato. Con usted incluido, están ya en firme 16 binomios que aspiran a llegar al Palacio de Carondelet en 2021. Sobran los dedos de una mano para decir cuáles son los que tienen posibilidades reales de ganar. Y, siendo sinceros, no está en ese grupo.

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Los azuayos bien sabemos el camino que ha recorrido para llegar a este momento. Lo vimos  trabajar desde la Prefectura. Entre 2005 y 2009, llegó con respaldo de la Izquierda Democrática; de 2009 a 2014, fue con Alianza País, entonces liderada por Rafael Correa; y de 2014 a 2018 fue Participa-Igualdad, una alianza de centroizquierda con el exalcalde de Cuenca, Marcelo Cabrera.  Y quizás eso no solo habla de los esfuerzos que ha hecho para forjarse un camino en la política local —con aspiraciones de saltar a la palestra nacional— si no también habla sobre su predisposición a ponerse cualquier camiseta que le sirva para sus fines electorales.  En esa época ya sentimos que descuidó a la provincia que lo eligió para ocuparse de las necesidades de los azuayos, para anteponer esos mismos intereses. 

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Lo considero un político frontal y sin filtros al momento de hablar. Por eso apelo al mismo estilo en esta carta. También sé que es audaz, bien asesorado y que sabe hacer cálculos. No por nada ganó tres veces la Prefectura del Azuay y se convirtió en el hombre que más tiempo ha ocupado ese cargo.

Por esa misma razón me pregunto: ¿Por qué candidatizarse para unas elecciones en las que sus probabilidades de ganar están prácticamente descartadas? ¿Esta decisión tiene el objetivo de servir al país o de satisfacer un anhelo personal?

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¿Por qué esta vez no apeló a la unidad? ¿Lo recuerda? Así se llamaba el grupo que formó con los entonces alcaldes de Quito y Guayaquil, Mauricio Rodas y Jaime Nebot, respectivamente. Eran los meses previos a las elecciones generales de 2017 y sus detractores dijeron que esa alianza era una fanesca política. Sí lo era: Rodas, respaldado por SUMA, una organización política que nació con la idea de llevar a Rodas al poder. Nebot, que fue alcalde por casi dos décadas y que ha sido la figura política de mayor prominencia en el Partido Social Cristiano, tras la muerte de León Febres Cordero. ¿Qué intereses comunes tenía usted allí, un hombre que fue reelecto Prefecto de Azuay con el respaldo de Alianza País, organización autofedinida como de izquierda? ¿O sus alianzas solamente nos demuestran que está dispuesto a pactar con quien haga falta —sea de la ideología que fuere— con tal de lograr sus objetivos políticos personales?

Pero para usted eso no era una fanesca, sino una unión de intereses en pro del país. Su brevísima existencia demostró, sin embargo, que no existían tales intereses comunes. Finalmente, cada quien se fue por su lado, el Partido Social Cristiano propuso la candidatura de Cinthya Viteri; que fue apoyada por César Montufar. SUMA de Mauricio Rodas y su movimiento, Juntos Podemos, respaldaron la candidatura de Guillermo Lasso. 

En ese momento, usted estaba consciente de que sus números eran bajos. Que con una candidatura en solitario no podría llegar a Carondelet. Y, aunque ya trabajaba con más empeño en su proyección nacional, recorriendo el país mientras aún era prefecto y consolidando alianzas en los procesos electorales —en 2019 se alió con tendencias de izquierda y derecha para las seccionales, como el el Movimiento Popular Democrático, MPD;  CREO; el Partido Social Cristiano, PSC, entre otros— , hoy los números siguen sin favorecerlo.

Y aunque su ambición política y su predisposición a alianzas de cualquier índole, me preocupan, más me preocupa su capacidad de gestionar y administrar recursos. Sabemos que el próximo presidente recibirá un país con graves problemas económicos. Y, aunque su plan de trabajo detalla una propuesta económica que parte de su experiencia personal como autoridad, tengo varias inquietudes que su propuesta no responde.

Lo más llamativo de su plan económico es la autonomía tributaria, un  proyecto que pretende principalmente que las empresas y personas naturales tributen en el lugar en el que realizan su actividad económica y que esos tributos sean administrados desde los territorios. 

Usted nos propone un modelo basado en un cambio de la matriz productiva, algo que ya escuchamos en el gobierno de Rafael Correa, pero que aún está lejos de ser una realidad: Ecuador aún prioriza una economía basada en la extracción.


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Cuando fue autoridad provincial, usted ya propuso algunos proyectos para Azuay con ese enfoque. Uno de ellos fue la construcción de un ecoparque productivo —que según decía la ficha técnica tiene como principal objetivo la conversación y el cuidado del medioambiente, sus fuentes hídricas, su fauna y su flora— que genere 440,5 millones de dólares anuales en producción y cerca de 18.000 empleos. Y aunque la Prefectura, bajo su mando, invirtió dinero en estudios (casi 1 millón de dólares) y en promoción, de esa promesa hecha en 2013, solo existe una maqueta ya olvidada. 

La Prefectura que usted dejó en el 2019 estaba llena de problemas financieros, como muestran varios informes de la Contraloría. Un ejemplo de eso fue que tres empresas públicas del Gobierno Provincial (GPA Tours, Asfaltar y AgroAzuay) quedaron con cifras en rojo y al borde de la quiebra. Incluso, usted mismo reconocía que los recursos no le alcanzaban, aunque desués negó que hubiera dejado un saldo en rojo para empezar a decir que dejó  una Prefectura “saneada”.

La excusa siempre fue que el gobierno nacional no asignaba los recursos necesarios por rencillas políticas – eso, usted lo aseguraba después de su ruptura con Alianza PAIS, en 2011—  pero a la vez su administración usaba el poco dinero que tenía en lo que a ojo de sus críticos era un despilfarro, como el programa de bailoterapia o el festival de música Garísima, gratuito para el público.

Uno de los más cuestionados fue la Tercera Cumbre Hambre Cero, que se cumplió el 27 y 28 de abril del 2018 —el año previo a las elecciones seccionales en las que intentó llegar a la Alcaldía de Cuenca—. Su administración invirtió 2 millones de dólares en la organización de ese evento al que asistieron 2.500 personas de 35 países y nueve expresidentes de Iberoamérica. El objetivo de este encuentro era analizar la problemática del hambre y la desnutrición. De eso, apenas quedóó una declaración de 21 intenciones. ¿Declarar las intenciones implicaba necesariamente el gasto de dos millones de dólares?

Meses después, lo vimos pasear con los invitados al Festival Internacional de Cine La Orquídea, un evento insignia de su gestión, que inició en el 2011 y tuvo siete ediciones. El presupuesto varió entre 300 mil y un millón 300 mil dólares para que, por la alfombra roja pasaran cineastas como David y Fernando Trueba, Álex de la Iglesia, Sebastián Lelio o actrices como Carmen Maura, Victoria Abril, Sonia Braga.

El 2018 tuvo una cartelera de lujo: desde el director de “El Padrino”, Francis Ford Coppola, hasta Miguel Bosé, quien dio un concierto pagado por la Prefectura pero gratuito para el público . Ese año, la inversión fue de 1.300.000 dólares en la organización, y fue la primera vez que contó con apoyo del Ministerio de Turismo, aunque nunca se nos contó a los azuayos, cómo se había usado ese dinero. 

Y me adelanto a decirle que no soy de las personas que considera que la cultura merece un gasto menor, pero sí creo que debe responder a una estrategia clara y con una rendición de cuentas transparente. Eso no fue lo que ocurrió en su administración. La empresa pública a cargo de organizar estas dos actividades, GPA Tours —que responde a la Prefectura—  terminó quebrada, según los informes de Contraloría y las autoridades que lo sucedieron.

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Probablemente estos cuestionamientos nunca hubiesen llegado si la atención a la vialidad – la principal competencia de los gobiernos provinciales- se habría cumplido con eficacia. Pero tampoco fue así: la mayor crítica a su administración fue la falta de atención a la vialidad, porque, a su criterio, no había un modelo de gestión propio para generar recursos.

Que usted pretenda gobernar un país después con los desafíos que implican la situación económica actual y el contexto de pandemia me preocupa, sobre todo, porque no termino de ver con claridad qué rumbo tomaría su gobierno.  Si gobernar una provincia resultó en tantos cuestionamientos, ¿qué podríamos esperar cuando gobierne un país? Si sus alianzas han sido tan erráticas, ¿cómo sabremos quiénes serán sus aliados si llega a Carondelet? Me queda la sensación de que su ambición de protagonismo político es mayor a su voluntad de servir al país.