Estimado Giovanny:

Empiezo esta carta abierta recordándote algo que quizás parezca obvio pero que, por el actuar de varios aspirantes a presidentes, es necesario recalcar. Las organizaciones políticas se crean para cumplir con la función de representar a la ciudadanía, participando en elecciones. Para crearlas y para que sobrevivan y trasciendan en el tiempo, es fundamental que estén integradas por personas que compartan objetivos, intereses, valores; que estén ahí porque creen en un ideario y en un proyecto político.

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Por ello, no fue sorpresa conocer a través de los medios de comunicación que Washington Pesántez había sido designado como precandidato a la Presidencia de la República por la organización política que fundó a su imagen y semejanza: Unión Ecuatoriana. Recuerdo que anunció que no aceptaría una candidatura presidencial y que el movimiento no tendría binomio propio. Dijo que no dividiría al electorado y que su movimiento apoyaría a un candidato de otro partido o movimiento, que represente al “centro”, o a “la tercera vía”. Considerando la cantidad de personajes que aparecían en el escenario para tratar de conseguir el sueño de ceñirse la banda presidencial, este me pareció un acto de madurez política excepcional, de esos que hasta suenan a mentira.

Y lo fue. Sabiendo que el Consejo Nacional Electoral, CNE, no lo calificaría, pues ni siquiera hubo aceptación personalísima, inscribieron a Washington Pesántez. Quizá lo hicieron para ganar tiempo, pensando que el CNE les ordenaría subsanar los errores. Y así, optaron por cambiar el binomio. 

El 3 de octubre nos enteramos que tú serías el candidato. 

Te recuerdo como parte de los que impulsaba el SÍ en el referendo y consulta popular de 2018, desde tu Movimiento Amplio por la Democracia. Te recuerdo en el evento de Cuencas Sagradas Amazónicas —iniciativa multisector que busca el establecimiento de una región binacional, entre Ecuador y Perú, libre de la extracción industrial de recursos y gobernada de acuerdo con los principios indígenas tradicionales— en el que tomaste el micrófono y luego de presentarte, contaste a todos los asistentes que el presidente Moreno te nombraría ministro de Minas en cuestión de días.

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En lo personal, no me sorprendió verte allí. En los últimos años, con acciones como esta, diste claras muestras de que te gusta la política y que, en algún momento serías candidato. No en vano incluso intentaste registrar a tu movimiento en 2018 ante el CNE, lamentablemente, sin éxito.

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Pero si me sorprendió que lo hagas por una organización política a la que no perteneces y que a finales de agosto fue denunciada por vender espacios para las candidaturas. Quizá esto no lo sabías, así es que aprovecho esta carta para contártelo.

El 23 de agosto de 2020, a través de su cuenta de Twitter, se hizo pública la denuncia de Richard Intriago, representante del Movimiento Nacional Campesino, según la cual se le habría solicitado  1.3 millones de dólares y dos camionetas para que Unión Ecuatoriana le permita participar como candidato. En su video, Intriago incluso habló de traición a los movimientos y organizaciones, y de un sistema corrupto de “venta de partido”, “venta de espacios en las listas de asambleístas”. No sé si la denuncia sea cierta, eso no me corresponde a mí sino a la justicia, pero deja una sombra de duda que, en lo personal, creo que empaña tu candidatura.

Ya sabemos que lo que mal empieza, mal acaba. Y no me refiero al resultado electoral. Eso es irrelevante en este punto. Sino a empezar una carrera política con opacidad y con poca integridad y transparencia.

Y quizá tu pienses que soy exagerado y que por gusto pienso mal. Quizá tu candidatura sea real y no haya sido producto de ventas o alquileres. Por un momento lo pensé y quise darte la absolución por el beneficio de la duda. Pero se me ocurrió ingresar a la página web del Consejo Nacional Electoral (como lo he venido haciendo desde que tengo uso de razón) a revisar los planes de gobierno de quienes aspiran a gobernarnos.


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Tenía expectativas respecto del tuyo. Considerando que contigo está un grupo de profesionales y técnicos, estaba seguro de encontrar algo supremamente mejor que el Plan de Trabajo que presentó tu antecesor, Washington Pesántez en las elecciones de 2017. Pero me equivoqué de nuevo. Más aún, me topé con un nuevo acto de falta de integridad y transparencia.

El Plan de Trabajo que lleva tu nombre y tu firma, no es otra cosa que un plagio. Más de 20, de las 27 páginas en total contando las portadas y la dedicatoria, son producto del clásico ejercicio copy – paste de la página que nuestro país tiene en Wikipedia. Menos mal no copiaste todo el texto, aunque me hubiera encantado ver la sección de cultura y deporte. Ni siquiera te diste el trabajo de quitar los hipervínculos. Mucho menos mencionar a Wikipedia como fuente. Esto es un acto de deshonestidad intelectual que, por muchas explicaciones que quieran dar, lleva tu nombre y firma de responsabilidad.

¿Te parece ético copiar un texto y asumirlo como propio? ¿Qué te diferencia de Jorge Glas que, como sabes, plagió capítulos enteros de su tesis de El Rincón del Vago? En el contexto de nuestra política nacional, nos preguntábamos si es más vergonzoso plagiar una tesis de grado o falsificar un título académico. Ahora deberemos sumar un nuevo capítulo: la vergüenza y falta de integridad producida por plagiar un plan de trabajo de cara a acceder al poder.

Mal haría en pedirte que des un paso al costado y renuncies a tu pretensión de gobernarnos. Ya sabemos que todos los candidatos se creen indispensables y sueñan con ceñirse la banda presidencial. Pero si me niego a que mi dinero financie tu campaña con una organización política cuestionada y con un plan de trabajo plagiado. Te pido que, por lo menos tu candidatura, no utilice los recursos del Fondo de Promoción Electoral.

Finalmente, quiero recordarte la importancia de dos valores. 

El primero, la coherencia. No se puede hacer política sin coherencia. Representar a una organización política como candidato, tiene que hacerse en el marco de coincidir con sus principios, con su ideología; no por conveniencia, por ser “el movimiento que me abrió las puertas”. La política coherente también pasa por predicar con el ejemplo. Si dices que vas a promover la transparencia y luchar contra la corrupción, no puedes actuar de manera contraria antes incluso de acceder al poder.

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El segundo, la integridad. Después de todo lo que hemos visto en los últimos años, los ecuatorianos demandamos políticos honestos y transparentes, cuyas conductas se enmarquen en la ley y no en subjetividades. La integridad en la política se refleja en las acciones. Participar por una organización cuestionada y denunciada, y plagiar algo tan importante como tu plan de trabajo, no es una buena señal.

No espero una respuesta a esta carta porque probablemente reciba excusas. Prefiero seguir monitoreando tu acción política para ver si con tus próximas acciones, recuperas la confianza de los ecuatorianos en general, y de los que te conocemos en particular.