Ningún héroe recibe un sueldo por cumplir las tareas titánicas que, usualmente, se ha autoimpuesto por el bien de la humanidad. No imaginamos a Batman protestando en las calles porque el gobierno no le paga su sueldo o porque trabaja turnos sin descanso. Tampoco imaginamos a Superman reclamando porque no tiene los equipos necesarios para garantizar que su trabajo como héroe se haga adecuadamente. No, los héroes son silenciosos, sacrificados, entregados. No exigen derechos para sí mismos, viven en eterno sacrificio por los demás. Esas son las condiciones que, al parecer, el gobierno de Lenín Moreno quiere mantener para aquellos trabajadores a los que llamó sus héroes: los médicos. 

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Pero los médicos no son héroes. Al igual que enfermeros, paramédicos, camilleros, entre otros, son trabajadores esenciales en una sociedad —aún más durante una pandemia sin precedentes. Elevarlos a pedestales heroicos es un recurso empalagoso y simplista de su trabajo diario, cuyas condiciones se han agravado durante la crisis sanitaria del covid-19. 

A finales de marzo, cuando el país empezaba a ver un aumento veloz de los casos de coronavirus, el presidente Moreno, compartió un video propagandístico y suavizado sobre la labor de aquellos a los que llamó “héroes”. En un tuit decía: “¡En la adversidad hay héroes! Gracias médico, enfermera, policía, militar, motociclista, productor… que haces tu trabajo con amor. Gracias porque, por ti, el país no se detiene.” En tonos sepia, con una paleta de colores blanco, celeste y gris, y una música suave de fondo, se turnaban las imágenes de doctoras tomando el pulso, doctores entrando a la sala de urgencias con un paciente en la camilla; otras saliendo como quien termina de operar. Una voz femenina dice en off: “Cuidarte, protegerte, atenderte, ayudar, correr por ti, arriesgar la salud por ti. Eso es lo que hace un héroe”. 

Una semana después por el Día Mundial de la Salud, volvió a compartir otro video. “Nuestros héroes sin capa, la primera línea de respuesta ante cualquier emergencia. Los que cuidan a nuestros niños, a nuestras madres, a nuestros viejecitos, a nuestras familias. Son los médicos, doctores, enfermeras, técnicos, los que 24 horas, siete días a la semana, sin descanso, acuden a nuestro llamado de ayuda en los momentos más difíciles.” Y así, seguía, durante un minuto más. “Gracias por tanto, no solo durante la emergencia, no solo durante un día, si no siempre. Simplemente, gracias”, cerraba el video. 

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No es el único. El entonces vicepresidente Otto Sonnenholzner, que lideraba los esfuerzos para lidiar con la pandemia, también compartió un video en el que los llamaba “héroes” y “el mejor ejemplo para todos”. En las imágenes se veía a un grupo de personas, entre ellos Sonnenholzner, aplaudiendo en los exteriores del Hospital de Especialidades Portoviejo. El Ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, dijo en un tuit, en mayo, que el gobierno garantizaba el abastecimiento de prendas de protección personal y de equipos técnicos para que “nuestros héroes sin capa puedan enfrentar la pandemia”. 

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Los héroes no han tenido, sin embargo, las herramientas para enfrentar la pandemia, tal como Zevallos ofrecía. Desde el inicio de la crisis sanitaria, las quejas han sido constantes, por la falta de insumos y equipos. Denuncias de doctores que tenían que “completar” los trajes de bioseguridad con bolsas plásticas porque las tallas eran muy pequeñas. 

En protestas en abril, los médicos del Hospital Eugenio Espejo de Quito insistían “No somos héroes, somos trabajadores desprotegidos”, intentando que las autoridades aterrizaran en la realidad del país. No querían aplausos, no querían agradecimiento, querían protección y, también, sus salarios. “Las autoridades romantizan la situación de los médicos pero nosotros estamos agotados”, decía uno de un hospital público de Quito. El caso de los más de 3 .500 posgradistas —aquellos que están estudiando su especialidad mientras trabajan en distintos hospitales— era una de las más precarias, pues, según la ley, eran considerados estudiantes y las prácticas asistenciales —el trabajo en un hospital— son parte de su formación académica, por lo tanto, no recibían un salario. 


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En medio de la pandemia, empezaron a sentir el peso de las capas que el gobierno les ponía. Sin sueldos, sin equipos y sin insumos, enfrentando al virus en primera línea. Se aprobó entonces la Ley Humanitaria que estableció pagos para los posgradistas que estuvieran en primera línea durante la emergencia sanitaria, pero no se ha cumplido.

Agotados y sin sueldo ya no eran los de la imagen edulcorada de la propaganda oficial. Menos lo fueron cuando decidieron salir a protestar el martes 15 de septiembre. Con sus batas blancas y sus tapabocas, con carteles y consignas, exigían sus pagos. El resultado fueron golpes, toletazos, gas lacrimógeno desplegados en contra de aquellos a los que, hacía apenas unas semanas, eran los protagonistas de los aplausos gubernamentales. “Con antimotines reciben a los héroes”, decía el cartel que llevaba una médica. 

Ese mismo día, mientras la Policía Nacional reprimía la marcha de los médicos, el Presidente Lenín Moreno tuiteaba: ¡Fuimos pioneros en la región en aplicar medidas preventivas para enfrentar al #Covid19! Hoy en charla con expertos de The Wilson Center hablamos sobre cómo fortalecimos el sistema de salud, reactivamos la economía y recuperamos la democracia y libertad de Ecuador #SembramosFuturo”.

Cuán desconectado estará el Presidente de la República para hablar del fortalecimiento del sistema de salud mientras los posgradistas le exigían a su Ministro de Salud que cumpla la Ley. Cuán alejado estará de la realidad hospitalaria en el país para creer —o hacernos creer—que Ecuador ha sido pionero en prevención del covid-19. Cuánta distancia habrá entre el país que él dice que gobierna y aquel en el que aquéllos a quienes bautizó de héroes tienen que salir a las calles a exigir un salario. 

Mientras ellos protestaban, Moreno se sumió en el silencio que lo caracteriza cada vez que tiene que enfrentar un problema. Fue la Ministra de Gobierno, María Paula Romo, quien recibió al representante de los posgradistas para lograr un acuerdo. Aceptó, además, que hubo una reacción desproporcionada de los agentes y pidió disculpas: “no se puede reaccionar de manera violenta a una manifestación que no es violenta”. Algo similar hizo Fausto Salinas, Comandante de Policía, vía Twitter. Dijo que ofrecía “una disculpa ante cualquier exceso”.

Los trabajadores de salud aceptaron la disculpa. Se aguantaron los golpes, los empujones, los toletazos y el gas. Y volvieron a marchar por tres días más en Quito, Guayaquil y Cuenca, esperando que el gobierno cumpla con la ley que el presidente Moreno impulsó, aunque él ni siquiera se pronuncie sobre lo que “sus héroes” exigen. 

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Quizás sea más fácil tratar con héroes que con  seres humanos. Los héroes no se agotan, no se quejan, no se frustran. No reclaman, no marchan, no hacen huelga. Los seres humanos sí. Los héroes no tienen sueldo. Tampoco lo exigen. Los médicos sí lo necesitan. Y al desconocer su condición humana, poniéndoles una capa invisible, el gobierno edulcora la bruta realidad de tener que salvar vidas, sin insumos, sin equipos y sin remuneración. Quizá lo mejor sea que el Presidente y su gobierno deje de decirles “héroes” y los llame “trabajadores de salud” —sonará  menos épico, pero al menos llevará implícito el reconocimiento a sus derechos.