La vida de los otros

Indígenas enfrentan el riesgo de la automedicación

Ante la falta de atención del Ministerio de Salud, se han visto obligados a tratar el covid-19 con medicina ancestral, y medicamentos como Paracetamol. Por WhatsApp incluso ha circulado una receta “para el covid-19” que incluye medicamentos como diclofenaco y amoxicilina.
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    Pikenani en casa en la comunidad de Nemonpare, en la provincia de Pastaza. Fotografía de Amazon Frontlines / Martín Kingman.


Este reportaje es parte de la alianza entre GK y Mongabay Latam


Nemonte Nenquimo, lideresa waorani, dice que su pueblo ha tenido que enfrentar la pandemia solo, sin ayuda del gobierno del Ecuador. Nenquimo, una mujer de 35 años, con la piel de melaza en reposo y unos ojos profundos, dice que a finales de junio de 2020, mientras ayudaba a varias comunidades waorani a combatir el Covid-19 en sus territorios, al norte de la Amazonía ecuatoriana, utilizó medicina natural como vaporizaciones e infusiones de plantas medicinales de la selva. La ausencia del Estado los ha obligado a recurrir a sus  saberes ancestrales —aunque no existe evidencia de que sirvan como tratamiento para el Covid-19. 

Frente a esta necesidad, la automedicación irrumpe peligrosamente a través de medicinas contemporáneas como el paracetamol, el diclofenaco y la amoxicilina. El primero de estos medicamentos ha sido adquirido por algunas federaciones para distribuirlo entre las comunidades de la Amazonía y los otros han circulado como parte de recetas para combatir el virus. El doctor Rodrigo Henríquez explica que estas medicinas podrían interferir o complicar la enfermedad, sobre todo si no se consume en las cantidades adecuadas. Pero las comunidades no tienen fácil acceso a un médico que pueda guiarlos en el proceso de recuperación en caso de estar contagiados con Covid-19.

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Líder waorani Nemonte Nenquimo en casa, Nemonpare, Pastaza, Amazonía ecuatoriana. Foto: Amazon Frontlines / Martín Kingman.

Desde que inició la pandemia, los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador han denunciado la poca  —y tardía— ayuda del Estado. 

Cuando el 11 de marzo de 2020, el presidente Lenin Moreno declaró la emergencia sanitaria por el brote de Covid-19 en el país,  nadie les dio aviso a los pueblos amazónicos. “Si no fuera porque nosotros como líderes escuchamos sobre la emergencia, nadie se hubiera enterado de lo que estaba pasando y muchos de nosotros se hubieran muerto”, dice Nenquimo, quien es, también, presidenta del Consejo de la Nacionalidad Waorani de Ecuador en Pastaza (Conconawep). 

El virus no hace excepciones

De las once nacionalidades amazónicas que viven en el territorio del Ecuador, nueve presentan casos positivos de covid-19, según la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía  (Confeniae). Hasta el 27 de julio, se contaban 1776 casos confirmados y 33 muertes en las comunidades indígenas amazónicas. Hay, además, 15 fallecidos que, se sospecha, murieron a causa de la enfermedad causada por el coronavirus. 

Las nacionalidades más golpeadas por la pandemia son los kichwas, que viven en el norte de la Amazonía: 856 casos. Les siguen, los shuar, que habitan principalmente en el centro-sur amazónico, con 443 y los waorani, que suman 307. Andrés Tapia, dirigente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae), dice que el Estado no ha hecho mucho por ellos. 

La lideresa waorani Nenquimo dice que a finales de marzo en la comunidad Miwaguno, en la provincia norteña de Orellana, varios indígenas empezaron a sentirse mal. Tenían fiebre, tos seca, dolor de cabeza, cansancio y dolor de cuerpo. Ella y Gilberto Nenquimo, presidente de la Nacionalidad Waorani del Ecuador (Nawe), sospecharon de inmediato que tenían Covid-19. Alertaron al Ministerio de Salud y les pidieron que fueran a revisarlos. Al ir, les hicieron pruebas rápidas — de las que aún no reciben los resultados— pero les dijeron que solo era amigdalitis. Que no pasaba nada y que no se preocuparan. 

Cumplieron: no se preocuparon. Siguieron visitando a los enfermos, haciendo mingas, jugando y yendo de cacería. “Los waorani somos colectivos. Nos gusta vivir en comunidad”, dice la lideresa. Pero Nemonte y Gilberto Nenquimo estaban en lo cierto: los enfermos sí tenían Covid-19, y todos en la comunidad se contagiaron. Lo supieron cuando  cuando una de las integrantes que estaba muy grave se hizo una prueba en la ciudad de El Coca y dio positivo. La lideresa wao está segura que los médicos sabían que las pruebas dieron positivo, solo no quisieron decirles la verdad. Cree que si hubieran sido honestos se hubiera podido controlar la propagación del virus. 

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Miembro de una brigada realiza una prueba Covid-19 a la líder waorani Nemonte Nenquimo. Shell, Pastaza. Foto: Mitch Anderson / Amazon Frontlines.

Los waorani no son los únicos a los que el Estado les ha hecho pruebas y no les han dado resultados. Líderes kichwa y siekopai dicen que el Ministerio de Salud Pública les hace pruebas pero no les dice si dieron positivo o negativo. “Para las nacionalidades, no hay Estado”, dice Antonio Vargas, dirigente del consejo de coordinación de la nacionalidad kichwa. Los indígenas han tenido que buscar soluciones solos.

En respuesta a una solicitud de información que hicimos para este reportaje, el Ministerio de Salud no aportó detalles concretos sobre la toma de pruebas de Covid-19. Al ser cuestionado sobre cómo las están haciendo y cuándo empezaron a realizar la toma de muestras, el Ministerio dijo que todas las acciones se realizan en coordinación con los dirigentes de las comunidades. Explicó que después de organizarse con los líderes, brigadas de médicos y enfermeras visitan el territorio y proceden a hacer las pruebas. No hubo respuesta con respecto a cuándo inició la etapa de toma de muestras. 

¿Puede el conocimiento ancestral combatir al coronavirus?

La falta de acceso a la salud ha sido siempre un problema en las nacionalidades amazónicas, y la pandemia de Covid-19 tan solo lo ha agravado. Justino Piaguage, líder de la nacionalidad siekopai, dice que en una ocasión llevaron a uno de sus compañeros que presentaba síntomas de coronavirus a un hospital porque estaba muy mal. Después de casi un mes regresó pero en un ataúd. Desde entonces, dejaron de confiar en la medicina contemporánea para tratar el Covid-19. 

Situaciones parecidas han sucedido en las nacionalidades waorani, kichwa y shuar, han llevado a sus enfermos a hospitales pero no los pudieron salvar. Los indígenas ya no confían en los tratamientos occidentales y por eso han optado por tratar el virus con medicina ancestral. No es la primera vez que lo hacen. Nemonte Nenquimo dice que en los años 40, “cuando llegaron los evangélicos, muchos waorani se contagiaron de polio y otras enfermedades” y aunque algunos murieron, muchos lograron salvarse gracias a la medicina natural.

El doctor Rodrigo Henríquez, investigador de la Universidad de las Américas (UDLA),  afirma que no hay evidencia científica que pruebe que las plantas medicinales curen el covid-19, pero tampoco que pruebe que pueden hacer daño. De hecho la OMS, reconoció los beneficios de la medicina tradicional y el importante rol que juega en la atención a las poblaciones vulnerables. Henríquez dice que muchas de las plantas que se están usando en la Amazonía para hacer las infusiones y vaporizaciones “se han usado durante muchos años y no han tenido ninguna consecuencia negativa por eso no es considerado riesgoso usarlas ahora”. Un problema, dice el doctor, sería que las nacionalidades indígenas se estén automedicando con los mal llamados medicamentos como el dióxido de cloro o con dosis inadecuadas de medicina convencional. 


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Confinadas al olvido


Una “receta” que circuló en las comunidades indígenas a mediados de mayo, que nos llegó a través del activista y líder waorani Timoteo Huamoni, indicaba tomar diclofenaco, amoxicilina, Umbral y Normotemp. Henríquez dice que esto es peligroso especialmente en la Amazonía. “Muchos de los casos de fiebre en la región pueden ser por dengue”, explica Henríquez, “y al tomar diclofenaco puedes convertirlo en dengue hemorrágico”. Además, los antiinflamatorios  pueden producir daños agudos en el riñón si no hay un diagnóstico claro. No automedicarse es esencial. 

El paracetamol es una de las medicinas recomendadas por la OMS para aliviar el dolor causado por el virus. Henríquez dice que es importante tomarlo en las dosis adecuadas. Andrés Tapia, dirigente de la Confeniae, dice que ante el abandono del Estado, la organización ha estado adquiriendo paracetamol para repartirlo en varias comunidades indígenas de la Amazonía, y así ayudar un poco a los que están enfermos. Aunque el paracetamol es el medicamento contemporáneo más común entre las comunidades, en un par de ocasiones también se adquirió ibuprofeno. 

Sin embargo, no todos lo usan. Nemonte Nenquimo dice que cuando le diagnosticaron con covid-19 le dieron paracetamol. Le dijeron que se lo tomara si se sentía muy mal. Pero ella nunca quiso hacerlo. “Hubo unos días en los que parecía que ya me iba, pero ni ahí me tomé eso. Yo quería curarme con las plantas porque mi mamá así me ha curado todo”, dice Nenquimo. 

La nacionalidad siekopai tampoco está usando paracetamol. Justino Piaguage, uno de sus líderes, dice que lo único que han usado que no es de la naturaleza ha sido oxígeno. “Nosotros conseguimos un tanque de oxígeno y con eso logramos salvarle a uno de los compañeros que no podía respirar”. Ahora que ya puede hacerlo, han vuelto a usar la medicina natural.

Pero cuando la pandemia de covid-19 inició, no sabían qué usar, dice Timoteo Huamoni, líder wao. Él cuenta que nunca habían experimentado un virus así, y que tuvieron que ir probando diferentes plantas hasta encontrar cuál funcionaba mejor con qué síntoma. Ahora, ya saben qué plantas y raíces pueden usar para mitigar ciertos síntomas.

La lideresa Nenquimo dice que como todos tienen síntomas diferentes, todos consumen plantas distintas. Algunas de las plantas que más están usando los waorani para recuperarse son bejuco, ajo del monte, uña de gato, jengibre y raíz de ortiga.  Antonio Vargas, líder kichwa, dice que ellos están usando hojas, raíces de plantas y bastantes cortezas de árboles medicinales para hacer un hervido concentrado que toman los que están contagiados. Justino Piaguage, líder de la nacionalidad siekopai que se encuentra en la provincia de Sucumbíos, dice que están usando varias plantas para hacer infusiones, que luego son repartidas en todas las comunidades para tratar a los enfermos. También beben té de guayusa, manzanilla y hierba luisa, se dan baños con hierbas medicinales y realizan vaporizaciones para “matar el virus” (algo que aún no se ha demostrado suceda con ninguna de esas raíces o preparaciones).

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Presidente de la nacionalidad siekopai Justino Piaguaje (en el centro) junto a líderes siekopai en Lagartococha (Pëkë’ya), en la Amazonia en la frontera entre Perú y Ecuador. Foto: Amazon Frontlines.

Nemonte Nenquimo dice que en la comunidad waorani de Miwaguno había un abuelito que estaba bastante enfermo, pero que mejoró con las plantas. Ahora se le ve incluso saliendo a cazar. Enrique Terán, PhD en farmacología, dice que “el 80% de casos de Covid-19 son leves y se curan solos con el paso de los días” porque es un virus. “La mayoría de las enfermedades virales se curan con el simple paso del tiempo”, por lo que no se puede atribuir al cien por ciento la recuperación de los contagiados a la medicina natural. 

Algo similar sucede en las comunidades siekopai, donde hasta el 27 de julio se registraron 23 casos positivos de Covid-19. Muchos enfermos se han recuperado únicamente con la ayuda de su medicina ancestral. Vargas, dirigente kichwa quien se encuentra en proceso de recuperación, dice que el hervido con las plantas sí está ayudando a los contagiados de sus comunidades, pero está preocupado porque hay algunas personas mayores que no se han logrado recuperar del todo. 

Alianzas, una estrategia necesaria

El apoyo de otras organizaciones ha sido esencial para que las nacionalidades indígenas puedan enfrentar la pandemia. La cooperación con la Universidad de las Américas (UDLA), la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), y la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) ha facilitado el acceso a pruebas de Covid-19 para controlar el virus de mejor manera. Tannya Lozada, directora de investigación de la UDLA, dice que la universidad consiguió un fideicomiso de 395 mil dólares a través de la iniciativa Sumar Juntos del Banco Pichincha para ayudar a comunidades vulnerables durante la pandemia. Se unieron a la Alianza Ceibo y a la Confeniae para hacer pruebas gratuitas en la Amazonía. 

Solo así se ha logrado hacer pruebas que reflejen la realidad de la pandemia entre las nacionalidades indígenas. Andrés Tapia dice que gracias a las pruebas y la colaboración de otras organizaciones se ha podido recolectar información sobre el el impacto del coronavirus en las comunidades. Y aunque no son las pruebas suficientes, por lo menos se han logrado identificar ciertos casos para evitar la propagación del virus. 

El gobierno publica todos los días datos oficiales sobre el avance de la pandemia en Ecuador, pero estas actualizaciones no detallan nada sobre las nacionalidades indígenas. Ante la ausencia de esta información, la Confeniae- en asociación con Amazon Watch, Fundación ALDEA y la Universidad San Francisco de Quito-  desarrolló una herramienta que permite monitorear el avance del virus en los territorios indígenas de la Amazonía. 

El doctor Rodrigo Henríquez  dice que las comunidades amazónicas han hecho un trabajo ejemplar durante esta crisis sanitaria ante la ausencia del Estado. “Es evidente que hay mejor liderazgo y organización, y más conciencia sobre los riesgos del virus. Creo que son un ejemplo para el resto del país”. Muchas de las iniciativas de los indígenas de la Amazonía, como por ejemplo el dejar de beber chicha de un mismo recipiente y suspender las mingas, demuestran su empeño por evitar que el número de contagios en sus pueblos aumente.  

No es suficiente

Pero los indígenas de la Amazonía no pueden hacerlo todo solos. Por eso, la nacionalidad waorani presentó un pedido de medidas cautelares frente a la falta de atención prioritaria y de respuesta al Covid-19 por parte de las autoridades gubernamentales. El pedido fue aprobado el 18 de junio, 27 días después de su solicitud, por una jueza en Quito. Las medidas cautelares obligaban al Ministerio de Salud a determinar el avance del virus e identificar las diferentes necesidades de salud y de subsistencia básica del pueblo waorani en un plazo de 8 días. 

La lideresa del pueblo wao, Nemonte Nenquimo, dice que “hasta hoy [más de un mes después] solo nos han traído enlatados, y nosotros ni siquiera comemos eso”. El Ministerio de Salud dijo en respuesta a un pedido de información que “se ha trabajado coordinadamente en varias acciones”, algunas de las cuales, se han hecho con el “apoyo financiero de la NAWE (Nacionalidad Waorani del Ecuador)”. Sin embargo, la información proporcionada no deja de ser vaga y se contradice con los testimonios de los líderes indígenas y expertos entrevistados para esta publicación. Con respecto a la medicina tradicional, el Ministerio asegura que esta no es considerada automedicación y que respetan las prácticas tradicionales. No hubo ningún pronunciamiento sobre el uso de paracetamol, ni sobre cómo enfrentar los riesgos de la automedicación en las comunidades. Para evitar la propagación del virus en las nacionalidades de la Amazonía, el Ministerio no profundiza en las medidas y solo recomienda el distanciamiento social. De la respuesta estatal, sorprende que haya sido la NAWE quien haya tenido que financiar las “acciones”.

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Niñas waorani leen un folleto informativo sobre los propios protocolos de las nacionalidades amazónicas de Ecuador, creado por las organizaciones indígenas con el apoyo de organizaciones aliadas. Pitacocha, Pastaza. Foto: Mitch Anderson / Amazon Frontlines.

En el caso de las pruebas, la investigadora de la UDLA, Tannya Lozada,  afirma que hacerlas ha sido difícil “porque hay un problema de comunicación y de acceso bastante grave”. Si bien el Ministerio de Salud está apoyando con personal médico de diferentes distritos para acompañar a quienes hacen las pruebas, hay lugares a los que es muy difícil entrar. 

En algunos casos, por la distancia entre las comunidades y la ciudad, una prueba puede tardar hasta 5 días solo en llegar a Quito para ser procesada y pueden pasar hasta 5 días más hasta que se puedan compartir los resultados con los dirigentes de las comunidades. Eso complica el acceso inmediato a la información y demora las acciones que se pueden tomar para tratar el virus. Lozada cree que hacen falta recursos económicos y laboratorios equipados —y autorizados por el Ministerio— para hacer las pruebas de forma más eficiente y cerca de las comunidades.

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Paola Maldonado, presidenta de ALDEA cree que “al Estado no le importa la gente, solo le importa un modelo económico basado en el extractivismo”—la extracción de recursos naturales para comercializarlos. Sea cual sea el motivo de su olvido, los indígenas en la Amazonía están cansados. “Es una lucha de nunca acabar”, concluye Justino Piaguage, líder siekopai. 

Doménica Montaño
(Quito) Reportera de GK. Estudió literatura en Bennington College, VT.