Hace tres meses, Jamie Rodríguez no recibe 400 dólares de su beca. Ella estudia el sexto semestre de Educación Inicial en la Universidad Estatal de Milagro y tiene una subvención por discapacidad. Para recibirla, cada semestre debe presentar el comprobante de matrícula y las notas que prueban que ha pasado todas sus materias. Lo mismo ocurre con otros 4791 becarios nacionales, ante el silencio de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Senescyt). 

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A esa secretaría le corresponde asumir las competencias del Instituto de Fomento al Talento Humano (IFTH). El IFTH fue creado en 2015 para reemplazar al Instituto de Crédito Educativo y Becas (IECE). Su función era administrar las becas y créditos educativos otorgados por el antiguo IECE y el Banco del Pacífico. Pero el 8 de mayo de 2020, el presidente Lenín Moreno decidió eliminar el IFTH. En el decreto que lo hizo, estableció una transición de 90 días para, supuestamente, garantizar la continuidad de su atención y proyectos. 

Eso, sin embargo, queda solo en papel. Muchos becarios han pedido información a los funcionarios que aún quedan del IFTH y a otros de la Senescyt sobre el estado de sus desembolsos y no han obtenido ninguna respuesta. Los beneficiarios reciben becas de acuerdo a su perfil: hay, por ejemplo, aquellos que tienen becas de excelencia, tras obtener los mejores puntajes en el examen Ser Bachiller, que deben cursar todos los alumnos del último año de bachillerato de colegios públicos y privados para graduarse e ir a la universidad. Ese es el caso de Antoni Guzmán, estudiante de medicina en la Universidad Técnica de Machala. Él es becario desde mayo de 2019, cuando iniciaba su primer semestre universitario. Desde enero de 2020 ha dejado de recibir su asignación.

Para dar explicaciones, Ramiro Moncayo, titular del IFTH, dijo el 27 de abril, ante la comisión de educación de la Asamblea que para que un becario reciba un desembolso, debe seguir un proceso. Lo primero es hacer el pedido de pago a través de un sistema que se llama Pusak, al que se accede vía Internet con una clave y un usuario asignados al becario. Allí se deben subir los documentos que confirmen la matriculación del becario y sus notas, por ejemplo.

Una vez que esa documentación es entregada, un funcionario del IFTH revisa que esté completa. Si es necesario, hace observaciones y se las devuelve al becario para que las resuelva. Si está todo en regla, pasa a la tercera etapa en la que el IFTH valida el proceso y  el Ministerio de Economía aprueba la acreditación de recursos y los transfiere al becario. 

Lo que no está claro —Moncayo no ahondó en eso— es cuándo se hacen los pagos. En el contrato que una de las becarias me enseñó, se establece primero que los pagos se deben hacer de forma mensual pero un párrafo más abajo, esa claridad se diluye en una redacción confusa, contradictoria y redundante que inicia así: “los desembolsos posteriores se realizarán conforme la programación establecida por el IFTH”. Esa “programación establecida”, según los becarios, jamás se hace y los desembolsos son irregulares o, como hace meses, inexistentes.

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Eso es lo que le ha pasado a Antoni Guzmán. En mayo de 2019 recibió un desembolso de 1.182 dólares que correspondía a tres pagos de 394 dólares por los meses de mayo, junio y julio. Luego, entre agosto y diciembre, le pagaron 394 dólares cada mes. Sin embargo, desde enero de 2020, no ha vuelto a recibir ningún desembolso. 

El sistema Pusak le notificó que, supuestamente, tiene un pago por 2.364 dólares pero en su cuenta bancaria no aparece ningún pago. El monto, supuestamente transferido, corresponde al primer semestre de 2020 completo. Sin  embargo, aún si estuviese depositado estaría incompleto: según el contrato, la asignación debe actualizarse de acuerdo al Salario Básico Unificado, por lo que para 2020, debería haber recibido 400 mensuales). 

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Antoni Guzmán dice que fue a la oficina del IFTH en Machala pero que, tras el anuncio de que el IFTH desaparecerá, fue cerrada. Intentó enviar un correo electrónico a una dirección que en otras ocasiones le ha servido para contactarse con un funcionario que atiende a los becarios. Sin embargo, dice que los correos le rebotan. El teléfono que tenía para contactarse con una funcionaria del IFTH tampoco funciona: “Cuando llamo, como que antes de contestarme, me cuelgan el teléfono. No he podido contactar con nadie”, dice. El IFTH lo contradice. En una respuesta automática, enviada vía correo electrónico, dicen que “las inquietudes se están receptando en línea a través de las plataformas Pusak y Siac, en redes sociales y que las coordinaciones zonales que están en semáfoto amarillo —a excepción de Quito— están atendiendo de manera presencial”.

Sin respuestas y sin pagos, los becarios siguen en la espera incierta de los desembolsos que, en algún momento deben llegar. 

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Tras varios meses de silencios —o respuestas incompletas— los becarios han intentado buscar apoyo en varios asambleístas, con la esperanza de que a ellos, el Ejecutivo sí les dé respuestas. 

En febrero de 2019, el Ministerio de Finanzas asignó 72.295.000 dólares para los 8.600 becarios nacionales e internacionales. Esta afirmación es de un funcionario del IFTH que se la envío a la asambleísta de Revolución Ciudadana, Verónica Guevara. En el documento, dice, que entre el 20 de febrero y el 4 de marzo, el instituto empezó a hacer los desembolsos. Hasta esa fecha se pagaron más de 3.260.000 dólares a 135 becarios internacionales y 568 nacionales. Sin embargo, a partir del 5 de marzo empezaron los problemas. 

En el documento, el funcionario explica que, en esa fecha, se empezó a registrar un “error” en el sistema mediante el que se hacen los pagos. Lo mismo alegó Ramiro Moncayo, titular del IFTH, en su comparecencia del 27 de abril de 2020 en la Comisión de Educación de la Asamblea. Moncayo dijo que a partir de la declaratoria de emergencia sanitaria, el 11 de marzo, “se priorizan los recursos” para atenderla. No explicó qué significaba esa medida para los becarios nacionales. 

Diana Medina encabeza una agrupación que se formó a través de redes sociales para recopilar casos de becarios impagos. En su base de datos, hay cerca de mil estudiantes que no han recibido sus asignaciones. Algunos desde este año —incluso antes de la pandemia—, pero otros también tienen pendientes valores del año pasado, según Medina. Ella tiene la beca Eloy Alfaro —entregada a alumnos destacados que reciben el bono de desarrollo humano o están en condiciones vulnerables— pero no ha recibido su mensualidad de 400 dólares desde hace cuatro meses. 


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En esas condiciones, es más difícil que continúe sus estudios de derecho en la Universidad Nacional de Loja, donde cursa el noveno ciclo. Dice que entregó todos los documentos requeridos para que se apruebe el pago, que luego le pidió a su analista de becas que apruebe los documentos y pudiera mandar al departamento financiero. “Pero me dijeron que no me podían ayudar, que revisaron que los documentos estaban correctos pero hasta ahí”, dice. 

Cuando ella revisa en el sistema Pusak el estado de su trámite, se lee este mensaje: “Estimada becaria, se ha procedido a la revisión del trámite de seguimiento académico. Los documentos adjuntos se encuentran correctos pero, por el momento, no estamos procesando desembolsos de becas, hasta que las autoridades definan ciertas directrices, por lo que su pago estará pendiente”. Qué directrices o hasta cuándo esperar no se sabe —nadie da respuestas.

Para este reportaje  hice un pedido de información al IFTH y pregunté si hay una fecha estimada para hacer los pagos pendientes a los becarios nacionales. La respuesta —que se repite en varias ocasiones en el correo del IFTH—  es que la competencia de hacer los pagos es del Ministerio de Economía. Sin embargo, dice también que desde el 5 de marzo han insistido en nueve ocasiones al Ministerio de Finanzas para que haga la transferencia. La última vez que lo pidió fue el 8 de junio de 2020. Según el IFTH, no han obtenido respuesta.

Desde el último desembolso que pudo hacer el IFTH para los becarios nacionales han pasado casi cuatro meses. En la comparecencia que hizo en la Asamblea, Ramiro Moncayo, dijo que el Ministerio de Economía les había recortado dos millones de dólares del presupuesto. Hice un pedido de información a ese Ministerio para corroborar esa información pero hasta el momento no he recibido respuesta.

En la Asamblea Moncayo no habló sobre el tema pero sí dijo que los dos millones de dólares de recorte, supuestamente le serían devueltos al IFTH a finales de año (para entonces sería ya a la Senescyt que absorberá sus competencias en agosto). 

En la transición, las respuestas escasean. Mientras, muchos becarios que dependen de esos montos para poder estudiar, movilizarse o alimentarse, se enfrentan a la posibilidad de perder lo que creían, era ya una certeza. Además, la respuesta escrita que me envió el IFTH contradice a Moncayo: asegura que no ha habido ningún recorte al presupuesto inicial. El comunicado sostiene, además, que para poder hacer los desembolsos pendientes hasta junio para los becarios nacionales, se requieren 19,3 millones de dólares. 

Mientras esto ocurre, en la Asamblea ha habido cinco pedidos de juicio político en contra del ministro de Economía, Richard Martínez. Entre las causales está el recorte presupuestario a la Educación. Él tampoco ha dado explicaciones.

La falta de pagos pone a los becarios en una precaria situación donde no solo tendrían que dejar sus  carreras por falta de recursos. “Tengo compañeros que viven en el sector rural y no pueden estudiar. Eso significa que no podrán cumplir con el contrato y tendrían que devolver todo lo que se les ha dado por concepto de la beca”, dice Diana Medina. 

Una de las cláusulas del contrato que los becarios firman con el Estado dice que si un beneficiario abandona sus estudios tiene que devolverle todo el dinero que haya recibido. Eso, sin embargo, no está claro del todo. Moncayo habló en su comparecencia sobre una modalidad a la que podrían acogerse los becarios en el extranjero —no precisó si los nacionales también— para suspender los estudios sin tener que devolver los fondos.

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Hay casos en todo el país aunque en ciertas provincias, los becarios han podido contactarse con las autoridades a cargo del IFTH. En la Zona 4, que abarca las provincias de Manabí y Santo Domingo de los Tsáchilas, el coordinador del instituto era Ignacio Mendoza, hermano del asambleísta Daniel Mendoza, detenido e investigado por supuestos actos de corrupción. En esa zona, se creó un chat de WhatsApp hace más de un año —incluso antes de que Mendoza asumiera sus funciones— para resolver dudas y pedidos por parte de los becarios. 

Cuando llegó al cargo, Mendoza entró también al chat. Según uno de los becarios que era parte del chat y que pidió que no se revelara su nombre (pero a quien llamaré Roberto), en febrero de 2020, Mendoza salió del chat, molesto porque las quejas por la falta de pago habían aumentado y él consideraba que no eran comentarios “positivos”. Le incomodaba que los becarios acudieran a asambleístas y medios de comunicación para presionar por respuestas a las autoridades. 

Ya con Mendoza fuera del chat y, aparentemente por error, llegó una nota de voz en la que el coordinador se dirigía a alguien llamada “Shirley” que, según Roberto, era otra becaria. A ella le decía que “la va a poner a cargo” de hacer un listado de becarios “en extrema pobreza”. Mendoza decía en el audio que tenían identificados a muchos de ellos que “la están padeciendo y la están pasando muy mal” y que quería depurar el listado para “poder llegar realmente a quienes necesitan”. Decía, además, que a ese grupo de personas “les garantizo que les voy a pagar cuando tengamos los recursos”. 

Enseguida, cambiando el tono de voz pausado a uno más alto y atropellado amenazaba: “Al resto de personas pueden, si quiere pasar este audio y que lo escuche todo el mundo, pueden, si quieren, generar la presión que creen que están generando, a mí eso no me molesta”. Mendoza siguió hablando por unos 30 segundos en los que alababa su gestión y la comparaba con la de su antecesor. “Yo por eso me río cuando veo que están escribiendo a cierto asesor de cierto asambleísta, a mí nadie me va a presionar a pagar a alguien que no se lo merece”.

Después, dijo que serían “flexibles” con las personas que “realmente lo necesiten”. Luego, volvía a sus advertencias. “Pero con cualquier oportunista, que existen en ese grupo de becarios, por mi lado podrán seguir escribiendo y llamando porque no se lo merecen”. Agregaba que no se les pagaría por adelantado, que no habían justificado los rubros y que le parecía un descaro que estuviesen exigiendo “pagos que no les corresponde”. Dijo que se podía crear un nuevo chat con “personas educadas, personas que merecen el recurso, yo permitiría y estaría abierto a ser parte de ese chat”. 

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Mendoza hablaba como si él —y ningún otro funcionario— tuviese la potestad de decidir a quién pagar y a quién no. Pero su voluntad poco tenía que ver: hay contratos firmados que deben cumplirse. Si la documentación está aprobada en el sistema Pusak, ninguna autoridad tendría por qué negar los pagos. “A la gran mayoría nos pagaron hasta febrero”, dice Roberto, “en diciembre nos adelantaron esos dos meses pero desde entonces ya no hay más pagos”. Sin un calendario de pagos claramente establecido, este tipo de pagos son frecuentes. 

Ignacio Mendoza dejó el cargo de coordinador el 8 de junio de 2020, tras siete meses, según la información remitida por el IFTH.  En su respuesta vía correo electrónico, una comunicadora de la institución respondió que “tras conocer los reclamos reiterados por parte de becarios nacionales de la Coordinación Zonal 4, las autoridades del IFTH tomaron acciones y como resultado de las mismas, el servidor fue cesado en funciones”. Contacté a Ignacio Mendoza para obtener su versión del audio y de los hechos pero no ha respondido mis mensajes.  Aunque haya sido removido del cargo, la situación para los becarios sigue siendo la misma. Ni en la Zona 4 ni en el resto del país les han dado respuestas claras sobre los plazos en los que el Estado cumplirá con desembolsar los montos que les adeuda.

*Melissa Carranza colaboró con la realización de este reportaje.