Héctor Yépez llega a su despacho en la Asamblea Nacional a trancos largos y ligeros. Va de terno azul a rayas y camisa blanca sin corbata, y en la mano lleva un maletín liviano. Es probable que Yépez —guayaquileño, 31 años, presidente de la Comisión de Participación Ciudadana— haya caminado y gesticulado siempre con esa soltura, pero es inevitable pensar que, tal vez, sea porque, ya desafiliado de Suma, el partido que lo llevó a ganar su curul, tiene un peso menos que soportar.

Ya en su oficina, desde cuya ventana se ve la polémica Contraloría General del Estado, el ahora asambleísta independiente pide agua, café y revisar algo que circulará en redes sociales. Se sienta, distentido, y habla sobre su ruptura con el partido que dirige el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, sobre la gestión legislativa de la que es parte (la llama ‘deficiente’), la forma en que el Consejo de Administración Legislativa (CAL) dirige la Asamblea y, también, sobre su futuro político.

Hace poco anunció que por diferencias políticas se separaba de Suma. ¿Cuáles son esas diferencias políticas?

Yo fui elegido con una propuesta electoral de cambio, una propuesta contraria al correísmo y a Alianza País. Era una papeleta Creo-Suma con Guillermo Lasso, y muchas veces la gente más que votar por nombres, vota por esa propuesta electoral que le ofrecen.

Creo que lo principal que uno debe hacer, ya en la Asamblea, es mantenerse coherente con la visión de esos ciudadanos que le confiaron el voto. Yo creo que Suma ha tenido actitudes y votaciones puntuales que se alejan de esa línea, de ese mandato en las urnas.

Yo discrepé, esto debe ser lo más importante, cuando se votó por María Alejandra Vicuña para la Vicepresidencia de la República. Yo dije: ‘si a mi me eligió la gente de oposición, yo no puedo votar por el correísmo’. Si fuera al revés, y si a mi me estarían mocionando para Vicepresidente, me imagino que María Alejandra Vicuña tampoco votaría por mí, no por nada personal sino por una cuestión de coherencia.

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Hubo discrepancias en otras votaciones: cuando uno discrepa una vez, pues bueno, una es ninguna, pero cuando es sostenido lo mejor es dar un paso al costado, tanto para mí como para el movimiento; porque para una organización política tener a alguien que frecuentemente se sale de la línea tampoco es positivo.

¿Pero eso no es oportunismo político? Es decir, servirse de un partido para llegar a ganar una elección y separarse cuando ya se logró ese objetivo.

Yo creo que no, siempre que haya una justificación racional para eso. En este caso yo estoy defendiendo los postulados con los que fuimos a una campaña. Para mí, Suma se ha desviado de esa línea. Capaz yo estoy equivocado. No sé.

¿Suma se alineado más bien con el oficialismo?

En algunas tesis sí, que yo creo que no concuerdan con nuestros electores. En campaña yo siempre critiqué la práctica de los sumisos y los alza manos. Si uno viene a la Asamblea y el partido se opone a lo que el pueblo votó, no una sino varias veces, pienso que entre el partido y el ciudadano, debe prevalecer el ciudadano.

¿Qué cree que pasa con Suma? ¿Han dejado de hacer esta oposición con la cual se abanderaron al momento de hacer campaña en las elecciones pasadas?

No sé si diría que Suma es oficialista. Pero, sin duda, hay una línea cambiante o ambigua que no se corresponde con quienes votaron por nosotros, y que es gente que tiene una visión muy clara a lo que ha sido Alianza País en estos once años. Eso no significa que en algún momento, por un tema puntual, no podamos coincidir en votaciones. Ser opositor no es ser contreras.

Lenín Moreno dijo que iba a mandar una ley para crear institutos técnicos, si eso se plantea, por supuesto que habrá que votar a favor. Pero otra cosa es votar a favor en temas netamente políticos, renuencias a exigirle la renuncia a José Serrano, medias tintas. Para eso no estamos.

Y políticamente, ¿usted dónde se ubica? Ha dicho que es pragmático en su accionar. ¿no es ese justamente uno de los problemas de Suma, que nadie sabe si es izquierda, derecha, qué es? Usted dijo hace un momento que están en una línea ambigua, ¿no cree que no tener una ideología clara es justamente uno de los problemas?

Yo siempre me he considerado de centro. Creo que debe haber libertad de mercado para generar empleo y al mismo tiempo tiene que haber una inversión social fuerte desde el Estado en temas de Educación y Salud. Es una posición clara. Yo defiendo lo que coincida con esa posición, no me importa si lo plantea el socialcristianismo, el correísmo, el morenismo, Suma o cualquiera.

Una cosa es la ambigüedad en posiciones políticas frente al gobierno, otra cosa es la indefinición ideológica. Yo me considero de centro pero frontal.

Fotografía de José María León para GK.

La gestión del alcalde de Quito ha sido muy cuestionada: en la ciudad hemos visto un manejo preocupante de temas como la basura, el transporte público, la movilidad. ¿Cree que eso ha tenido incidencia en el desgaste de Suma?

No creo que una gestión municipal debería desgastar un bloque legislativo necesariamente. Eso depende de cómo se manejen las cosas.

Sin duda hay cuestionamientos en la administración municipal, yo no opino sobre eso pero lo uno no tendría por qué desgastar lo otro. Ejemplo: hay administraciones muy populares que tienen desgaste en su bloque y viceversa.

Sí, pero políticamente, ¿cómo lo ve usted? No se ven posiciones políticas claras por parte del Alcalde de Quito, que fue incluso un candidato presidencial. Esa falta de toma de posiciones, ¿no incide también a Suma, que termina siendo la cola de Rodas, en donde todo es muy tibio?

Una cosa es la gestión municipal, buena o mala yo no la voy a evaluar, no tendría por qué afectar al bloque, teniendo Suma representantes en Galápagos, Manabí, Guayas, Pastaza. Otro tema sí es la falta de definiciones en temas nacionales.

Ahí sí, por supuesto siendo el Alcalde de la capital, lo que haga o deje de hacer en los temas políticos a nivel nacional, sin duda repercute en el bloque.

¿Su falta de postura sí incide en el bloque?

El bloque ha decidido seguir esa línea porque el bloque podría tener una postura más firme sin perjuicio de lo que haga Mauricio Rodas como Alcalde. Y esa podría ser una salida —lamentablemente, ese no ha sido el caso.

Como independiente, ¿con quién buscará alianzas? Solito difícilmente logrará algo.

No crea. Yo presenté un proyecto de crédito independiente con la firma de 30 legisladores: Suma, Creo, PSC, Izquierda Democrática, Alianza País, Fe, Pachakutik, porque más allá de lo partidista era un proyecto positivo. El viernes pasado, ya como independiente, presenté en el pleno una moción para llamar al Ministro de Agricultura y al Gerente de la Unidad Nacional de Almacenamiento (UNA). Si mal no recuerdo es la primera moción en diez meses para fiscalizar, ya no al correísmo, sino al actual gobierno.

Fue aceptado por unanimidad, salvo un voto de Ricardo Zambrano que es el presidente de la Comisión de Soberanía Alimentaria —bien rara esa abstención. Yo no creo que se necesita ni partido ni bancada para trabajar con la gente en la Asamblea.

¿Pero hay alguno con quien podría compartir ideología política? ¿Quizás Creo, por la alianza que hicieron en las elecciones pasadas?

Con Creo hay puntos en común, compartimos una campaña y una propuesta. Yo no descarto más adelante, alguna incorporación a un partido o a una bancada.

¿O creará su partido propio?

De momento seguiré como independiente, eso sí, defendiendo las tesis de la oposición que votó por nosotros, de manera positiva, propositiva, constructiva, promoviendo ese cambio que defendimos en la campaña y que hay que sostener en la Asamblea.

Usted mencionó la comparecencia del Ministro de Agricultura Rubén Flores y al Gerente de la Unidad Nacional de Almacenamiento, UNA, Paulo Proaño, ¿cuáles son sus cuestionamientos hacia su gestión?

No es solamente la gestión de ellos. Aquí hay once años de abandono del sector rural, sumado a décadas de problemas en esa área. La UNA tiene guardado arroz desde el 2014, no vamos a decir que eso es culpa del actual gerente. El Ministerio de Agricultura tiene demandas de arroceros, por este tema y porque no les pagan el precio oficial, de maiceros porque se acaba de autorizar una importación de trigo que es sustituto del maíz, de productores de leche, de los cacaoteros. A lo largo y ancho del país, casi todas las semanas se ve una movilización o una protesta.

Si bien Lenín Moreno heredó este problema, lo que sí faltan son respuestas claras.

Fotografía de José María León para GK.

¿No hay en este momento respuestas claras?

No, no hay respuestas claras, parece que no saben para dónde coger. No solo en el Ministerio de Agricultura y la UNA sino en Banecuador. Lo que yo busco no es ajusticiar a las autoridades aquí en la Asamblea, sino que vengan y expongan cuáles son las soluciones integrales.

No se puede pedir magia tampoco para corregir en pocas semanas un desgobierno de once años, pero sí ver una solución a mediano plazo para tranquilidad del agro. Ese es un sector importantísimo: genera uno de cada cuatro empleos en el país.

Y más importante, es lo que sostiene la dolarización en el país: gracias al banano, flores, camarón, café, cacao, entran más dólares que por el petróleo. Si mañana colapsa la agricultura, colapsa el dólar en el país. Entonces ya no sería un tema secundario o de los campesinos, que sería motivo suficiente, pero sería ya un tema de importancia nacional.

¿Por qué usted cree que no se ha dado la importancia necesaria a este sector y qué se puede hacer para solucionar los problemas que se han acumulado a través de los años?

Como ha sobrado la plata del petróleo, nos descuidamos de la agricultura. Cuando se acabe la lotería, vamos a ver la real productividad del país. Nos daremos cuenta que no estamos como deberíamos estar y que nos están comiendo vivos nuestros vecinos de Perú y Colombia.

Se debería exportar o consumir el arroz que está guardado en la UNA desde 2014. Si es que hay que subsidiar el precio, ahorita está en 35,50 el precio oficial, entiendo que en el mercado internacional está en menos de 30 dólares el arroz, eso cambia de un día a otro. Si el Estado tiene que perder, tendrá que perder, no queda de otra, porque más que subsidiar los costos a través de kits, lo que quiere el agricultor es que subsidien los precios si es que fuera necesario.

Es lo que hace Estados Unidos, el país más capitalista del mundo porque esto no es solo un tema de comercio, es un tema de soberanía alimentaria, de mantener la agricultura. Si el Estado tiene que hacer una inversión social en esto, por supuesto que se justifica.

El ministro Flores ha dicho que de la evaluación hecha en su gestión, han podido detectar que se incentivó la siembra sin planificación y que hay un excedente de arroz. Ha dicho también que la UNA debe proponer una estrategia para colocar 56 mil toneladas más que están actualmente represadas. Él mencionaba también la posibilidad de colocar arroz en el mercado venezolano y que ya se ha exportado a Colombia. Usted decía hace un momento que no hay respuestas claras,  ¿no cree que estas acciones son suficientes?

Lo que él dice está bien. Ojalá que lo haga porque eso mismo se viene escuchando desde hace diez meses que empezó el actual gobierno y tan mal ha ido que es de las pocas carteras de Estado en la que van dos ministros. En el tema del arroz, pienso que es correcto que la UNA presente un plan, de hecho ya debería estar hace rato.

¿Por qué este retraso?

Vaya uno a saber. Por qué no se ha vendido ese arroz desde 2014, por qué si el precio oficial está en 35.50, a veces a los productores les compran a 25 dólares, un poco más, un poco menos, ¿por qué no baja el precio en las perchas? El consumidor no está comprando arroz más barato. ¿Quién se está beneficiando de eso y por qué en el Ministerio no dicen nada de eso?

¿Quién se está beneficiando?

Los intermediarios. Habría que ver qué empresas, pero evidentemente hay alguien en la cadena de intermediación que se está ganando una millonada a costa de los productores. Por último sería más razonable que si baja el precio de venta del productor, debería bajar el precio de venta al consumidor final y eso no ha ocurrido.

Hay también el problema de contrabando. Grandes piladoras en Loja, en Cuenca denuncian que si meten una saca, salen diez. Nueve son de arroz peruano. A través de eso ‘lavan’ el arroz contrabandeado de Perú. Esto me denuncian todos los días los arroceros. Quien tiene que investigar eso es la Policía Nacional, ya no es un tema comercial, es un tema penal. Aquí meten preso a tres piladores y se acaba el chiste.

En el tema de la planificación, es verdad lo que dice el Ministro: se ha promovido que todo el mundo siembre arroz pero hay zonas y zonas. Yo no soy agricultor pero entiendo de lo que me han comentado que, por ejemplo, en la zona de la Cuenca baja del río Guayas, Daule, Santa Lucía, Colimes, Samborondón es propicia para el cultivo de arroz y difícil para otros cultivos.

Hay otras zonas del país donde perfectamente se puede cultivar otra cosa pero uno no le puede pedir a nuestro montubio, a nuestro campesino, que haga magia. Para eso está el Ministerio de Agricultura: para hacer un plan nacional, dar incentivos para que aquí se siembre tal cultivo y acá tal otro, se de una asistencia técnica y así poder sacar adelante al agricultor. Esto ocurre por culpa del propio Estado.

Fotografía de José María León para GK.

¿No hay políticas claras?

No hay políticas ni planificación claras. Lo que él dice tiene lógica. Ojalá cuando venga a la Asamblea traiga un plan sobre los incentivos, no solo pensemos en el castigo, sino en cómo incentivar para poder recuperar la productividad del campo. Así se asegura que habiendo volúmenes razonables no caigan los precios luego en el mercado.

Quien debe hacer eso es el Ministerio y quién debería ser el principal interesado, Banecuador. En otros países, la banca de desarrollo agrícola es la misma que comercializa. Ahorita un agricultor espera vender a 35,50, vende a 25, sale en contra porque no le cubre ni el costo de producción y luego le cae Banecuador a cobrarle. Obviamente no le va a poder pagar, se le van acumulando las deudas, aquí se arma una cadena… Por cierto, en situaciones más graves y sin dolarización, así empezó la crisis del 99. Banecuador debería ser el primer interesado en que los agricultores puedan vender a un precio sustentable para luego pagar las deudas. Para eso debe haber una coordinación entre el Ministerio, Banecuador y la UNA, y entiendo que el Ministro Flores ha señalado eso pero ya no estamos para quejarse.

El otro día alguien decía que la Asamblea no es el paredón, no se trata de insultar al Ministro sino de escuchar un plan claro, coherente y coordinado para el agricultor.

Justamente lo que usted menciona lo decía el asambleísta Pabel Muñoz hace unas semanas: que hay que llamar primero a las autoridades antes de iniciar la fiscalización, que hay que hacerlo seriamente, y que lo que le ha faltado a la Asamblea es justamente hacer este proceso para que las autoridades den explicaciones permanentes sobre su trabajo. ¿Cómo ve usted eso?

Ojalá no hubiera necesidad de cambiar al Ministro, ojalá hubiera correctivos y cumpla. Eso sería lo sano para el país, no cambiar a los ministros como de ropa interior.

Por supuesto, si en un tiempo prudencial, el actual Ministro no presenta nada, debe irse a su casa antes de que empeore la situación y poner a alguien que sepa. Nuevamente, yo no soy agricultor ni campesino, ni ganadero. Yo escucho todos los días un sinnúmero de propuestas para solucionar estos temas de quienes sí están en esos sectores.

Ellos se quejan de que el Ministro ha cerrado mucho las puertas, pese a que publicita lo contrario, y que no quiere escuchar a quienes sufren el problema y conocen cuáles las soluciones. Debería darse una apertura para que los propios agricultores y ganaderos sean quienes puedan articular las soluciones y junto al gobierno central puedan salir adelante. Todos los legisladores, creo yo, apoyaríamos una Ley enviada por el Presidente para viabilizar incentivos, que la UNA pueda vender o subsidiar el precio.

Usted está haciendo una crítica al Ejecutivo sobre algo que no está en sus manos. Como legislador, ¿qué puede hacer usted en este tema más allá de convocar al Ministro y las autoridades del sector a que den explicaciones?

Cuando el Presidente mandó una ley de reactivación económica, yo presenté observaciones. Por ejemplo, que por Ley, la UNA tenga disponible la décima parte de lo que se va a cosechar en el período, que se bajen los tributos y se viabilice la compraventa de maquinaria usada para poder bajar costos. Esto no puede salir aislado y descoordinadamente desde la Asamblea. Es el Ministro el que está sentado y quien tiene una visión macro y debería ser un experto en el tema, quien debe, con el gobierno, decir, esto es lo que necesitamos para poder corregir, esta es la política pública que vamos a implementar. En esto, la sartén por el mango la tiene el gobierno.

Pasando al trabajo legislativo, ¿cómo lo evalúa en lo que va del período?

Deficiente. Creo que ha faltado articular un gran plan de leyes en los temas que espera la gente.

La famosa agenda legislativa.

Empleo, Educación. Yo presenté esta Ley de Crédito Estudiantil como complemento a las becas, a los cupos, para hacer lo que hace Colombia, que desde el Estado no se cobren intereses en los préstamos.

Hay otras reformas sobre autonomía universitaria, la libertad de elegir las carreras, tema agrícola, la tabla de consumo de drogas. Hay posiciones encontradas, pero al menos que se ponga en debate en la Asamblea. No se ha tocado nada.

¿Quién controla la agenda de la Asamblea? La Presidencia. Esa es la realidad.

Proyectos hay pero tiene que haber la voluntad de la Presidencia para que haya una agenda que no responda a un partido político. Vamos a ver cómo le va a la actual presidenta; que esté un amiguito de Carondelet para que todo se le facilite al gobierno, esa no es la idea. La idea es que haya un plan claro de leyes sintonizado con las prioridades de la gente. Cuando yo llamé al Ministro de Agricultura también enfaticé eso.

Aquí nos hemos pasado debatiendo del Fiscal, del Contralor, el ‘chiquito’, la ‘amiga’, temas políticos que son necesarios, pero mientras tanto se paraliza todo el país y la Asamblea no dice ni pío.

Fotografía de José María León para GK.

Justamente allá iba. ¿Cómo viabilizar una agenda legislativa si se han pasado resolviendo estos temas que usted menciona? Revisando las sesiones, hay cambios del orden del día por cantidades absurdas para resolver temas menores. ¿Cómo justificar eso ante quienes los eligieron?

El mazapán… Pero realmente el cuello de botella está en el CAL (Consejo de Administración Legislativa) porque es el CAL y sobre todo la Presidencia de la Asamblea la que marca la agenda. Puede haber cambio del orden del día pero quién decide lo que se pone a debate es la Presidenta. Por ahí está la cosa.

Yo he presentado un proyecto de Ley de Crédito Estudiantil, proyectos hay bastantes. No es que no hay propuestas de los legisladores, no es que no hay informes de las comisiones, lo que pasa es que no se pone en el centro del debate las prioridades de la gente, y si la Asamblea se desconecta del pueblo, el pueblo va a castigar a la Asamblea.

¿Cómo ve el cambio de la Presidencia?

No podría decir aún porque dependerá de ella. Quiero tener una sana esperanza por el bien del país. Ojalá ella demuestre en las acciones, ya no solo en las palabras. Creo que es muy prematuro para juzgar su desempeño.

Al cabo de un mes veremos qué talante tiene y ojalá viabilice la fiscalización, no solo de los temas políticos sino los temas de la gente. Ojalá haya una agenda clara por el empleo, por la reactivación económica, el agro, la Salud, el combate a la delincuencia, el problema de las drogas y otros que son la prioridad de la ciudadanía.

¿Qué opina usted sobre la reestructuración del CAL?

Me parece correcto. Yo voté a favor cuando lo planteó Homero Castanier. Yo lo mocioné el día que se cesó a Serrano, previendo que los correístas iban a agarrarse al 121 de la Constitución. Ahí yo advertí, fue como una voz en el desierto porque la mayoría no le dio paso pero lo dejé sentado.

Si no se cesa a todo el CAL dirán que la Vicepresidenta tenía que asumir porque hay una ambigüedad en la Constitución. Para mí se debe evaluar uno por uno a cada integrante del CAL, el que tiene los votos se queda, el que no, se va, y el que se va, se vota uno por uno el reemplazo. Esa debería ser la forma correcta.

¿Únicamente del CAL o las presidencias de las comisiones también?

También, lo digo como Presidente de Comisión. No creo que es bueno cambiar la integración de todas las comisiones porque hay asambleístas que tienen diez meses tratando el Código de la Salud,  no lo van a poner a trabajar en la Ley de Educación. Un mes se paralizaría la Asamblea, sería una locura.

El norte de reestructurar tiene que ser volver más eficiente el trabajo legislativo para beneficiar al pueblo, no al revés. Entonces cambiar las comisiones para mí, es absurdo. Lo único que está ahorita formalmente sobre la mesa es que el pleno diga que en tal plazo cada comisión se reunirá para ratificar o cambiar a su Presidente, me parece correcto.

¿Entonces los presidentes de las comisiones deberían decidir sobre éstas?

Claro porque el Presidente que no cuenta con la mayoría de su Comisión, difícilmente va a poder trabajar. Aquí lo que hay que buscar es la eficacia, no el reparto o pescar a río revuelto.

Los socialcristianos han dicho que no apoyarán ‘el reparto’, lo dicen igual los correístas. Parece un blindaje para evitar cambiar el CAL. ¿Cómo lo ve usted?

Es una posición que han tenido. No es que hay un pacto porque uno coincide con el otro, eso va a volver a pasar mucho en la Asamblea. Creo que el reparto sería cambiar todas las integraciones de las comisiones.

¿Pero reparto de quién? ¿Qué es el reparto?

De cuotas de poder, dependiendo de lo que pase hoy. Para mí, si lo que se vota finalmente es que se reestructure el CAL y cada comisión decida sobre sus presidencias, eso es reestructurar para volver eficaz el trabajo de la Asamblea, eso sería positivo.

Si lo que van a hacer, cuidado, por ahí suenan rumores, es votar en plancha, estas son las nuevas comisiones y este es el nuevo CAL y voten sí o no, ahí hay otra cosa. Cualquier cosa puede pasar en esta Asamblea. Cuidado los socialcristianos terminan teniendo razón.

Yo me voy a mantener coherente en lo que he votado en la Asamblea: cambiar CAL y cambiar internamente las presidencias de las comisiones, eso para mí es lo correcto. Yo como Presidente debo someterse al juicio de la mayoría de mi comisión, está bien. Ah, pero si aquí lo que se busca es cambiar todo para repartirse los puestos, viva la fiesta, estamos hablando de otra cosa. Me parece que sería un grave error de la Asamblea.

¿Quién tiene que decidir la forma?

La llave la tiene la presidenta de la Asamblea porque al final del día todo dependerá de lo que se mociona, qué se mociona, depende de a quién le dé la palabra y luego habrá que ver si tiene o no votos. Así que si hay una moción que resultó tener votos y no va en la línea de lo que estamos hablando es porque hay un acuerdo político entre cierta mayoría legislativa.  

¿Qué piensa usted de que haya legisladores como María José Carrión que anunció su renuncia ante la Comisión de Fiscalización, en donde ejerció un rol bastante cuestionado, para pretender ocupar un puesto en el CAL?

A mí me parece impresentable y yo no votaré por eso. En principio no me parece correcto votar en bloque los miembros del CAL. Si se reestructura el CAL cada bancada tiene que proponer nombres, yo soy independiente así que no tengo nada que hacer ahí. Si la ponen a María José Carrión, yo no voy a votar por ella.

Ahora, si ella tiene los votos de su bancada y con eso está en el CAL, también es legítimo. Pero mezclar aquí peras con manzanas para que haya una votación en bloque y se genere un megarreparto de la Asamblea, eso sí sería nefasto porque además significaría paralizar la Asamblea en la práctica.

Fotografía de José María León para GK.

Hay asambleístas que se han aferrado a sus cargos. En su caso, como Presidente de la Comisión de Participación Ciudadana, ¿estaría dispuesto a dejar la presidencia?

Si la mayoría de mi comisión piensa que yo me tengo que ir porque no les gusta el trabajo que he hecho, pues así debe ser, ¿cuál es el miedo? 

¿Desde su perspectiva, qué temas son prioritarios en la Asamblea?

Reforma educativa, combate a la delincuencia, tabla de consumo de drogas y adicciones en general, una gran reforma en materia económica para reactivación del empleo, del agro, del comercio y exigir cuentas claras al gobierno en materia de finanzas públicas. Si ya se han pasado el tope de endeudamiento, el país no puede endeudarse un centavo más sin permiso de la Asamblea. Y si hay que aumentar el techo porque ni modo, hay que sincerar la realidad, o sea la deuda ya está y ya se pasó el límite legal, esa es la cruda realidad. Veamos una reforma, a lo mejor transitoria, con un plan económico claro que diga, ahorita se va a autorizar temporalmente hasta el 60% porque así ya está nos guste o no, y esto se va a corregir con un plan económico en este plazo.

Otro tema clave es la reforma de la Seguridad Social. Muy bonito en diez meses de gobierno anunciar que se van a publicar los informes actuariales del IESS. No sé qué gran anuncio es ese luego de diez meses de administración. La pregunta es cómo se va a corregir la dramática situación del Seguro Social y para mí una reforma clarísima es que el Seguro debe ser manejado por sus dueños: los trabajadores, los jubilados, los campesinos, con una participación proporcional a su aportación del Estado y los empresarios, pero no más que el Estado siga usando al IESS de caja chica —que no es solo un problema del correísmo, es un problema de larga de data en el país.

¿Cómo evalúa su propia gestión como legislador? ¿Qué errores ha cometido?

Difícil autoevaluarse. Pienso que he tratado de ser lo más coherente posible, primero con mi conciencia y segundo con la visión de la gente que me confió su voto en las urnas. Qué errores, no lo sé. Quizás podría haber hecho más para sacar el proyecto de Ley del Crédito Estudiantil, me encantaría que ya esté aprobado en diez meses. Creo que hay algunas cosas que no dependían de mí, pero seguramente hay cosas que a uno se le pasan y podría haber sido más insistente o eficaz, y probablemente también en la comisión.

Cuando uno tiene la actitud de abrir las puertas y que venga todo el mundo a pedir, a quejarse de sus problemas a la Asamblea, tal vez no hemos tenido la capacidad de responder eficazmente a todos los problemas.

¿Cuáles se han quedado represados en la comisión?

El tema de los agricultores se planteó aquí. Yo hago un llamado al Ministro pero es difícil a veces, desde la Asamblea, solucionar el problema. Han venido maestros jubilados clamando porque les paguen su pensión. Hubiese querido ser más eficaz en eso. No solamente decirle ‘mira ya mandé la carta’ sino también decirles ‘mira ya te pagaron’.

¿Le frustra eso?

Sí, es frustrante, sin duda. Pero hay que saber persistir.

¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta como legislador joven?

Uno de mis grandes defectos es la impaciencia, al mismo tiempo es mi virtud. Hay que aprender a ser paciente y a persistir, seguir martillando y martillando a veces contracorriente pero como la gota en la roca, termina rompiéndola al final del día. Creo que hay que persistir en las luchas que uno tiene y no bajar los brazos porque es fácil frustrarse y decepcionarse en esto.

¿Tiene aspiraciones políticas más allá de la Asamblea?

Puede ser, sí, más adelante pero creo que hay que ir viendo de acuerdo a los momentos. Uno no tiene que estar enfocado a qué se va a lanzar después, sino en cumplir lo que uno está haciendo hoy.