Viejo arisco y gruñón de aspecto lamentable. De mente apátrida y dentadura imperial. Su terapeuta le ha aconsejado seguir despotricando en privado contra los columnistas del Telégrafo, en tanto esta actividad resulta menos socialmente comprometedor que vestirse de Duque de Wellington y emprender vistosas guerras coloniales contra las iguanas de la ciudad.

El Caricaturista

¿Por qué a todos los que se meten a políticos se les seca el sentido del humor? Sería prematuro augurar para el Presidente Rafael Correa el mismo trágico destino que el protagonista de la novela Retrato de Dorian Gray. Uno no puede evitar, sin embargo, recordar en estos días aquella genial fábula sobre un hombre cuyo arrebatador aspecto le asegura un amplio crédito público (salvo en sus víctimas), pero cuya serenidad dentro del cinismo se ve amenazada por un retrato cuidadosamente escondido, que con el tiempo adquiere paulatinamente todos esos rasgos delatores que su fresco y juvenil rostro se resiste

|lunes 17 de febrero de 2014 05:00|