Balcones del centro de Quito

Dadme un balcón y seré quiteño

En el centro quiteño persisten los balcones, en el resto de la ciudad escasean, convertidos casi en artículo de lujo

Quito no es una ciudad que se camina solamente: es una ciudad que se mira, se cuelga de sus fachadas. Se mira desde arriba, desde los bordes, desde esas extensiones mínimas de la casa hacia el vacío que son los balcones de Quito. Antes que plaza, la ciudad fue balcón. Antes que multitud mezclada, fue multitud observada.

En el Centro de Quito
Poder espiar dentro de las casas
De madera, de piedra, de todas las formas y materias

Tener un balcón es poder elegir contemplar y es una elección que no está ya disponible para todos. El centro de Quito está mil veces bendecido por innumerables balcones de incontables formas, adornos y estilos: en el Centro Histórico, en San Marcos, en La Ronda, en San Juan. El resto de la ciudad, no tanto, es un lujo que antes parecía ser parte de la vida urbana: poder habitarla desde un balcón, hoy es un privilegio caro.

Asomarse en la ciudad es un privlegio

El balcón quiteño no es un gesto ornamental. Es una pedagogía y una forma de vivir la ciudad. De ser. Enseñó durante siglos una forma específica de relación con la calle: estar presente sin estar dentro, participar sin exponerse, ver la calle pero también dejar espiar un poco de la vida íntima. Son un adentro y un hacia afuera, como si fueran agujeros de gusano que conectan universos paralelos. Son, también, dos puntos de vista: del que espera en la calle que alguien baje, de quien en él espera que pasen a recogerla.

La Basílica y el Palacio del Nuncio

Desde la Colonia, el balcón fue el lugar donde la ciudad aprendió que la altura ordena, que la distancia protege, que la voz que cae pesa más que la que discute de igual a igual. Entonces y aún hoy, imaginamos quién suspira ahí: una novia que espera un regreso, un padre que añora a sus hijas, una abuela que espera que sus nietos la recuerden y visiten.

Una señora en su vida cotidiana

También es ocio y disfrute. Sitios no solo para asomarse, sino para estar: tomar el té, una cerveza, jugar telefunken con mamá. Una plataforma desde donde ver el barrio porque asomarse basta, muchas veces, para sentir que se participa. A veces, hay ropa tendida. Otras, alguien otea.  El balcón convirtió la mirada en ejercicio cotidiano.

De todas formas y materiales

Y también fue señal de poder: el ojo panóptico de la política parpadeaba desde ellos. 

Abajo de la 24 de Mayo, aparece el color
El cielo de Quito, sus calles, y sus balcones
También hay más señoriales en la Plaza de la Independencia

La frase atribuida a José María Velasco Ibarra —“Dadme un balcón y seré presidente”— funcionó porque Quito ya había ensayado esa coreografía mucho antes de que alguien la formulara. La ciudad estaba lista para creerla; el país, para entenderla. 

Permiten ver un afuera y un adentro
Terraza y balcón, al mismo tiempo
En San Juan, La Ronda, y en el Centro

Pero ese terreno fue cedido a la radio, la televisión,las redes sociales. Eso no te le quitó utilidad, vida y encanto al balcón: aún desde ahí se mira la procesión, la protesta, el aguacero, la vida que pasa. El balcón ordena el mundo en una sola dirección: abajo ocurre el ruido; arriba se interpreta, se goza, se lamenta. 

Un balcón convertido en jardín
Nicole Moscoso Vergara Jose Maria Leon Cabrera
Nicole Moscoso Vergara y José María León Cabrera
Nicole es la directora audiovisual de GK, y José María, el CEO y director creativo de GK. Juntos desarrollan el proyecto de ensayos fotográficos de GK.