Su nombre está ligado a los derechos humanos y la política colombiana. Juanita Goebertus Estrada fue congresista por Bogotá, por el partido Alianza Verde, entre julio de 2018 y agosto de 2022. Desde agosto de 2022 hasta hoy es la directora de la División de las Américas de Human Rights Watch. En una conservación de 20 minutos desentraña la necesidad de que existan organizaciones y defensores de derechos humanos para garantizar la democracia. 

Esto, en un momento de crisis en Ecuador, en el que, en un contexto de estado de excepción, una parte de la ciudadanía ha señalado a los activistas como defensores de criminales.

¿Por qué las organizaciones de defensa de derechos humanos son importantes para un país?

La sociedad civil es aliada de cualquier gobierno que quiera proteger derechos humanos. 

En un régimen democrático, cuando la sociedad civil denuncia que hay en un escenario de corrupción, o denuncia que hay un funcionario público involucrado en un hecho directo de violencia, o que alguna empresa está teniendo residuos que contaminan las aguas, los gobiernos deben entender que esa acción, en defensa de distintos derechos humanos, es la acción de aliados en la defensa y en la protección.

¿Siempre existirán violaciones a los derechos humanos?

Ningún gobierno, por más democrático que sea, va a poder evitar hechos de violencia. Pasa en las mejores democracias. 

Pero las mejores democracias entienden que en su ciudadanía hay aliados. No hay nada más importante para una política de seguridad efectiva, para combatir la criminalidad, para bajar los indicadores de inseguridad que tener ciudadanía que confíe en las instituciones públicas y que esté dispuesta a denunciar tanto los hechos de organizaciones de crimen organizado, como los hechos, por ejemplo, de quienes siendo funcionarios públicos puedan estar conectando con estas organizaciones. 

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¿Qué pasa cuando el Estado ve a los defensores de derechos humanos como enemigos?

Si el Estado ve en los defensores derechos humanos un enemigo, lo que hace es perder un aliado en su causa, cualquiera que esta sea: la búsqueda de la seguridad, o la lucha contra la corrupción, etc. Un defensor de derechos humanos no es nada más que un miembro de la sociedad civil que levanta la bandera cuando se da cuenta que algo está mal. Y un buen gobierno democrático entiende a ese ciudadano como un aliado en la protección de los derechos humanos. 

¿Pueden los defensores de derechos humanos estar ligados a movimientos políticos?

Es una pregunta peligrosa porque cualquier ciudadano es libre no solo defender sus derechos humanos y los de su comunidad, sino que también es libre de participar en política. 

No existe, digamos, una restricción. 

Pero mucha gente sospecha de algunas organizaciones o defensores de derechos porque se los considera ligados a equis grupo político…

Una discusión distinta es cómo lograr credibilidad en un escenario en donde hay una discusión ciudadana de muchas personas que no saben en qué creer, no saben cuál es la verdad de lo que pasó o no pasó. 

En ese escenario, cuando hay un ejercicio de la defensa de derechos humanos que, al mismo tiempo, involucra la participación política que, insisto, es un derecho, pues puede haber sectores de la ciudadanía que digan “tal vez ya no creo mucho en esta perspectiva porque interpreto que debe estar defendiendo X o Y visión política o ideológica”. 

Por eso es una decisión de cómo las organizaciones de sociedad civil y particularmente las de derechos humanos buscan tener incidencia o buscan defender los derechos. 

Y en ese sentido, ¿qué se puede hacer?

Mi posición es que en un escenario de tanta desinformación, de tanto sentimiento ciudadano de no saber ya en qué creer, es muy importante tener fuentes de información fidedignas que se basen en evidencia, que ayuden a que la ciudadanía, independientemente de colores políticos, a tener alguna posibilidad de acercarse a la verdad y de entender realmente lo que está sucediendo, más allá de su propia posición política y donde quiera, digamos, pararse en términos de visiones ideológicas.

Ante esto, ¿cuál debería ser la posición del Estado o del poder político cuando públicamente se repite que los activistas por la defensa de derechos humanos “defienden sólo a criminales”?

Quienes están en posiciones de poder tienen aún la gran responsabilidad de no estigmatizar a organizaciones de sociedad civil y a quienes defienden los derechos humanos. Porque esa frase con la que señalan que cualquier defensor de derechos humanos es un defensor de las pandillas o del crimen organizado ha sido muy usada por distintos líderes autoritarios, a lo largo y ancho de la región, siendo el caso más reciente el de Bukele en El Salvador.

Esas generalizaciones estigmatizantes ponen en riesgo a toda la sociedad civil, ponen en riesgo la vida y la integridad personal de los defensores de derechos humanos. Además impiden que haya una sociedad civil dispuesta a confiar en que puede participar de la lucha contra la corrupción y contra el crimen organizado. Porque resulta que es percibida como un enemigo del Estado y no como una aliada en esa búsqueda de la protección de los derechos humanos. 

Para muchas personas, hablar de los derechos humanos resulta un problema…

Porque ya no estamos en un escenario en el que existe una discusión sobre si hubo violaciones a los derechos humanos o no, y cómo tomamos medidas para que no se repitan. 

Hoy muchos de los líderes quieren cambiar la conversación a que el tema no debería ser los derechos humanos, sino que son un invento de un sector político, lo que es contrario a la lógica de los derechos humanos. 

Los derechos humanos no son de una ideología política en particular.

No, son de todos, independientemente de colores políticos. Porque el día de hoy puede ser un régimen el que esté detrás de que se cometan X o Y violaciones a derechos humanos. Pero el día de mañana será de otro color político y la garantía ciudadana es que todos nos pongamos de acuerdo en que esos derechos humanos los respetamos. 

Esas narrativas desde el poder político, de generalizar y estigmatizar a los defensores de derechos humanos, son muy peligrosas y generan desconfianza en el Estado, afectan la lucha contra el crimen organizado en la práctica y, además, debilitan el Estado derecho y la democracia.

Las organizaciones de derechos humanos ya tienen mucho trabajo como para pedirles que se encarguen de explicarle a la sociedad qué es lo que hacen. Pero algo hay que hacer para que exista claridad sobre sus funciones…

La responsabilidad, en primer lugar, es del Estado. Y, como dices, esto no puede terminar recargando aún más a organizaciones locales que están completamente amenazadas. Pero sí diría que, como movimientos de derechos humanos, tenemos que reconocer que hay una disputa global, y sin duda regional, por la narrativa de los derechos humanos. 

Si queremos tener algún chance de ser efectivos en esa defensa de los derechos humanos,  tenemos que ser mucho más estratégicos no sólo en explicar lo que hacemos, sino en ayudar, por ejemplo, a dar cuenta de que si bien el Estado tiene un deber no solo de no violar derechos humanos, tiene el deber de proteger a la ciudadanía, para que otros no violen sus derechos.

Es cierto, sin duda, que ha existido crimen organizado que ha extorsionado, que ha matado. Y ahí hemos estado distintas organizaciones y lo hemos documentado porque eso viola el derecho a la vida y a la integridad de las personas. El Estado también ha sido responsable de no proteger a esas personas y nosotros, como organizaciones, podemos estar ahí para ayudar a documentarlo y mostrarlo. 

Creo que tenemos que ser conscientes que el discurso mismo de los derechos humanos está siendo atacado profundamente y que nos corresponde hacer una defensa mucho más estratégica y recuperar el centro de esa narrativa.

¿Por qué hay gente que cae en este sentido equivocado de lo que son los derechos humanos?

En últimas, los derechos humanos son límites a quien ejerce el poder, y creo que hay momentos en los cuales la ciudadanía siente que está de acuerdo con quien ejerce el poder y, entonces, está dispuesta a que su poder no tenga límites. 

Repito, el llamado es a siempre imaginarnos qué pasaría si quien está en el poder es la peor versión de lo que me puedo imaginar. Lo que para mí, en un escenario cualquiera donde esté políticamente, sea lo opuesto, lo que más miedo me daría. 

Yo quisiera, en ese escenario, que quien tiene el poder esté limitado y que no me pueda detener arbitrariamente, no pueda violar mi debido proceso, no me pueda torturar y no me pueda desaparecer.

La causa tiene que ser entender que el poder político cambia y el día de mañana es cualquier otro. La única salvación es que todos estemos dispuestos a aceptar que los límites tienen que existir, que los derechos humanos son para todos y aplican a este gobierno como a cualquier otro.

Eduardo Varas 100x100
Eduardo Varas
Periodista y escritor. Autor de dos libros de cuentos y de dos novelas. Uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina según la FIL de Guadalajara. En 2021 ganó el premio de novela corta Miguel Donoso Pareja, que entrega la FIL de Guayaquil.
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