Este contenido es parte de una guía para entender las criptomonedas. Para leer más, haz clic aquí

Para algunos, las criptomonedas representan una mera actividad especulativa o ganancia rápida. En total, el valor del mercado de criptomonedas es de 2 billones —el 10% del producto interno bruto de los Estados Unidos— y tiene apenas 12 años de existencia. Quienes invertieron en criptomonedas en sus fases iniciales ahora se han vuelto multimillonarios. Sería un error, no obstante, descartar las criptomonedas como un casino virtual, ya que cada criptomoneda representa una tecnología que funciona de forma distinta y que permite nuevos comportamientos digitales. 

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Como dije, bitcoin, ethereum, y solana tienen diferentes protocolos de seguridad y nadie puede decir con certeza cuál será el protocolo más usado en el futuro porque aún no entendemos todos los usos que les podemos dar. Sería el equivalente de descartar la llegada del internet en los 90 porque no se podía imaginar la existencia de Facebook. 

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Me gusta explicar la fase en que estamos como si mañana descubrimos el petróleo, la energía solar, la energía hidroeléctrica, y la energía nuclear a la vez. Cada uno produce energía, cada uno tiene diferentes ventajas y desventajas, y no sería claro al inicio ni cuán grande sería el mercado de energía del futuro, ni qué porción del mercado capturará cada uno. 

Como inversiones, las criptomonedas tienen tres funcionalidades, según el autor Packy McCormick, citando a otros, y vale la pena entender cada una. 

La primera es como activo fijo que genera valor, como lo hacen las acciones en una empresa o una propiedad. Con los sistemas como proof of stake que usará ethereum, por ejemplo, el propietario tiene el derecho de participar en el protocolo de seguridad de la red y ganar algo parecido a un dividendo por su participación. 

El segundo es como activo transformable. Pensemos en la energía. Alguien compra energía para tu fábrica, y con su fábrica produces ladrillos que luego son transformados en edificios. Algunas criptomonedas cumplen la función de dar a luz a otras funciones. Ethereum es la red preferida de algunos videojuegos creados con block chains, por ejemplo, y también la red preferida para colecciones de arte como NFTs, de la que hablamos aquí. 

El tercer uso es como store-of-value (depósito de valor). Si una persona vive en Venezuela, por ejemplo, la moneda local no sostiene su valor porque el gobierno aumenta la oferta incluso cuando no hay demanda. 

Para asegurar que el valor del trabajo de hoy de una persona no se reduzca a la mitad la semana próxima, limitando su poder de compra, esa persona podría comprar dólares con cada pago que recibe, porque el dólar es una moneda cuyo valor es más predecible y sostenible. En Ecuador tradicionalmente se han comprado terrenos para asegurar el valor de un depósito, sobre todo después del feriado bancario, cuando los depósitos de millones de personas se pulverizaron cunado el dólar pasó en poco tiempo de 4 mil a 6 mil sucres. 

La gente adinerada alrededor del mundo, en cambio, siempre ha comprado arte para sostener y aumentar el valor de sus depósitos. A diferencia de una obra arte o un terreno, las criptomonedas son cada vez más fáciles de intercambiar por monedas locales, aunque su valor aún fluctúa con cambios en su demanda generados por cosas tan precarias como los tuits de Elon Musk, el inventor sudafricano cuyas declaraciones llevan mucho peso en la comunidad de criptomonedas.

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El buen arte es valioso porque es escaso y hay demanda. Las criptomonedas funcionan así también. A diferencia de los bolívares en Venezuela, las criptomonedas tienen algoritmos que predeterminan la creación de nuevas monedas. 

Bitcoin tiene un cronograma de crear nuevas monedas hasta 2140 cuando llegarán a existir 21 millones de bitcoins —y ni una más. Ethereum tiene más creación de oferta, pero también tiene mecanismos deflacionarios. Cada vez que hay una transacción, la red “quema” un poquito de su moneda, tal cual como quemar un billete para sacarlo de circulación. De esa manera, la inflación innata en la creación de nuevo Ethereum por su protocolo de seguridad está contrarrestada por mecanismos deflacionarios. 

En Ecuador desconfiamos de tener una moneda propia porque no confiamos en la gestión que la darán los encargados. Tenemos miedo de la hiper-inflación que hubo en los 90. Con las criptomonedas, la emisión de la moneda está estipulada y controlada por un algoritmo con antemano. Es decir, reemplazamos a los encargados humanos de una moneda con un algoritmo. En el caso de la mayoría de las criptomonedas, puede haber cambios en la demanda de la moneda, pero la oferta es constante. 

Como vemos, las criptomonedas tienen muchos usos, y tal vez la menos interesante es su uso como monedas. Como mencionamos, con la excepción de Solana, las principales criptomonedas el día de hoy no logran replicar la rapidez que maneja tecnología como la red de Visa. Transaccionar en criptomonedas como bitcoin y ethereum es lento y a veces costoso y frustrante. 

La cantidad de transacciones en una red como bitcoin con su intencionalmente lento protocolo de seguridad puede hacer que un envío se demore unos minutos o algunas horas. Luego ethereum cobra un costo por transacción para financiar a los nódulos de la red (el costo es conocido como gasolina) y ese costo fluctúa, dañando la experiencia de usuario. Existen criptomonedas estables (stablecoins) cuyo valor muchas veces se pega al dólar norteamericano, y podrían en teoría reemplazar la necesidad de tener bancos tradicionales o sistemas de pago como Visa, pero hasta ahora ninguno se eleve sobre los demás, tal vez porque no siempre está claro qué está respaldando su valor. 

Parece cada vez más factible que existan versiones digitales de monedas nacionales. Jerome Powell, presidente del Banco Central de Estados Unidos, recientemente habló de su interés en explorar la creación de un dólar digital. Canadá ya está analizando propuestas para crear su propia moneda digital. 

Por un lado, tener criptomonedas que pertenecen a gobiernos va en contra del espíritu de las criptomonedas, pues pondrían un poder centralizado en comando de una tecnología descentralizada. Por otro lado, es poco probable que las monedas de gobiernos (conocidas como monedas fiat) vayan a desaparecer, y la creación de monedas digitales soberanas podrían llevar a las criptomonedas a convertirse en la principal corriente de divisas. 

Matthew Carpenter-Arévalo
(Canadá, 1981) Ecuatoriano-canadiense. Escribe sobre tecnología, política, cultura y urbanismo.