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Una medida desesperada que salió bien

La dolarización fue mucho más que un cambio de moneda. Veinte años después, la decisión sigue diviendo a expertos e historiadores: mala, buena, a veces sí, otras no.
  • La dolarización cumple 20 años

    La dolarización cumple 20 años hoy, la decisión sigue dividiendo a expertos e historiadores. Ilustración de Paula de la Cruz.

Era finales del siglo XX y el Ecuador ya no confiaba en el sucre, su moneda, por sus constantes devaluaciones, la inflación, la caída constante del PIB, las altas tasas de desempleo y de migración, entre otros factores. Era necesario un cambio de 180 grados para mejorar la situación económica del Ecuador. Así lo explica Marco Naranjo, doctor en Economía, en su análisis sobre el efecto de la dolarización en Ecuador. Por eso, el 9 de enero del 2000, hace 20 años, el presidente Jamil Mahuad apareció en cadena nacional y dijo que la dolarización era un sistema “conveniente y necesario” para el Ecuador. Así adoptamos el dólar de Estados Unidos como moneda nacional, y el Ecuador cambió para siempre. Veinte años después, la decisión sigue diviendo a expertos e historiadores: mala, buena, a veces sí, otras no. 

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La dolarización fue mucho más que un cambio de moneda, significó un gran cambio para el Ecuador a todo nivel. Fue la medida de un gobierno que asumió bajo la promesa de armonizar al Ecuador, pero fue incapaz de resolver los problemas que el país arrastraba hacía años y que se habían acumulado como la antesala de una terrible catástrofe. La desregulación de la banca, sus prácticas de créditos vinculados, el desastre económico de la guerra del Cenepa, la caída drástica de los precios del petróleo y un feroz fenómeno de El Niño, se sumaron a la ineptitud del gobierno de Jamil Mahuad de frenar la debacle. 

En 1998 la tormenta empezó a mostrar su lado más furioso: empezó la migración masiva de millones de ecuatorianos, el desempleo empezó a crecer vorazmente y el sistema financiero empezó a colapsar. 

Cuando el polvo de la tragedia y la ineptitud se asentó, más de dos millones y medio de ecuatorianos habían abandonado el país, por cualquier medio posible. Muchos se entregaron a las manos codiciosas de los coyoteros, que los estafaron con el sueño de llevarlos a Estados Unidos y Europa. Muchos murieron en penosas travesías en busca de un futuro mejor, y miles de niños y adolescentes se quedaron sin sus padres y sus madres, que se iban para intentar, desde el exterior, enviar los recursos necesarios para solventar su educación y vida, pero sin poder compensar el vacío de crecer sin papá y mamá. 

A nivel económico, el cambio de moneda tuvo un fuerte impacto en las finanzas públicas, privadas y personales, el comercio exterior, la competitividad, las tasas de interés, los niveles de precios y la inflación, por nombrar algunos de los más importantes.

Veinte años más tarde, la medida desesperada, sin planificación y arriesgada que tomó Mahuad, salió bien para el país (aunque eso era imposible de anticipar entonces). En eso coinciden los expertos. “No había otra salida en el momento”, explica José Luis Fuentes, abogado experto en economía latinoamericana. El economista Vicente Albornoz opina que la dolarización era una solución, pero es imposible “saber si era la única solución imaginable”. Víctor Hugo Albán, el subgerente del Banco Central durante la dolarización, cree que fue “dolorosa, pero necesaria e indispensable”. Con la dolarización vino la estabilidad y, dicen Albán y Albornoz, eso trajo el cambio que necesitaba el sistema financiero ecuatoriano. 

Con el dólar, Ecuador ya no tenía una moneda que se devaluaba todos los días, con altas tasas de interés y en constante modificación. 1999 inició con un dólar costando 6800 sucres. En junio, te daban 11 mil sucres por cada dólar, para diciembre aumentó a 17 mil 500. El 2000 empezó con un dólar en 21 mil sucres y, para finales de enero, subió a 25 mil sucres.: un aumento de 360% en un año. En esa época, por las constantes devaluaciones del sucre, “si tenías un sueldo bueno, a los 3 meses dejaba de ser tan bueno y 3 meses después ya era malo” dice el economista Vicente Albornoz. La dolarización solucionó esos problemas, dice Albornoz. Eso provocó un impacto social que debe ser tomado en cuenta a la hora del juicio histórico de la medida. Por ejemplo, la gente pudo endeudarse a largo plazo. Los préstamos con el sucre se hacían a 3 meses, porque su valor cambiaba constantemente. Con la dolarización se podían hacer préstamos a diez y veinte años, “algo impensable en la época del sucre”, dice Albornoz. 

La dolarización también tuvo ventajas a nivel político, los gobiernos han tenido que disciplinarse económicamente. Vicente Albornoz, explica que con la dolarización perdimos la libertad de manejar nuestra moneda y dependemos de las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos, pero también perdimos la libertad de manejarla mal. “¿Te imaginas tener el gobierno de Rafael Correa con la capacidad de emitir dinero que tiene Nicolás Maduro?”, dice Albornoz. 

La estabilidad vino con un precio, explica el abogado José Luis Fuentes. Mucha gente que tenía ahorros, con la dolarización lo perdió todo. Lo mismo le pasó a las personas que vendieron sus inmuebles que cuando pasaron  sus ahorros al cambio, “les entregaron dinero que no les alcanzaba ni para una aspiradora”, dice Fuentes.

Ajustar los precios a una nueva moneda fue un proceso paulatino. Víctor Hugo Albán dice que este fue “un paso duro, difícil y muy trascendente”. Como funcionario del Banco Central su labor era socializar la dolarización y ajustar los precios y salarios a dólares. Explica que fue un proceso muy delicado, porque si alguien recibía una pensión mensual de 300 sucres, con la dolarización, eso era apenas  una ínfima fracción de un dólar. Hubo que ajustar todos los precios a la nueva realidad de los ecuatorianos y eso tomó tiempo. “Para 2005”, dice Albán, estaba “totalmente estabilizada la economía”. 

Otra de las desventajas, dice Fuentes, es que tener un tipo de cambio monetario fuerte hizo que suba el costo de la vida en el país: aumentó  el costo de los productos y de la mano de obra, lo que provocó que frente a los países vecinos — que tienen moneda propia — Ecuador perdiese competitividad. Sin embargo, la dolarización incrementó la credibilidad internacional de Ecuador: la inversión extranjera aumentó, la deuda externa se reestructuró y se lograron acuerdos internacionales. 

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La adaptación al dólar fue rápida: a los seis meses casi no circulaban sucres. Según José Luis Fuentes, el país se adaptó fácilmente por la desconfianza que había en el sucre. La estabilidad en los salarios y en los ahorros son muy valiosos para un país. Porque los sistemas financieros sólidos favorecen el crecimiento económico y la confianza internacional. Durante los últimos años del sucre, esa estabilidad no existió. “Por la crisis, la moneda, en sí misma, representaba inestabilidad”, dice Fuentes. 

Otro de los motivos que contribuyó a que la adaptación sea rápida es que en Ecuador hubo “dos dolarizaciones”: una informal y otra oficial. En eso coincide la Unidad de Debates Económicos del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) y el Banco Central del Ecuador. Según el Celag, la primera sucedió en 1999 cuando personas “con información privilegiada” tuvieron meses para cambiar sus depósitos de sucres a dólares. Para entonces, el valor del dólar era de 7 mil sucres. Así que no perdieron tanto dinero con el cambio como los que lo hicieron durante la segunda, la oficial, que empezó el 9 de enero del 2000, cuando la cotización llegaba a 25 mil sucres por dólar. 

Algunos, como el economista Naranjo, creen que la dolarización informal no solo sucedió con quienes tenían información privilegiada: “Para 1999 el 90% de las funciones del dinero (las transferencias, la venta de inmuebles y los ahorros) se hacían ya en dólares y se exigían pagos en esta moneda, no en sucres”, dice. 

Los ecuatorianos nos adaptamos rápidamente al dólar, pero no fue un proceso fácil. Comenzó con un periodo de deterioro social: de marzo de 1998 a mayo del 2000, la pobreza pasó del 35 al 68%; los salarios se redujeron en un 40%, y el desempleo se duplicó: del 8 al 17%. 

Desde mayo del 2000 hasta diciembre de 2001, Ecuador entró en la fase de recuperación y la situación empezó a mejorar. Se redujo la pobreza al 49%, el desempleo regresó al 8% y los salarios recuperaron casi su valor inicial. Durante esta etapa las remesas enviadas por los migrantes que llegaron a superar los 100 millones de dólares fueron un pilar importante de la recuperación. Según Albán, el dinero enviado en dólares a un país dolarizado evitaba que se pierda dinero en el cambio y eso “alimentó poderosamente la dolarización”. En 2002, la recuperación empezó a agotarse y el país entró a la fase de nivelación: adquirió características similares a las que tenía antes de la crisis. 

Desde ese año, hubo una recuperación progresiva de los indicadores financieros y se retomó una tendencia normal en la reducción de esos índices. El Producto Interno Bruto (PIB) en la década anterior a la dolarización creció en apenas un 1,8%. Entre el 2000 y el 2009, un 4,4%. Según datos del Banco Mundial, desde la dolarización hasta 2018, Ecuador ha incrementado su PIB en más de 42 mil millones de dólares. 

La inflación es uno de los indicadores que más cambió durante el proceso de adaptación. Durante la década de los 90 la inflación en el Ecuador aumentó paulatinamente. En 1999, alcanzó el 61% y en el 2000 llegó al 91%. Gracias a la dolarización, la inflación anual bajó drásticamente y para el 2004 no superaba el 2%. Para 2020, se estima que la inflación será de 0,84%, apenas 0.8 más que el año anterior. 

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Desde el 2000 hasta el 2009, en la primera década del Ecuador dolarizado, el país vivió una mayor estabilidad que entre el 2010 y el 2019. Víctor Hugo Albán explica que en los últimos años Ecuador ha tenido mayores problemas: un desajuste económico por parte del Gobierno de Rafael Correa, el terremoto de 2016 y la caída del precio internacional del petróleo. Por eso, su diagnóstico no es igual de positivo, pero por más complicada que sea la actual situación, la crisis no es ni remotamente del nivel de la que vivió a finales del siglo pasado. 

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Deshacer la dolarización no es una opción. Los expertos recomiendan hacer lo que sea para que siga funcionando. Vicente Albornoz dice que aunque el sistema no es perfecto, “nos da tranquilidad, estabilidad y predictibilidad que no tendríamos de otra forma”. Esas son cosas con las que el Ecuador soñaba antes de la dolarización. Después de hacer una valoración de las dos décadas, Albán dice que, aunque Ecuador está pasando por una época financiera difícil, no debemos preocuparnos por la dolarización. Tiene plena confianza en que tenemos los depósitos, la confianza del pueblo en la moneda y los ingresos suficientes para que la dolarización no esté en riesgo. 

Susana Roa Chejín
(Ecuador, 1997) Periodista. En GK cubre tecnología, derechos y economía.