No bastó con dominar su idioma hasta casi no tener acento, ni entender su humor haciendo sus chistes los míos,  ni disfrutar de verdad la cidra, ni haber pasado cerca de dos años viviendo y respirando su cultura —para ser cien por ciento aceptada en su comunidad, los franceses de Bretaña tenían su propia prueba de identidad: saber hacer crêpes

La crêpe es el plato emblemático de Bretaña, una región al noroeste de Francia, donde se toman muy en serio el origen de las cosas: una y otra vez escuché la historia de cómo el trigo sarraceno llegó después de las Cruzadas en Asia en siglo XIII. Fue en Bretaña el primer lugar de Francia donde lo molieron y lo convirtieron en una fina y redonda capa de masa. 

Aprendí la historia y aprendí a decir crêpe en bretón: krampouezenn. Incluso llegué  a pronunciarlo como una verdadera bretona. Pero aún no parecía suficiente. Repetidamente tuve que explicar que sí sabía la diferencia entre galette y crêpe y que no, jamás las iba a confundir:

 La galette lleva solamente trigo negro y agua y, generalmente, se come con ingrendientes salados. Las crêpes llevan trigo blanco, leche, huevos y generalmente se comen dulces, decía como una enciclopedia gastronómica andante. 

 Très bien, Gabriela, me decían reconociendo que no era suficiente con saber, tenía que demostrarlo.

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Las personas que se convirtieron en mi familia el tiempo que viví allí organizaban, fallidamente, reuniones para “enseñarme a hacer crêpes a lo bretón” que terminaban siendo una excusa para hacer fiestas: dejábamos a medias la preparación de la masa, abríamos unas cuantas botellas de vino, subíamos el volumen de la música y nos olvidábamos el sartén al fuego, la mantequilla fuera del refrigerador y terminábamos comiendo pizza en la madrugada. 

Pero finalmente la prueba llegó: preparar crêpes en Pascuas para todos, yo sola, sin ayuda de nadie. Aunque sabía todo lo que tenía que saber, mis manos temblaban mientras medía los ingredientes y los mezclaba, mientras repetía en mi mente las reglas de oro: espesor, elasticidad y tamaño. Con cuidado regaba la masa sobre el sartén, esparciéndola hasta formar un círculo. Poco a poco, el platito de crêpes empezó a llenarse. 

Al final de la comida, mi familia había preparado una sorpresa para mí: un kit “crêpero” con los instrumentos indispensables de una maestra crêpera: bilig, rozell y spanell. La plancha de crêpes, el rastrillo para extender la masa y la espátula para girar la crêpe, todos hechos a la medida con mi nombre escrito a mano. Ese día, no solo saqué cien en el examen de identidad, sino que me convertí en una más de su familia, hasta el día de hoy.

¡Buen provecho!

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Masa para crêpes

receta masa para crepes

Ingredientes:
2 tazas de harina
2 huevos
2 tazas de leche
2 cucharadas de azúcar (opcional)
50 gramos de mantequilla
1 pizca de sal
1 cucharada de ron (opcional)

12 PORCIONES / 45 MINUTOS

En un bol, echa la harina formando una montaña y en ella, crea un hueco en la mitad. Agrega los huevos, el azúcar y la mantequilla derretida en ese hueco.

Mezcla suavemente con un batidor de mano, agregando gradualmente la leche. La masa debe tener la consistencia de un líquido ligeramente espeso, como una crema de leche, sin grumos. Echa a la masa la cucharada de ron para perfumar. Este paso es opcional.

Para darle mayor elasticidad a la crêpe, deja reposar la masa en la refrigeradora por 30 minutos.

Calienta un sartén antiadherente y engrásalo ligeramente con mantequilla. Vierte un cucharón de masa, distribuyéndola en el sartén haciendo un movimiento circular con tu mano. Espera que la crêpe esté cocida por un lado antes de darle la vuelta. Cocina todas las crêpes a fuego lento.

Puedes comerlas con chocolate, azúcar y mantequilla o la mermelada de la fruta que más te guste.