El sábado 23 de enero de 2020 a las 10 y 30 de la mañana, desde el Parque Centenario hasta el Malecón en Guayaquil, decenas de personas salieron junto a Katty Muñoz en una marcha para exigir justicia por el asesinato de su hija, Lisbeth Baquerizo. Las personas llevaban carteles que decían “Justicia para Lisbeth Baquerizo. Basta de Corrupción”.  Un mes antes, el 21 de diciembre de 2020, Baquerizo fue asesinada en la casa donde vivía con su marido en Puerto Azul, una urbanización cerrada de alta plusvalía en la vía a la Costa, en Guayaquil, la segunda ciudad más poblada del Ecuador. Tenía 30 años. El principal sospechoso del femicidio es su esposo, Luis Javier Hermida Núñez —hoy prófugo de la justicia. 

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En este primer mes la investigación del caso ha tenido al menos dos obstáculos que aún no se aclaran: el día que se iba a instalar la versión de los padres del presunto femicida, hubo una alerta de bomba en el edificio de la Fiscalía; y hace más de una semana la Fiscalía General allanó el despacho de la Fiscalía del Guayas por presunta corrupción. 

La muerte de Baquerizo fue presentada a sus padres como una supuesta caída de las escaleras de su casa. El hecho habría sido encubierto por el sospechoso, sus padres y hermano con la presunta ayuda de un médico y un tanatopracta que llegaron a la escena de la muerte. Ambos están siendo investigados por la Fiscalía como presuntos encubridores —el médico firmó un certificado de defunción que decía que la mujer murió por paro cardiaco, pero investigaciones posteriores de los agentes de Criminalística de la Policía Judicial determinaron que en realidad murió por un “traumatismo craneoencefálico” causado por dos heridas hechas con un “objeto contundente” —es decir, un objeto pesado y con filo, según un comunicado de la Fiscalía. 

Los médicos forenses de la Policía Judicial determinaron, además, que las heridas en la cabeza de Lisbeth Baquerizo habían sido cubiertas por un pegamento con el cabello. “Para que no nos diéramos cuenta de que nuestra hija había sido víctima de tan brutal crimen”, dice la madre de Baquerizo. 

El abogado de la familia Baquerizo, Silvio Enríquez, dice que la autopsia también determinó que Lisbeth Baquerizo fue golpeada antes de morir. Al parecer, ella intentó defenderse porque su esposo tenía una herida en la ceja. 

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A las 2 y 38 de la tarde del 21 de diciembre, Lisbeth Baquerizo, guayaquileña de ojos almendrados, grandes y de amplia sonrisa, le envió un mensaje por WhatsApp a su mamá Katty Muñoz. Allí le decía que estaba muy ocupada en el teletrabajo haciendo cierre de mes y de año. Lisbeth Baquerizo era graduada de ingeniería comercial y trabajaba en una empresa de electrodomésticos. Fue el último mensaje que Muñoz recibió de su hija. 

femicidio de Lisbeth Baquerizo

Fotografía tomada de la cuenta de Twitter Lisbeth Baquerizo

Muñoz, estilista profesional, cuenta con una voz firme, que a las 10 y 40 de la noche le envió a su hija una foto de una clienta a la que le había pintado el cabello de color plata. “Así te lo voy a pintar” le escribió, pero no tuvo respuesta. Le pareció raro porque su hija siempre tardaba uno o dos minutos en contestarle.

Katty Muñoz tenía el presentimiento de que algo extraño pasaba. Esa noche cenó preocupada porque su hija no le respondía el mensaje de WhatsApp, ni la llamaba como era costumbre. Cuando acabó de cenar, pasadas las 11 y 30 de la noche, Muñoz recibió la llamada de Luis Bolívar Hermida, su consuegro. El padre del esposo de su hija le dijo que Lisbeth estaba muerta y cerró la llamada, no le dio más explicaciones. El silencio de la noche se alteró por el llanto y los gritos de incredulidad de Katty Muñoz. Como su consuegro no le había dado más detalles, Muñoz pensó que su hija había tenido un accidente de tránsito y, por el shock, quería creer que era mentira. 

Katty Muñoz y Mario Baquerizo, padres de Lisbeth, encontraron el cuerpo de su hija tendido en el piso al final de las escaleras de su casa. Muñoz recuerda que apenas llegó, pasadas las 12 de la noche, se fijó si la puerta de la casa en Puerto Azul había sido forzada. Estaba intacta. La mamá de Lisbeth Baquerizo abrazó el cuerpo sin vida de su hija. Quiso calentarlo, pero el esfuerzo fue inútil.

Lisbeth Baquerizo tenía el cabello mojado. “Parecía que se había bañado, pensé que se había resbalado al pisar el agua que goteaba del cabello”, cuenta su madre. Estaba vestida con un pantalón y una blusa de cuello de tortuga, no tenía puestas las cadenas que solía usar, dice Muñoz. Eso la intrigó porque su hija usaba ese tipo de ropa solo para salir, pero ese día estuvo ocupada en el teletrabajo como le había escrito en el último mensaje que recibió de ella. “Teníamos algo de dudas pero no podíamos confirmar porque él amaba a mi hija, y mi hija lo amaba a él”, dice Muñoz vía telefónica con voz desconsolada. Al siguiente día sus dudas serían confirmadas por una de las amigas de su hija.

En la sala de velación, una amiga le dijo que tenía algo que decirle sobre su hija. Le contó que hacía un mes, su esposo Luis Javier Hermida le había pinchado las llantas del carro para que no pudiera salir de casa. Le dijo que, en otra ocasión, le había pedido que cuando saliera a la calle le enviara la ubicación por GPS en tiempo real para controlar siempre dónde estaba. “La había estado sometiendo, acorralando y acusando de cosas que no hacía”, dice Katty Muñoz. En ese momento, a las 4 y 30 de la tarde del 22 de diciembre, era la primera vez que alguien le decía que todo esto había estado pasando. No habían pasado ni 24 horas de que se enterara de la muerte de su hija.

Los testimonios de las amigas de su hija se sumaron a sus sospechas y dudas. Puso una denuncia por femicidio en la Fiscalía Provincial del Guayas, el mismo día que su hija estaba siendo velada en un cementerio de la ciudad. Un grupo de funcionarios del departamento de Medicina Legal llegó a la sala de velación a retirar el cuerpo de Baquerizo para hacerle una autopsia. Otros policías llegaron para llevar a Hermida para que dé su versión libre y voluntaria, pero cuando llegaron al lugar, el hombre huyó en un vehículo que conducía su hermano, Miguel Ángel.

El abogado Alexander Espinales, que defiende a la familia Hermida, dice que los hermanos no se fugaron. En su declaración que duró más de 5 horas, hecha en la Fiscalía del Guayas de La Merced, Miguel Ángel Hermida dijo que esa tarde durante la velación de su cuñada Lisbeth, su hermano le pidió que lo llevara a la farmacia. Él fue a encender el carro para recoger a su hermano Luis Javier al pie de la sala de velación. Según Espinales, cuando los hermanos Hermida estaban en el carro, vieron que unas personas vestidas de civil se acercaban al vehículo por el lado derecho, y por el izquierdo una persona se lanzó contra el vehículo. Miguel Ángel Hermida, dice su abogado Espinales, aceleró porque se asustó. En su declaración, el hermano de Luis Javier Hermida dijo que “esas personas jamás se identificaron como policías” y pensó que debía cuidar la integridad de su hermano. 

Silvio Enríquez, abogado de la familia de Lisbeth Baquerizo, dice que en ese momento no había una boleta de detención en contra de Hermida, que sólo debía rendir la versión de los hechos. “Además, su vida no estaba en peligro porque esas personas junto al carro eran policías”, dice. A pesar de que Espinales diga que los hermanos Hermida Núñez no se fugaron, hoy no se sabe dónde están —lo último que se supo es que Luis Javier Hermida viajó vía aérea hacia Bogotá, Colombia. Espinales dice que ni siquiera él, su abogado, sabe dónde está su cliente.

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Por la muerte de Lisbeth Baquerizo se investigan dos delitos: femicidio y fraude procesal. Por el presunto delito de femicidio está siendo investigado Luis Javier Hermida Núñez. El Código Integral Penal (COIP) dice que ese delito es castigado con prisión de 22 a 26 años. En el supuesto delito de fraude procesal son investigados su padre Luis Bolívar, su madre, Nancy Núñez, y Miguel Ángel, su hermano. El fraude procesal se da cuando existe la intención de engañar al juez en un proceso judicial, se ocultan pruebas o se cambia el estado de las cosas de una investigación. La sanción es prisión de 1 a 3 años. 

Por este delito los padres de Luis Javier tienen una boleta de detención para fines investigativos por 24 horas con fecha 13 de enero. Una boleta de detención no caduca y tiene vigencia de máximo 24 horas desde que la persona es detenida para que entregue información sobre un determinado caso. Luego debe ser liberada. “Pero la Fiscalía saca la boleta para detener a la persona por 24 horas y dejarla en prisión preventiva”, dice el abogado Espinales. Por eso, dice Espinales, sus defendidos no se presentarán a rendir su versión. 

Según Espinales, esas boletas de detención no tienen “fundamentos jurídicos porque ellos son el hermano y padres de la persona que se está investigando. Ellos no cometen fraude procesal por ser familia, cualquier conocedor de derecho lo sabría”, dice citando el artículo 77 numeral 8 de la Constitución en el que dice que nadie, hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad, puede ser llamado a declarar en juicio penal contra un familiar. Pero en el mismo artículo se exceptúan los casos de violencia intrafamiliar, sexual y de género.

La defensa de la familia Baquerizo espera que el fiscal del caso solicite la audiencia de formulación de cargos por el delito de fraude procesal en contra de los padres de Luis Javier Hermida, y su hermano Miguel Ángel, y también contra Richard Anzoátegui, maquillador de cadáveres. El abogado Enríquez dice que las personas involucradas que ya dieron su versión, Hermida y Anzoátegui, pueden ser procesados estando ausentes, pero no pueden ser sentenciados mientras no sean detenidos.  

La noche del asesinato, Anzoátegui habría sido presentado a los padres de Lisbeth Baquerizo como un médico, dice Enríquez. En su declaración en la Fiscalía, el 29 de diciembre, el tanatopracta habría dicho que Hermida le pidió también que convenza a la familia Baquerizo para que no le hagan autopsia a su hija muerta. El abogado Espinales lo niega.

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Desde el 22 de diciembre, la Fiscalía Provincial del Guayas comenzó la investigación por el presunto delito de femicidio, que según la ley puede durar hasta 90 días. El 8 de enero de 2021, la Fiscalía incautó dispositivos de vigilancia en la urbanización Puerto Azul y analizaron los videos de las cámaras de seguridad para determinar quiénes entraron a la urbanización el día del asesinato a Lisbeth Baquerizo. 

Ese día, a la casa de Baquerizo llegaron un taxista y su esposo. A las 12 del día el taxista llegó para entregarle unos productos de belleza —además de trabajar en una empresa de electrodomésticos, ella tenía un emprendimiento de cosméticos. El abogado Enríquez dice que los videos de seguridad muestran que el taxista nunca entró a la casa. Casi a las 2 y 50 de la tarde, llegó a la casa su marido, en una moto manejada por otra persona. Estuvo en la casa alrededor de 7 minutos y salió. En algún punto entre las 2 y 38 de la tarde y 11 y 40 de la noche, Lisbeth Baquerizo fue asesinada. Aún no se ha podido determinar la hora exacta. 

El asesinato de Lisbeth Baquerizo se suma a las preocupantes cifras de violencia de género en el Ecuador. Según la Alianza para el Monitoreo y Mapeo de los femicidios en Ecuador cada tres días una mujer, niña o adolescente es víctima de femicidio en el país. En el 2020, la Alianza contó 118 muertes de mujeres por razones de género. En el 66,3% de los casos, los asesinos eran las parejas o exparejas de las víctimas. Entre marzo y mayo de 2020, el periodo más crítico de la pandemia por el covid-19, la Alianza registró 23 femicidios. Hasta lo que va del 2021, ha habido dos femicidios, según la misma Alianza. “Para frenar los femicidios se necesita educación”, dice la abogada Consuelo Bowen, coordinadora de litigio estratégico feminista del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (Cepam Guayaquil). Bowen dice que en Ecuador falta concientizar a la gente, a adultos y niños, para que entiendan que la violencia no es un medio para relacionarse con nadie. 

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En la casa en la que vivió y murió Lisbeth Baquerizo, los agentes de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (Dinased) encontraron huellas de sangre en la cocina, la sala y el baño. Los agentes también determinaron que la escena de una supuesta caída había sido montada. La Fiscalía pidió al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) una copia certificada del acta de defunción de Baquerizo. El 8 de enero, el médico que la firmó, identificado como Marlon Eras, fue detenido con fines investigativos. Ese día rindió su versión sobre lo que había pasado el 21 de diciembre. 

El fiscal de la Unidad de Violencia de Género de Guayaquil, Luis Machado, solicitó una boleta de detención para que el médico aclare la situación sobre la muerte de Baquerizo. El médico rindió su versión y luego fue trasladado a la Policía Judicial para que hiciera una ampliación de su versión, pues había afirmaciones confusas en su declaración.  El médico Eras es procesado como cómplice del presunto delito de femicidio. Es el único detenido en este caso. 

En su declaración el médico dijo que la firma en ese documento no era de él. El abogado Espinales cuestiona el trabajo de la Fiscalía: dice que la institución no ordenó un examen grafológico enseguida, sino una semana después. “A la Fiscalía no le interesa hacer la experticia para liberar a la única persona que está detenida”, dice el abogado Espinales.

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La jueza Montaño dictó medidas de protección para los padres y la hermana de Baquerizo: una boleta de auxilio, la prohibición de que el médico Marlon Eras Martínez se les acerque o los intimide. También dispuso la atención médica y psicológica a los familiares de Lisbeth Baquerizo. 

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El 12 de enero, día en que los padres y los hermanos del sospechoso iban a declarar sobre los hechos, hubo una falsa alarma de bomba en la Fiscalía Provincial del Guayas, por lo que las declaraciones y el trabajo en ese edificio se suspendieron hasta que se descartó la amenaza. La madre de Luis Javier Hermida alcanzó a dar sus datos personales antes de que anunciaran la alerta. El suegro de Lisbeth, Luis Bolívar, debía comparecer a las 11 del día pero nunca llegó. Tampoco ha dado su declaración Josue Hermida, el otro hermano del sospechoso. Contra él no hay ninguna boleta de detención, dice el abogado Espinales. 

Tres días después de la falsa alarma de bomba, la Fiscalía allanó las oficinas de la Dirección de Control Jurídico y Actuación Fiscal de la Fiscalía Provincial de Guayas por sospechas de corrupción en la investigación del caso de Lisbeth Baquerizo. En el allanamiento se incautaron equipos electrónicos y teléfonos celulares de una funcionaria.

La Fiscalía investiga si se filtró información sensible del caso —entra ella, que las boletas de detención se habían emitido, lo que habría permitido que los involucrados huyesen. En la madrugada del 14 de enero, dice el abogado Silvio Enríquez, el fiscal a cargo del caso iba a allanar la casa de la familia Hermida Núñez en búsqueda de pruebas pero no lo hizo porque al llegar, no encontró a nadie. En la opinión de Enríquez, el fiscal debía allanar la casa de todas maneras, para intentar “al menos encontrar alguna prueba” que sirviera para la investigación. El 15 de enero de 2021 el fiscal a cargo del caso solicitó la audiencia de formulación de cargos contra Hermida por femicidio. Hoy se cumplen 10 días y dice, el abogado Enríquez, no han recibido la convocatoria a esa audiencia.

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Lisbeth Baquerizo Muñoz fue también modelo y maquilladora profesional. “Era una mujer que no necesitaba a nadie para brillar, brillaba con luz propia”. Lisbeth había planeado empezar en enero de 2021 un tratamiento hormonal para tener su primer hijo. Se había casado en octubre de 2019 por lo civil con Luis Hermida Núñez. El 16 de noviembre fue su boda eclesiástica, luego de 12 años de noviazgo. 

femicidio de Lisbeth Baquerizo

Fotografía tomada de la cuenta de Twitter Lisbeth Baquerizo

“Mi hija era una chica hermosa, por fuera y por dentro” dice Katty Muñoz. Lisbeth Baquerizo tuvo el cabello rubio, rojo, negro, café, castaño, mechas de colores y rojo violeta porque su madre, estilista profesional, se lo pintaba. En los días previos del asesinato, ella y su madre revisaban las redes sociales y vieron que había una tendencia de pintarse el cabello de plateado, Lisbeth quería ese color,  igual a la clienta de la foto que nunca vio. 

La familia de Lisbeth Baquerizo seguirá haciendo plantones y marchas en Guayaquil hasta que la jueza llame a la audiencia de formulación de cargos. Katty Muñoz dice que perdió la cuenta de cuántos periodistas la han entrevistado para contar el femicidio de su hija y no descansará hasta que tenga resultados porque hoy no tiene nada, “no me queda más que luchar por su memoria, por sus derechos, por su recuerdo”. 

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Ya son 5 martes y 5 jueves que decenas de personas van a los exteriores de la Fiscalía de Guayaquil, en el centro de la ciudad, para apoyar a Muñoz. Quienes llegan, por lo general, responden a las convocatorias que hacen por redes sociales las amigas de Baquerizo. Daniela Veryoska, guayaquileña de 25 años, no conocía a Lisbeth pero fue al primer plantón porque “se necesita gritar dos o tres horas seguidas”.  Katty Muñoz, vía telefónica, me dice que seguirá haciendo plantones hasta que el caso de su hija se resuelva.