El hambre funciona de maneras extrañas: en unos, llega lenta con cautela y silencio mientras que en otros ruge como un león a punto de atacar. Yo soy más de este bando, por eso no entiendo cómo mi nuevo compañero de trabajo puede pasar todo el día sentado, trabajando, sin comer.

—¿No vas a almorzar? Ya son las tres de la tarde.

—No tengo hambre.

Mi mensaje más escrito en WhatsApp es “tengo hambre” y mi día se fragmenta en cinco comidas que no perdonan demoras. Doy por sentado que voy a tener algo que comer, siempre. El hambre es tan cotidiana que la mayor parte del tiempo la olvidamos: estoy segura que ninguno de nosotros piensa en el hambre constantemente y es por que no la hemos sentido realmente. 

Pero en estas últimas semanas he estado pensando en el hambre de verdad. Acompañé a mis compañeros reporteros de GK a hacer una investigación en ciudades fronterizas del Ecuador. 

PUBLICIDAD

Fue realmente duro encontrarnos con gente que vive sin saber si comerá ese día. Fue un cable a tierra: el hambre existe. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) dice que desde 2017 el hambre aguda ha aumentado. Esto es un retroceso que no se veía en otras áreas del desarrollo antes del covid-19. Según el PMA, en 2019, 135 millones de personas padecieron hambre severa. Cuando leemos estas cifras, pensamos que son cosas que pasan en el África lejana o en el Asia de las maquilas precarias. Pero irme a estas ciudades fronterizas me recordó que está más cerca de lo que imaginamos. 

Quisiera dejarles este extracto del libro El hambre del periodista Martín Caparrós que me compartió nuestro editor José María León, y que recoge en dos párrafos la verdad del hambre: 

Conocemos el hambre, estamos acostumbrados al hambre: sentimos hambre dos, tres veces al día. No hay nada más frecuente, más constante, más presente en nuestras vidas que el hambre —y, al mismo tiempo, para la mayoría de nosotros, nada más lejos que el hambre verdadero. 

Conocemos el hambre, estamos acostumbrados al hambre: sentimos hambre dos, tres veces al día. Pero entre ese hambre repetido, cotidiano, repetida y cotidianamente saciado que vivimos, y el hambre desesperante de quienes no pueden con él, hay un mundo. El hambre ha sido, desde siempre, la razón de cambios sociales, progresos técnicos, revoluciones, contrarrevoluciones. Nada ha influido más en la historia de la humanidad. Ninguna enfermedad, ninguna guerra ha matado más gente. Todavía, ninguna plaga es tan letal y, al mismo tiempo, tan evitable como el hambre.

No olvidemos agradecer cada vez que tengamos un plato al frente nuestro, si no sería dar por sentada la inmensa suerte que tenemos de poder comer diariamente cada vez que el león ruge dentro de nuestras panzas. Les dejo una receta de lentejas, un alimento muy nutritivo y los invito a pensar en lo que comemos, lo que desperdiciamos y lo que podemos hacer día a día para combatir el hambre.

¡Buen provecho!

|¿Quieres saber cómo elegimos esta receta? Únete a la membresia GK aquí.|

Lentejas con curry y leche de coco (Dhal)

receta lentejas con curry

Ingredientes:
4 tazas de agua
1 ½ tazas de lentejas (enjuagadas y escurridas)
1 cucharada de aceite de coco (o agua)
4 dientes de ajo picados
3 cucharadas de jengibre fresco picado
¾ cucharadita de sal marina
1 cucharada de curry en polvo
1 cucharadita de cúrcuma molida
⅛ cucharadita de pimienta de cayena
1 ½ tazas de leche de coco (la de lata de preferencia)
2 cucharadas de jugo de limón fresco

6 PORCIONES / 30 MINUTOS 

Nota: Puedes remojar las lentejas antes, es opcional, pero puede mejorar la digestión y acelerar el tiempo de cocción. 

En una olla pon a hervir las tazas de agua. Agrega las lentejas y deja que hierva. Una vez que lo hagan, baja a fuego lento y deja cocinar las lentejas sin tapar durante 5 minutos o hasta que estén tiernas. (Puedes probar una y sentir su suavidad). 

PUBLICIDAD

Pon un sartén grande sobre fuego alto. Cuando esté caliente, echa el aceite, el ajo y el jengibre. Saltea durante 2 o 3 minutos revolviendo con frecuencia. Agrega la sal, el curry,  la cúrcuma y la cayena y deja cocinar por un minuto más. Baja el fuego. 

Agrega la leche de coco y revuelve para mezclar todo. Cocina a fuego lento durante 3-4 minutos para combinar los sabores. Agrega las lentejas cocidas bien escurridas a la salsa de coco y revuelve. 

Es probable que necesiten más condimentos en este momento, así que sugiero que pruebes la mezcla y agregues al gusto lo que creas que haga falta. 

Apaga el fuego, agrega jugo de limón y revuelve. Nota cómo el limón le da un sabor fresco y ligero a la mezcla. Sirve con arroz blanco o con pan árabe (o naan).