Una tarde de septiembre de 2019, Ana Cristina Barragán salió del consultorio de su ginecóloga en Quito con la noticia de que estaba, por quinta vez y a pesar del tratamiento, con una infección vaginal causada por un hongo que produce ardor, picazón y dolor. “¿Seguro tu pareja tomó las pastillas?”, le preguntó su doctora. Su pareja, el músico Mateo Kingman, le había dicho varias veces que sí había hecho el tratamiento. Pero como Ana Cristina Barragán no entendía por qué no se curaba, le volvió a preguntar. “Mi cuerpo puro no debe contaminarse con pastillas”, recuerda Ana Cristina que Mateo Kingman le respondió por teléfono, después de evadir la pregunta varias veces. 

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Esa tarde, después de 14 meses de decenas de pastillas antimicóticas, de cremas, de citas médicas con distintos ginecólogos y de mucho dolor y ardor, entendió por qué sus tratamientos no habían funcionado. “Él inventó detalles de cada una de sus supuestas citas con distintos urólogos, inventó los nombres de los doctores, hasta me dijo cuál le había caído mejor, cuántas pastillas había tomado para curarse. También inventó razones por las que el tratamiento no estaba haciendo efecto”, dice Barragán. 

En 2018 a Ana Cristina Barragán le diagnosticaron el hongo por primera vez. En ese momento, Mateo Kingman le contó que él se había contagiado en la Amazonía ecuatoriana un par de meses antes de ser novios. Pero Sara*, quien fue su enamorada entre 2014 y 2017, también sufrió el mismo contagio. Y Laura*, quien salió con él por cerca de cinco meses en 2015, desarrolló la misma infección. Durante cinco años, Mateo Kingman contagió a al menos estas tres mujeres. En Ecuador, la Ley para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, en su artículo 10, describe en detalle qué es violencia sexual e incluye “la transmisión intencional de infecciones de transmisión sexual (ITS)”. La abogada Ana Vera explica que el hecho de que una persona conozca que es portadora de una infección y no avise a sus parejas durante cinco años, es una forma de violencia sexual, según la ley. 

A inicios de 2017, la ginecóloga de Sara le dio el diagnóstico que explicaba las molestias que había sufrido por meses. “Me dolía y ardía todo el día, no podía estar tranquila”, recuerda Sara. Cuando ella empezó el tratamiento, le explicó a Mateo Kingman que la ginecóloga le había dicho que ambos debían seguirlo, de lo contrario, no funcionaría. Sara dice que Mateo Kingman le dijo que sí había tomado las pastillas. Pero unos meses más tarde, como no se curaba, Sara lo encaró. “Yo estoy sano, no necesito eso”, dice Sara que Kingman respondió, admitiendo que le había mentido: nunca había seguido ningún tratamiento. 

Con Laura*, Mateo Kingman salió por cinco meses. No fueron novios pero iban a fiestas juntos, conversaban y tenían relaciones sexuales. Cuando dejaron de verse, ella fue a su ginecólogo por un chequeo de rutina, y él le diagnosticó una infección que hoy no recuerda de qué fue. Laura siguió el tratamiento que le ordenaron, y le comentó a Kingman que podía ser él quien la contagió por lo que le recomendó ir al médico. Ella no sabe si Kingman lo hizo o no —para ese entonces, ya no salían, y no tenía la confianza para volverle a preguntar. 

En una entrevista vía Zoom, Mateo Kingman admitió que a Ana Cristina Barragán le ocultó varias cosas. “Yo en ese momento decidí no ir al urólogo como ella me había pedido por tercera vez, y decidí decirle que iba a ir pero no fui y decidí tomar un camino alternativo”, dice Kingman. Agrega que no tuvo la “suficiente conciencia para tomar el tema con la responsabilidad”. Sobre los otros dos contagios en 2015 y 2017 dijo que “podía ser” que una pareja anterior haya tenido una infección. “Pero no me interpeló que teníamos esa infección sino que a ella le había dado”, dice, reiterando que Barragán, su última pareja, fue la primera persona con quien tuvo una conversación sobre la infección. Ana Cristina Barrágan, Sara y otras dos mujeres aseguran haber sido también humilladas y recibido malos tratos por Kingman. La abogada Ana Vera dice que la violencia psicológica está tipificada como delito en el artículo 157 del Código Orgánico Integral Penal. 

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Mariana*, otra mujer con la que hablé para este reportaje, recuerda que en una fiesta tomó demasiado alcohol y se quedó dormida en un sofá. “Estaba dormida y me desperté porque alguien estaba besándome, y me empezó a tocar debajo de mi pantalón. Reaccioné como empujándolo y me di cuenta que era Mateo”, dice Mariana. Consultado sobre ese hecho, Kingman dice que no recuerda pero que “en una revisión de sus relaciones” considera que no cometió ningún acto de abuso. Pero Laura, que salía en esa época con el músico, sí lo recuerda: dice que entró al cuarto donde estaban y lo vio encima de Mariana. 

Las seis mujeres consultadas para este reportaje —cuatro de ellas pidieron mantener sus nombres en reserva— describen a Kingman como un hombre que en realidad no se parece en nada a la imagen pública que él proyecta como músico que promueve el respeto por los demás seres: las plantas, los curanderos, los taitas

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Mateo Kingman nació en Quito en 1991 pero vivió su infancia en Macas, una pequeña y bucólica ciudad enclavada en las faldas de las montañas del sur de la Amazonía ecuatoriana. Según entrevistas que ha dado en los últimos cinco años a medios nacionales e internacionales, su obra se cimienta en la introspección, el trabajo con las plantas y la naturaleza. Su carrera como músico ha estado acompañada por un activismo por el medioambiente y los derechos de las nacionalidades indígenas del Ecuador. En un video del 4 de noviembre de 2020, publicado en Instagram, habla en contra de la explotación de un bloque petrolero en la provincia de Pastaza. En una entrevista con CNN en Español, de 2016, habla del origen de su música y menciona cómo Macas y los ritmos y géneros amazónicos influyeron en su producción.

Su público no solo está en Ecuador sino en otros países como Colombia, México, Argentina, Chile y España. Según Spotify, tiene 85.217 oyentes mensuales. En un reportaje de junio de 2019 de la revista musical Rolling Stones México Kingman es descrito como “una de las figuras latinoamericanas más sobresalientes de los últimos meses”. La nota menciona que en su video Último aliento “puede presumir” de la colaboración de Gustavo Santaolalla, compositor, músico y productor quien ha ganado, dos veces, un Óscar.

En la entrevista a CNN en Español, la periodista le preguntó sobre el mensaje de su disco en 2016. Kingman dijo que era sobre la “concientización de que tenemos algo muy importante que es nuestro pulmón… que todo el tiempo está en peligro, tratar de sembrar una semilla en la gente y mirar que ese lugar nos pertenece a todos”. Pero para las seis mujeres que hablaron para este reportaje, el discurso sobre el cuidado del medioambiente y la Tierra es contradictorio con su comportamiento. “Mateo Kingman ha decidido ser una persona mediática que habla con lenguaje inclusivo, que muestra un personaje deconstruido, pero perpetúa muchas prácticas patriarcales en sus relaciones amorosas”, dice P.Ledesma, quien fue su novia en 2013. 

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Ana Cristina Barragán dice que, durante sus casi dos años de noviazgo, Mateo Kingman la contagió cinco veces del hongo. Cuatro facturas de farmacias entre el 14 de abril de 2018 y el 15 de abril de 2019 que revisé confirman la compra de pastillas, cremas y óvulos para tratar esta infección. 

Sara y Laura no tienen sus exámenes médicos con los diagnósticos de hace cinco y seis años, Barragán sí tiene dos diagnósticos pero en ellos no se especifica el nombre del hongo. Sin embargo, todas recuerdan que su médico les dijo que era una infección, y sus síntomas coinciden: ardor y picazón. Con base a esos síntomas, la ginecóloga Johanna Palacios explica que más del 90% de los casos de infecciones vaginales causadas por  hongos se deben al candida albicans. “La única manera de curarlo es tratando a ambos en la pareja. Si no se tratan los dos es una eternidad, un círculo sin fin”, dice la doctora Palacios. Agrega que muchas veces “el tratamiento necesita seis meses de duración, por lo tanto se necesita compromiso de ambos para llevarlo a cabo”.

Los síntomas de este hongo en las mujeres son la picazón, secreción, e irritación vaginal. “Se llegan a hacer llaguitas porque es desesperante la picazón y ardor. Son pacientes que en la noche se despiertan a rascarse de lo molesto que es”, explica Palacios. En el hombre, lo más común, es que no tenga síntomas.

El tratamiento, por lo general, consiste en pastillas, óvulos y cremas. La ginecóloga Palacios explica que mientras se aplican los óvulos no se debe tener relaciones sexuales. Sara, quien fue novia de Mateo Kingman por casi tres años, recuerda que mientras hacía el tratamiento le pidió a él respetar esta restricción. “Pero él se ponía bravo, me hacía sentir mal y me decía que yo no quería tener relaciones sexuales con él”, dice. Por la presión que él ejercía y la dependencia emocional que Sara afirma que sentía, aceptaba. La doctora Palacios explica que mantener las relaciones sexuales produce un recontagio.

La psicóloga María Fernanda Porras califica a este contagio de “violento”. “Me parece perversa esa reacción, sabiendo que tiene esa infección, no le importe y contagia. Hay un tema perverso en el goce de disfrutar el sufrimiento de otras personas y saber que hay una cura, que tiene que tomar una pastilla, y no lo hace”, dice Porras. 

Cuando Ana Cristina Barragán se enteró que Mateo Kingman no había seguido nunca, en casi dos años, un tratamiento, empezó a sospechar que le había mentido en otras cuestiones. Su relación sentimental, por acuerdo mutuo, era monógama, y ella recuerda cómo él criticaba las infidelidades de otros. Pero poco tiempo después de terminar su noviazgo, Ana Cristina se enteró que él le había sido infiel durante toda la relación. Con el antecedente de la infección por el hongo, aterrada por el riesgo al que había estado expuesta, volvió donde un especialista, esta vez un médico general, quien le mandó a hacerse exámenes. 

La factura del laboratorio médico, con fecha del 9 de junio de 2020, suma 397,67 dólares y muestra que se hizo 20 exámenes de enfermedades de transmisión sexual como herpes, clamidia, VIH, hepatitis, sífilis, entre otras. “Atravesé la agonía de esperar de los resultados. El curso entero de mi vida estuvo en riesgo. Otra sería la historia si fuera positiva en una de las decenas de ETS que temí haber contraído”, dice Ana Cristina Barragán. 

El día que Barragán llamó a Mateo Kingman luego de salir de la cita en que su ginecóloga le dijo que tenía otra vez el hongo, él estaba fuera de Quito. Al día siguiente, cuenta Barragán, se vieron y ella lo confrontó sobre una infidelidad que él admitió. De la rabia, frustración y confusión, ella le dio una trompada en la cara. Kingman, en la entrevista por Zoom, dice que su relación fue “tóxica”. Sin embargo, la psicóloga Daniela Alvarado explica que es importante diferenciar una reacción frente a una situación de peligro o riesgo, de los actos sistemáticos de la violencia estructural. “La primera puede ser por defensa o supervivencia, la segunda tiene una intencionalidad de hacer algún tipo de daño”, dice Alvarado. 

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El contagio no es el único señalamiento de sus exparejas. Ledesma fue enamorada de Mateo Kingman en 2013 y aunque ella no se contagió del hongo, recuerda que muchas veces él la humilló.

En sus 10 meses de relación, Ledesma conoció a los papás, al hermano y a la abuela de Kingman. Juntos viajaron dos veces a Macas. “Hacíamos esas cosas que hacen los novios”, recuerda. Una noche, una amiga le contó que una conocida le había dicho que estaba saliendo con Mateo Kingman, y que él le decía a sus conocidos y amigos que Ledesma estaba loca. “Le dijo que hace tiempo ya no éramos novios, que yo quería presentarle a mi familia y él no quería, y que si lo veían conmigo era por pena porque yo no quería dejarlo ir”, recuerda Ledesma. Ella dice que, a la par de ese comportamiento, en privado, él le decía que era la persona más especial de su vida. 

La psicóloga María Fernanda Porras explica que cuando un hombre “te hace creer que tú eres la loca, que tú tienes la responsabilidad” es propio del “perfil de un abusador”. Dice que es también, “propio del círculo de la violencia: tiene esta etapa que todo está mal, se acaloran, hay manipulación, viene la agresión (que no es necesariamente física), y viene lo que se denomina la luna de miel en la que te disculpas, prometes, dices que estás arrepentido, y otra vez vuelves, es reiterativo”, dice Porras. 

Ledesma, Sara y Ana Cristina coinciden en que mientras estaban en la relación, él las ridiculizaba, humillaba y denigraba. “Siempre criticaba cómo me vestía. Una vez me dijo ‘desde que estás conmigo, te vistes bien’, era como si él pensaba que todo lo que yo hacía era para agradarle a él”, dice Ledesma que Mateo le dijo en el 2013. En sus 10 meses de relación, cuenta Ledesma, él le dijo que sentía que con ella no aprendía nada. “Eres súper ingenua, no cachas nada, siento que tienes buen corazón pero no cachas nada, no has vivido nada, y no sé qué hablar contigo, no aprendo nada contigo”, recuerda que le dijo más de una vez. En una ocasión, dice que él le preguntó “¿con qué sientes que te va bien?” y ella le respondió escribiendo. “Y me dijo ‘¿escribiendo?’ pero si escribes pésimo. Yo escribo mejor que tú”. En ese entonces Ledesma tenía 19 años y dice que cada vez que le hacía un comentario parecido, no sabía qué responder y se quedaba callada. “Si alguien me dice algo así ahora, reaccionaría diferente. Antes no me daba cuenta”, dice Ledesma.


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A Sara, entre 2014 y 2017, también la humillaba frente a sus amigos. “Me decía ‘qué feo te queda ese pantalón, o qué horrible esa blusa’. Cuando me maquillaba, me decía ‘ese maquillaje no te queda bien’. Una vez estaba solo con base y me dijo al frente de más personas ‘qué fea estás’. Otra vez frente a todos sus amigos me dijo ‘deja de ser tan estúpida’. Siempre lo hacía como burlándose, en forma de chiste, pero grosero”. En una ocasión, Kingman y ella —que es vegetariana— salieron a comer con el hermano de él. Cuando llegaron al restaurante de hamburguesas, cuenta Sara, el hermano de Mateo Kingman le dijo “cierto, no tienes qué comer aquí”, y ella no alcanzó a contestar porque enseguida Mateo le dijo a su hermano “ella no tiene hambre” sin haberle preguntado antes. “Más de una vez habló por mí”, recuerda Sara.

A Ana Cristina Barragán no le criticaba la ropa sino el cuerpo. “‘¿Y esto?’ Haz deporte me decía a mí agarrándome el abdomen. Una vez me dijo ‘celulitis, eso sí que no…y por eso yo perdí mucho peso cuando empezamos a estar juntos”, recuerda Barragán. Sobre este trato a Barragán, Kingman afirma que su preocupación se relacionaba con la salud de ella, que no era por una cuestión estética. Y sobre los tratos a Sara y Ledesma dice que no recuerda haber hecho ese tipo de comentarios a parejas anteriores. “No tengo la sensación de haber manipulado constantemente a mis parejas con ese tipo de comentarios”, dice el músico. 

“Las parejas que dicen ‘eres gorda, fea’ te hacen sentir inservible, dependiente, generan inseguridad y te ponen a dudar sobre la capacidad de discernir qué está bien, qué está mal. Hay una manipulación importante”, explica Porras y dice que, como parte del ciclo de violencia, la pareja empieza siendo amorosa, y luego empiezan los comportamientos agresivos. 

En una carta que publicó Ana Cristina Barragán el miércoles 9 de diciembre como parte de lo que considera su proceso de denuncia y sanación dice: “Yo jamás había tenido pensamientos ni intentos de suicido, ni en las situaciones más difíciles, hasta que fui víctima de sus agresiones”. Sara dice que también tuvo ese tipo de pensamientos. María Fernanda Porras afirma que la violencia psicológica puede terminar en situaciones graves, como atentar contra la propia vida. “Lo importante es no poner el tema del suicidio como mal de amores que es lo que generalmente se hace, sino como una afectación grave a su identidad, a su personalidad, a su autoestima, como una afectación grave de haber sido víctima de violencia psicológica por periodos prolongados”, dice Porras. La abogada Vera dice que la depresión fuerte y los pensamientos suicidas podrían considerarse formas de violencia psicológica, como está contemplada en el Código Orgánico Integral Penal (COIP). 

Mateo Kingman me dijo que ha hecho “un proceso largo para tratar de comprender algunas cosas, que parte de la búsqueda de comprensión y toma de conciencia de sus decisiones en los últimos años en relación a la gente con la que he estado”. A pesar de sus palabras, hace 10 meses salió con Kyra Nelson quien dice que Kingman también la ridiculizaba y la hacía sentirse insegura.

Nelson salió con Kingman durante tres meses entre noviembre de 2019 e inicios de este año. Aunque salieron poco tiempo, dice que “fue suficiente para que me haya quedado súper insegura”. Nelson dice que, varias veces, Kingman le hizo comentarios sobre su cuerpo y su inteligencia, que lo hacía en un tono de pregunta pero que en realidad lo estaba afirmando. “Empecé a sentir que estaba muy flaca, me quedé insegura de mi propio cuerpo y de mi sexualidad luego de estar con él”, dice. 

Pero Nelson dice que no solo sufrió comentarios que agresivos de parte del músico. Una noche fueron a una fiesta en el carro de ella. Cuando llegaron, Kingman le dijo “tranquila, toma y yo manejo” y se ofreció a ser el conductor designado. Al regreso, con él al volante, hubo una redada policial y Kingman detuvo el carro antes de llegar donde estaban los agentes de tránsito y se pasó al asiento de atrás dejándola sola a Kyra en el asiento del copiloto. “Yo estaba borracha, me hicieron prueba de alcohol y me llevaron presa por 17 horas. Al día siguiente en el juicio, Mateo declaró que yo era inocente”, recuerda Kyra Nelson. El expediente del proceso judicial por la infracción de “conducción de vehículo en estado de embriaguez” revela que Kingman estuvo en la audiencia, donde admitió que era él quien conducía. Dijo que decidió parar antes de la redada y cambiarse de asiento porque tenía su licencia de conducir caducada. 

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Ninguna de las seis mujeres con las que conversé han denunciado a Mateo Kingman ante la Justicia. La Fiscalía General del Estado, en respuesta a un pedido de información, me dijo que no habían denuncias en contra de él. La Junta de Protección de Derechos de La Delicia, en Quito, y la Junta de Protección de Derechos del cantón Morona (no existe una de Macas) tampoco reportan denuncias en contra de él. 

Contacté al Ministerio de Cultura del Ecuador para preguntarles si tienen un espacio para denunciar la violencia de género que ocurre en la industria, y si tienen algún programa de prevención sobre este tema. Me respondieron que, como Ministerio, son “respetuosos de las instancias judiciales que se encargan del tema”. 

También contacté a la Sociedad de Autores del Ecuador, una organización privada que se dedica a “precautelar los derechos patrimoniales y administrar los derechos económicos resultantes de la utilización pública de las obras musicales de autores nacionales y extranjeros”, para preguntarles si tienen un protocolo para denunciar casos de violencia. Me respondieron que enviarían mi requerimiento a Recursos Humanos pero hasta el cierre de este reportaje no tuve respuesta. 

Ayer en horas de la noche, Ana Cristina Barragán, después de meses de un proceso que ella considera de sanación, rompió su silencio en redes sociales. Kyra Nelson replicó su publicación y dijo que había pensado en hacer una denuncia pública, pero que tenía miedo de que, al ser ella también parte de la industria musical, pudiese ser relegada al ostracismo profesional por hablar en contra de uno de los músicos independiente más reconocidos del país. Pero el testimonio de Barragán le dio fuerzas para hablar. Hasta el cierre de este reportaje, Mateo Kingman no se había pronunciado sobre los señalamientos hechos por Barragán y Nelson en redes sociales. 

Cuando lo entrevisté vía Zoom para este reportaje, me dijo que no estaba “del todo de acuerdo con este tipo de procesos punitivos cuando hay complejidades y no estamos todos de acuerdo, en un caso, de que esto tiene que ser castigado de esta manera”. Antes de cerrar la llamada, dijo que él cree “más en la construcción, en la transformación, en el diálogo y la posibilidad de la reparación que en estos otros procesos que se están dando”. Lo dijo con una tranquilidad pasmosa, condicionando la reparación que estas mujeres buscan desde hace mucho tiempo a los términos que él considera adecuados —y no permitiéndoles llevar sus procesos de sanación en los términos que ellas decidieron.

*Los nombres de las tres mujeres son protegidos

**Este reportaje incluye una aclaración del 15/12/2020 en la que se explica que la ginecóloga Palacios consultada para este reportaje hizo su diagnóstico y explicación sobre el hongo que ella suponía que Barragán, Sara y Laura tenían con base a sus síntomas y diagnóstico médico de una de ellas. Su diagnóstico de que era candida albicans no es concluyente.