Recetas

Poder decir adiós es crecer

Las cocinas son espacios de poesía, el eje central de una casa, el lugar donde todos gravitamos y la vida sucede. Despedirse de una es mucho más que decir adiós.

Tengo recuerdos arrumados en mi casa. Cinco años de vida han entrado en unas cuantas cajas que ahora me acompañan a un nuevo hogar. Frente a mi cocina vacía, miro hacia atrás y pienso en todas las cosas que he vivido aquí.

Despedirse de una cocina es mucho más que decir adiós. Es dejar atrás aromas, recuerdos, rutinas y una vida que no volverá a repetirse. Es como terminar con un viejo amor: al principio es amargo, pero luego viene la dulce calma del aprendizaje y las experiencias vividas.

Las cocinas son espacios de poesía, el eje central de una casa, el lugar donde todos gravitamos y la vida sucede. Son para madrugadas y noches tardías, para disfrutar en soledad o en medio de la algarabía de una comida compartida. Es un espacio del que, mágicamente, siempre hay manera de salir airoso.

Hoy que me voy de ésta, quiero celebrar a todas las cocinas de mi vida —a las que les he dicho adiós y a las que están por venir. La cocina que dejo hoy ha sido el lugar de muchos inicios, de intentos fallidos y exitosos, del escondite para los dulces, del cajón que nunca terminé de arreglar, del dibujo de un cuba libre que se cayó y nunca volví a colgar.

Empacando, recuerdo la cocina de mi abuela: antigua pero atractiva, repleta de tesoros, con vida propia. En cambio, una cocina nueva, como la que me está esperando, es un lienzo en blanco para crear.

Con una última mirada, me despido y cierro la puerta mientras pienso en la frase de Cerati: “poder decir adiós es crecer”. De acuerdo, Gustavo, todo va a estar bien.

Esta receta la hice incontables veces en este espacio que hoy dejo. Prepárenlas para disfrutar en familia. Y si se reúnen en la cocina a reír y comerlas, mucho mejor.

¡Buen provecho!

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La mejor receta de galletas de chocolate

Ingredientes:
½ taza de mantequilla ablandada
½ taza de azúcar blanca
½ taza de azúcar morena
1 huevo grande
1 ½ tazas de harina
½ cucharadita de bicarbonato de sodio
½ cucharadita de levadura en polvo
½ cucharadita de sal marina (opcional)
1 taza de chispas de chocolate (o trozos de chocolate picado)

18 PORCIONES / 30 MINUTOS

Precalienta el horno a 180 C°.

En un recipiente, mezcla la harina, el bicarbonato de sodio, la sal y el polvo de hornear.

En otro recipiente, bate la mantequilla y las tazas de azúcar hasta que se combinen. Luego incorpora el huevo hasta que la mezcla esté esponjosa. Agrega los ingredientes secos y combínalos bien. Finalmente echa las chispas de chocolate y mézclalas.

Antes de hornear las galletas, puedes meter la masa al refrigerador por un par de horas para que su consistencia esté más firme. Con la masa, haz bolas de aproximadamente 3cm y ponlas en una bandeja para hornear separadas las unas de las otras.

Hornéalas por aproximadamente 8-10 minutos. Saca las galletas apenas estén comenzando a ponerse doradas. Déjalas reposar en la bandeja para hornear durante 2 minutos antes de retirarlas para enfriar.

Puedes congelar la masa para hacer galletas cuando quieras.

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Directora de arte y gourmand oficial de GK. Dirige Quiero Comer, desde donde, cada sábado, cuenta historias sobre una receta (y nos cuenta cómo preparala).