Recetas

Pochoclo, canchitas, popetas ¿Qué?

Donde sea que esté, si hay canguil, todo mejora. Es un ejemplo perfecto de simplicidad y sencillez: con solo un poquito de calor, explota y nos regala lo mejor de él.

Íbamos tarde. La película ya había empezado pero no me importó: para mí era imposible entrar a la sala de cine sin canguil. El cinéfilo que me acompañaba, molesto, dijo:

— Vinimos a ver una película, no a comer.

Esa fue nuestra primera y última cita.

El canguil ha sido, desde siempre, mi fiel compañero de antojos. No recuerdo la primera vez que lo probé, pero seguramente ya tenía la edad suficiente para comerlo por montones. Desde entonces, sus distintas versiones nunca dejan de emocionarme: salado, dulce, picante, de queso o de Oreo (sí, de Oreo).

Donde sea que esté, si hay canguil, todo mejora. Es un ejemplo perfecto de simplicidad y sencillez: con solo un poquito de calor, explota y nos regala lo mejor de él. Abre su corazón y se junta con cientos de compañeros quienes, apachurrados unos contra otros, están listos para hacer felices a grandes y chicos. Y principalmente, es incondicional: acompaña tardes de películas en el cine o en casa, fiestas de cumpleaños y hasta las sopas de la abuelita, con la misma alegría de siempre.

No conozco a nadie a quien no le guste el canguil, pero los degustadores oficiales sabemos que su mejor versión es la hecha en casa: con un poquito de mantequilla o aceite ¡pum pum pum! los granitos revientan inundando el aire de emoción. Palomitas, canchitas, popetas, pochoclos o canguil, no importa: tiene un solo idioma. Esa bolsa grande, humeante, repleta de bocaditos deliciosos forma parte de la memoria colectiva de todos.

Hoy el canguil que me acompaña desde casa me recuerda todas las veces que he ido al cine solo para comerlo, o la vez que en México mis amigos se rieron cuando le pedí una “funda de canguil” a una cajera que me miraba impávida sin entenderme. Hoy el canguil me calienta el corazón recordándome que lo más simple es lo que nos llena, y me promete que pronto, muy pronto, estaremos de vuelta haciendo pum, pum pum y reventando para dar lo mejor de nosotros.

¡Buen provecho!

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Canguil con caramelo

Receta fácil canguil con caramelo

Ingrendientes:
1 cucharada de mantequilla o 1 cucharada de aceite
90 g de canguil
1 cucharadita de sal
Para el caramelo:
100 ml de agua
210 g de azúcar
1 cucharada de mantequilla

4 PORCIONES / 15 MINUTOS

En una olla, calienta la mantequilla o el aceite hasta que comiencen a burbujear. Agrega los granos de canguil y mezcla para cubrirlo.
Tapa la olla y no la destapes hasta que los estallido hayan disminuido o se hayan detenido por completo. Agita la olla de vez en cuando para que los granos no se peguen al fondo de la olla. Vierte las palomitas de maíz en un recipiente aparte y espolvorea sal.

Pon el azúcar en una olla y vierte el agua encima. No revuelvas la mezcla. Coloca la olla a fuego medio-alto y espera a que la mezcla se vuelva de color ámbar.

Cuando el caramelo tenga un color ámbar intenso, agrega la mantequilla y mezcla. La mantequilla hará que la mezcla se vuelva como espuma. Solo sigue mezclando hasta que el caramelo se forme.

Inmediatamente vierte el caramelo caliente sobre las palomitas de maíz y mezcla. Hazlo muy rápido para cubrir todo el canguil y luego extiéndelo sobre una bandeja para hornear. Espere unos minutos para que el caramelo se enfríe y se endurezca.

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Directora de arte y gourmand oficial de GK. Dirige Quiero Comer, desde donde, cada sábado, cuenta historias sobre una receta (y nos cuenta cómo preparala).