La vida de los otros

Lo que falta por despenalizar

Cada 27 de noviembre se recuerda la despenalización de la homosexualidad en Ecuador. Pero en verdad, la homosexualidad ¿ya no es un delito o solo está escrito en la ley?
  • despenalización de la homosexualidad en Ecuador

    Ilustración de Paula de la Cruz para GK

Hoy, 27 de noviembre de 2019, el Ecuador cumple 22 años de haber despenalizado la homosexualidad, antes de esta fecha, ser parte de la diversidad sexual en este país, era un delito.  Además, la Asamblea Nacional declaró en 2016, al 27 de noviembre como día nacional de la diversidad sexo genérica. Hace unos meses, la Corte Constitucional trajo al país al siglo XXI y aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero ¿solo ha cambiado la ley o también nosotros, como sociedad, frente a las personas de la diversidad sexual?

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Es innegable que la discusión sobre la comunidad LGBTI en Ecuador ha progresado desde la despenalización. En ese entonces, dejó de ser un delito porque el fallo del Tribunal de Garantías Constitucional decía, en resumidas cuentas, que los homosexuales no podían ser penalmente responsables porque tenían una condición mental, y los enfermos mentales no pueden ser juzgados. Era una victoria agridulce, que reflejaba bien la posición social sobre las diversidades sexuales: no, delito no es, pero normales no son. Era claro que la despenalización era legal, pero no social. 

A más de veinte años, mucho de eso ha cambiado. El debate público comenzó a centrarse en  estos temas hace unos diez años, más o menos. Los activistas nunca decayeron en su reclamo, y  el nacimiento de espacios mediáticos dispuestos a volver central una discusión hasta entonces propia de los márgenes, los pasos se fueron agigantando. 

En 2013, el activista argentino que lideró la aprobación del matrimonio igualitario en su país, Bruno Bimbi, decía que era cuestión de tiempo que entrara en vigencia en el Ecuador. Van a ser seis meses desde que, en junio de 2019, la profecía de Bimbi se cumplió, y el Ecuador sigue siendo —para bien y para mal— el mismo. En el camino, figuras públicas, funcionarios y jueces acogieron los argumentos valientes de los activistas a favor de la igualdad, y la opinión pública mutó: incluso grandes marcas comerciales empezaron a acoger en su comunicación institucional un lenguaje incluyente.

Pero, a pesar de los avances, aún hay pendientes. En el debate político aún impera la idea de que una virilidad vertical y agresiva es necesaria para conducir el país. Las referencias a ser varón, macho, tener los huevos para, se siguen usando, vigente desde los tiempos en que a Vicente Rocafuerte lo  querían desacreditar diciendo que era homosexual

Un siglo y más ha pasado, pero la orientación sexual se sigue utilizando como descalificación por políticos de todo el espectro partidista. Los ejemplos son muchísimos, pero repetirlos sería darles una nueva vigencia. En definitiva, ser gay, lesbiana, transgénero o de cualquier otra comunidad de la diversidad sexual sigue siendo un impedimento para tener una voz en la política y la discusión de lo público.  Silvia Buendía, activista LGBTI, dice que sí hay personas homosexuales en puesto políticos, pero que no han hecho pública su orientación sexual, “porque sigue habiendo discriminación”.  

En una columna reciente en Primicias, la periodista Thalía Flores mostraba las respuestas a la pregunta hecha por una encuestadora: ¿Votaría usted por una persona homosexual para presidente? Más del 62% contestó que no. Es una muestra clara que, de alguna forma, una amplia mayoría de  votantes asocia la orientación sexual con la capacidad para ejercer un cargo público. Lo cual se demuestra absurdo si pensamos en una sola razón: todos nuestros políticos, los corruptos y los ineptos, los oportunistas y los autoritarios, han sido heterosexuales. Pero a nadie se le ha ocurrido decir que no votaría por un heterosexual para presidente. 

Es algo fuera de tono en un mundo en el que los países democráticos cada vez juzgan menos a sus políticos por a quién aman.Claudia López acaba de ser elegida alcaldesa en Bogotá,  Xavier Bettel es el primer ministro de Luxemburgo, es el no sé qué de Irlanda. De una u otra manera, sus electores entendieron que deberán juzgarlos por su desempeño como mandatarios, y no por sus vidas privadas. 

López ganó la alcaldía con más del 35% de los votos. En una entrevista , dijo que su orientación no la convertía automáticamente en activista, y que lo que le permitió ganar fue su carrera política y su lucha contra la corrupción.  Xavier Bettel, primer ministro de Luxemburgo asumió su puesto en 2013, y durante su mandato se aprobó el matrimonio igualitario en ese país. 

Pero nuestro país parece aún lejos de una completa despenalización social. Silvia Buendía dice que los cambios en las leyes tienen efectos, en su mayoría, simbólicos. “Las normas no cambian la conducta de una sociedad”, dice, pero si permiten que la sociedad cambie sus posturas. “Sobre todo en las posturas de la gente más joven”, dice Buendía.  Buendía dice que a los nuevos votantes no les interesa la orientación sexual de un líder político. “Están preocupados de que animalistas, que se preocupen por el cambio climático, por eso, los discursos de líderes políticos han cambiado”, dice Buendía.  

Estos cambios pueden parecer sumamente lentos en un país que no ha logrado ser más inclusivos, plenamente laico. La religión mantiene un peso gravitante en el Ecuador: hay políticos que manifiestan públicamente sus convicciones religiosas y tratan de fundamentados en ellas, hay jueces que desconocen el sistema interamericano y los mandatos constitucionales, y candidatos que insisten en que su fe sea dogma público. “No hemos logrado superar eso”, dice Fredy Alfaro, representante del colectivo Quitogay.  

Para dar los pasos que se necesitan para que el cambio sea plenamente social, se necesita de todos. Los medios de comunicación precisamos seguir presentando a las comunidades en sus verdaderas dimensiones: sus logros, luchas y causas, y también sus contradicciones y  devaneos partidistas. Los medios de comunicación debemos mantener (o instaurar) un enfoque de derechos humanos y género para evitar la revictimización de los falsos retratos. “Ya no nos están representando de manera caricaturesca a la población lgbti, sino que estamos en otros ámbitos, hay actores, artistas, políticos, cosas que también influyen”, dice Alfaro. 

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A veces hay que repetir lo que es una verdad evidente en sí misma: el rechazo a los homosexuales se base en estereotipos y prejuicios, según la Asociación Americana de Psicología. El día que lo entendamos por completo, dejaremos de ver en la vida personal los defectos a evitar en la vida pública. Quizá entonces podamos elegir con más calma, y seamos menos proclives a la seducción de machos muy varones, y escoger a quienes, verdaderamente, sean los mejores perfiles para conducir la cuestión pública. Solo entonces podremos, también, celebrar que vivimos en un país donde toda orientación sexual ha sido despenalizado, no solo legal, sino socialmente. Ojalá no tome 22 años más. 

Mayuri Castro
Periodista de GK. Cubre migración interna, educación y escribe ensayos breves y reflexivos sobre coyuntura nacional.