El Baúl

Anatomía de una bomba lacrimógena

Durante 11 días la Policía ecuatoriana las ha lanzado contra los manifestantes en distintas ciudades del Ecuador durante el paro nacional de 2019. ¿Qué es y qué nos hace el gas lacrimógeno?
  • efectos del gas lacrimógeno

    Muy utilizado durante el paro nacional en Ecuador, pero ¿qué es y qué nos hace el gas lacrimógeno?. Fotografía de Diego Ayala para GK.

El que es utilizado en Ecuador tiene por nombre completo es clorobenzilideno malononitrilo. Su fórmula química es C10H5ClN2, y se conoce como Gas CS, por las iniciales de los apellidos de sus creadores Ben Corson y Roger Stoughton. Pero la mayoría lo conocemos como gas lacrimógeno. “Es generalmente aceptado como no-letal”, dice un experto que no puede dar su nombre. Fue creado en la universidad privada Middlebury College en Vermont, Estados Unidos, en 1928. Se sigue usando para detener disturbios —algo que los largos días de protestas en el Ecuador nos han recordado. 

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Siempre se habla de él en singular, pero el gas lacrimógeno viene en distintas presentaciones. El gas pimienta, un tipo de gas lacrimógeno utilizado para la defensa personal, usualmente se dispersa desde un bote de mano. 

Además de las granadas y los botes lanzados a mano, las fuerzas militares y policiales también usan proyectiles con gas lacrimógeno para usar en armas antidisturbios, junto con municiones como balas de goma. En ciertos casos también se ha lanzado desde aviones y vehículos como métodos de dispersión. 

El gas lacrimógeno es parte de la historia de la democracia local. Su composición química irrita los ojos y hace llorar —de ahí su nombre popular. También puede afectar el sistema respiratorio y causar tos, asfixia y debilidad en general. 

Aunque su nombre sugiera lo contrario, el gas lacrimógeno no es un gas. Está compuesto de halógenos orgánicos sintéticos líquidos o sólidos que se dispersan finamente en el aire mediante aerosoles, generadores de niebla o granadas y proyectiles. 

Pese a que es el irritante más fuerte para el sistema respiratorio y los ojos, sus efectos desaparecen en poco tiempo: después de 5 a 10 minutos de respirar aire fresco. Desafortunadamente, eso no siempre es posible en el contexto en el que este tipo de gases son utilizados. 

El CS no es el único, pero sí el más utilizado actualmente. Su hermano es el cloruro de fenacilo, también conocido comúnmente como cloroacetofenona o gas CN.  Ha sido usado como agente antidisturbios, pero por sus altos niveles de toxicidad —su contacto puede provocar graves daños en la piel— ha sido ampliamente reemplazado por el gas CS. 

También existe el gas CR. Tiene una base de dibenzoxazepina, es más de 30 veces más potente que el CN y puede provocar dolor severo en la piel, ceguera e histeria.  

En la mayoría de los casos, los efectos de los gases lacrimógenos son temporales y reversibles. Y las máscaras de gas con filtros de carbón activado suelen ser una buena protección contra ellas. En las calles de Ecuador, la gente ha recurrido a una mezcla de agua y bicarbonato para contrarrestar sus efectos. 

A pesar de que es, por lo general no letal, las bombas lacrimógenas han matado. En 2011, el palestino Mustafa Tamimi murió después de que un frasco de gas lacrimógeno disparado a corta distancia lo golpeó en la cabeza. En 2019, en Ecuador, murió Edison Cosíos. Cuando Cosíos tenía 17 años fue impactado por una bomba lacrimógena en la cabeza durante un protesta en 2011.  

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Los primeros gases lacrimógenos – bromuro de xililo y bromoacetato de etilo– se utilizaron por primera vez en la Primera Guerra Mundial. Fueron las primeras armas químicas usadas en una guerra y los ancestros del Gas CS. La táctica era obligar a los soldados enemigos a usar las máscaras de gas por el mayor tiempo posible, ya que se había demostrado que los soldados perdían eficiencia por la incomodidad que les causaban máscara. Ya que los gases lacrimógenos necesitaban menor concentración que los gases tóxicos para ser efectivos, también era un arma más económica. 

Fue parte del arsenal desarrollado por los químicos norteamericanos para usar en los campos de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Después de este conflicto, el Servicio de Guerra Química de Estados Unidos desarrolló granadas de gas lacrimógeno para su uso en el control de disturbios.

Según la Convención de Ginebra sobre Armas Químicas —que regula el derecho internacional humanitario para proteger a las víctimas de los conflictos armados— el gas lacrimógeno es un arma química, por lo que está prohibido su uso en la guerra. 

El uso de gases lacrimógenos ha aumentado en los últimos años, se han liberado grandes cantidades contra la población en Turquía, Estados Unidos, Hong Kong, Grecia, Brasil, Egipto y Ecuador, por nombrar algunos.

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El gas lacrimógeno quema. Provoca dolor en los ojos, los pulmones y la boca. El doctor Sven-Eric Jordt, de la Universidad Duke, en Estados Unidos, ha estudiado estas fases por más de diez años. Dice que sus efectos pueden ser “abrumadores e incapacitantes”.

Por eso cree que ‘gas lacrimógeno’ no es el mejor nombre, él sugiere ‘gas del dolor’. “Porque activa directamente los receptores de detección de dolor” dice Jordt. Mientras otras armas químicas como el gas sarín causan parálisis muscular que puede provocar asfixia y están diseñados para matar, el propósito del gas lacrimógeno es repeler a las multitudes a través de la “miseria máxima”. 

Aunque los gases lacrimógenos han sido usados desde la Primera Guerra Mundial, sus efectos a largo plazo no se han confirmado. Según Rohini Haar, médico de Physicians for Human Rights y científico de salud pública de la Universidad Berkeley en California, sus consecuencias no son bien conocidas, particularmente si están relacionados con una exposición poco frecuente y breve.

Haar estudió a los residentes de los campamentos de Aida y Dheisheh en Cisjordania, Palestina, donde las personas se quejaban dificultad respiratoria crónica, erupciones cutáneas y dolor. Los residentes atribuyeron dichos síntomas a la exposición semanal a gases lacrimógenos, pero no se ha podido comprobar todavía. 

No todos sus efectos son físicos, “hay evidencia de que el gas lacrimógeno puede causar un trauma emocional, lo que tendría un impacto a largo plazo”, dice Haar.

Tampoco hay suficiente investigación para confirmar cuál es la mejor solución para contrarrestar sus efectos. Craig Rothenberg y otros miembros del equipo del Departamento de Ciencias de Salud Ambiental Global de la Universidad de Tulane, en Louisiana, publicaron en 2016 en la revista Annals of the New York Academy of Sciences cómo el gas afecta a cada parte del cuerpo. Pero ni ellos están 100% seguros de la mejor forma de luchar contra los efectos del gas lacrimógeno. 

La exposición a gases lacrimógenos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, incluyendo efectos agudos y crónicos. Los estudios han demostrado que atacan  receptores específicos del cuerpo, lo que provoca efectos dolorosos e irritantes. 

La exposición a CS produce efectos instantáneos en los ojos, la nariz, la boca, la piel y las vías respiratorias. Los efectos en la piel incluyen picazón, irritación y enrojecimiento, con posibles ampollas. En los ojos puede provocar lagrimeo, espasmos en los párpados, picazón y ardor. Cuando se inhala, la CS provoca tos, asfixia, salivación y opresión en el pecho.

Además de heridas graves en la cabeza y los ojos, las quemaduras y las muertes provocadas por el lanzamiento de bombas de gas lacrimógeno que impactan muy cerca o directamente sobre las personas.

Cuando se libera el gas en espacios pequeños o cerrados, como en prisiones o en corredores, las personas están expuestas a los agentes tóxicos en mayor concentración y durante más tiempo y sus efectos son más severos. Puede causar vómitos, diarrea, y según el estudio de Rothenberg, quemaduras en la piel y daños oculares graves, como edema estromal de la córnea —una inflamación grave de esta parte del ojo— o un desgarro conjuntival, entre otros. 

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No existe un antídoto específico para los gases lacrimógenos comunes. Liberarse del gas y tomar aire fresco es la principal solución, pero en las condiciones en las que es usado, esto puede resultar bastante difícil. También se recomienda quitarse la ropa contaminada —hasta los lentes de contacto— y evitar el uso de toallas contaminadas para reducir las reacciones cutáneas. 

El Centro Nacional de Venenos de Estados Unidos recomienda enjuagar los ojos con agua fría, pero hay informes de que el agua puede aumentar el dolor del gas CS. Sin embargo, la mayoría de la limitada evidencia sugiere que el agua o la solución salina son las mejores opciones. También antihistamínicos pueden ayudar a controlar el lagrimeo y las reacciones respiratorias.  

Para evitar efectos a largo plazo, se recomienda bañarse tan pronto como se pueda para eliminar las partículas que se adhieren a la piel y pueden causar daños a nivel cutáneo.  Lo mismo se debe hacer con la ropa, los zapatos y los accesorios que hayan estado en contacto con el gas, ya que todas las partículas no tratadas pueden permanecer activas hasta por una semana. 

Los efectos físicos de la exposición al gas lacrimógeno son temporales en la mayoría de los casos, pero los efectos que tiene el gas en el lugar donde se han lanzado pueden ser duraderos si no se neutralizan adecuadamente. Si no se limpia correctamente, podría permanecer en la zona contaminada y provocar daños permanentes en el corazón y el hígado. 

Según los académicos muchas de las investigaciones sobre los efectos del gas lacrimógeno sobre la salud fueron hechos en laboratorio o con grupos pequeños de individuos sanos y en situaciones controladas —lo que es exactamente lo contrario a la exposición en la vida real. 

Son esas mismas condiciones de real conflicto y agitación dificultan conducir eficazmente un estudio epidemiológico. Por eso, llegar a conclusiones certeras sobre sus efectos a largo plazo y las mejores soluciones contra sus efectos es complicado. Tampoco hay fondos para hacer este tipo de estudios y las investigaciones realizadas por varias organizaciones militares constituyen material clasificado, según Rothenberg. Mientras tanto, en las calles de los países convulsos se seguirá utilizando. 

Susana Roa
(Ecuador, 1997) Periodista. En GK cubre tecnología, derechos y economía.