La vida de los otros

Hablemos de Niñas

Si queremos erradicar la violencia de género, es indispensable trabajar con quienes son las mujeres del futuro. Pero ni el Estado, ni la sociedad, parecemos terminar de entenderlo.
  • Niñas en Ecuador: Derechos de las niñas

    Una niña juega días después del terremoto en Manabí. Fotografía de Ana María Buitrón.

Cuando la ONU declara un día de algo es porque cree que es (generalmente, un problema) que necesita ser visibilizado en todo el mundo. En 2011, hace apenas siete años, esta organización declaró al 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña. En el Ecuador es una fecha que pasa casi desapercibida para la mayoría, que es abordada en las agendas de algunos medios de comunicación a veces con enfoques revictimizantes, e incluido de alguna manera formalista por el Estado. Los otros 364 días es un tema del que no se habla.

Nadie regresa a ver a las niñas.

Hace dos semanas me senté con tres mujeres para hablar sobre por qué nadie las ve y qué podemos hacer para cambiarlo. Al conversatorio, que llamamos Hablemos de Niñas, fueron María Amelia Viteri, una antropóloga que ha enfocado su investigación en niñas, Kathy Ward, la embajadora del Reino Unido en Ecuador,  y Érica Curicama, una adolescente representante del movimiento Por Ser Niña. Un mes antes, cuando estábamos organizando el conversatorio empecé a preguntar a conocidos, amigos, colegas recomendaciones de organizaciones que trabajan con las niñas en el país. Todos me decían que contactarían a otro conocido, amigo, colega pero regresaban diciendo: no conozco, no conocen. O me daban nombres de sitios enfocados en mujeres o niñez (niños incluidos).

La primera reacción cuando separamos a los niños de las niñas, y pedimos que se atienda solo a ellas es negativa. Primero porque está la idea de que trabajar con un grupo específico es ignorar o discriminar a otro. Premisa absurda que nos llevaría a reclamarle a los ambientalistas que se preocupen por la violencia de género o a los animalistas que aboguen por las personas con discapacidad. Si bien las causas son para los activistas, reportear sobre las niñas se ha convertido en uno de los ejes de nuestra política editorial.

La segunda reacción cuando separamos a los niños de las niñas y pedimos que se atienda solo a ellas es preguntar por qué. Esta columna se podría tratar solo de eso y se convertiría en una larga lista de cifras, estudios, problemas —no solo del Ecuador— sino de la región, del mundo. Por nombrar algunos: cada año en el Ecuador 2700 niñas quedan embarazadas, la mayoría víctimas de violación sexual. En el Ecuador, 27,3% de las niñas abusadas sexualmente nunca dio a conocer su abuso. Las niñas invierten 18 horas semanales en quehaceres domésticos, tiempo que podrían dedicar a estudiar, jugar, a ser niñas. En el mundo, cada dos minutos una niña es obligada a casarse. Y la lista podría seguir.

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En nuestro país, el Estado no regresa a verlas. Es tal la indiferencia que la Fiscalía y el Consejo de la Judicatura no tienen clasificados los delitos por género (o al menos no lo comparten públicamente con los periodistas). La lista de violaciones, abusos, acosos en contra de niños, y la pornografía infantil se cuentan en un gran total, sin género. Pero si se mira más de cerca las cifras o se consulta a especialistas se ve que de cada 10 delitos sexuales en contra de niños y niñas, 8 son en contra de niñas.

¿Cómo puede un Estado elaborar una política pública si no tiene los datos para identificar un problema?

Hay otras cifras que sí están disponibles pero no se difunden: entre 2012 y 2016, 50 niñas entre 10 y 12 años tuvieron un aborto no especificado, según el Ministerio de Salud. Son datos a los que se puede acceder con pedidos de transparencia pero que no están colgados en ninguna página web, ni son noticia. Es información que parecería que el Estado elige no tomar en cuenta. Y no lo hace porque el día que un alto funcionario del gobierno diga “2700 niñas quedan embarazadas cada año en el país” o “50 niñas abortaron en cuatro años” deberá hacerse cargo. Y parecería que no quieren que ese día, ni esa responsabilidad, lleguen.

Desde la sociedad civil la situación no es tan grave pero igual el trabajo es insuficiente. En un paneo rápido de organizaciones,  fundaciones y grupos sociales se encuentran varios —cada vez más— enfocados en promover los derechos de las mujeres, y otros cuantos, quizás más, en defender la niñez (niños incluidos). Pero muy pocos tienen en su agenda como tema principal a las niñas.

¿Por qué?

Quizás porque no se conocen las horribles cifras. O porque no se termina de entender que si se quiere trabajar en la erradicación de la violencia de género, la mejor manera es empezar con las que se van a convertir en mujeres: las niñas.


Esta columna es parte del proyecto Hablemos de Niñas que se hace gracias al apoyo de

Isabela Ponce
(Ecuador, 1988) Cofundadora y editora de GK. Periodista con ganas de construir un mundo mejor. Investiga, reportea y escribe sobre derechos de las niñas, derechos de las mujeres, minorías y medioambiente.