Profundidad

César Montúfar: “Quito es una ciudad gobernada por trogloditas”

A principios de agosto de 2018, César Montúfar anunció que participaría como candidato a la Alcaldía de Quito, en alianza con CREO, el movimiento político de derecha liderado por Guillermo Lasso. Pocos días después, el propio Lasso anunciaba a un candidato distinto y Montúfar le enviaba una dura carta en la que lo acusaba de romper un acuerdo. Un mes después, Montúfar nos cuenta sobre su trayectoria política, su visión de ciudad, sus errores y el quiebre con CREO.
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    César Montúfar fue asambleísta entre 2009 y 2013. Fotografía de José María León para GK.


UN CABLE A TIERRA EN UN PAÍS POLARIZADO

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César Montúfar fue asambleísta entre 2009 y 2013 por la Concertación, movimiento político que lidera desde su nacimiento desde 2006. Montúfar es además docente y director del área de Estudios Sociales en la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Es en su oficina de la universidad en donde nos recibe. El espacio es pequeño. En la pared frente a la puerta de ingreso, están tres estanterías llenas de libros. Al frente, su escritorio, al lado un sillón y en el centro una mesa redonda que ocupa el poco espacio que queda libre. Durante la entrevista, el espacio se ve más pequeño. Además de Montúfar y yo, hay dos personas de su equipo, y el fotógrafo de GK.

Cuéntenos lo que ocurrió con Guillermo Lasso y el movimiento CREO. Usted dijo que ellos iban a apoyar su candidatura a la Alcaldía de Quito pero ya CREO anunció que su candidato sería Juan Carlos Holguín. ¿Qué pasó ahí?

Concertación y CREO hicimos un acuerdo en perspectiva de consolidar una alianza política, no solo para estas elecciones, sino una alianza política de mayor protección. Concertación es una organización que se ubica en el centro político, CREO es más bien en el centro derecha, y tuvimos muchas coincidencias en lo que fue la lucha del régimen de Rafael Correa. Compartimos espacios importantes, cofundamos Compromiso Ecuador en contra de las enmiendas y habíamos mantenido coincidencias. Por eso llegamos a un acuerdo entre Guillermo Lasso y yo, acuerdo que luego se plasmó en un texto que, más allá de pensar en las próximas elecciones, se proyectaba hacia ir fortaleciendo a una corriente desde el centro político hacia el centro derecha. En ese marco fue que CREO me propuso la candidatura a la Alcaldía de Quito y yo acepté. Luego de eso, hubo un rompimiento unilateral por parte del señor Lasso, él faltó a su palabra, faltó a lo que habíamos venido construyendo. Para nosotros hay que virar la página. Lo único que esto demuestra es la pobreza del liderazgo político ecuatoriano, que únicamente piensa los procesos electorales en función de cálculos muy pequeños. Yo le dije en la carta que le envié a Lasso que hay que pensar la política con P mayúscula no con p minúscula. La Alcaldía de Quito no puede ser pensada como un trampolín hacia la presidencia. La alcaldía de Quito no puede ser una pieza en una estrategia presidencial, eso es faltarle el respeto a la ciudad, es faltarle el respeto a la crisis, no dimensionar la crisis que vive Quito. Pero eso es parte del pasado, nosotros avanzamos, continuamos, y en esa perspectiva seguiremos.

Pero justamente esto que usted menciona del rompimiento de los acuerdos, ¿no demuestra una incapacidad de la oposición de concretar estos acuerdos y de alguna manera eso da la cabida a movimientos como el del expresidente Correa?

Por supuesto. Absolutamente. El problema no es solamente el correísmo y esa forma de pensar la política maniqueamente de que unos son los buenos y otros son los malos. En el fondo vemos la misma práctica. Personas que se creen dueños de partidos, personas que designan candidatos porque creen que un movimiento político se maneja como una empresa o como un banco. Yo creo que la clase política ecuatoriana se encuentra rezagada frente a una sociedad que innova frente a muchas cosas, que tiene muchas preocupaciones, que está vinculada a muchos procesos. Pero bueno, creo que este tema que es pequeñito, es la muestra de un problema mucho mayor, estructural de la política ecuatoriana.

Sin embargo esta no es la primera vez que algo así pasa entre Concertación y CREO, ¿no? En 2013 pasó cuando Auki Tituaña declinó la candidatura a vicepresidente con Lasso y se hablaba de que usted iría en su lugar pero no fue así. Juan Carlos Solines se desafilió de Concertación, la organización de la que ambos eran dirigentes, y se fue con Lasso. ¿Cómo después de eso, usted mantiene la alianza para que vuelva a pasar exactamente lo mismo cinco años después?

Yo creo que mi obligación como político es buscar acuerdos. El nombre del movimiento es Concertación que se fundó sobre el modelo de la concertación chilena, donde fue posible que hubiera políticas de Estado de 20 años seguidos, en una articulación política en la que estaba desde la democracia cristiana hasta el partido socialista. Así es como nosotros entendemos la política. Creemos que una sociedad moderna, con problemas tan complejos como los del Ecuador, merece salir a soluciones concertadas. Lo otro es el caudillismo que ya fracasó con Correa. Ese caso debería ser un ejemplo, una oportunidad para un aprendizaje político. Un caudillo carismático, aparentemente con mucha preparación, con las mejores condiciones en términos de contexto internacional totalmente favorable, un apoyo de la ciudadanía enorme, sin adversarios políticos de peso que pudieran obstaculizar su proyecto; es decir, condiciones excepcionales, pero ese modelo fracasó en Ecuador. Quizás es el fracaso más estrepitoso que ha tenido Ecuador. El problema no es si es de izquierda o de derecha, el problema es el modelo, la forma de hacer política que fracasó en las mejores condiciones como el caso del correísmo. Si las lleva adelante políticos con menor carisma, en condiciones mucho más adversas, el resultado va a ser peor. Por eso pensamos que la política debe cambiar de metodología, la concertación es una metodología de hacer política que implica la articulación de diversos, en función de aspectos comunes, pero manteniendo la diversidad. Eso, en perspectiva de encontrar soluciones de largo plazo a problemas complejos.

En noviembre de 2012, pocos días antes de inscribir su candidatura como vicepresidente de Guillermo Lasso, el líder indígena Auki Tituaña declinó su candidatura luego de que la Conaie, movimiento al que pertenecía, lo expulsara de sus filas por la alianza con Lasso. El nombre que se escuchaba tras bastidores, como reemplazo de Tituaña, era el de César Montúfar, líder de la Concertación y asambleísta en funciones. Sin embargo Lasso optó por Juan Carlos Solines, también miembro de la Concertación. En una movida rápida, Solines se separó de Concertación para unirse a la campaña de CREO. El binomio perdió frente a Rafael Correa y Jorge Glas.

Claro, pero usted habla de los caudillos o los dueños de los partidos. ¿No tenemos aquí lo mismo, por un lado Correa, y por otro, un líder que sin primarias decide quién va a ser el candidato a la alcaldía?

Yo no quisiera comentar sobre ese tema. Lo que sí le digo es que el comportamiento de Lasso en este episodio que ocurrió en esta alianza con Concertación, muestra la decadencia de una forma de hacer política, en la que las aspiraciones personales, los cálculos políticos pequeñitos, esta política con p minúscula, el pensar que un proceso tan importante como la Alcaldía de Quito puede ser mirado en perspectiva de una estrategia presidencial, deben primar. Pero opinar sobre lo que hacen otras organizaciones, no me parece que me corresponde.

Le pregunto sobre todo porque usted ha hecho un acuerdo. ¿Concertación ya nada tiene que ver con CREO?

Rompieron ese acuerdo, Lasso faltó a su palabra, mostró esta forma caudillista de hacer política pero ese es un problema del señor Lasso. Lo que fue interesante es que esta situación nos obligó a decir, esto va mucho más allá de eso. En mi caso personal, asumí un compromiso, un desafío que debemos llevar adelante pero como nosotros pensamos que se debe hacer política.

¿Eso quiere decir que ya no hay ningún tipo de acuerdo entonces?

No pues. ¿Qué acuerdo puede haber con una organización en la que una persona que se arroga la función de líder o dueño del partido rompe acuerdos y rompe su palabra?

"Lasso faltó a su palabra", dice Montúfar sobre el acuerdo que tenían para las elecciones seccionales de 2019. Fotografía de José María León para GK.

“Lasso faltó a su palabra”, dice Montúfar sobre el acuerdo que tenían para las elecciones seccionales de 2019. Fotografía de José María León para GK.

Pasemos entonces a ahondar en su posible candidatura a la Alcaldía de Quito. ¿Usted va a ser candidato definitivamente? ¿Ya es una decisión tomada? ¿Tiene un movimiento que lo va a respaldar? ¿Cómo va a ser ese proceso?

El movimiento Concertación, en su convención nacional de marzo de este año, resolvió que me postularía a la Alcaldía de Quito. A partir de eso fue que iniciamos conversaciones con otros actores, entre esos CREO. A partir de ahí hemos venido construyendo un camino que tiene distintos andariveles. El primero, me parece que es el más importante, es la construcción de una propuesta, va más allá de poner un listado de ofertas. El segundo es el tema de articulación ciudadana: un proyecto para la Alcaldía de Quito requiere una sumatoria enorme de voluntades que va mucho más allá de lo que podría ser un movimiento político. En una ciudad en la que tienes cientos, miles de colectivos que tienen múltiples demandas de todo tipo, se requiere esta articulación ciudadana. Y en tercer lugar, está el trabajo territorial. Quizás lo peculiar y lo hermoso de la política en elecciones seccionales es que tienes que unir la demanda y la expectativa de una persona de un barrio que tiene un determinado problema de basura, transporte, con un proyecto de ciudad. Ese trabajo territorial es importantísimo. Nosotros estamos trabajando en los tres niveles. Una candidatura no es un problema de yo me lanzo, mi partido me apoya. El llegar a ser un candidato es un proceso de construcción, de sumatoria de voluntades, un proceso en el que tú como persona tienes que transformarte, más allá de lo cosmético, de lo publicitario. Tienes que cambiar tu forma de relacionarte con las personas en el sentido de que asumes el desafío de representar. Una candidatura es una construcción.  Va mucho más allá de que una asamblea te designe, más allá de que un caudillo te ponga el dedo encima. Nosotros estamos trabajando. Es el desafío político más complejo y más interesante que he asumido en mi vida política.

En este contexto que usted menciona, de articular distintos actores dentro de la ciudad, ¿han pensado en alianzas con otras organizaciones civiles y políticas?

Organizaciones políticas ya no. Sí vamos a conversar porque es necesario converger pero creemos que el tema principal ahora es esta articulación de voluntades ciudadanas porque Quito es una ciudad tan diversa, quizás eso es lo más interesante, rico y fascinante de Quito, donde tienes propuestas de grupos vinculados al tema seguridad, al tema movilidad, al tema derechos, incluso derechos de los animales. Quito no solo está hecha de casas. La fauna de Quito es fascinante, tienes hasta pumas. Hay que pensar a Quito como diversidad, en donde hay sectores que están movilizados en función de sus demandas. Para nosotros, dentro de ese proyecto de ciudad, el tema de una ciudad incluyente es fundamental. Quito es la ciudad más diversa del país, no solo por el hecho de ser capital. Aquí existen al menos 5 ecosistemas. Tú debes haber escuchado esa propuesta maravillosa de hacer de Quito la ciudad de los arupos. Es interesante pero Quito no puede solo ser la ciudad de los arupos porque si ves el ecosistema de Calderón y Carapungo es distinto al de los Valles, el norte es distinto al sur en términos de clima, vegetación, fauna. Somos tan diversos que debemos pensar en una ciudad que incorpore esas diversidades. En nuestra propuesta, la construcción de este proyecto. Estos dos criterios: inclusividad y diversidad son fundamentales.

¿Cuál es su visión de ciudad? Quizás una de las mayores críticas a esta administración es que no hay un proyecto de ciudad. ¿Cuál es su propuesta?

No es un tema solo de esta administración, es un problema que viene desde hace rato, desde la administración de Rodrigo Paz. Quito no ha tenido un proyecto de ciudad. Quito, la última vez que se pensó a sí mismo, en la época de Paz, era una franja longitudinal que iba de Chillogallo a Cotocollao. Quito ya no es eso. Están los Valles, Carapungo, el Sur, las parroquias rurales. Quito es una ciudad diversa. Quito es una ciudad productiva, Quito es la ciudad más rica del Ecuador, la que más aporta al Producto Interno Bruto, la que más aporta en impuestos. Si caminas por la calle América, desde el Colegio Mejía hacia la Mariana de Jesús, hay un montón de mueblerías, personas que incluso usan la vereda para pintar o terminar los muebles, no solo para vender. Detrás de eso, en las cuadras adyacentes, verás pequeños talleres vinculados a esa línea de negocio. Y eso tú encuentras en muchísimas partes de Quito. Es una ciudad tan diversa, incluso en términos productivos, pero sabemos que tenemos que dar un salto en productividad. Quito no puede seguir siendo la ciudad vinculada a la burocracia, al gasto público. Quito tiene un potencial turístico impresionante. Es la capital más hermosa de América Latina, pero no puedes decir que solo es turismo, es una ciudad gobernada, voy a decir una palabra fuerte, gobernada por trogloditas. El Concejo Municipal y el Municipio se transformó en lo mismo que el estado nacional: en un botín político. Quizás en Quito lo vemos con mucha más claridad. Mira cómo se maneja el Concejo con relación a la administración municipal, y eso hay que decirlo, desde la época de Paco Moncayo. En búsqueda de la llamada “gobernabilidad” se empezó a distribuir espacios de administración municipal a cambio de apoyo político.

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¿A qué se refiere con eso?

Que el Municipio se transformó en una troncha. Tú ves en las distintas comisiones en las que están los concejales, pasan por el chantaje, por la corrupción, por mecanismos que imponen los concejales a la marcha de la administración municipal. Quito entró en un modelo de gobernabilidad totalmente corrupto y anacrónico, totalmente distinto al que se merece una ciudad con problemas tan complejos y con un potencial tan enorme como tiene nuestra ciudad.

¿En qué espacios se ve esa corrupción?

En el caso del Concejo Municipal, por mencionar algo. Por eso una de las propuestas que he hecho, es una propuesta fuerte: no vamos a ir al Municipio para repetir lo mismo. El correísmo en su afán estatista, de controlarlo desde el Estado todo, cambió el modelo y los concejales se transformaron en empleados municipales. Tienen sueldo del municipio, carros municipales, chofer municipal, tienen guardaespaldas; hay algunos concejales que tienen más de 20 asesores porque el Código Municipal permite que gente que trabaja en la administración pueda formar parte del equipo de concejales. Entonces en vez de ser representantes de la ciudadanía, en vez de estar cercanos a sus electores, son empleados más, empleados de la institución a la que tienen que fiscalizar. Hay un equívoco completo. Por eso nosotros decimos que esto tiene que terminar. En Chile, en Colombia, los cuerpos edilicios son personas que reciben dietas por las sesiones a las que asisten, y aquí también funcionaba así antes. No son empleados municipales, no están subordinados al Alcalde y nosotros planteamos que eso debe cambiarse;  los concejales deben recibir dietas por las sesiones a las que asisten, ya no pueden ser empleados municipales, no pueden tener chofer, carro. Tienen que ser fiscalizadores porque la mejor garantía de erradicar la corrupción es que tengamos un cuerpo dedicado a la fiscalización, al que el Alcalde tiene que responder todos los días, al que la administración tenga que responder transparentemente, pero si ellos son empleados y además manejan espacios de la administración, llegamos a institucionalizar un esquema de corrupción y de troncha política que tiene a Quito en la situación en la que está.

¿Su propuesta de que los concejales no reciban sueldos, se refería entonces a eso?

Sí pero el ahorro en eso va a ser poco, el problema no es económico, es político.

Montúfar se considera un hombre de centro izquierda pero su vínculo más mediático ha sido con el movimiento CREO, de derecha. Fotografía de José María León para GK.

Montúfar se considera un hombre de centro izquierda pero su vínculo más mediático ha sido con el movimiento CREO, de derecha. Fotografía de José María León para GK.

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César Montúfar enfatiza cada palabra cuando habla de troncha o corrupción. Alza un poco el tono de voz y las pronuncia haciendo breves pausas en cada sílaba Es una bandera que eligió levantar mediáticamente cuando se involucró como acusador particular en contra de Jorge Glas, en el juicio que terminó con la condena al entonces vicepresidente.

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Le pregunto porque vi que cuando hizo este planteamiento en su cuenta de Twitter, varias personas le respondían que es demagógico hacer una propuesta así.

Pueden decirme eso pero quienes lo dicen están defendiendo intereses. Quito no puede seguir en este esquema de gobierno. Podemos tener las soluciones más ajustadas. En los problemas urbanos hay poco que inventar bajo el sol, hay miles de experiencia y tú, más o menos puedes decir qué es lo que hay que hacer. El problema no es saber lo que hay que hacer, el problema es si se lo puede hacer y no lo puedes hacer si es que no cambias el modelo de gobernabilidad del municipio y haces que el modelo sea de una ciudad democrática, participativa, transparente y técnica. Las soluciones al problema de la basura, de la movilidad, de la ornamentación de la ciudad, de la seguridad, son soluciones técnicas. El problema es que el modelo de gobernabilidad corrupto que se instauró en el Municipio, no las permite. Por eso nuestra propuesta es que ya desde la Alcaldía, si la ciudadanía de Quito vota por nuestra propuesta, no va a ser repetir lo mismo.

El otro precandidato que entrevisté hace poco, hablaba de las mafias que gobiernan Quito. Él se refería a los transportistas. Usted dijo hace un rato que la ciudad está gobernada por trogloditas. No es un tema solo del Concejo. ¿Cómo se puede atacar a estas mafias que están en distintos poderes?

Lo de los concejales y las dietas es solo una parte. Quito tiene que aprobar un estatuto autonómico, siendo nosotros distrito metropolitano, el estatuto autonómico es algo así como la Constitución de la ciudad. En el momento en que lleguemos al Municipio vamos a activar todo el sistema de participación; desde las asambleas barriales hasta los gremios, las cámaras, la academia, los grupos profesionales, todos, en función de que Quito pueda tener un proyecto de estatuto autonómico que tendrá que tener la participación de todos. Tendrá que apuntar a que colectivamente definamos una visión de ciudad a futuro. Ese estatuto nos obligará a que hagamos una propuesta de reorganización de la administración municipal. Lo de los concejales es un punto; hay muchos intereses dentro del Municipio y fuera también que tienen atascada las soluciones que se requieren. La Constitución establece que ese estatuto autonómico tiene que ser votado en consulta popular. Entonces vamos a proponerle a la ciudad votar un estatuto autonómico junto a una propuesta de reorganización de la administración municipal para que sea un mandato de la ciudadanía, no una imposición ni del Alcalde, ni del Concejo ni de nadie.

¿Usted está pensando en una ciudad en la que los ciudadanos se involucren para plantear respuestas, entonces? No solamente que esperen las respuestas desde la persona que gobierna.

Es que todos los problemas pasan por la participación. Mire el tema de la basura. Es un problema tremendo, Quito está ahogado en basura. Hemos regresado a un sistema de recolección superado hace treinta años, en volquetas. Una cosa pavorosa, del cuarto mundo, no del tercer mundo, pero si los ciudadanos no participan, no reciclan, no reutilizan, no reducimos la cantidad de basura que producimos… Quito produce aproximadamente 680 mil toneladas de basura al año. No hay botadero que te aguante. Hoy tenemos la crisis en uno, se abrirá otro y llegaremos a lo mismo. La solución pasa por cambiar el modelo de gestión, por supuesto; por industrializar la basura, por supuesto, ahí hay un negocio, hay una fuente de empleo, de productividad, pero pasa por una actitud diferente de los ciudadanos. Tenemos que entrar en un modelo de participación, de reciclaje, de reutilización, de colaborar con el municipio para sacar la basura y que sea recolectada en sus horarios.

En el tema movilidad, una ciudad de casi 3 millones de habitantes. Por supuesto, el metro implicará que el Municipio trabaje para organizar un sistema integrado de transporte, pero somos los quiteños que tenemos que empezar a pensar que no podemos vivir en una ciudad como que fuera un pueblito, en la que vamos en nuestro automóvil a comprar el pan. Tenemos que pensar como una ciudad moderna en la que el sistema público de transporte tiene que ser la principal forma de movilización.

De acuerdo pero para que se involucren los ciudadanos tiene que haber un liderazgo. Si voy a comprar el pan caminando y me asaltan o si utilizo el transporte público y con este tema de acoso en el transporte, me pongo en riesgo, ¿cómo me involucro?

Eso es fundamental, es un tema de liderazgo, un liderazgo que tiene que promover participación. Por eso es fundamental cambiar el modelo de gobernabilidad del Municipio. Si tú tienes un alcalde que tiene la fuerza política y la integridad para llevar adelante reformas fuertes, por supuesto que la ciudadanía va a reaccionar. Si tienes concejales con grillete que asisten a sesiones y el alcalde no responde ante una situación así, no hay cohesión. Una ciudad diversa tiene que estar cohesionada en una visión de proyecto. Por eso la reforma profunda, a través de un estatuto autonómico, de que la ciudadanía se pronuncie por un cambio radical del modelo de gobernabilidad de la ciudad es fundamental. El resto sería poner parches. Creo que la solución es política, las soluciones técnicas están ahí.

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Pero tampoco se han ejecutado.

Pero, ¿por qué no se han ejecutado? Porque hay un problema político interno, porque tenemos una alcaldía sin liderazgo, un concejo hundido en el mayor desprestigio, una administración municipal tomada por la troncha política. Este sistema de corrupción institucionalizada que se creó en el gobierno nacional se ha reproducido plenamente en el municipio. Tienes dos formas de cambiar: o con el autoritarismo, como lo hizo Febres Cordero en Guayaquil; o lo cambias democráticamente, con voluntad popular, construyendo un mandato popular. Nosotros nos vamos por la segunda vía porque nos parece que Quito es una ciudad democrática. El modelo de gobernabilidad tiene que ser incluyente, participativo con liderazgo y decisiones. Para poder adoptar tomar esas decisiones necesitas fuerza política que te respalde.

Esta visión de cambiar el modelo de gobernabilidad, ¿no está un poco ligada a esta idea constante que se tiene a nivel de país de querer cambiar la Constitución cada cierto tiempo?

Yo te pregunto, ¿qué hacemos en Quito entonces? ¿Tú crees que es un problema solo de buenas intenciones? ¿Será que necesitamos decir que vamos a elegir una persona que reproduzca un modelo de hace veinte años? ¿O es algo que tú puedes improvisar porque eres simpático? Creo que no. Quito necesita soluciones de raíz y aquí tenemos un Concejo municipal tomado por un sistema de troncha política y corrupción y por eso Quito está en una decadencia desde hace 20 años. Es por eso incluso que Quito ha perdido su función como capital. Quito es una capital y eso le hace cualitativamente distinta. No digo ni más ni menos que otras ciudades pero una capital cumple algunas funciones. Desde que el correísmo se instaló en Ecuador, Quito se puso en neutro. Quito siempre había sido un centro de gravedad de la política nacional, un referente, un orientador de la política nacional. Esto tuvo una repercusión enorme porque permitió que el correísmo se institucionalizara en el país, que frente a lo que hizo Correa durante diez años, Quito estuviera callado. De lo que se trata es recuperar una ciudad, construir una ciudad que asuma también su función de capital.

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Por momentos, Montúfar habla atropelladamente. Empieza una frase y continúa con otra sin terminar la primera, como si sus ideas fuesen más rápidas que las palabras que brotan de su boca. Su experiencia académica de casi dos décadas se nota en la complejidad con la que formula sus planteamientos.

"No puedes tener solamente al caudillismo y personalismo como propuesta política". Fotografía de José María León para GK.

“No puedes tener solamente al caudillismo y personalismo como propuesta política”. Fotografía de José María León para GK.

Justo iba allá. Usualmente Quito ha tenido una participación política muy fuerte, incluso contestatario frente al gobierno nacional. ¿Usted cree que el Alcalde de Quito también debe participar en la política nacional?

Por supuesto. El Alcalde de Quito tiene que ser un líder nacional, una voz orientadora en el país. Quito es una ciudad región, el sur de Quito está orgánicamente articulado a la Sierra Central del Ecuador en términos familiares, culturales, económicos. No estoy diciendo que el Alcalde de Quito tiene que hacer oposición al gobierno; estoy diciendo que el alcalde y la ciudad de Quito, al ser capital, tienen una función orientadora de la política nacional. Mire el tema de los concejales: el correísmo cambió la Ley para transformar a los concejales en empleados públicos. Llega el alcalde y dice, yo voy a bajar la cabeza porque así está en la Ley. No pues, el Alcalde de Quito tiene que presentar un proyecto de ley, tiene que trascender. La acción de un alcalde de una capital trasciende el espacio de su ciudad. La capital no solamente es sede de gobierno, es el centro de gravedad de la política. Y las consecuencias la vimos durante la época del correísmo porque si en Quito hubiésemos tenido un alcalde, no de oposición, pero un alcalde que asuma esa responsabilidad que tiene, no hubiéramos tenido lo que tuvimos: de la manera más suave, se instauró en el país un sistema de delincuencia organizada.

Si hablamos de su trayectoria política, usted ha participado ya en candidaturas a puestos públicos. Participó como candidato en la Constituyente de 1998, luego en la de Montecristi en 2008. ¿Qué ha significado para usted este recorrido político? En el 98 usted participaba por Nuevo País, con Freddy Ehlers como candidato presidencial, en alianza con el movimiento indígena. Luego se movió hacia el centro y finalmente terminó en una alianza con la derecha de Guillermo Lasso. ¿Cómo ve usted este recorrido no solamente en cuanto a la experiencia política adquirida sino también en cuanto al camino ideológico?

Yo tuve un origen político en la extrema izquierda. Comencé a hacer política a los 13 años, desde una posición muy radical de izquierda. Cuando participé en alianza con el movimiento Nuevo País era de centro izquierda y yo me he movido, desde 1997 en adelante entre el centro y el centro izquierda. Concertación es una organización de centro, yo más me ubico en el centro izquierda pero nuestro movimiento es un pluralista dentro de una tendencia. Para mí, la política es una vocación de articular voluntades, de construir sinergias en función de objetivos colectivos, que tienen que ver con el bien público y que se la hace desde la propuesta, desde la calle, desde la acción política. Mi objetivo, y el objetivo de Concertación que ya tiene 12 años de vida, no ha sido aliarnos para llegar al poder, sino construir una propuesta. Nosotros hicimos una experiencia interesante: dos caminatas largas, en 2006 una caminata de Quito a Guayaquil, nos demoramos 28 días. Estábamos construyendo una propuesta de reforma constitucional que se llamaba la sexta papeleta. Después en 2010, cuando yo era asambleísta, también por Concertación, fue el camino de regreso, de 19 días, trabajando en la propuesta del país hacia el postcorreísmo. La gente nos decía: con eso no van a ganar elecciones. Posiblemente tenían razón. Siempre ha estado el diálogo, uno tiene que dialogar con quien no piensa igual porque tú no haces política en monólogo, pero también hay que buscar formas distintas de hacer política. Nuestra respuesta era que el país necesita ver otras alternativas. No puedes tener solamente al caudillismo y personalismo como propuesta política. Mi hijo cínicamente me suele decir: tus verdades mal dichas suelen ser arrasadas por mentiras bien dichas. Yo me he hecho político en el activismo político. Esa es mi vocación. Yo hubiera podido acomodarme a las circunstancias, estar dentro del correísmo, pero hemos hecho política desde el activismo, quizás cosas no rentables en lo electoral pero enriquecedoras desde la perspectiva de innovar. Las caminatas fueron experiencias hermosas. En la época del correísmo, tal vez sin mucha resonancia mediática, hacíamos jornadas de silencio: imagínate un político que hace silencio. Hemos hecho plantones, plantada de árbol porque los ciudadanos ecuatorianos se merecen una política en la que no haya un caudillo dando un discurso redentor desde una tarima.

Pero para que eso funcione, ¿no se requiere un cambio incluso quizás estructural de la sociedad?

Pero hasta que haya ese cambio estructural, ¿seguimos haciendo lo mismo? En lo de la acusación particular a Glas, fue romper un esquema en el sentido de que era necesaria una intervención desde fuera de una estructura de justicia tomada por el correísmo, para producir una diferencia. Esa es la forma en que a mí me gusta hacer política. He tenido choques e incomprensiones. En las caminatas aprendí mucho. Cuando llegábamos caminando aprendimos lo que es entrar caminando a diferencia de lo que es entrar en caravanas, botando camisetas, papeles, bolsas de harina o entrar con una correa golpeando todo. Esa política yo no quiero hacer. Y claro, he tenido choques porque a veces no puedes cambiar una forma culturalmente establecida de pensar la política. Alguna vez llegué a una ciudad que no voy a mencionar para no resentir a estos amigos, y habían preparado una caravana. Me bajé del avión y estaba la camioneta. Yo dije que no me voy a subir y lo tomaron casi como un desaire. Tuve que ceder. A mí esa forma no me gusta, así no voy a llegar. A veces me toca tranzar, no es solamente lo que uno piensa pero los políticos tenemos la responsabilidad de presentar a los electores otros repertorios: no estamos condenados al caudillismo. Es más, la experiencia de los últimos diez años nos dice que el caudillo con las mejores condiciones, en todo sentido, fue el mayor fracaso que hemos tenido en la política del Ecuador.

Ya terminando la entrevista justo con este recorrido político, ¿qué errores encuentra usted?

Muchos errores. El principal error que veo en mi accionar político es que a veces actúo en el deber ser que en el ser. Un político tiene también la responsabilidad de producir respuestas y soluciones a lo que existe. Hablábamos hace un rato de la responsabilidad de ofrecer otros repertorios pero eso no tiene que estar desconectado de lo que la gente espera de un político.

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Explíqueme un poquito más. ¿A qué se refiere?

Un político tiene también la responsabilidad de ganar. Un poco lo que mi hijo me dice: un político tiene también que ganar. A veces tiendo a moverme más en el espacio del deber ser, de la filosofía política que de la praxis política.

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¿Ideas alejadas de lo que en la realidad puede implicar ser político?

Te pongo un ejemplo: la última elección presidencial. Nosotros intentamos un acuerdo, fracasó nuevamente, esa es un poco nuestra constante. Nos vimos solos. Teníamos varias opciones: no participar, esa no era una opción. La otra era lanzar una candidatura presidencial: podría haber sido yo el candidato presidencial o lanzarnos a la Asamblea sin candidato presidencial. Finalmente fuimos candidatos a la Asamblea sin candidato presidencial. Una campaña presidencial sin candidato presidencial, incluso para elegir asambleístas, está destinado al fracaso. Tuvimos un fracaso electoral muy grande. Si hubiéramos pensado de una manera más pragmática, más asentada en cómo la política ecuatoriana funciona, totalmente presidencialista, hubiéramos lanzado un candidato presidencial, igual hubiera ganado Lenín Moreno como ganó, pero quizás una candidatura mía o de una persona de la tendencia le hubiera quitado a los candidatos Lasso o Viteri un 2 o 3% pero hubiéramos quedado posicionados.

Justo en lo que menciona como un fracaso electoral, de alguna manera, ¿podría replicarse en su candidatura a la Alcaldía, que la gente diga si ha perdido tantas veces es en vano votar por él?

Esa es una posibilidad y los ciudadanos están totalmente en derecho de pensar así. Lo único que te diría es que lo otro sería adaptarnos, bajar la cabeza y decir que la política ecuatoriana funciona desde este patrón caudillista y personalista y nos sometemos. En ese contexto no tendría ningún interés en hacer política. Hace un rato me preguntabas sobre mis errores. Ese puede ser uno de mis errores: no encontrar el punto medio. A lo que voy es que en este trabajo de la política, siempre hay este divorcio, esta brecha que nos ha afectado muchas veces.

¿Y en estas elecciones a qué apunta entonces?

Vamos a ganar. Estoy seguro que vamos a ganar.

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Hay un montón de precandidatos.

Eso no importa. ¿Sabes por qué vamos a ganar? Porque vamos a presentar una propuesta más clara, a diferencia de otras elecciones. Yo tengo una trayectoria enorme: la ciudadanía sabe mis errores y mis virtudes, sabe de que sí tengo la capacidad de dar vuelta la situación de entrampamiento que tiene el Municipio en este momento, que yo no tengo miedo de enfrentarme a los poderes más grandes, cuando me enfrenté a Glas y Correa en el momento de mayor apoteosis, de popularidad y de control institucional. Jamás he sido cómplice y creo que la gente puede identificar eso. Creo que puedo ofrecer la alternativa de tener la capacidad, el liderazgo, la honestidad para proponer un camino. Los ciudadanos, por supuesto tienen el derecho a escoger otras opciones y yo lo respetaré como siempre lo he respetado. Pero sí creo que tenemos la obligación de ir construyendo este proceso y mi obligación ética, personal y política es decir: aquí está esta propuesta, esta alternativa, esta trayectoria. La gente decidirá y la gente siempre sabe escoger.

María Sol Borja
Periodista y publicista. Tiene experiencia en televisión y prensa escrita. Docente universitaria y traductora. Ha publicado en medios como New York Times, Mundo Diners y Soho. Máster en Comunicación Política e Imagen (UPSA, España) y en Periodismo (UDLA, Ecuador). Editora asociada en GK.