Podemos encontrar varias definiciones, más o menos concretas, de lo que significa ser bisexual. A nivel más escueto, sin entrar en matices, podríamos definir a una persona bisexual como aquella que tiene interés romántico o sexual tanto por hombres como por mujeres. 

Para mí, la B de bisexualidad tiene un significado que va mucho más allá de si te gustan hombres, mujeres y todo lo que está en medio del arcoiris. 

La B tiene más que ver con la visibilidad, aunque sé que no se escribe con B. 

En muchas ocasiones, cuando he hablado con alguien acerca de mi sexualidad, su primera reacción ha sido o interpretar que soy una lesbiana reprimida o pensar que se trata de una etapa heterocuriosa. Y no pueden estar más lejos de la realidad. Pero no es necesariamente su culpa. 

Recuerdo que, desde pequeña, hubo mujeres a las que admiraba. A quienes reconocía como mis heroínas. Las admiraba por su belleza, por su talento, por ser fuertes o por su inteligencia. Pensaba que las admiraba y quizá nunca me planteé que, en realidad, parte de esa admiración era en realidad ‘atracción’. ¿Cómo saberlo? Si mi yo más pequeño no entendía que eso podía ser posible: que también me gusten las mujeres. 

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Siempre me han gustado los hombres. He sentido atracción por ellos y, esa parte de mi realidad, calzaba a la perfección con la “normalidad” establecida socialmente. Esto complicaba el hecho de que mi yo más pequeño se cuestionase si podían gustarme las mujeres. ¿Podían? Para contemplar esa posibilidad, pensaba que debí haber sido educada y debí haber crecido en un contexto que me brindara ambas opciones como válidas y, eso, rara vez ocurre. Al menos en mi caso, no fue así. 

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No fue hasta los 24 años que comencé a tomar conciencia de mi orientación sexual y que entendí que me podía sentir atraída tanto por hombres como mujeres. ¿Qué cambió en mi pequeño yo hasta mi yo de 24 años para tomar conciencia de mi propia orientación? 

La visibilidad. 

Encontré cantantes, actores y actrices, gente de la política y deportes, que se atrevían a decir “yo amo a quién yo quiero”. Ver a Sarah Paulson, Kristen Stewart, Alba Reche, Billie Joe Armstrong, en las cámaras y redes sociales me animó. Su forma de vivir o sentir logró seguramente que millones de personas se sintieran representados, incluyéndome a mí. 

Me hizo tanta falta al crecer tener una representación así. Me hizo falta encontrarme con esta realidad en las series o películas, en los libros, en las noticias, en mis amigos, en mi familia. Pero cuando empecé a verlos, me sentí identificada, abrazada, visible. 

Ellos que lo decían al mundo me hicieron sentir que podía ser la misma persona de siempre pero más completa. Me hicieron sentir representada. Me hicieron sentir segura. Me dejaron el camino libre para no preocuparme de a quien querer y solo tratar de querer bien.

Y me hicieron lo suficientemente fuerte para poder decir soy bisexual y soy V(b)isible.

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Dagmar Vásconez
Graduada en periodismo, todoterreno para el mundo multimedia. Actualmente trabaja en la revista Forbes Ecuador.
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